Entrevistas

Sección coordinada por Emilia Cueto
Entrevista a Norberto Marucco
por Emilia Cueto

Freud piensa que en el desconocimiento de la castración está la perversión, lo que yo pienso es que en el desconocimiento de la castración está una desmentida que puede llevar a la perversión, y otra desmentida que es estructurante y que está en defensa de la pulsión. Porque, ¿qué es el reconocimiento de la castración, sino un límite a la pulsión? Reprimo mi pulsión porque tengo miedo a la castración. Es decir que hay un nivel en donde cierta desmentida es necesaria para que la pulsión no caiga reprimida por los mandatos del Super-Yo y de la cultura. Es estructurante del sujeto. No hay vida de fantasía si no es a partir de una desmentida, de una cierta desmentida de la castración.

Entrevista a Mario Campuzano. El Psicoanálisis en México
por Enrique Guinsberg

Mario Campuzano da cuenta de la historia y las perspectivas del psicoanálisis mexicano, destacando la influencia de algunos inmigrantes notables en el devenir del pensamiento local. Plantea al respecto que bajo el predominio de la importación de lineas teóricas, no se percibe una creación original, pero si un gran desarrollo en la práctica clínica. Resalta así la producción en el campo de la clínica grupal, en particular desde la fundación de la AMPAG, y de la multiplicidad de recursos terapéuticos que se aplican. El co-director de Subjetividad y Cultura, alude también a las presiones que enfrenta el psicoanálisis provenientes de los enfoques organicistas alentados por el mercado farmacológico, que alejan la concepción de sujeto en conflicto, intentando imponer la idea de causalidad orgánica.

Entrevista a José Schavelzon
por Emilia Cueto

El tema de la enfermedad de Freud es muy importante no solo para el hombre sino porque su producción se ajusta a las diferentes etapas de su enfermedad. Y cuando él por la evolución de la enfermedad, pierde algo de las esperanzas de curación aparece un trabajo fundamental que es Más allá del principio del placer donde dice de alguna manera muy sutil: todo lo que vino hasta acá no es así, no es exactamente así.(...) Antes de abrir juicio sobre la enfermedad de Freud intenté revisar los preparados histológicos. Lo curioso es no solo que no era cáncer, sino que sus patólogos informaron que no era cáncer, y lo operaban por cáncer. En todas las comunidades se manejan determinadas enfermedades, determinadas características de cierta enfermedad, que reciben el nombre de enfermedades malignas. A los individuos afectos de esa enfermedad se les atribuye una serie de características malignas y se procede con ellos de la misma manera a través de la historia hasta hoy marzo de 2005. Se los interna quitándoles todos los valores personales de su estructura, se los segrega, se le asignan potenciales malignos y la comunidad deposita todos sus sentimientos de culpa en esos chivos emisarios. Cuando una de las enfermedades tiende a desaparecer por razones desconocidas, aparece y surge otra enfermedad que toma en la comunidad, en la sociedad en general esas características. Se llaman enfermedades sagradas.

Entrevista a Alicia Hartmann
por Emilia Cueto

En el niño, no es fácil trabajar desde el punto de vista del grafo con las dos cadenas. Muchas veces hay decires que advienen justamente de aquello que se dice en otro espacio, y es en relación al fantasma que se va trabajando con los padres respecto de ese niño. Y esto lo trabajó Freud con aquel famoso sueño de las monedas de oro donde la paciente sueña con unas monedas de oro y el niño, su hijo, viene al día siguiente con las mismas monedas. Estas son las cuestiones extrañas o coincidentes que arman o que sustentan esta cuestión de que el inconsciente es transindividual. Este es un axioma básico dentro de la teoría lacaniana. Uno puede encontrar a veces frases que surgen como enunciados en los niños que son trozos de discurso que aparecen ligados a otras escenas en los padres.

Entrevista a Janine Puget
por Emilia Cueto

Yo pienso que se produce inconsciente en el vínculo, en función del efecto de alteridad y de ajenidad; que dos o más sujetos son siempre otros con alter –digamos, siendo alter para el otro– y ajeno para el otro. Definitivamente ajeno, o sea, inasible. Y que el efecto de encuentro entre dos alteridades produce inconsciente. Esta formulación que yo le doy es controvertida, es una formulación que sucita irritación en algunos analistas –la polémica vale la pena, no importa–, pero es introducir la idea que no hay un inconsciente que se creó de una vez para siempre, sino un inconsciente que se va constituyendo a medida que uno va construyendo nuevos vínculos.

Entrevista a José Grandinetti
por Emilia Cueto

El melancólico no cuenta con una buhardilla fantasmática en los que buscar-encontrar, otro subrogado de objeto, mediante el cual resolver, renegatoriamente, la tensión libidinal propia a la falta misma que causa su deseo. No se tratará del tiempo de angustiosa espera, tan propio de la aflicción, sino de la desesperación, desesperanzada; del hambre, la soledad y el frío que implican la pérdida de un ideal. Podríamos decir –y eso no deja de ser una conjetura– que el trabajo analítico con el depresivo, ofrece la posibilidad de un tiempo de suplencia del duelo que nunca hubo (en el sentido estructural) a partir del cual registrar al objeto como ausente hasta la aparición de otro ideal.

Entrevista a Hugo Vezzetti
por Emilia Cueto

El comienzo de lo que podría ser una implantación extensa del psicoanálisis en el mundo se da a partir de los años 20, no antes. El tema de la sexualidad es un tema que interesa, y ahí, aparecen relaciones con Freud. Yo creo que el núcleo sexológico ha sido predominante en la recepción popular, no así en la recepción médica. En esta última, ha sido más preponderante el núcleo que tenía que ver con Freud como alguien que alimentaba un campo, que también era novedoso para la psiquiatría, que era el campo de la psicoterapia. La idea que empieza a imponerse ya en los años ‘30 de que la psiquiatría no puede prescindir de ciertas herramientas de trabajo en el campo psicoterapéutico.

Entrevista a Colette Soler
por Emilia Cueto

Para mí, Lacan vivo es su texto. Por supuesto tengo recuerdos de su persona, de mi análisis con él, de mi encuentro y de Lacan en sus seminarios. Conocí a Miller al final de la Escuela Freudiana de Paris, la escuela de Lacan. Después, efectivamente trabajé, al momento de la disolución, en la creación de la Escuela de la Causa Freudiana. No me marché enseguida cuando vi que algo no funcionaba, por una razón que para mí es absolutamente esencial: el problema era una dificultad del conjunto, y no de carácter individual. No se me ocurrió salir sola; y me quedé hasta que pude comprobar que había un montón de psicoanalistas que tenían la misma idea.

Entrevista a Carlos Ruiz
por Emilia Cueto

Los nudos sirven, parece. Quizás otra cosa podría servir, habría que haberla inventado, habría que haberla encontrado. Me parece que esa es la línea, es decir, ese esfuerzo de Lacan por la formalización que se concreta con la superficie, con los nudos, con la lógica. Desde el Seminario IX en adelante, por lo menos, Lacan hace preguntas lógicas y propone respuestas topológicas. Supongo que esa época dura del Seminario IX al Seminario XX, por ejemplo, es decir, todo el desarrollo. Después, con ese soporte de las superficies, etcétera, llegar a la fórmula de la sexuación, siguiendo la línea de la incompletitud de la aritmética... Respecto del discurso capitalista, Lacan es manifiestamente contradictorio. Ese es un punto que queda de algún modo abierto para ser trabajado.

Entrevista a Armando Bauleo
por Emilia Cueto

Cuando me ví con Basaglia en el 74, él quedó asombrado al contarle lo que habíamos hecho en Argentina. Muchos creen que si achican la cantidad de camas de los hospitales o desaparecen los manicomios, la gente se va a quedar sin trabajo. Pero esa es una fantasía, en realidad, se necesita más gente. La desmanicomialización no solamente necesita más gente, sino que, a su vez y en el mismo tiempo, se ahorra más. Los presupuestos bajan. Ya esto lo decía Basaglia hace muchos años.
Parecería que la internación tiene que ser siempre en el manicomio. Sin embargo, tendría que hacerse en salas de hospitales generales y no una internación por veinte años. No existe crisis de veinte años. Las crisis en una o dos semanas se fueron. ¿Y entonces, por qué tiene que estar internado? ¿Para hacer qué cosa? O sea, no hay noción, si uno la piensa con un sentido común, que justifique que un tipo tiene que estar dentro de un manicomio treinta o cuarenta años. ¿Para hacer qué? Porque no es cierto que esté permanentemente en tratamiento; el mismo tratamiento que hace ahí podría hacerlo en la calle, si le dan una pastilla a la mañana y chau. ¿Para qué está todo el día encerrado? Pidiendo monedas, fumando como un animal, ¿para qué? Solo con sentido común uno sacaría esa conclusión.



Recibí los newsletters de elSigma






Actividades Destacadas