Arte y Psicoanálisis

Sección coordinada por Mariela Paoltroni
Representación, poder, comunicación
por Ana Güemes, Jorge Turrillo,Carlos Weisse, Mario Antmann y Gabriela Trapero

¿Cuál es la posibilidad del arte frente al discurso de la época? Su posibilidad estará en poder reflejar, subvertir o al menos dejar al descubierto las categorías dominantes de dicho contexto histórico, su límite será el que ese arte sea capaz de atravesar. Su capacidad de atravesar ese límite estará en relación al modo que esa época tiene de ocultar la Cosa, el das Ding, de intentar mostrarlo en demasía en un afán fracasado de velarlo, o quizás a la manera de la anamorfosis en causar la mirada desde otra perspectiva.

Psicoanálisis y teatro, una familia electiva...
por Liliana Mauas

Hay que establecer, como corresponde en el caso de todo arte, que el teatro piensa. El acto teatral es una complementación singular de la idea-teatro. Toda representación es un acabamiento posible de esta idea. Cuerpo, voz, luz, etc. Si el teatro debe pensar su propia idea, sólo nos puede guiar la convicción de que, hoy más que nunca, el teatro en la medida que piensa, no es un dato de la cultura, sino que es arte.

El cuerpo en la cultura argentina: cuerpo, soledad e imagen
por Luis Noé

¿Cuál puede ser la idea de cuerpo social del hombre que se vive a sí mismo ante todo en soledad y dimensiona al otro en la distancia? ¿Y cuál puede ser la idea de cuerpo social cuando este hombre trasladado a lo urbano de pronto vive en las más sórdidas condiciones apretujado con otros? Las consecuencias de la primera situación son rigidez, ensoñación, afirmación de lo único que puede tener certeza: ser en la distancia, ser que lo impulsa por nostalgia a tratar de tener una imagen para poder dialogar consigo mismo. En cambio la segunda –el hacinamiento urbano- produce la natural inadaptabilidad y rebelión

Carne de ley
por Diana Sperling

La distinción spinoziana en dos atributos de la sustancia –extensión y pensamiento-, tanto como la prohibición de representar no niegan el cuerpo sino que lo despliegan. En lugar de despreciar la materia, tal prohibición señala la multivocidad, la riqueza y la complejidad del cuerpo, aquello que no puede adoptar jamás una forma icónica, ya que ésta implicaría aquietar su dinámica y fomentaría esa “ilusión representante” que Benjamin refuta. lo que puede un cuerpo, o: el cuerpo no es reducible a un saber ni a una representación.

Eco, Wagner y Maverick
por Carlos Faig

En cuanto a su circulación en el mercado sexual –el término, hoy relativamente usado, fue útil a Lacan – y para entrar en tema sin más dilación: los heterosexuales son un grupo no marcado. Nada los identifica, aunque se identifiquen todo el tiempo. Son el común y lo que abunda. Esto resume en buena medida sus desventuras.

El modelo
por Álvaro Couso

Del mismo modo que en el Louvre, donde los turistas orientales pasan corriendo delante de los Botticelli, Gioto o David en pos de detener su frenética carrera ante la celebrísima Gioconda, me vi siguiendo el deseo que despertara un libro leído en mi juventud buscando, por las salas del Mauritshuis, La vista de Delf, de J. Vermeer. En ese entonces llamaba mi atención exclusivamente ese “pequeño borde de muro amarillo” que había hecho escribir a Proust que era “de una belleza tal que basta por si mismo”, -aún si en aquel momento no hubiera podido distinguir exactamente cual era la referencia a la que hacia mención Bergotte, ya que había más de uno, la pared a la izquierda de la torre, la azotea a la derecha del otro campanario o la parte superior del puente levadizo, las telas sin observar que dejaba detrás nada me decían, debió pasar un tiempo prudencial para que esas otras obras fueran adquiriendo el sentido que hoy tienen para mi.

Ahí detrás de la risa. Como - edia. Parte A
por Olga Mabel Mater

Las risas por amorosas, odiosas, burlonas, contagiosas, gratas o antipáticas, presentes en la vida cotidiana, como en los consultorios, por oportunas, ausentes, excesivas, estereotipadas, vacías o conmovedoras ,ambiguas ellas, comunican o alivian; en ocasiones denuncian del humor de quienes las portan, como otras, “puertas de la vida” que pue-den comenzar a abrirse o cerrarse intervenciones de un analista, con o sin efectos posi-bles; negadoras o defensivas, ahí las risas.

La experiencia del vacío en el psicoanálisis y en el arte
por Claudia Lorenzetti

La poesía se emparienta con el psicoanálisis en tanto comparten un saber-hacer con la lengua por el cual el silencio que anida en la palabra queda resguardado. Así, diferencia de la cultura de la llamada “globalización” en donde se advierte “una fascinación por lo universalmente traducible”, el psicoanálisis y la poesía recuperan a la palabra como aquello que al mismo tiempo dice y calla. Y es justamente en ese temblor entre lo que la palabra dice y calla que situamos lo que hemos dado en llamar la experiencia del vacío que ambas comparten

El Anillo de los Nibelungos (Parte II)
por Peichi Su

Paradójicamente, para Wilhelm Furtwängler (uno de los más prestigiosos directores de orquesta del Siglo XX El Anillo de los Nibelungos no es una obra representativa de los trabajos de Wagner. Este director considera que este drama musical wagneriana conlleva ciertas dificultades en su ejecución. Según él, a diferencia de otras obras del compositor alemán, El Anillo de los Nibelungos no posee un núcleo musical claro; esta característica obstaculiza su interpretación ya que “en el Anillo todo se forma lentamente, con infinitas referencias -dioses, gigantes, enanos, las profundidades del Rin, las grutas del Nibelheim-que parecen encontrarse allí por propia iniciativa más que por la trama que necesariamente las une. Las figuras humanas se abren paso lentamente cuando aparecen Siegmund y Sieglinde llegando al fin hasta el arquetipo de Siegfried, pero siempre con el trasfondo del mundo de los seres fabulosos y de los hechos prodigiosos que no pueden reemplazar en modo alguno los vitales sentimientos poéticos de las otras obras”.

En las orillas del mundo
por Marizel Estonllo

Ahora y aquí donde contesta lo automático, comienza a gritar el silencio. En la ventana abierta al otoño, el escritor y sus fantasmas, el pensador, el artista, custodian el mundo. Allí, donde la tecnología falla, donde siempre va a fallar en su propio exceso, se hace indispensable y necesaria preservar la tarea de los que desobstruyen el acontecimiento, creando el vacío.



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