Las mil y una formas de gozar

12/03/2015- Por Elizabeth Ormart - Realizar Consulta

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Los productores de Las mil y una noches tienen asegurados mil y un episodios de la famosa novela que conmueve a multitudes. En ella se escenifican, más allá y más acá de las diferencias culturales, religiosas, sociales, regionales, etc., modalidades de goce estructurales presentes en todas las épocas desde la Inglaterra victoriana a la época del virreinato. ¿Por qué se sostienen durante años estas novelas que convocan a miles de personas en el mundo? ¿Qué ven de sí mismos los espectadores en las pantallas?

 

 

   

 

 

 

 

Ficha técnica y artística

Título original: Binbir Gece

País de origen: Turquía

Idioma: turco

Género: melodrama

Dirección: Kudret Sabancı

Reparto: Halit Ergenç, Bergüzar Korel, Tardu Flordun, Ceyda Düvenci

Guión: Mehmet Bilal, Murat Lütfü

Productora: TMC Films

Cadena original: Kanal D

Temporadas: 3

 

 

Los productores de Las mil y una noches, y cuando digo mil y una noches quiero decir infinitas, tienen asegurados mil y un episodios de la famosa novela que conmueve a multitudes. En ella se escenifican, más allá y más acá de las diferencias culturales, religiosas, sociales, regionales, etc., modalidades de goce estructurales presentes en todas las épocas desde la Inglaterra victoriana a la época del virreinato. ¿Por qué se sostienen durante años estas novelas que convocan a miles de personas en el mundo? ¿Qué ven de sí mismos los espectadores en las pantallas?

Veamos la historia de Sherezade, una mujer que ama a un hombre, Onur. Tiene un hijo que antepone a sus necesidades personales, a tal punto que la historia de amor con Onur empieza con una situación que podríamos definir, en esa sociedad, como moralmente reprochable. Ella acepta tener sexo con el hombre que le gusta, pero no lo hace porque le gusta, sino porque él le ofrece el dinero que ella necesita para pagar la operación de Kan, su hijo. Entonces, no es la mujer la que accede a consumar su deseo sino la madre que se ofrece en sacrificio por su hijo. Este es un primer elemento que nos indica el lugar que ocupa el deseo de Sherezade para ella misma, un lugar de desconocimiento. Ella es una víctima de la situación, bajo la moralina cultural queda velado su propio deseo. Podríamos escuchar a Sherazade que nos dice, “estoy en esta situación y no tengo la culpa.” Es más fácil echar las culpas afuera que ver la responsabilidad que tiene Sherazade en el deseo que la motiva. Ella dice: “estoy cansada de que la vida me haga pagar por cosas injustas”. Lo mismo le pasaba a Dora, una paciente de Freud (1905) que venía a quejarse con el médico porque su papá la arrojaba en brazos de un hombre casado. Y Freud le decía: ¿Qué tenés que ver vos en la situación en la que estás metida? Lo mismo podríamos decirle a Sherazade: deseabas tener sexo con Onur mas no podías admitirlo, no obstante te hace la propuesta indecente se soluciona tu problema: “lo hago por Kan, no es por mí”.

De la igual manera, Sherazade decide creer las calumnias contra Onur en lugar de casarse con él. Es que casarse con él sería admitir su deseo por ese hombre, y perder la satisfacción secundaria que le proporciona su síntoma. Tendría que abandonar su queja, su vida desdichada y su lugar de madre sola y abnegada. Se trata del alma bella (Hegel: 1966) que cargada de obstáculos autogestionados sufre su soledad rodeada de espectadores que se compadecen por ella. Uno de los indicadores que encontró Freud (1893) para diferenciar un ataque de epilepsia de una ataque de histeria, a principios del siglo pasado, fue que la epiléptica tenía sus ataques sin importar si había gente a su alrededor o no, mientras que la histérica necesitaba público. Todos los que rodean a Sherazade se compadecen porque ella no pueda tener una vida mejor, pero el problema es que ella, en su fuero íntimo, no la quiere. Esta constancia en el sufrimiento, Freud la conceptualizó como la ganancia secundaria del síntoma.

Decía Freud (1905): "El que pretenda sanar al enfermo tropieza entonces, para su asombro, con una gran resistencia, que le enseña que el propósito del enfermo de abandonar la enfermedad no es tan cabal ni tan serio. Imagínese a un trabajador, por ejemplo a un albañil, que ha quedado inválido por un accidente y ahora se gana la vida mendigando en una esquina. Un taumaturgo se llega a él y le promete sanarle la pierna inválida y devolverle la marcha. No debe esperarse, yo creo, que se pinte en su rostro una particular alegría. Sin duda alguna, se sintió en extremo desdichado cuando sufrió la mutilación, advirtió que nunca más podría trabajar y moriría de hambre o se vería forzado a vivir de la limosna. Pero desde entonces, lo que antes lo dejó sin la posibilidad de ganarse el pan se ha trasformado en la fuente de su sustento: vive de su invalidez. Si se le quita esta, quizá se lo deje totalmente inerme; entretanto ha olvidado su oficio, ha perdido sus hábitos de trabajo y se ha acostumbrado a la holgazanería, quizá también a la bebida."
Otro indicador de la modalidad de goce[1] en la que se ubica Sherazade lo tenemos en el vínculo que tiene con su objeto de amor, el pequeño Kan. Ese vínculo sobreprotector responde más a su necesidad de tener un niño para sí que a la necesidad de Kan de estar con su madre. El niño es el único objeto digno de su amor, vive por y para él. De este modo, escapa del amor de Onur, obtura el deseo de un hombre por el deseo de un hijo. Desear un hombre sería admitir su falta, su incompletud, su necesidad, saberse vulnerable. Desear un hijo en los términos de Sherazade es un anhelo narcisista de completud, el falo que la completa. Llegamos a otro clásico de todos los tiempos, la mujer reducida a madre. La madre abnegada, que lucha por su hijo, un clásico del tango argentino. Esta forma de satisfacción sufriente es lo que le da a esta serie televisiva el estatuto de infinita, nunca termina esa compulsión a la repetición en la que el amor se pospone porque se trata de no ser feliz. Y así seguirán los problemas en la historia de amor de Onur[2] y Sherazade, hasta que mágicamente, como se resuelve todo en las novelas, Sherazade se tope sin querer con la felicidad. Y ahí, cuando son felices y comen perdices, se termina la historia.

 

Bibliografía

 

Freud, S (1893) Algunas consideraciones con miras al estudio comparativo de las parálisis motrices orgánicas e histéricas. En Obras completas. Buenos Aires: Amorrortu.

Freud, S (1905) Análisis fragmentario de una histeria. En Obras completas Volumen 5. Hyspamerica Ediciones.

Hegel, G. (1966) La fenomenología del Espíritu México: FCE

Lacan, J. (1951) Intervención sobre la transferencia En Escritos 1. Siglo XXI. Buenos Aires, 1985.

 

 



[1] Cuando hablo de modalidad de goce me refiero a encontrar satisfacción en el sufrimiento, conceptualizado por Freud como el triunfo de la pulsión de muerte, caracterizada por la compulsión a la repetición. Lo que le da un carácter de infinito, siempre se repite sin descanso.

[2] Un capítulo aparte merece la imposibilidad de Onur para luchar por su felicidad al lado de Sherazade.

 


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