Hospitales

Sección coordinada por Gabriel Belucci
Los documentos
por Darío Gigena

Un nombre no se explica: soy tal y así me llaman, guste o no. Pero es más: un nombre, en último término, no tiene explicación. Digamos así, el nombre pronunciado no llamaría a ninguna interpretación. Sería, además, un modo civil o amable de acallar al Otro: una significación cerrada, un sosiego que el lenguaje a veces proporciona a quienes, por hablantes, debemos responder. Quizá por eso un sobrenombre mueva a la vergüenza: pues desestima o rechaza nuestra capacidad de responder (responsabilidad) despojándonos de aquello con que en el Otro se nos reconoce al imponernos una nominación impropia. Y porque el síntoma no llama a la interpretación es que en cierto modo, síntoma y nombre se aproximarían. Este trabajo explora algunos aspectos de esta relación, soportado en un recorte de la clínica.

Big Psycho
por Gabriel Belucci

¿Qué extraña semejanza evocan, en el más conocido de los reality shows, ciertas escenas que caracterizan el funcionamiento de las residencias en el campo “psi”? ¿Qué relación podemos suponer entre ambos y el modo discursivo de la subjetividad contemporánea? Estas preguntas, que no necesitan abordarse de un modo solemne para ser serias, interrogan uno de los espacios de nuestro sistema de salud mental, haciendo oportuno ensayar un recorrido al respecto.

La referencia al psicoanálisis en el hospital
por Juan Manuel Pissinis

El hospital no es el lugar “natural” del psicoanálisis y, si es posible que hablemos de psicoanálisis en el hospital, es por la antecedencia del psicoanálisis. De allí que la presencia del psicoanálisis en el hospital sea contingente. Se podría prescindir del psicoanálisis en la institución hospitalaria. Pero si hay algo que aporta un carácter de necesaria a la referencia al psicoanálisis en el hospital, ello es el interés de cada uno por el psicoanálisis. Se puede plantear en términos de una formación de compromiso este modo en que tratamos de hacer entrar al psicoanálisis en cada servicio, lidiando con un orden de hechos que responden a otra lógica que la de la práctica del psicoanálisis. De todos modos, no es una cuestión que se pueda resolver en una forma que abarque todo el problema, y lo solucione. Se trata más bien, partiendo de cosas pequeñas, de ir despejando las variables en juego, y así poder ir ubicando lo que hacemos, en el sentido de ir precisando nuestra práctica.

Ateneos a la clínica, ¿qué clínica?
por María Juliana Espert

El llamado “ateneo clínico” se ha instituido como una práctica habitual en el ámbito residencial y su presentación pretende ser, en principio, una instancia de intercambio y discusión sobre la clínica que practicamos. A partir de cuestionar los variables usos del “caso clínico” e interrogar algunos aspectos relativos a la formación en psicoanálisis, la pregunta que queda abierta atañe a la implicancia de la escritura clínica: ¿qué se escribe en un ateneo que se dice clínico? ¿Qué supone la escritura desde una orientación psicoanalítica? ¿Desde dónde y qué leemos en el inevitable recorte de un caso o recorrido de un tratamiento?

Psicoanálisis ad honorem: un recorrido histórico
por Gerardo Gómez

Miles de psicoanalistas trabajando gratis: ¿cómo es esto posible? Ya sea en el ámbito de lo público, bajo figuras tales como concurrentes, becarios, visitantes, pasantes, etc., o en lo privado, desde la gratuidad hasta remuneraciones paupérrimas —llegando al mundo del revés de pagar para analizar— la representación “trabajo gratuito” inyecta al analista, invitando a un prurito respecto del cual, a veces, parecemos estar anestesiados.

Un átomo de doctrina
por Lorena Croceri

Las teorías sexuales infantiles se construyen como resistencia, necesaria, a la confrontación con un no hay, que afecta fundamentalmente al saber. ¿Podríamos decir que la teoría, cuando va al lugar del saber del analista, como sustitución de ese no hay, es una de las formas en que la resistencia opera como resistencia del analista? ¿Podríamos decir que la teoría cuando va al lugar de decir lo que el caso no dice va al lugar de evitación de la angustia? ¿O que la teoría, sostenida desde una posición universitaria de enunciación, provoca efectos de fascinación que destituyen al analista de su lugar?

El lugar del cuerpo en el tratamiento de la histeria y la esquizofrenia
por Marisa Fenochio

Es ya un lugar común en el psicoanálisis que el modo de presencia de la dimensión corporal tiene la marca que las distintas variantes de la estructura le aporta. En la clínica, sin embargo, no va de suyo en qué lógica se inscriben las referencias al cuerpo de distintos pacientes. Situarlas requiere una operación de lectura en transferencia. La autora se pregunta, a partir de dos recortes clínicos, acerca del lugar que tiene el cuerpo en la histeria y en la esquizofrenia, articulando ese material con elementos diferenciales que entiende cruciales para pensar la dirección de la cura en las estructuras

El procedimiento vacío o el sinsentido del objeto en el arte arte
por Marcela Brunetti

En Freud, lo real aparece como el obstáculo al principio del placer. Lo real es el tropiezo, el hecho de que las cosas no se acomodan de inmediato, como querría la mano que se tiende hacia los objetos exteriores. Lo real se distingue por su separación del campo del principio del placer, por su desexualización, por el hecho de que su economía, en consecuencia, admite algo que es, justamente, lo imposible.

El malestar de lo instituido: el no del discurso hospitalario
por Susana Laín

Desde el psicoanálisis, toda dirección de la cura apunta a la articulación de la función del nombre del padre, operación que Lacan teoriza como constituyente de la estructura subjetiva. La función del nombre del padre permite que se anude un amor ejercitable. La ley del nombre del padre no aplasta el deseo; por el contrario, no hay deseo sin ley. El padre está más habilitado para poner un límite al goce fálico, pero la madre tiene que traducir esta prohibición al niño. Esta función es nombrada por Lacan: “amonedamiento”. Sin el amonedamiento del nombre del padre no se anuda el deseo a la ley. ¿Es posible el psicoanálisis en el Hospital? Sólo en tanto el analista está dispuesto a que opere la función de amonedamiento del nombre del padre. Leyes, en el Hospital, hay muchas y muy duras. Este orden habilita un espacio analítico sólo si anuda un mínimo de amor ejercitable, del cual la primera forma que nos interesa es el amor de transferencia.

Psiquiatría y Psicoanálisis. El choque de dos mundos
por Carlos Cimino y Fernanda Mejías

Hay una vicisitud frecuente en los tratamientos hospitalarios. En ocasiones, la gravedad de la situación hace que médico y analista intervengan activamente con la escucha, la medicación y la palabra, más allá de la demanda del paciente, que a veces no está o que puede aparecer por parte de un tercero. Si esta intervención tiene éxito, médico y analista se colocarán ahora en una posición singular. Esta respuesta aliviante a una o varias situaciones de malestar importante, dará lugar a la aparición de un Otro capaz de alojar el padecimiento: el equipo tratante. ¿De qué modo se pone a jugar en el tratamiento el equipo así instalado? ¿Qué obstáculos encuentra? Este trabajo intenta ubicar algunas coordenadas que contribuyan a orientar el trabajo en equipo de médico y psicólogo, partiendo de algunas situaciones que emergen como representativas en la clínica hospitalaria.



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