Columnas

Una respuesta para Sandra
por Sergio Zabalza

El sábado 13 de mayo, en un artículo publicado en la contratapa de Página 12, Sandra Russo preguntaba si los excluidos del mundo, a saber indígenas, pobres, marginales, en suma los que están del otro lado, tienen inconsciente. Aquí nuestra respuesta; definitivamente si.
Y si en todo caso, como Walter Benjamín bien supo diagnosticar, ya no quedan narraciones con que inventar un mundo, no son sólo los pobres quienes padecen la esterilizante sacralización de las verdades científicas.

Borges, la pesadilla, lo siniestro, y un lugar en el espejo.
por Carlos D. Pérez

En 1977, el teatro Coliseo anunciaba un ciclo de conferencias de Jorge Luis Borges. Asistí a la titulada Las pesadillas. Su estilo silabeante se entreveró en mi recuerdo con el decir seco, pausado, de Marga. Gracias a que el diario La Opinión publicara la trascripción, me es dado recuperar la cita al superponerse las escenas. Marga reconstruyendo el devenir de los espejos en la intimidad de mi habitación, Borges hablando en una sala llena de gente, reflectores y altoparlantes. Yo diría que tengo dos pesadillas que pueden llegar a confundirse, había comenzado...

Freud en sus 150 años
por Emilio Rodrigué

El pensamiento freudiano transformó el mundo más allá de toda expectativa, al punto en que podemos decir que el neurótico contemporáneo es una criatura inventada por Freud. El proyectó su propia neurosis en el planetario actual y ahí reside buena parte de su genio: su neurosis le dio sentido a la nuestra. Dijo Anzieu que Freud descubrió el psicoanálisis al mismo tiempo en que se descubría a si mismo. Sí, él fue Newton pero también fue la manzana. Soñó el psicoanálisis y fue soñado por él.

Freud ha muerto. Viva... !
por Álvaro Couso

Freud inaugura con su invención un discurso. Erige desde su propia patología, desde su sexualidad, sueños y olvidos. Instala en la cultura un síntoma, que la religión jaqueará una y otra vez.
Freud ha fundando una proliferación de nuevos escritos que lo trascendieron en cuanto aquello que su nombre propio recubría, al modo de la lectura de la Torah, donde no todo esta dicho sino donde cada vez existe la posibilidad de encontrar nuevas significaciones, el libro no cierra sobre sí el sentido sino que lo abre a una interpretación permanente.

La agresividad en psicoanálisis
por Teodoro Pablo Lecman

En 1949, Jacques Lacan, el canonizado Saint Jacques -Santiago-, comprobaba que las frágiles cañas, los frágiles juncos del yo al borde del estero, o del pantano de la Segunda Gran Guerra Mundial, sufrían el flagelo de la agresividad, inclinando la balanza de las pasiones en las ciudades europeas devastadas por los bombardeos.
Mientras el estadio del espejo sufrió la gran popularidad de la Alicia de un Lewis Caroll mal leído, la agresividad tendió a diluirse, como un principio olvidable, un mal de posguerra.

Clínica del crimen y de la virtud
por Elena Jabif

Una investigación realizada en el College de France dirigido por Michel Foucault, motivada en un caso criminal de matricidio y fratricidio, se instituye como acto de juntura entre el discurso psiquiátrico y el derecho penal.
En el caso en cuestión podemos corroborar como en la celotipia el sujeto se identifica en sus sentimientos con la imagen del rival, pero también padece la vivencia fantástica de una intrusión destructora, de parte de él. Una elección narcisista de objeto cautiva, la imago del sujeto amado envilece los sentidos, el acto criminal suele ser el pasaje al acto por excelencia, última reacción defensiva ante intuición invasora, de la imagen del objeto narcisísticamente adorado. La cautivación erótica que produce el semejante en la celotipia paranoica, va acompañada de una fuerte tensión agresiva, ya que la lógica es de exclusión: soy yo o es el otro en términos de suprimir al contrario, como una cuestión de vida o muerte.

Celebrando la obra freudiana
por Mirta Goldstein

Freud, célebre en algunos medios e ignorado en otros, parece sin embargo embanderar una polémica inconclusa y hasta interminable. Polémica que según la perspectiva que la atraviese, verifica la continuidad del método psicoanalítico o, por el contrario, disuelve sus efectos más importantes.
Entre los que en sus homenajes situaron a Freud cercano a las neurociencias, aquellos que persisten en cotejar su obra según los criterios de algunas ideologías de la ciencia o del discurso de la anti-ciencia y entre quienes suponen que el mundo estará mejor desmintiendo al sujeto de este paradigma; no falta quienes imaginan un mundo feliz sin psicoanálisis.
Hemos vislumbrado al mundo sin Dios, y hemos equivocado las consecuencias de tal desenlace. Los que por todos los medios anuncian la caída del psicoanálisis desestiman los desenlaces de un mundo sin inconsciente.

Al Maestro, con cariño
por Ana María Gómez

No cabe duda que si después de más de un siglo transcurrido desde las primeras publicaciones de sus trabajos teóricos, clínicos y antropológicos, Freud sigue dando tanto que hablar, y que escribir, es porque entre otras cosas descubrió algo sumamente inquietante. Freud fue de la visión tranquilizadora de lo constatable, al territorio de la audición y de la escucha. El valor de la palabra, y su instrumentación en la cura, pasaban a primer plano. Desde los antiguos griegos en más, la palabra es un instrumento de cura pero no tan rentable como la química actual.
La concepción del ser humano no volverá a ser la misma después de Freud.

Padre y subjetividad contemporánea
por José E. Milmaniene

El psicoanálisis, en tanto práctica de la palabra y ejercicio responsable de la Ley, está comprometido en la tarea de la imprescindible reconstrucción, en el interior del espacio discursivo, de la figura simbólica del Padre. La carencia de este movimiento reparatorio del Padre y la dignidad de su función, deja al sujeto anclado en las inevitables restituciones sintomáticas de su invalorable figura. Al insistir en el valor de la palabra y la escucha, y al situar a las prácticas sublimatorias en el centro de sus políticas rectificativas, el psicoanálisis se constituye en un marco privilegiado para la reivindicación de lugar del Padre Muerto, en tanto agente de la Ley.

Un papiro para Firmenich
por Sergio Zabalza

Antes que nada, el nombre del padre es la tumba en torno a la cual los vivientes, por renunciar a un goce ominoso, advienen sujetos de un mundo simbólico. Esto explica por qué el culto funerario nos llega desde el fondo de la historia: con el duelo nace el tiempo, la identidad, las narraciones, los mitos y el papel que cada sujeto ocupa en la diaria comedia que nos toca vivir.
Quizás se vislumbre el agujero simbólico que para una comunidad supone carecer de las tumbas donde renovar el pacto que asegura la convivencia. Quizás se pueda advertir el lugar que las cotidianas tragedias ocupan en tanto torpes y fallidos intentos de simbolizar lo imposible.



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