Insomnia

19/10/2002- Por Elizabeth Ormart - Realizar Consulta

Imprimir Imprimir    Tamaño texto:

El detective Dormer era un hombre organizado. Su vida tenía un sentido: su desempeño como buen detective, aquél que captura y lleva a la cárcel a criminales seriales

Untitled Document Noches blancas

El detective Dormer era un hombre organizado. Su vida tenía un sentido: su desempeño como buen detective, aquél que captura y lleva a la cárcel a criminales seriales. Hap, su compañero, su amigo, había decidido traicionarlo. Venderlo a Asuntos Internos, por un poco de tranquilidad. Y, efectivamente, su expediente no estaba muy limpio. Hubo oportunidades en las que plantó evidencia, porque así lo exigía la situación. No podía permitir que ninguno de esos asesinos se saliera con la suya. Su compañero Hap había vivido junto a él la difícil tarea de buscar y apresar a esos “animales”. ¿Cómo podía entregarlo a Asuntos Internos? No era sólo traicionarlo a él: era detener la maquinaria policial; era hacer que los asesinos quedaran libres, que la paciente tarea de apresarlos se tornara sin sentido.

Decidió no dirigirle la palabra. Tenía que pagar el precio de su traición. Sólo estaba dispuesto a dar cátedra a una joven detective fascinada con su maestro.

Dormer y Hap llegan a Alaska para investigar el homicidio de una estudiante. El asesino cruzó una barrera sin retorno y el vaticinio de Dormer es inapelable:“volverá a hacerlo”.

La investigación los fue llevando a una cabaña en la montaña, en la que colocaron un señuelo para atrapar al asesino. La presa apareció y dócilmente se aproximó a la trampa. Todo parecía cuadrar con el cálculo policial. Un cálculo montado en un complejo proceso decisorio en el que se ponderaron distintas variables. Pero el azar jugó una mala pasada. El asesino, advertido de la trampa inició su huída entre la niebla. Dormer fue tras él. Cegado de furia corría sosteniendo el arma persiguiendo sombras que no se dejaban apresar. Hasta que al fin creyó verlo, disparó y se enfrentó a la magnitud de su elección. Había herido de muerte a Hap. Se acercó a él para explicarle que había sido un error de cálculo.

Hap, en su agonía y aterrado, lo acusaba de eliminarlo para librarse de “Asuntos Internos”. ¿Qué asuntos internos lo movieron a disparar? La culpa no tardó en aparecer mostrándonos el camino de la responsabilidad. Las noches blancas de Alaska se transformaron en un tiempo sin fin, sin descanso, sin sueño. Se había librado de la espada que pendía sobre su cabeza, ya no estaba el hombre que con su declaración habría arrojado por la borda su carrera de detective ejemplar. Ahora que su narcisismo estaba a salvo y los números cerraban ¿por qué no podía conciliar el sueño?

Lo azaroso y la insistencia de lo real terminan enfrentándolo con su propia inconsistencia. Y muy próximo a emprender el sueño eterno, pudo decir aquello de lo que era responsable. “Lo quise matar”.

© elSigma.com - Todos los derechos reservados


Recibí los newsletters de elSigma

Actividades Destacadas

Escuela de Psicoanálisis del Borda

Actividades 2019
Leer más
Realizar consulta

Del mismo autor

» “Coco”: un juego de niños
» Las mil y una formas de gozar
» El espejo que nos mira. A propósito de la serie: Black Mirror
» Tesis, antítesis y paralaje. Acerca de Tesis sobre un homicidio
» ¿Cómo escapar al superyo materno?
» La virgen y la puta en clave de sol
» La responsabilidad por el hijo ausente
» Algunas reflexiones sobre lo azaroso de nuestro destino. Comentario de Minority Reports
» La Ola
» La responsabilidad en la era de la tecnociencia: el pasaje de espectador a habitante. Sobre la serie Miami: CSI
» Más allá del amor
» Más allá de Salomón o cuando madre no hay una sola
» La ética y la intersubjetividad
» ¿La ética del psicoanálisis o la estética del capital?
» Salir del placard, o de la posibilidad de ser algo más que un mueble
» La neutralidad en la obra de Freud
» La lengua de las mariposas

Búsquedas relacionadas

» sueño
» delito
» asesinato