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Nacer mal-entendido

16/02/2014- Por María Paz Urruti - Realizar Consulta

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Lacan sitúa el nacimiento de un sujeto por el malentendido. Plantea que en el plano del goce sexual hay dos que no se entienden. En los casos de intersexualidad es el cuerpo mismo el que aparece malentendido, irrumpe allí sin velo la imposible articulación entre el lenguaje y el viviente. ¿Qué sucede cuando un cuerpo no responde al ideal de la ciencia? ¿Cómo nombrar lo que se presenta como inclasificable para el discurso médico? Este texto se propone formular, a partir de un caso de genitales ambiguos abordado en un dispositivo de interconsulta, algunos interrogantes y avatares que plantea el mismo.

 

 

 

La interconsulta

 

         Como interconsultores de un hospital general infanto-juvenil, somos convocados cuando el estado de salud de un niño es muy grave y a los profesionales se les dificulta afrontar esta situación, ante patologías que conllevan malformaciones, cuando los médicos detectan poca adherencia al tratamiento indicado, cuando observan problemáticas en el vínculo entre padres e hijos, ante episodios de violencia, ante la inminencia de la muerte. Es decir, cuando algo del orden del exceso irrumpe allí.

         Desde la sala de Neonatología, piden una interconsulta por una madre adolescente, a quien llamaré Ana. Su bebé está internado en la terapia intensiva debido a su condición de prematuro. Pesó a su ingreso 840 gramos y padecía de una perforación intestinal, con pronóstico reservado.

         Me acerco a la madre,  me presento  y le pregunto por el nombre de su bebé. “No tiene nombre. [...] Le había puesto Lucía, pero al llegar al hospital me dijeron que mi beba no era nena, que no estaba definido el sexo”.

         La médica había omitido en la presentación del paciente un “detalle”: es un caso de genitales ambiguos, luego dirá.

         Cabe preguntarse: ¿qué motiva la interconsulta? ¿Una madre adolescente? ¿La gravedad del paciente? ¿La ambigüedad genital? ¿Un cuerpo que no responde al ideal de la ciencia? ¿La sexualidad?

 

 

Un cuerpo malentendido

 

         Trastorno del desarrollo sexual, trastorno de la diferenciación sexual, hermafroditismo, son algunos de los términos empleados por el discurso médico. Se los define como “un grupo de afecciones donde hay una discrepancia entre los genitales internos y externos” (1).

         Freud, en “Tres ensayos de teoría sexual”, plantea que el niño es un perverso polimorfo y que luego de un complejo proceso de la pulsión sexual deviene hombre o mujer. Asimismo, agrega que ni en lo psicológico ni en lo biológico existen la masculinidad o la feminidad puras.

         Desde la lectura lacaniana, se sitúa el nacimiento de un sujeto por el malentendido. Siguiendo a Lacan, Gallano Petit plantea: “Hay dos hablantes pero son dos que no hablan la misma lengua porque no hay diálogo entre los sexos. En el terreno del goce sexual hay dos que no se entienden” (2). Agrega: “El niño habita la hiancia irreductible del diálogo imposible  entre los sexos” (3). En los casos de intersexualidad es el cuerpo mismo el que aparece malentendido. Se podría decir que en estos casos irrumpe sin velo lo imposible del no hay relación sexual, la imposible articulación entre el lenguaje y el viviente.

 

 

La ambigüedad en lo real del cuerpo hace su entrada en la escena

 

         Ana manifiesta haber realizado los controles durante el embarazo y que en los mismos le habían dicho que esperaba una nena. Al respecto, dice: “Yo no quiero tratarlo como mujer. ¿Y si es un varón? En la sala todos le dicen «bebé-Fernández», me dicen que no lo trate como mujer, que aún no se sabe el sexo. Yo a veces le digo que es linda pero después intento no hacer eso. Durante el embarazo quería una nena, el padre también. Pintamos el cuarto de rosa y compramos ropa de ese color”.           

         En la sala un cartel, que identifica a la incubadora de cada paciente, irrumpe como analizador de lo que allí estaba silenciado, el nombre que había sido elegido por sus padres se encontraba tachado y en su lugar escrito “BB. Fernández”. Cabe preguntarse: ¿qué tapona esta tachadura? ¿La falta de saber en la ciencia? ¿Qué pasa cuando un cuerpo no responde al cuerpo ideal de la ciencia? ¿Qué efectos tendrá esta tachadura en este sujeto?

 

 

Los ropajes simbólicos: ¿con qué lo visto?

 

         Durante las primeras entrevistas, Ana traía su preocupación por el estado clínico de su bebé y manifestaba la ambigüedad que le generaba el no saber el sexo. Decía: “Es linda, es tan chiquita”, y seguidamente se corregía. 

         Una analista escucha allí una madre que quiere nombrar, hacerle un lugar en el discurso, y sostiene este hacer lugar, habilitando a que Ana nombre e invista con palabras, canciones y colores, es decir, ropajes simbólicos para que allí un sujeto advenga.

         Asimismo, planteo al equipo tratante la importancia de que esta madre pueda nombrar a su hijo como quiera. Introduzco un interrogante: ¿qué posibilidad de un duelo sin un nombre? Dicha intervención genera debates y discusiones en los pases de la sala.

         Mientras transcurren estas entrevistas con la madre, en la sala se realizan estudios que apuntan a la asignación del sexo. Estudio de cariotipo, estudios hormonales y de tejidos internos. Los estudios hormonales detectan niveles altos de testosterona y los de los tejidos revelan que Lucía no tiene útero, ni ovarios. Referencias que no alcanzan aún para nombrar a este cuerpo, ya que Lucía presenta insensibilidad a los andrógenos. Por lo que concluyen que son altas las posibilidades de que desarrolle un cuerpo de mujer. 

         En una entrevista, Ana comenta: “Hubo una semana, que no se por qué pero me parecía que era varón, lo miraba y  era varón. Durante esos días le decía «Lindo, bueno»”. Al respecto, afirma no saber por qué motivo le sucedía eso, y agrega: “Luego me informaron que tiene alta la testosterona pero que los receptores para las hormonas masculinas no funcionan apropiadamente, no va a desarrollar rasgos masculinos”. Cabe aclarar que el resultado del cariotipo aún no había sido informado a la madre.

         Faltando aún un último estudio para definir el sexo, otro cartel aparece nombrando este cuerpo, esta vez se encontraba escrito el nombre que había sido elegido por sus padres antes de ingresar al Hospital. Un nombre de mujer.

         A la siguiente entrevista, Ana se refiere al cambio de cartel. También, registra la misma modificación en los pedidos de análisis. Dice: “Antes decían sólo el apellido”.  Explica que al preguntarle a la médica por estos cambios, ésta le dijo: “El cariotipo dio XY pero es mujer, por falta de receptores de testosterona va a desarrollar un cuerpo de mujer”. Agrega: “Me puse mal. No va a poder tener hijos”.

         En las entrevistas posteriores, Ana manifiesta angustia ante el estado clínico de su bebé. Explica: “Estuvo descompensada, tuvo convulsiones. La pinchan todo el tiempo, pobrecita”. Asimismo, se pregunta acerca de cómo transmitirle lo sucedido cuando sea adolescente. Dice: “No va a tener útero ni  ovarios, no va a poder ser mamá. Yo ya soy mamá, pero ella no va a poder serlo. ¿Cómo le explico que no va a menstruar como las demás? ¿Qué le digo?”. Intervengo alojando la angustia y sosteniendo el despliegue de aquellos interrogantes que ponen en juego las preguntas “¿Qué es una mujer?”, “¿Qué es una madre?”. Le señalo que hay otras formas de ser mamá.

         La posibilidad de un último estudio, una prueba de testosterona, relanza la ambigüedad.  Ana dice: “Lo llevé a hacer el estudio con una mantita rosa; cuando termino el estudio me sentía mal. Puede que sea varón,  ya no se cómo vestirlo. Hoy la vestí de blanco. Pensé un nombre de varón. Me confunden”.  Intervengo señalando allí su posición deseante: “Lo querés vestir, lo querés nombrar”. Al respecto Lacan sitúa, en “Dos notas sobre un niño”,  que la constitución subjetiva implica la relación con un deseo que no sea anónimo. Es decir, “el niño se humaniza en la familia en la medida en que tiene lugar la separación entre el sujeto del deseo y el organismo vivo” (4). Este cuerpo aún “inclasificable” para ciencia, encuentra allí una madre que quiere nombrar, vestir y hacer lugar al deseo.

         En la sala introduzco una pausa, un intervalo que permita pensar lo que allí acontece. Planteo que esta mamá puede esperar a que se hagan los estudios necesarios para asignar el sexo y que ha construido un vínculo con su bebé.

 

 

De lo innombrable al nombre propio

 

         El resultado de este último estudio da positivo, el bebé tiene una insensibilidad parcial para los andrógenos, por lo que con un tratamiento hormonal puede desarrollar un cuerpo de varón.

         En la última entrevista, Ana manifiesta su alegría: “se van de alta”. “Mi familia pintó el cuarto, compró ropa de varón”. Cuenta que eligió un nombre para su hijo y que ya puede terminar de tramitar el DNI. 

         Lo real sexual excede los universales sobre los cuales se basa la ciencia. Al respecto, François Ansermet plantea que la sexuación no es solamente obra del otro. La misma implica también al sujeto y el acto por el cual el sujeto decide finalmente sobre su destino sexual y en particular sobre su elección de goce. En este sentido, cabe preguntarnos: ¿la anatomía es verdaderamente el destino? Este interrogante cobra toda su dimensión en la clínica.

 

 

Trabajo presentado en las I Jornadas interhospitalarias de profesionales en formación en Salud Mental Infanto-Juvenil, realizadas en el Hospital “Carolina Tobar García”, abril de 2013, y en la V jornada Anual “Respuestas del analista. La oportunidad de la interpretación”, en Fundación Causa Clínica, diciembre de 2013. María Paz Urruti es psicoanalista, concurrente del Hospital de Niños “Ricardo Gutiérrez”, ciudad de Buenos Aires, integrante y docente de la Fundación Causa Clínica. Correspondencia a: mpurruti@hotmail.com.ar.

 

Notas

(1)       Cf. GORALI, V., Intersexo: una clínica de la ambigüedad sexual, Grama, Buenos Aires, 2007, p. 12.

(2)       GALLANO PETIT, C., “Nacer de un malentendido”. En El niño y el cuerpo, p. 32.

(3)       Op. cit.

(4)       Op. cit., p. 29.

 

Bibliografía

 

ANSERMET, F., “La indecisión del sexo biológico”. En Revista Colofón, N° 22, 2002, pp. 30-34.

FREUD, S., “Tres ensayos de teoría sexual”. En: Obras Completas, Amorrortu, Buenos Aires, 1996, vol. VII.

GALLANO PETIT, C., “Nacer de un malentendido”. En: El niño y el cuerpo.

GORALI, V. (comp.), Intersexo: una clínica de la ambigüedad sexual, Grama, Buenos Aires, 2007.

LACAN, J., “Dos notas sobre un niño”. En: Intervenciones y textos II, Manantial, Buenos Aires, 2010.

 

 

  


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