Columnas

En un bote tres baturros
por Sergio Rodríguez

Verde, que te quiero verde…

Los versos del poeta, se hicieron imágenes al alcance de ojos y manos. La lancha se desplazaba tan calma como las aguas del río que la acunaba. El amor maduro de la pareja, madurado a golpes y alegrías, encuentros y desencuentros, se vestía de aquellos verdes de hierbas y arboledas y de suaves y brillantes marrones de las aguas… Y de los aromas del lugar. Se olían flores, florestas, aguas, peces. Nada contaminado. El Riachuelo y el Reconquista, quedaban en otro continente. Los oídos escuchaban un silencio de pájaros, infinitamente alegres y afinados...

Necesitaba bajar
por Sergio Zabalza

Tras un fallido intento de suicidio, un paciente que se había arrojado desde una ventana explicaba: “es que necesitaba bajar”.
¿Por qué tantos suicidas eligen el balcón o la ventana? ¿Qué enigmático impulso los lleva a zambullirse en el vacío?...
Ahora bien, a propósito de la mujer que se arrojó desde el Hotel Panamericano hace escasas horas, el sentido común –que de una u otra manera todos compartimos– ya está dictaminando que esta mujer nació de vuelta, que todos los problemas se solucionan y que la suerte la ayudó para conservar su vida después de atravesar el abismo. Sin embargo, a partir de las consideraciones más arriba vertidas, nos gustaría preguntar: ¿se salvó la que se salvó? En todo caso, habrá que ver si acepta que la ayuden a bajar.

La Maestra, la sabiduría... su sinthome y la crueldad
por Elena Jabif

Donde habita Hipatia el faro se llena de luz. Decían las voces que su inteligencia y sabiduría, superaban los escritos sagrados, porque los dioses la amaban tanto, o más que a los hombres y por eso le dictaban sus secretos, en todos los idiomas y le daban la clave de todos los enigmas. Matemática, astrónoma, filosofa, física, socióloga, emocionada por los elementos de Euclides, el cono de Apolonio, el sistema geocéntrico de Plotomeo, hechizaba con su sabiduría porque permitía acceder a los intrincados laberintos (...) Hipatia gritó con terror, desesperadamente, pues sabía que nada le perdonarían...
El Sinthome es de lo real cuando surge el fracaso de lo simbólico. Suele ser un buen recurso en el lazo social, en el surgimiento de una religión perversamente sin faltas.
Hipatia es una fémina que descompletó su sabiduría con un agujero incurable que fue su imaginación, su Sinthome siempre actuó en contra de otros que podían gozar a las mujeres en la versión de la crueldad.

Que no nos tapen las orejas
por Sergio Zabalza

Habida cuenta de los importantes acontecimientos suscitados en Sudamérica y, sobre todo en nuestro país, sospechamos de la existencia de un discurso empeñado en invisibilizar el horizonte de la contingencia, esa disposición a lo nuevo que habilita el recurso a la invención en la marcha de un tratamiento.
No se trata de ser optimistas, sino de cuidar nuestra escucha. Para más datos: “Que renuncie quien no puede unir a su horizonte la subjetividad de su época”, afirmaba Lacan... Algunos datos nos inclinan por advertir que tanto el entusiasmo como la política asoman en el horizonte de nuestra comunidad.
Por ejemplo, en los últimos tiempos, los estandartes, emblemas y símbolos patrios han recobrado su poder de cohesión: su poder erótico, de acuerdo a lo que manifiesta Freud en “El Malestar en la Cultura”. La alegría de la gente en el Bicentenario es la mejor prueba, muchedumbres agolpadas se transformaron en cuerpos sexuados responsables, que bailaban, cantaban y aplaudían, sin por ello caer en el estado de masa. La fobia social, aunque sea por una vez, se había disipado...

¿Nuevos padecimientos?
por Graciela Graham

La anorexia se supone uno de los nuevos síntomas por excelencia, y no es así. Las santas por un lado y las enamoradas de la época romántica eran anoréxicas, no comían por amor a Dios o a algún hombre. Hay miles de casos, terminaban tuberculosas, por debilidad, La Traviatta, La Dama de las Camelias, son un ejemplo. Tampoco las adicciones son nuevas, el opio, la cocaína, el rapé, el alcohol. El alcoholismo de los escritores del siglo XIX y de mediados del XX era casi valorado como un mérito. Era la bohemia. Entonces para el psicoanálisis creo que se trata de a quién va dirigido cada síntoma. Parece que ahora es el mercado y por alguna razón este nuevo Dios tiene la característica de reducir el mundo simbólico, se pasa del objeto a la imagen casi sin interrupción. Y eso me parece que produce un síntoma social, preocupante, que es la violencia contra las mujeres y los niños. Los niños y las mujeres pasan rápidamente a ser objetos de consumo, mercancía cuando el simbólico se achica... Como psicoanalista apuesto a un sujeto posible, apuesto a la parición de un sujeto que se levante y tome su posición. Hay muchas formas de esclavitud, la de las mujeres y los niños reaparece en muchas épocas históricas. En épocas de esclavitud ellos son: los esclavos del esclavo.

El pecado original
por Elena Jabif

Freud padecía la tentación de ser Padre en sus análisis, el acceso a este goce fue interrogado por Ferenczi en su “Diario Clínico”, documento escrito en 1932, quién queda como testimonio de un fantasma doloroso, que arrastra la puesta en escena de su tragedia como psicoanalista (...) La transferencia en Ferenczi responde a la dialéctica hegeliana y rechaza los “Consejos al médico” freudianos, por traer el amor y el odio a la escena analítica. En su documento critica el placer sádico de los analistas ante el sufrimiento y la impotencia (...) El deseo del analista es el deseo de una levedad, que en el final del análisis, permite que el fantasma fundamental del analizante se despliegue y se atraviese, acto que permite sostener su propio deseo. Los objetos de ese fin han dejado de consistir para iluminar con su caída, la sombra de la pulsión de pulsiones: la Pulsión de muerte.

Las nuevas formas del síntoma
por José E. Milmaniene

Asistimos en la actualidad a importantes cambios en las presentaciones clínicas, que convocan a una rigurosa reflexión acerca de si se trata de las clásicas estructuras psicopatológicas –neurosis, perversión, psicosis–, que adoptan renovados modos de presentación acorde con el imaginario social de los tiempos (caracterizado por la promoción de los objetos de goce que reemplazan a los ideales en eclipse); o si por el contrario, nos enfrentamos a “nuevas enfermedades del alma” según la acertada expresión de Julia Kristeva, o a las “nuevas formas del síntoma”, tal como lo piensa Massimo Recalcati, al referirse a “aquellas posiciones subjetivas (anorexia-bulimia, depresión, adicción a las drogas, etc.) en las cuales falta o es deficitaria la articulación metafórica del síntoma”. Nos resulta pues de alto interés teorizar sobre las posiciones subjetivas transclínicas, para no confundir los fenómenos con la estructura, o hacer del fenómeno una nueva estructura.

Muerto el líder, no se acabó su movimiento
por Sergio Rodríguez

Recordemos cuando ante la cobarde dimisión de Carlos Saúl Menem después de haber hundido al país en la ciénaga del neoliberalismo de las grandes corporaciones financieras, Néstor Kirchner se hizo cargo de la Presidencia... Inclinamos respetuosamente nuestras banderas ante su ida de la vida y su fijación en nuestros recuerdos. Y acompañamos en su dolor a su digna esposa y Presidenta de la Nación, a sus hijos y demás familiares, así como a sus compañeros de lucha.
Recordemos y elaboremos, para dejar de repetir lo peor...

El psicoanálisis colonizado (un tropo argentino)
por Sergio Zabalza

Con el título de Maradona, una metáfora argentina, el texto pareciera destilar -a expensas de los claroscuros que emanan de la figura del genial futbolista-, una suerte de vergüenza u oprobio por no asemejarnos a los europeos o no mostrarnos a la altura de ese unívoco modelo que Lacan, sin embargo, señalaba como forjador de psicóticos. Pero “el tropo argentino”, en realidad, está en otra parte. En efecto, remendado por una sarta de lugares comunes, estigmatizaciones impudorosas y groseros derrapes teóricos, el artículo de marras cuenta con la autoría de un periodista británico y un psicoanalista argentino, auténtica metáfora de cierta intelectualidad vernácula colonizada, menos proclive a dejar caer una idea que a manifestar un visceral rechazo a toda manifestación autóctona.

Memoria y olvido históricos
por Laura Kait

Cuando nacemos alguien nos da un nombre. Cuando morimos nuestro nombre también es escrito por otros. De ninguno de estos dos actos tendremos memoria, son otros quienes la tienen o la tendrán. Al nacer nos inscriben en un papel. Un papel que amarillea, se pierde, se copia, se rompe, que sufre y nos hace sufrir los avatares de las burocracias. En cambio al morir nos suelen inscribir en una piedra. Para siempre. Cuando la vida se transforma en nunca escriben nuestro nombre para siempre...



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