Cine y Psicoanálisis

Sección coordinada por Laura Kuschner
Sección coordinada por Juan Jorge Michel Fariña
"Mijo: ¡Haga caso!". Sobre la desobediencia, decepciones y ciertas rebeldías en la niñez y juventud ("Luna" y "El laberinto del fauno")
por Astrid Álvarez de la Roche

¿Cómo un símbolo es eficaz con la condición de que no lo sea? ¿Por qué el Oso sirve justamente porque no es un oso? ¿De qué manera el Otro permite a Ofelia la vida, y cómo la muerte puede leerse como efecto extremo de una “obediencia ciega”?

Te doy mis ojos
por Gerardo Gómez

Una pareja y un pacto en sus orígenes: ella le regala su nariz, sus orejas y finalmente sus ojos; él sus manos. Cuerpos sin marco, degradados a trozos ofrecidos al goce. Pilar, Antonio, dos historias. Mil historias. Te doy mis ojos no es una película más sobre la violencia en una pareja. Hay un marcado esfuerzo por situar, desde la posición de ambos, las coordenadas subjetivas que hacen surgir una escena violenta. Hay generaciones, contexto, un pasado que los determina y los coagula en las encrucijadas de un Otro que los habla.

Borat: el aprendizaje extravagante de una cultura
por Emilio Malagrino

¿Quién es Borat? ¿Qué representa? Un hombre delgado, alto, de movimientos graciosos y gacelados, el segundo mejor periodista de su país: Kazakhstan. Desde su arribo a Estados Unidos es observado con incoherencia, desde el temor hasta la ternura. Borat se manifiesta como un idólatra obsecuente, entusiasmado por sonsacar las raíces que conforman a un verdadero-país-super-potencia. Sin embargo, el discurso latente extraído de sus entrevistas, pone en evidencia las gargantas de la segregación, el sectarismo, el rechazo por las minorías.

Lynch otra vez
por Miguel Reyes Silva

El último film de David Lynch -Inland Empire- parece una exigente prueba de fidelidad a su estilo, resultado inconfundible de sus obsesiones y su particular estética visual. Sin mediar concesiones, todo su entramado audiovisual entra en escena en un film de cerca de tres horas de duración que no transa con el gran público, sino que por el contrario, da la impresión de estar construido para sí mismo; y luego para aquellos que lo siguen: espectadores familiarizados con las elipsis, las tramas obtusas y personajes marcados por los traumas y el dolor (El hombre elefante, Laura Palmer en Twin Peaks, Dorothy en Terciopelo azul , Gilda/Betty en Muholland Drive, etc.)

Aunque lo vean venir ¡Libre albedrío! Un saber-hacer-ahí con la vanidad
por María Elena Domínguez

Kevin Lomax ya lleva en su haber sesenta y cuatro juicios seguidos ganados. Todo un record, su record. El dilema está ahí frente a sus ojos y él debe decidir entre defender a un culpable de abusar de una menor y así perder su invicto o –estrategia mediante-, a costa de no saberse engañado, ganar. Kevin opta por no ver. ¡Libre Albedrío!

Babel: en los bordes. Cine, segregación y psicoanálisis. Lo que el psicoanálisis no termina de enseñarnos
por Hugo Dvoskin

Luego del impactante estreno, el filme todavía da que hablar. Otra lectura posible, ahora de la mano de Hugo Dvoskin: “Si la película Babel atraviesa los mares (de gente) y los desiertos (de arena y de gente), no es menos cierto que se presta a los análisis culturales, sociológicos y -como su nombre lo indica- bíblicos. Nos interesa mencionar la problemática del borde, de la frontera, esa línea imposible de habitar sobre la que transita la película”

Hermanos
por Hugo Dvoskin

Michael, comandante de la Otán, un Rambo europeo preparado sólo a fuerza de retórica, va a una guerra donde la única ley del fascismo talibán es someter y humillar al enemigo y que, como en toda guerra moderna, y en forma extrema y sin necesidad de esconderlo, nada sabe de las Convenciones de Ginebra. Michael es aparentemente nuestro Caín en la historia. Y a Jannik, en ese mundo de espejos, le tocaría el lugar de Abel, bajo la forma de un extraño engendro en ese prolijo mundo danés al que también se ha relacionado con las armas. Pero Jannik no es un militar, apenas un preso que acaba de salir de prisión tras robar fallidamente un banco.

Secreto en la montaña
por María José Manfredi

Ennis Del Mar y Jack Twist, protagonistas de la historia, parecen estar sumergidos en un mundo que aparenta estar cambiando rápidamente pero que sin embargo no evoluciona. Se conocen mientras aguardan para ofrecer su trabajo en la oficina del ranchero del pueblo. El personaje que nos interesa es Ennis, el típico “tipo duro”: aficionado a la bebida, violento en ocasiones, enormemente introvertido, solitario y tendiente a que de su boca sólo afluyan monosílabos (Ennis significa “isla”) Tras ese personaje impenetrable se oculta la realidad de un hombre conflictuado, un hombre que padece aquello que desconoce de sí mismo.

Ojos de tigre: felicidad fuadiana
por Astrid Álvarez de la Roche

El detalle en común entre ambas películas está dado por un encuentro, no un desencuentro. Parece contradicho, no es así. Justamente, vale decirlo, es por la existencia de este malentendido, consecuencia de lo innegociable que implica lo real, que se hacen posibles nuevos juegos y combinatorias significantes de tal magnitud que resultan salidos del modo usual y acomodado en que el sujeto se habitúa al sufrimiento, usando el mismo lenguaje.

Conocer la muerte
por Gabriel Ponti

La película Conoces a Joe Black puede al lego parecerle algo simple y sin ningún tipo de significado. Pero como saben todos los que, de alguna u otra manera, están involucrados con el análisis, siempre el sinsentido, el absurdo y los lentos silencios esconden la verdad, esa fugaz pero traumática palabra que arriba desde las profundidades del mismo infierno y que nos revela nuestra imposibilidad de ser felices: el Sí, como producto de la esencia vacua que nos condena, pero que a su vez nos hace humanos y nos convierte en esa única especie que fue expulsada del Paraíso. Esa pérdida, ese resto, constituye nuestro origen y destino, un algo que lidia con la muerte.



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