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¿Quién gana con la enfermedad?

15/04/2018- Por Bruno Javier Bonoris - Realizar Consulta

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La clínica de la “responsabilidad subjetiva” se soporta en una de las premisas fundamentales del psicoanálisis: el síntoma es una satisfacción sustitutiva. Lo que el paciente debe aceptar es su responsabilidad sobre el padecimiento en la medida en que la persistencia del síntoma se debe a la “satisfacción personal” que este implica… Sostener que el analizante es responsable por su síntoma porque extrae de él una ganancia es, lisa y llanamente, falso… Por otra parte el psicoanálisis demuestra que el sufrimiento psíquico no es una falta de adaptación a la realidad, sino un exceso…

 

 

 

         

 

 

  En los últimos años comenzó a discutirse persistentemente, dentro del ámbito del psicoanálisis lacaniano, la noción de “responsabilidad subjetiva”. Se escribieron muchísimos trabajos, y se dictaron conferencias, cursos, seminarios y jornadas. En efecto, no creo que éste sea, sencillamente, un problema teórico de moda. Por el contrario, entiendo que si este tema se volvió tan importante es porque derivó en una orientación clínica específica.

 

  En pocas palabras, la hipótesis principal de esta orientación sostiene que el paciente debe, para realizar un cambio en su posición subjetiva, “hacerse responsable de aquello mismo de lo que se queja”[1].

 

  Lo que demostraría este psicoanálisis es que allí donde nuestros pacientes ven un destino injusto, familiares negligentes, parejas desamoradas o jefes crueles, en realidad “se trata de las consecuencias de sus propias elecciones […] de cierta modalidad de goce”[2]. Por lo tanto, la clínica de la “responsabilidad subjetiva” se soporta en una de las premisas fundamentales del psicoanálisis: el síntoma es una satisfacción sustitutiva.

 

  Lo que el paciente debe aceptar es su responsabilidad sobre el padecimiento en la medida en que la persistencia del síntoma se debe a la satisfacción personal que este implica. Esto es lo que sostienen Laplanche y Pontalis cuando afirman que “la teoría freudiana de la neurosis es inseparable de la idea de que la enfermedad se desencadena y se mantiene en virtud de la satisfacción que aporta al individuo”[3]. La palabra clave en esta cita es, por supuesto, individuo. Ya volveremos sobre este tema.

 

  Por el momento, me gustaría señalar algunas cuestiones iniciales. En principio, parece evidente el hecho de que para que alguien se analice, en sentido estricto, es necesario que crea que algo del mal que le sucede tiene que ver con él.

 

  Un loco, en el sentido lacaniano es inanalizable, o al menos no lo es por los medios clásicos. Sin embargo, esto no resuelve el problema.

Las preguntas –a mi entender– son dos:

 

  La primera es si es conveniente tramitar el problema de la implicación con el padecimiento vía la responsabilidad subjetiva, es decir, bajo un “hacete cargo de lo que te pasa, en definitiva fue tu modalidad de goce, tu elección” o cualquier tipo de variación matizada de esta sentencia.

 

  La segunda refiere a cuestiones técnicas, la pregunta por cómo se aborda esta cuestión en nuestro consultorio.

 

  En general, los escritos de la “clínica de la responsabilidad subjetiva” sostuvieron sus argumentos a través de dos referencias de Lacan sumamente aludidas. Lo curioso, y le debo a Alfredo Eidelsztein el señalamiento, es que ambas referencias fueron tomadas de un modo equívoco.

 

  La primera es la famosa frase de La ciencia y la verdad: “De nuestra posición de sujeto, somos siempre responsables”. Sorprendentemente, la mayoría de la veces esta frase aparece mal citada, y donde debe decir sujeto –en singular–, dice sujetos –en plural–. La diferencia es clave, porque si es “sujetos” se trata de cada uno de nosotros en tanto sujetos, en cambio, el sujeto –en singular–, alude al concepto lacaniano de sujeto divido.

 

  Asimismo, parece claro –si uno lee el párrafo anterior a esa frase– que el “nuestra posición” de la cita, no se refiere a todos los seres humanos, ni siquiera a los analizantes, sino que es una interpelación directa a los analistas:

 

“Decir que el sujeto sobre el que operamos en psicoanálisis no puede ser sino el sujeto de la ciencia puede parecer paradoja. Es allí sin embargo donde debe tomarse un deslinde a falta del cual todo se mezcla y empieza una deshonestidad que en otros sitios llaman objetiva: pero es falta de audacia y falta de haber detectado el objeto que se raja. De nuestra posición de sujeto somos siempre responsables”.[4]

 

  En definitiva, con la frase “nuestra posición de sujeto”, Lacan indica el sujeto con el que operamos en el psicoanálisis, y no el sujeto que nosotros somos. Para Lacan, tal como sostiene en el Seminario XVII, el descubrimiento de Freud consiste en que existe “un saber perfectamente articulado del que, hablando con propiedad, ningún sujeto es responsable”.[5]

 

  La segunda referencia es la de Intervención sobre la Transferencia, en relación al Caso Dora, en donde Lacan le adjudica a Freud la siguiente intervención: “mira, le dice, cuál es tu propia parte en el desorden del que te quejas”.[6] A decir verdad,  como bien señaló Lutereau[7], Freud nunca le dijo eso a Dora. Es un mal invento de Lacan.  

 

  Voy a volver sobre el Caso Dora porque creo que es fundamental estudiar la indicación clínica de Freud, que, indudablemente, no es la que sugirió Lacan.

        

  Vayamos, ahora, al problema de la satisfacción en el síntoma en la obra de Freud. La pregunta, entonces, es: si el síntoma implica una ganancia, ¿quién gana? y ¿a quién debe responsabilizarse por esa ganancia?

 

  Empecemos recordando que, para Freud, todo síntoma es una formación de compromiso. Cuando uno se enferma, se sustrae de la tarea de solucionar un conflicto en la realidad objetiva. La neurosis es una solución –muy mala por cierto– ante un conflicto; una solución que satisface a todas las instancias en pugna. 

 

  Piénsese, por ejemplo, en el Hombre de las Ratas, que ante una propuesta marital, su respuesta neurótica es una duda inhibitoria. Es en este sentido que la neurosis es un falso acto. Entonces, desde una perspectiva económica, la enfermedad implica un ahorro.

 

  Por esta vía, Freud se encuentra con la resistencia a la cura; de algún modo, el enfermo no quiere sanar. Pero, ¿cómo puede ser que quien consulte por su padecimiento no quiera curarse? Las palabras de Freud son esclarecedoras:

 

“El enfermo quiere, sí, sanarse, pero también no lo quiere. Su yo ha perdido su unidad, y por eso tampoco da paso a una voluntad unitaria. Si fuera de otro modo, no sería un neurótico […] Los retoños de lo reprimido han irrumpido en su yo; allí se afirman, y el yo tiene tan poco imperio sobre las aspiraciones de ese origen como sobre lo reprimido mismo; además, de ordinario no sabe nada de ellas. Estos enfermos son justamente de una clase particular, y ofrecen dificultades con las que no estamos habituados a contar. Todas nuestras instituciones sociales están cortadas a la medida de personas con un yo normal, unitario, que uno puede clasificar como bueno o malo, y que desempeña su función o puede ser revocado mediante un influjo potente. De ahí la alternativa judicial: responsable o irresponsable. Pero ninguna de estas decisiones es aplicable al neurótico”.[8]

 

  La respuesta de Freud es clara: las categorías de responsabilidad o irresponsabilidad no son aplicables a la neurosis por la paradoja misma de su constitución. Él enfermo quiere y no quiere curarse, sabe y no sabe sobre su padecimiento; y, como dice Freud, no tiene “sentido alguno reprocharle esa contradicción”.[9]

 

  Por lo tanto, decirle al analizante que él es el responsable de su padecimiento solo puede tener dos destinos: o cae en saco roto, o es experimentado como una intervención culpabilizante, en otras palabras, neurotizante. Las razones son transparentes: el yo, o al menos una parte de él, no se reconoce en esa satisfacción.

 

  La interpretación que intenta responsabilizar es vivida como una intrusión simbólica violenta. Por otro lado, sostener que alguien –el analizante– es responsable por su síntoma porque extrae de él una ganancia es, lisa y llanamente, falso, porque quien gana no es el individuo –al menos que equiparemos el individuo con el aparato psíquico o el sujeto–.

 

  Sigamos con Freud:

 

“Hay casos en que el propio médico tiene que admitir que el desenlace de un conflicto en la neurosis es la solución más inofensiva y la más llevadera desde el punto de vista social […] Advierte, además, que mediante el sacrificio de un individuo a menudo se impide una inconmensurable desdicha para muchos otros. Por tanto, si pudo decirse que el neurótico en todos los casos se refugia en la enfermedad frente a un conflicto, es preciso conceder que muchas veces esa huida está plenamente justificada”.[10]

 

  Desde esta perspectiva, para Freud, no es obvio que la ganancia sea exclusivamente de quien consulta. De hecho, podría ser que el individuo se sacrifique a través de la neurosis para que otros saquen alguna ganancia del síntoma. Esto significa, entre otras cosas, que el síntoma es político: ¡parece que todos extraen al menos una pequeña ganancia de él!

 

  La neurosis, entonces, a veces es la respuesta más llevadera desde un punto de vista social, tiende hacia una homeostasis generalizada, permite que la cosa marche sin hacerse muchas preguntas. En otras palabras, la neurosis tiene “su justificación social, [la] ganancia de la enfermedad no siempre es puramente subjetiva”.[11]

        

  Para terminar, volvamos al Caso Dora. Recordemos la idea de Freud: Dora tenía razón acerca de que su padre no quería saber nada de la conducta del Sr. K para no ser interrumpido en su amorío con la Sra. K. La queja de Dora revela una verdad. Sin embargo, dice Freud, ella había hecho lo mismo, “se había vuelto cómplice de esa relación”.

 

  Ahora bien, ¿Freud le dice que ella es cómplice? ¿Le pregunta por su responsabilidad en aquello de lo que se queja? ¿Le dice que esa fue su elección? ¿Interpreta un autorreproche detrás del reproche? Nada de eso. Freud lo supone, desde ya, pero no se lo dice.

 

  Lo que Freud hace es “intentar primero que se convenza a sí misma, por el rodeo del análisis, de la existencia de ese propósito de enfermar”.[12] En definitiva, para Freud, es fundamental distinguir entre “el que quiere la neurosis y el que la crea”[13]. El neurótico, en cierto sentido, quiere la neurosis, pero no la crea. La formación del síntoma es “un proceso automático”.[14]

 

  Como propuse en otro trabajo[15], el analizante no es el autor del síntoma, es más bien su protagonista. Finalmente, el psicoanálisis demuestra que el sufrimiento psíquico no es una falta de adaptación a la realidad, sino un exceso de adaptación, una pasión por que la cosa marche… sin importar el costo personal.

 

 

Nota: Este escrito se basa en el trabajo presentado en las VI Coloquio de Fenomenología y Psicoanálisis 2017 “De nuestra posición de sujeto, somos siempre responsables”, organizado por la UCES. Auspiciado por la Cátedra I de Psicología Fenomenológica y Existencia (UBA) y por Apertura Sociedad Psicoanalítica.

 

 

Referencias



[1] Berenguer, E. (2007). “¿Yo, responsable de mi queja?” Diario Página 12. Psicología. 22 de marzo de 2007. Disponible en https://www.pagina12.com.ar/diario/psicologia/9-82091-2007-03-22.html

[2] Ibídem.

[3] Laplanche, J. y Pontalis, J. B. (1967): Diccionario de psicoanálisis, Paidós, Buenos Aires, 2004, p. 44

[4] Lacan, J. (1965). “La ciencia y la verdad”, en Escritos 2. Buenos Aires: Siglo veintiuno editores, 2008, p. 816

[5] Lacan, J. (1969-70). El seminario. Libro 17: “El reverso del psicoanálisis”,  Paidós, Buenos Aires, 2006, p. 82

[6] Lacan, J. (1951). “Intervenciones sobre la transferencia”, en Escritos 1. Buenos Aires: Siglo veintiuno editores, 2008, p. 213.

[7] Lutereau, L. (2014). Histeria y obsesión. Introducción a la clínica de las neurosis, Letra Viva, Buenos Aires, p. 51

[8] Freud, S. (1926). “¿Pueden los legos ejercer el psicoanálisis?” Diálogos con un juez imparcial, en Obras Completas, Tomo XX: Editorial Amorrortu, Buenos Aires, p. 207.

[9] Ibídem.

[10] Freud, S. (1916-1917). “El estado neurótico común”, “Conferencias de introducción al psicoanálisis, número 24”, en Obras Completas, Tomo XVI: Editorial Amorrortu, Buenos Aires, p. 348.

[11]  Freud, S. (1910). Las perspectivas futuras de la terapia psicoanalítica, en Obras Completas, Tomo XI: Editorial Amorrortu, Buenos Aires, p. 141.

[12] Freud, S. (1905 [1901]. “Fragmento de análisis de un caso de histeria”, en Obras Completas, Tomo VII: Editorial Amorrortu, Buenos Aires, p. 41

[13] Freud, S. (1916-1917). “El estado neurótico común”, “Conferencias de introducción al psicoanálisis, número 24”, en Obras Completas, Tomo XVI: Editorial Amorrortu, Buenos Aires, p. 349.

[14] Ibídem.

[15] Bonoris, B. (2016). “¿Por qué repetimos lo que nos hace mal?”, portal ElSigma, Recuperado en http://www.elsigma.com/introduccion-al-psicoanalisis/por-que-repetimos-lo-que-nos-hace-mal-/13165


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