Salir del placard, o de la posibilidad de ser algo más que un mueble

17/11/2005- Por Elizabeth Ormart - Realizar Consulta

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Monsieur Pignon (Daniel Auteuil) es un individuo adaptado pero con una existencia miserable que se describe como "un desastre, sin mujer, sin hijo y ahora sin trabajo". La puerta de regreso al trabajo es "la salida del placard" expresión que en francés alude a desocultar su sexualidad, personas que buscan salir del encierro para asumir lo que son. Esta pretendida farsa de su vecino Jean Pierre Belone (Michel Aumont) ha sido calculada para reinsertarlo en su apagada existencia, pero esto no tiene retorno. El cálculo anticipa una verdad incalculable.

 

 

 

 


Devenir en tanto inventar, querer, negarse a sí mismo,

superarse a sí mismo: ningún sujeto(sub-yectum), 

sino un hacer, poner, creador, nada de causas y efectos.

Nietszche.

 

Monsieur Pignon (Daniel Auteuil) se ha acomodado a las exigencias de los otros. Es un individuo adaptado pero con una existencia miserable, resignado a su miseria y aún en el colmo del absurdo, aferrado a su desinflada existencia. Sus pretensiones se reducen a mantener un trabajo en el que su opacidad sea tolerada para mantener a una mujer y a un hijo que no lo toleran. Su gris sobrevivencia no puede ser resucitada por una colorida corbata. De un empujón está afuera, de la foto, del trabajo, de la vida. Salir del cuadro, tambaleo del fantasma, el precipicio, y la voz de Jean Pierre Belone (Michel Aumont) que lo detiene desde el absurdo de la ironía. Francois Pignon se describe a su vecino como "un desastre, sin mujer, sin hijo y ahora sin trabajo". Jean Pierre recobrando su oficio interpreta un "no se tire ahí sobre mi coche" "devuélvame mi gato". El diálogo lo vuelve a su cotidiana estabilidad y acepta la propuesta.

La puerta de regreso al trabajo es "la salida del placard" expresión que en francés alude a desocultar su sexualidad, personas que buscan salir del encierro para asumir lo que son. Su pretendida farsa ha sido calculada para reinsertarlo en su apagada existencia pero esto no tiene retorno. El cálculo anticipa una verdad incalculable.

La incisiva intervención del vecino, que no por casualidad es psicólogo, lo ha confrontado con su descolorida existencia. El adjetivo aburrido que califica su goce de la sumisión al Otro, va perdiendo su fuerza significante El individuo (sub-yectum) nombrado por el significante va cediendo ante la división del sujeto.

El misterio de su incierta sexualidad le presta un brillo fálico perdido y se vuelve objeto de seducción, de amor y rivalidad. Se vuelve un hombre, inclusive un padre.

Podemos ubicar diversas líneas de análisis del film; por un lado, el cambio de posición subjetiva del protagonista a partir de la intervención del psicólogo vecino; y por otro, pero no sin ella el lugar del padre.

Su hijo con la naturalidad propia del adolescente huye de ese fantasma que le ofrece el ritual del "espagueti con albahaca". Pero cuando ve a su padre encabezando el desfile por el orgullo gay recobra las esperanzas. ¿Un hombre con un preservativo rosa en la cabeza es preferible a un serio empleado de traje?

El joven prefiere un padre homosexual a un padre aburrido. Las insignias de homosexualidad han operado como credenciales de paternidad y ahora tiene existencia como padre. Pero vayamos con cuidado en este punto, no es su homosexualidad lo que lo ha hecho padre, sino que ella le ha dado el estatuto de sujeto deseante.

Lo que funda la función paterna es la perversión, per-versión, pere-versión, o sea, en la perversión hay algo de la función del padre, versión es decir, orientación. La versión del padre, la versión de su deseo, es lo que funda realmente su función de padre, de que su deseo sea causado por un objeto. Para Monsieur Pignon, el deseo estaba aniquilado. El deseo estaba aplastado por la obediencia. La obediencia obsesiva como modalidad de protección contra la falta, había hecho del protagonista la sombra de un hombre, la fachada de un padre.

Lacan plantea que la función del padre consiste en que "su nombre es el vector de una encarnación de la ley en el deseo". Para que la ley opere tiene que haber deseo, al tiempo que la ley lo funda como posible. "Pero no es la ley misma la que le cierra al sujeto el paso hacia el goce, ella hace solamente de una barrera natural al sujeto tachado. Pues es el placer el que aporta al goce sus límites" (Lacan, 1960: 801). Es en la medida en que M. Pignon se ha vuelto un sujeto deseante que su goce ha encontrado un límite. Y en tanto que sujeto deseante, barrado, en falta, puede representar la ley y transmitirla a su hijo. Un padre operante ante una madre que no deja de decir "ve a ver a tu padre" y no deja de desacreditarlo. Una mujer que cuando descubre que su hijo accede gustoso a su demanda corre ofuscada a confrontar al padre.

Esta mujer no ha visto en Pignon más que alguien que la consuele de su ruptura amorosa, un paño de lágrimas. Esta mujer no lo ama, difícilmente acepte la privación que le impone su ley. Pero luego de su salida del placard, se vuelve un objeto enigmático. ¿Qué supuesto saber encarna ese sujeto? La histérica, como perro tras el hueso, olfatea algo de deseo y va en su búsqueda.

En la escena del restaurante parece escenificarse la emergencia de un sujeto deseante. El antiguo Pignon llama ansiosamente a su esposa para consumar una cita en un romántico restaurante de moda, planea la velada, la ropa, el champagne, y sin saber muy bien por qué ella viene. Dispuesto a sostener el papel de felpudo que viene consumando desde que la "ama" hay algo que no es oído por el mismo sujeto, efectivamente su escucha viene de otro lado ¿quién es el "payaso" al que ella se refiere? Esa palabra no designa su ser, el aburrido payaso perdió su fuerza significante y entonces descubre, que en la sumisión a los caprichos histéricos no radica el amor. Que estar con una mujer no puede ser sinónimo de suprimirse como sujeto deseante. Pero antes de invitarla a partir, satisface el deseo de saber qué impulsó sus pasos y le espeta: "no soy gay. Lo hice para conservar mi empleo y poder seguir pasándote la pensión." Rápidamente ella acude al chantaje: "se lo diré a nuestro hijo". Pero Pignon se lo prohíbe pues desde la salida del placard, es un hombre y es un padre, y su hijo necesita uno.

Un universo de consistencias que se rompe y un sujeto que se produce con su acto, funda  la posibilidad de otra elección de objeto. Una mujer deseable y deseante ante la cual no tendrá que huir, lo acompañará en la foto. La foto que marca un nuevo año en la empresa. La foto en la que Pignon podrá hacerse un lugar. Salir del encierro, ser quien se es; o en términos freudianos, "Wo es war soll Ich werden".

 

 

 

Elizabeth Ormart

 

E-mail: elizabethormart@speedy.com.ar

 

 

BIBLIOGRAFÍA

LACAN, J. “Dos notas sobre el niño” en Intervenciones y textos 1. Manantial, Bs.As. , 1999.

LACAN, J.  Écrits  (Seuil, París, 1966) [Traduc. al castellano: Subversión del sujeto y dialéctica del deseo (1960)]


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