Hospitales

Sección coordinada por Gabriel Belucci
Lo raro, lo loco y el diagnóstico
por Juan Mitre

Retomando una discusión abierta en esta sección acerca de cómo pensar el estatuto de ciertas mostraciones “perversas” en un paciente que se supone psicótico, el autor de este trabajo problematiza esta cuestión, relacionándola con la dimensión del empuje-a-La-mujer. Otro aporte a la ya rica producción de los analistas de nuestro medio a pensar el tratamiento posible de las psicosis, en la vía abierta por Jacques Lacan.

Soy oído
por Gisela Mazzolo y Natalia Calciano

El sujeto psicótico ubica un destinatario a quien dirigirse. El analista será asignado a un lugar ofrecido, que será aquél posible por estructura. En la psicosis, se trata de la reubicación de los límites del goce, que se hace viable a través de su coordinación con un significante. Si el problema de todo sujeto es arreglárselas con su existencia, en la psicosis, esta misma, lejos de estar garantizada, es lo que se pone en juego en cuanto tal. Que un sujeto demande un significante para localizar su ser hace pensar en una esquizofrenia. La esquizofrenia nos enseña el problema del nombre. Las autoras de este trabajo anclan estas reflexiones en un recorrido clínico.

Inhibición. Me, unforgettable
por Verónica Buchanan

La propuesta del trabajo es pensar la inhibición como una absoluta detención, un espacio sin tiempo y sin cuerpo (aquel que excede a la imagen). Esta inmovilidad de la inhibición se sostiene por una imposibilidad de olvidarse, condición del narcisismo como respuesta frente a la castración, que impide el movimiento y el acto correlativo al deseo. Para sostener un acto en relación al deseo, es necesaria una respuesta diferente de la defensa de la neurosis frente a la castración. En esta vía, es el olvido el que abre una brecha en la rumiación del inconsciente narcisista para que el deseo sostenga un acto que haga diferencia.

La apuesta
por Paula Cáceres

La cuestión planteada por Lacan es cómo ese sujeto definido como puro efecto, hablado por el Otro, puede virar a ser agente, a llegar a ser alguien que habla, que sea, dicho de otro modo, alguien animado de libido. A fines de diciembre, el paciente comenzó a dar una pequeña vuelta por el parque todas las mañanas, almorzaba y cenaba en el comedor y hasta les permitía a algunos de sus compañeros que se le arrimaran para cantar o para relatar chistes. Una tarde, me acerqué a la sala, como de costumbre, y me emocioné al presenciar lo que tenía lugar allí: Daniel estaba sentado, con sus anteojos puestos y el pelo recogido. Desde la cama le lanzaba una naranja a su mamá para que ésta la atrapara y se la devolviera. Ambos reían con ese juego.

En el Borda también se vive ..
por Mónica Fudin Govednik

Tras los muros de Barracas habita la locura. Misterio y enigma para los que no lo traspasan. Cada uno da un sentido, explicación y elaboración —de acuerdo a sus fantasmas— de lo que allí sucede. Quienes desde la cotidianeidad de un trabajo asistencial traspasamos ese muro, nos enfrentamos asombrados a medios que nos ilustran con maravillosas y rápidas teorías de “como eliminar manicomios”.

Preguntas relativas a un caso de psicosis
por Facundo Iriarte

Este trabajo surge de las reflexiones que me generó el encuentro con la clínica de la psicosis. Este caso en particular me enfrenta a preguntas relativas a dicha estructura, en relación al papel de lo imaginario, del sentido, en la constitución de suplencias a la falta de respuesta en lo simbólico. ¿Cuáles son las respuestas del sujeto psicótico ante situaciones que le exigen poner en juego un recurso simbólico del que carece? Creo que este escrito permite pensar el trabajo que el paciente realiza para resolver estas encrucijadas, mediante el cual busca construir un andamiaje imaginario que lo sostenga a la hora de atravesar (o sortear) situaciones que le plantean preguntas para las cuales no tiene respuestas, situaciones que lo enfrentan con el agujero en lo simbólico presente en dicha estructura.

Más encuentros que desencuentros de un trabajo en equipo
por María Paula Ravone y Analía Pena

El tratamiento de las psicosis plantea, mucho más que en otras situaciones, la importancia del trabajo en equipo, allí donde un padecimiento sin medida hace intrusión y deja al sujeto sin otros recursos que la reivindicación paranoide o el pasaje al acto. En esta perspectiva, el lugar del médico no es sólo el que los ideales y protocolos prescriben, sino que puede devenir condición del establecimiento de una transferencia que permita, eventualmente, que una derivación tenga lugar: aquélla que instituye el lugar de un analista. Este trabajo da cuenta de este movimiento, a partir de un recorte de la clínica.

De chamanes y gualichos a las explicaciones y otras sospechas
por Vanina Agustinho

Es una constante que el trabajo con pacientes psicóticos comience con situaciones de cierto desconcierto, en las que el analista se presta a registrar lo que cada sujeto presenta como sus modos de padecimiento, jirones de historias nunca escritas y vías posibles por donde avanzar. A partir de este registro, algo sucede a veces que tiene el estatuto de una invención clínica, y que sólo puede pensarse en la singularidad de un recorte específico. La conceptualización de la clínica de las psicosis necesariamente parte de este movimiento, y en esa dirección se inscribe este trabajo.

Acerca de una estabilización posible
por Carolina Vázquez Valeria Fernández y Victoria Belaustegui Goitía

A partir del recorte de un caso clínico, nos proponemos interrogar lo que “se muestra” en un tratamiento de psicosis. ¿Todas las “mostraciones” tienen el mismo estatuto? ¿Qué se hace con lo que se muestra? ¿Se busca que el paciente no “muestre”? ¿Qué dirección podemos tomar en un tratamiento para acompañar el trabajo de la psicosis hacia una estabilización posible?

En los límites del juego… los cuentos de Analía
por Lucila López

Los padres de Analía, de 6 años de edad, consultaron en el Hospital derivados por la escuela, ya que su hija no prestaba atención en clase, no quería hacer la tarea, decían que sólo le gustaba dibujar. Tampoco tenía amigos. “Ella vive en la luna”, dijo la madre, y también la maestra.
Preguntados acerca de hace cuánto observaban así a Analía, los padres situaron el comienzo de sus problemas a sus 4 años: el día de su cumpleaños, la llevaron al cementerio y, frente a la tumba de Andrea, su hermana gemela fallecida a los veinte días de vida, le contaron, por primera vez, que tenía una hermanita muerta. Describieron ese momento como “caótico”, y que Analía se pasó todo el día (de su cumpleaños) llorando.



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