Columnas

Las pulsiones. O por qué somos masottistas
por Teodoro Pablo Lecman

No existe lo pulsional y la pulsionalidad como equivalentes a irracionalidad. La pulsión tiene una razón.
La metáfora de Freud, Trieb, como lo rastrea deliciosamente nuestro amigo Dominique Scarfone, abreva tanto en los términos maquinísticos derivados de la Revolución Industrial (por ejemplo: Triebfeder: resorte). La pulsión empuja y choca. Pero no somos maquinistas. Esa tarea se la dejamos a otros, los TCC, seguros de que conducirán, mejor dicho, ya han conducido la locomotora de la historia a uno de sus peores desastres, sino el peor: un mundo feliz, positivista, sin sueños, la peor de las pesadillas. Los campos ya dieron cuenta de ello. Somos más bien masottistas.

Alienación <> Separación en la clínica. Duelos a realizar
por Álvaro Couso

Es la acción del corte la que da origen a dos productos que en su interrelación permitirán establecer la escritura fantasmática. Al modo de los fenomenólogos, que cuando interrogaban el origen de la vida podían salir del atrapamiento imaginario afirmando: ni el huevo, ni la gallina, sino el pez modificado, ubicando por un desplazamiento necesario el nacimiento de lo animado en el mar, del mismo modo ubicaba Lacan el corte como el acto que introduce las transformaciones dando lugar al objeto y al sujeto.

Reflexiones acerca de la soledad
por Jorge S. F. Mosner

La soledad a ultranza es imposible en el ser humano. El Yo, que es en primer lugar el cuerpo, está hecho de la identificación con el congénere, es decir, está hecho de la interiorización del otro que me asiste. De ese modo se establece una primera enajenación, una primera deuda con el otro que nos saca de una abismal soledad y nos otorga cuerpo, nos da cuerpo. De no presentarse el otro asistente, fundador de nuestro cuerpo, en nuestras lamentables y prematuras existencias, nos disolveríamos en el marasmo, en una fragmentación mortal. Y como si esto fuera poco los seres humanos no contamos con patterns instintivos, de modo tal que no tenemos instintos que nos orienten hacia nuestros objetos y sólo podemos acceder a aquello que otro ha deseado, nos hacemos adictos al menú del deseo de los otros.

Sócrates, Freud y los transgéneros
por Sergio Zabalza

Desde la inquisición hasta nuestra victoriana modernidad, el cuerpo fue considerado como el albergue de las más sucias pasiones. Ahora bien, quienes se empeñan en citar la frase de Napoleón que ocasionalmente Freud mencionara en alguno de sus trabajos acerca de que la anatomía es el destino, se parecen a Marsilio Ficino. Por su parte, lejos de reposar en la comodidad de los prejuicios, Freud sabía aprender de los fracasos. El doloroso abandono que le propinara una paciente, la protagonista del famoso caso Dora, le había enseñado que la pregunta por la mujer constituye el enigma constitutivo de cualquier ser hablante, más allá de las características anatómicas que a cada cuerpo le toque en suerte. Así, bien pronto el descubridor del inconsciente rechazó toda idea de supuesta connaturalidad entre hombre y mujer. Los géneros son una construcción del lenguaje.

Acerca del Régimen de Adopción. Identidad, legislación y ética
por Eva Giberti

La expresión identidad biológica constituye un deslizamiento ideológico en tanto y cuanto el vocablo biológico, en tiempos de clonaciones, mapas genéticos y recursos al ADN ha quedado cuanto menos rezagado, además de la ilusión de completud que convoca; ilusión de completud porque se supone que una vez que se emitió la expresión, todo queda claro. Cuando la Ley de Adopción se refiere a padres biológicos o realidad biológica, región semántica que inspiró a los redactores del decreto 383/05, lo hace debido a una idealización del positivismo, que la conduce a centrarse en la biología. Recordemos que el positivismo de comienzos de siglo, es el hijo predilecto del naturalismo derivado de la idea de naturaleza o derivado de la teología. Esta idealización de lo biológico desemboca en un determinismo a ultranza que es contrario a las lecturas que actualmente introducen las variables históricas en tanto dato imprescindible. Se trata de un deslizamiento ideológico mediante el cual se los desprovee de origen y se los convierte en objetos, porque el término realidad, etimológicamente corresponde a objeto.

Apertura de los Escritos... o porqué el analista es idiotisch
por Teodoro Pablo Lecman

Una temprana carta de Freud cuenta que su estilo, ya en el Gimnasium, había sido calificado por un profesor de idiotisch, idiótico, idiota. Esta expresión extrema, irónica, quiere decir idiosincrásico, singular. Un estilo propio. La sola ubicación de Freud en las encrucijadas culturales de las que proviene explica su singularidad. Lo que implica un peligro, en el límite, los trastornos de la metáfora, de la semejanza, llevan a un idiolecto, a la pérdida del código, en el caso de las afasias metafóricas. No podemos asignar a Freud tal afección, aunque por ella, simbólicamente, fue entrando en el psicoanálisis. La afasia. Mientras que Lacan, quizás, por ella, real, fue saliendo, al fin de su vida.

De que se trata en psicoanálisis
por José E. Milmaniene

En psicoanálisis no se trata de la mera supresión sintomática, ni del logro de una estabilidad asentada en el andamiaje psicofarmacológico, ni de una corrección conductual basada en la reeducación cognitivo-conductual. Se trata de otra cosa: del reordenamiento simbólico de un sujeto que por no poder hablar se expresa con los síntomas; y la supresión de los mismos, si bien es deseable, resulta insuficiente, y hasta puede configurar un modo de huida a la salud, utilizado para no cuestionarse los conflictos encubiertos del que padece. Si los síntomas son expresión de conflictos inconscientes que no logran ser tramitados simbólicamente, su forzada erradicación suele dejar intocado el núcleo generador de la problemática que los causa.

Experiencia de la paradoja
por Jorge Rodríguez

Desde Las pulsiones y sus destinos podemos decir que no existe concepto sin experiencia, ni experiencia sin concepto.
Existe cierta tendencia a pensar lo transicional exclusivamente en términos de objeto. Se pretende captar la naturaleza de lo transicional desde el objeto, y a éste se lo piensa desde las pulsiones, el amor o la autoconservación. Dos indicaciones de Winnicott, que los fenómenos de los que se ocupa (el jugar, por ejemplo) no se basan en las pulsiones; la otra, para trabajar lo transicional, más que en el objeto debemos fijamos en el uso que se hace del objeto. Entonces, del objeto al uso y a la paradoja.

Avergonzados
por Jean Allouch

Si el psicoanálisis tiene un interés, un alcance, una incidencia, en una palabra una especificidad, no puede ser otro que el de abstenerse radicalmente de ejercer el poder sobre el que se fundan la psiquiatría y la psicopatología.
Ahora bien el transexualismo ofrece al psicoanalista una irrefutable prueba de su extravío en la psicopatología. Otro prejuicio de esta disciplina con la que los psicoanalistas flirtean, sin incluso saber por qué, es que a cada estructura clínica (como se las llama) corresponde una cierta configuración libidinal, una cierta manera de posicionarse de la libido de estos individuos, así categorizados. Eso será entonces, verdadero para los neuróticos (se enseña, castración), para los perversos (se enseña, denegación), para los psicóticos (forclusión). Y los transexuales se alojarán, con algunos matices diferentes en el caso de los psicóticos. Todo está entonces de lo mejor y en el mejor de los mundos clasificatorios.

Vigencia del psicoanálisis. Incidencia política y social del acto analítico
por Edgardo Feinsilber

Proponemos para la vigencia del psicoanálisis, que lo social es aquello que puede leerse desde el psicoanálisis en la conjunción de lo particular y lo singular, es decir una especie de lo imposible de cualsea que se muestra como de indecidible veracidad. De allí que desde el psicoanálisis la mostración de lo social precisa de dos núcleos de lo Real, lo imposible de lo particular aunado con lo indecidible de lo singular. De ahí que lo singular del caso por caso, del uno de lo discreto, de lo que es por partes o trozos, de aquello que semblantea el carozo del objeto sobre el que se conforma la realidad, es lo que sirve de apólogo para la transmisión de lo inconsciente.



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