» Introducción al Psicoanálisis
La pulsión. Intento de abordaje27/04/2007- Por Elizabeth Barral - Realizar Consulta
El concepto de pulsión es uno de los conceptos de la metapsicología freudiana, lo más abstracto de la teoría. Las pulsiones son nuestro mito, dice Freud. Utiliza la palabra “trabazón”, para hablar de la exigencia impuesta a lo anímico a causa de su conexión (trabazón) con lo somático. Siendo un concepto fundamental de nuestra disciplina, aún así resulta difícil asirlo en la clínica.
La pulsión es un concepto fundamental de la teoría psicoanalítica y su abordaje presenta dificultad. Probablemente la dificultad de este abordaje esté dada por la estofa misma de aquello de lo que se trata.
El concepto de pulsión es uno de los conceptos de la metapsicología freudiana, lo más abstracto de la teoría. Las pulsiones son nuestro mito, dice Freud. Utiliza la palabra “trabazón”, para hablar de la exigencia impuesta a lo anímico a causa de su conexión (trabazón) con lo somático. Siendo un concepto fundamental de nuestra disciplina, aún así resulta difícil asirlo en la clínica.
Lacan, al tratar el tema de la pulsión da indicios de aquello que es necesario abordar primero para solo después “tocarla”. Por otro lado, subraya que es después de “La Introducción al Narcisismo” que Freud escribe el artículo de Pulsión. ¿Cuál es la importancia de esto?
Freud dice: las pulsiones son nuestro mito. Esto da cuenta del hecho que el mito es el modo de acercarse a lo real, ya que los mitos mitologizan lo real. Así como es un modo de acercarse a lo real, es también la dependencia necesaria del mismo. Podría decir que lo real inventa un mito, lo real engendra mitos. Un mito, nos recuerda Lacan, se esfuerza en dar una articulación simbólica.
Lacan prefiere para la pulsión cambiar el término mito por ficción.
Tambien descarta el modelo como forma de abordarlo. Este es un dato a tener en cuenta en lo que hace a aquello necesario para abordar la cuestión, ya que para otro tema como es la constitución del yo se sirve de un modelo.
El concepto de ficción lo toma de Bentham. “La palabra ficción derivada del latín, tiene un sentido ligado a imaginario, falso, simulación e invención literaria.”
Bentham, que era inglés, deja de lado el vocabulario y creó sus propias definiciones. Su hipótesis es que: El lenguaje es él mismo una ficción. Para Bentham: Una entidad ficticia es aquella que en la forma gramatical del discurso se le asigna una existencia –nombrándola- pero no quiere decir que ella exista como tal, está implícita en el lenguaje, pero no hay materialidad donde contenerla.”1
Dice Lacan: “La pulsión es algo que no se soporta más que por ser nombrada...”2
El término Trieb tiene en Freud un uso original, es un término que no tiene tradición psicológica, lo cual permite decir de alguna manera que Freud inventa un término para nombrarla. Esto da cuenta de la originalidad de este concepto.
La pulsión es un concepto que surgió de la confianza otorgada al juego significante, a su equívoco, por eso el término mismo debe ser traducido de la manera más equívoca posible.
El recorrido que voy a hacer se basa en tres puntos:
El primero es situar a la pulsión en el registro significante. El segundo surge de una observación que realiza Lacan acerca de Freud. Subraya que escribe “Pulsiones y sus destinos” después de haber introducido el narcisismo en su artículo “Introducción al Narcisismo”. El tercero alude al hecho de poner en relación la transferencia con la pulsión.
Dice Lacan de la pulsión que su acceso es difícil e inexplorado. “No haré más que tocarla y solo después de haber hablado de transferencia.”3
¿Pasar por la transferencia para llegar a tocar algo de la pulsión?
Hemos visto las referencias al mito, a la ficción, como recursos necesarios para abordar el tema de pulsión. Por esto voy a relatar una viñeta clínica de la que me serviré para subrayar algunas cuestiones, creo “fundamentales”, que hacen al concepto de pulsión.
Se trata de la primera entrevista de una paciente que vuelve a verme después de algunos años.
Dice: Volví al alcohol, ahora fue porque conocí a un hombre, al tercer día empecé a tomar. Hombre bueno, enganchado conmigo. Tres días, el último día por la crisis del alcohol, no quiso verme más. Esto ya sucedió en otra ocasión, después de eso volvimos otra vez. Ahí empieza mi insistencia, mi obsesión. Cuando es la separación empiezo yo a obsesionarme por esa persona. Cada situación finaliza con empezar yo a tomar y después aparece la obsesión. El alcohol termina la relación. Esto también tiene una etapa donde pido perdón y luego agredo. La cuestión es no dejarlo tranquilo. Esta vez era la tercera vez que nos veíamos y la segunda que fui a su provincia. (Se trata de una provincia del interior del país. Más adelante en su análisis se dará cuenta que es la provincia de origen de su abuelo materno, lugar donde nació su madre).
Dice: le tengo que jugar al dos (por la segunda vez).
Le digo: Era el tercer día.
Dice: Cuando me veo con la posibilidad de algo empiezo a tomar. No tengo más de tres salidas con los hombres... Él tiene muchas exigencias que tengo que cumplir y se ve que yo tengo mis rebeldías, yo lo quiero pero me cuesta someterme. Sentí que me ahogaba y en vez de salir a caminar, salí a tomar.
Cuenta episodios anteriores y dice: “Me echó del hotel, me echó de la casa. Me echó tres veces. Agrego a la obsesividad, mi indignidad. Pido perdón. No tengo que seguir insistiendo.”
Le pregunto por tres.
Dice: viernes, sábado y domingo, los fines de semana. Tristes, de chica porque no iba al colegio. El domingo un día apagado no hay gente. Fin, cuando doy tratamiento en (su ocupación) son tres días. Tres sesiones...
Vuelve a la escena donde él la echa. Dice: “Habré estado una hora golpeándole la puerta, él me dijo: yo no te abro...
Me afecta, hay que ver que mi papá murió el año pasado.
Busco hombres que tienen muchos problemas. Con mi presencia tendrían que ser felices, tendría que entrar el sol en su vida. Para terminar al tercer día la relación.”
Le pregunto por el tercer día.
“Al tercer día Cristo resucitó de entre los muertos. No me soporto, no puedo controlar mis emociones, un desasosiego, quiere salir algo de mí. Vengo conteniendo, trato de adaptarme. Cuando hay mucha paz (es el caso de esa provincia dice), tengo todo ese tiempo para hacer lo que yo quiero voy y compro cerveza. (siempre que toma es cerveza).
Para mí lo más urgente después de este desastre es no caer en la obsesión.
Lo que hice cuando llegue acá es borrarme de Terra. (Sitio de Internet donde conoció a este hombre). No estoy preparada para iniciar ningún tipo de relación.
Me borré, el teléfono lo rompí, el de tierra.”
Le digo: borrarse de la tierra.
Algunos datos a tener en cuenta: el padre murió el año pasado. Su apellido contiene Serr, el nombre del abuelo materno que nació en esa provincia contiene las letras ectr, su ex marido se llama como el abuelo y es el segundo nombre de su hijo.
Pulsión – significante
La primera reflexión que me suscita este relato es que la pulsión es inseparable del significante. No es ninguna fuerza orgánica, ni somática. No tiene nada que ver con el instinto. Si el cuerpo entra en juego aquí, es solo el cuerpo que ha sido marcado por el significante.
Lacan subraya, en el Seminario 7, no olvidar que la pulsión fue descubierta en una experiencia fundada en la confianza al juego de los significantes, a su juego de sustitución. Por eso Trieb debe ser traducido del modo más equívoco posible: “Deriva” que en ingles drive traduce el término alemán Trieb. La deriva está en relación con el sujeto “acéfalo” de la pulsión, es la deriva del sujeto en la cadena significante.
La pulsión es efecto en el cuerpo del significante. La pulsión no debe confundirse con el drang, con el empuje de la pulsión.
“La pulsión es el eco en el cuerpo del hecho de que hay un decir, pero este decir para que resuene, consuene es preciso que el cuerpo sea sensible”4.
En el cuerpo, subrayo en, porque el cuerpo tiene algunos orificios. Resuena en el cuerpo, en los agujeros del cuerpo. El más importante, la oreja ya que no puede cerrarse, taparse. “...es a causa de eso que responde (eco) en el cuerpo a lo que he llamado la voz.”5 (el negrita es mío)
La pulsión resuena, es un eco. Es el eco de una voz. El cuerpo es sensible en sus agujeros, sensible para hacerse eco de lo que implica un decir.
Volvamos al relato. Intentaré mostrar que en este episodio podemos hablar de “manifestación pulsional”. Freud usa metáforas que aluden a una “emergencia”, brote de lava, algo que se sale de un borde. La paciente dice: “Algo quiere salir de mí.”
Esto que brota surge de algo que es una fuerza constante, una tensión estacionaria. Esa fuerza surge de la diferencia que pone en juego el significante. El significante es por definición diferencia. Este hiende al sujeto, produce en él una hiancia.
“El efecto de lenguaje es la causa introducida en el sujeto. Gracias a ese efecto no es causa de sí mismo, lleva en sí el gusano de la causa que lo hiende. Pues su causa es el significante sin el cual no habría ningún sujeto en lo real. Efecto de lenguaje por nacer de esa rajadura original, el sujeto traduce una sincronía significante en esa primordial pulsación temporal que es el fading constituyente de su identificación. Es el primer movimiento.”6 (el negrita es mío)
La manifestación de la pulsión se produce al modo de un sujeto acéfalo, pues todo en ella se articula en términos de tensión y su relación con el sujeto es solo de comunidad topológica.
Hablamos entonces de manifestación pulsional como algo que brota de la escisión del sujeto. Lo que llamo aquí manifestación pulsional es algo que “recrea”, “reedita” en una escena de un sujeto con un yo constituido “algo” de esa rajadura original.
La insistencia. La repetición
Aquí tenemos dos órdenes de insistencia. Uno es el que la paciente ubica en su comportamiento “obsesivo” de volver a un encuentro que termina en el fracaso.
El otro es la insistencia de la letra. Si bien los distingo, considero que es “tomándose” de la letra por donde el sujeto vehiculiza su desaparición. La letra mata, el significante hace entrar a la muerte, la muerte como significante y solo como significante.
Toma cerveza, el tercer día, para “hacerse echar” de la escena y luego inscribir esto al borrarse de Terra. ¿Cuál es el movimiento, o mejor dicho el “circuito” que realiza?
Va a la provincia, lugar de procedencia de su abuelo materno. Su historia está mucho más determinada por la historia de esta familia. Esto entonces ubica algo del Otro del sujeto. Se dirige allí para ubicarse en relación al Otro. “Trato de adaptarme, ser el sol en su vida, hacerlo feliz... para al tercer día terminar la relación.” La intención va en la línea de ser para el Otro, lo que se realiza es el “fin”, final de ese “ser”, alusión a su letra y a la muerte como significación. Aclaro que la única significación posible de la muerte es la falta de significación.
Al leer el desarrollo que hace Lacan en el Seminario 11 para “bordear”, “tocar” la pulsión, me pareció entender que el recorrido, circuito que realiza la pulsión, está en relación a las dos operaciones de constitución del sujeto: alienación y separación.
El movimiento de la pulsión es circular, produce una torsión y el sujeto no vuelve al mismo punto del que partió. Hay heterogeneidad entre el ida y vuelta. Es un vaivén. La heterogeneidad entre la ida y la vuelta revela una hiancia en su intervalo. En ese recorrido bordea, da vuelta alrededor de un agujero a, para, en el regreso, “aparecer” como un nuevo sujeto. “Aparece” por “desaparecer” del campo del Otro. Este sujeto es el que queda identificado al a, es decir surge como “falta”. El sujeto es ahí lo que falta en el Otro.
La pulsión entonces puede pensarse como ese primer borramiento del sujeto por entrar en el campo del significante. El sujeto de la pulsión se hace él mismo objeto caído. Esto hace que la pulsión sea de muerte ya que implica la pérdida del ser. Esto es el primer movimiento de la estructura.
Ahora, una vez constituido el sujeto y el yo, es la pulsión como pulsión parcial la que recrea ese primer borramiento. La pulsión parcial articula sexualidad y muerte. Aquí cobra trascendencia la observación que Lacan hace en Freud quien escribe “Pulsiones y sus destinos”, luego de introducir el narcisismo.
Pulsión - Narcisismo
Primero: la pulsión como “eco” en el cuerpo, es decir resuena allí algo que tiene su origen en otro lado. Para Freud la fuente de la pulsión es la zona erógena, pero la fuente no es lo mismo que el origen de la pulsión. El origen esta en el lenguaje, en el nivel sincrónico de la estructura. Esto hace eco en el cuerpo.
El cuerpo como representación para el sujeto se constituye en el lugar del Otro. El cuerpo como unidad imaginaria está sostenido por el discurso del Otro. La palabra unifica al cuerpo, lo hace uno en el sentido de unidad. La palabra del Otro es el espejo donde el sujeto encuentra su ser imaginario. Esto es la constitución del yo como superficie corporal.
A su vez, lo simbólico es tambien “el cuerpo de lo simbólico”. Por eso podemos decir que el cuerpo de lo simbólico se “incorpora” en el cuerpo real, (real en el sentido de lo que es el cuerpo como organismo).
Dice Lacan: “El cuerpo mismo es originalmente este lugar del Otro puesto que ahí desde el origen se inscribe la marca en tanto significante.”7
Ahora bien, en este cuerpo marcado por el significante y a causa de ello, se recortan ciertas “zonas”, “partes”. Éstas, además de ser agujeros reales del cuerpo, ubican el agujero estructural del Otro. Si bien cualquier zona del cuerpo puede convertirse en zona erógena, esto lo dice Freud, los orificios son “privilegiados” porque sobre ellos opera la demanda del Otro.
En el seminario 11, Lacan dice que los agujeros del cuerpo son homólogos a la hiancia que el sujeto encuentra en el Otro.
Entonces podemos pensar, en un primer tiempo, por la entrada del sujeto en el significante se produce ese primer borramiento, fading del sujeto que implica la primer identificación del sujeto como a. Con esta identificación va a operar en el tiempo de la separación.
En un segundo tiempo podríamos pensar la constitución del yo, el sujeto que ha perdido su ser en el primer tiempo, se da un ser imaginario, y un cuerpo.
Una vez constituido el yo, serán esos objetos desprendidos del cuerpo, objetos a, los que representaran esa parte del sujeto perdida en la alienación primera. El a no es integrable al yo, es justamente lo expulsado de esta constitución, ya que el a es en verdad un agujero, es lo que va a ubicar la inconsistencia del Otro, y el yo se caracteriza por “dar” al sujeto una consistencia imaginaria.
Entonces será en esas zonas del cuerpo marcadas por la pérdida de objetos donde la pulsión parcial encontrará su fuente, “el lugar donde servirse” para hacer su recorrido.
El primer tiempo, entrada del sujeto al significante implica la pérdida del goce. Por la incidencia significante el sujeto estará para siempre separado del objeto de la satisfacción. Esa pérdida del goce hará que el goce sea el de la pérdida, y en esto insiste la pulsión. Esos objetos a son recuperación de goce, “plus” de goce donde la pulsión encuentra satisfacción.
Volvamos al ejemplo clínico. Podemos decir que es de un objeto “oral”, cerveza, del que se “toma” el sujeto, para a través de él, dar satisfacción a algo del orden de una pérdida, de una separación, de un fin.
También se “toma” de ciertos significantes que operando en el orden de la letra son vehículo de la castración. Entonces se articula de un lado la marca significante (S1), y del otro el objeto a.
Lacan menciona en el Seminario 11 dos formas de la identificación. Una, el rasgo unario, que a su vez se diferencia de la identificación narcisista; y otra una identificación de índole muy diferente que el proceso de separación introduce. “Se trata de ese objeto privilegiado, descubrimiento del análisis, cuya realidad es puramente topológica, el objeto al que la pulsión le da la vuelta...”8 Este objeto sirve de soporte, en la pulsión a que por la introducción del significante el sexo hace presente la muerte.
Hay otro detalle que quiero destacar ya que hace a una de las características de la pulsión. Esta es que la pulsión es siempre “activa”. De ahí esa forma verbal para subrayarla que es el “hacerse”, en este caso echar.
Entonces vuelvo al “circuito”, “recorrido” que realiza la paciente.
Va al campo del Otro para “salirse”, “echada” de él. ¿Con qué opera esa salida? Se toma de ciertos significantes, por un lado, y, por el otro, es ella misma la que queda fuera de la escena, del otro lado de la puerta. Este acto de echarse fuera es inscrito en un registro simbólico al borrarse de Terra.
Esto implica en primer lugar que es una letra la que inscribe ese borramiento, en este caso Terr, letra del sujeto. Este borramiento inscribe una falta. Para que algo falte, es necesario que se suponga primero que allí debe estar. Por lo tanto ahí donde estaba y es esperable que esté, de ahí se borra. Y al inscribir esa falta en Terra agrega un plus de significación que esa sustracción introduce y es la muerte. (Borrarse de la tierra)
Este borramiento “activo” del sujeto reedita el primer borramiento y es la operación de separación. En esta el sujeto viene a encontrar una equivalencia entre la hiancia del Otro y lo que es como sujeto del inconsciente. Por esta vía (la separación): “...el sujeto se realiza en la pérdida que ha surgido como inconsciente, por la carencia que produce en el Otro, según el trazado que Freud descubre como la pulsión más radical y a la que denomina: pulsión de muerte.”9 Subrayo trazado ya que Lacan en el Seminario 11 menciona a la pulsión como “trazado en acto”.
El trayecto de ida y vuelta de la pulsión es alcanzar la verdadera dimensión del Otro, es decir bordear allí el a. La circularidad del recorrido de la pulsión, la heterogeneidad entre la ida y la vuelta revela una hiancia en su intervalo. Esto es homólogo de las operaciones de alienación y separación. Por lo tanto el fin de la pulsión es la castración, la producción del objeto a y la del sujeto como a.
Pulsión –Transferencia
Una pequeña viñeta clínica donde podemos observar en la manifestación de cierto fenómeno transferencial la lógica en juego que determina que la insistencia de la repetición golpea la transferencia.
Un paciente internado en Unidad Coronaria es entrevistado por mí y por otra colega que toma nota de lo que él va contando. El motivo de su internación es la colocación de un marcapasos.
Lo primero que dice al comenzar la entrevista es que le van a realizar un by pass.
Le pregunto: ¿Un by pass?
Dice: Bueno, no, ¿cómo era eso?, y tarda un rato en recordar que se trataba de un marcapasos. Entre tanto dice: usted debe saber ¿cómo es eso?
Le pregunto por by pass. Dice: no sé, porque no sé ni de qué se trata.
Me pregunta y le explico de qué se trata y él agrega que es la operación donde le sacan la arteria de la pierna. (algo sabía)
Continúa la entrevista y al querer volver a nombrar el marcapasos vuelve a decir by pass. Esto sucede tres veces, en un momento dice “no se por qué se me ha metido el by pass en la cabeza”.
Su problema coronario es un bloqueo que se lo diagnosticaron cuando era jugador de fútbol profesional. Esto motivó que tuviera que abandonar esa actividad, y solo podía jugar “algún picadito”. Cuenta algo que marcó su carrera de futbolista: El club donde él jugaba no le dio el pase a un club de otra provincia, lo cual habría representado un progreso en su carrera, (el pase quedó bloqueado).
Como le pregunto por la insistencia de by pass, dice: “no me haga meter la pata.”
Y ahí hace una referencia transferencial. Primero en un cierto tono paranoide, cosa que no era ni fue el clima de la entrevista, pregunta por qué está escribiendo (mi colega). Dice algo así como que no se vayan a enterar los médicos que él no sabe, o que confunde el marcapasos con el by pass.
Lo primero que me interesa aclarar es que la transferencia no es patrimonio del psicoanálisis, es un fenómeno que se da por fuera del análisis también, y éste lo que hace es darle su composición quizá única para operar ahí.
En este ejemplo vemos el “fenómeno transferencial” en el momento que se “mete” con la persona que lo entrevista. Ese es el fenómeno, la transferencia es con el saber médico. Es a eso a lo que la insistencia pulsional, vía repetición de la letra, apunta. Él “equivoca” el saber médico cuando confunde by pass, con marcapasos. En esto el Otro transferencial está amenazado y su yo también. Por eso esa manifestación de tinte “paranoide”.
El saber médico está amenazado por su saber inconsciente. El S1 sabe, aquí el S1 está vehiculizado en la repetición de la letra. El S1 “sabe” la falta de significación. Es como decir que “sabe” de la muerte. Se trata de un saber insabible. En cambio la transferencia implica el supuesto de un sujeto que sabe la significación.
Hablar es demandar, demandar significación, pero la demanda misma por ser articulada en el significante ha hecho entrar al sujeto en la falta de significación. La respuesta del Otro a esta demanda es una falta que se escribe S(A/), esta falta de respuesta hace que el sujeto siga insistiendo como pulsión. Aquello en lo que insiste la pulsión es en encontrar ese vacío en el Otro.
La demanda se bifurca en dos, por un lado busca la significación en el Otro pero por otro lado apunta a no obtenerla, es decir a encontrar el vacío. ¿Por qué sino insistir en la falta de respuesta?
Dice Lacan: “En tanto el campo del Otro no es consistente la enunciación adquiere el giro de la demanda.”10 La inconsistencia lógica se escribe S(A/), e implica el hecho que todo lo que se diga espera obtener significación en otro lado. Esto transforma el acto de enunciación en una demanda al Otro, abre el segundo piso del grafo y es la transferencia.
Decía antes que hablar es demandar pero también es preguntar. El hablar lleva implícita una pregunta.
Los dos pisos del grafo marcan la diferencia entre el mensaje y la pregunta. Y ese retorno de la pregunta implica la impotencia del Otro para responder. Ésta: “se debe a un impasse, y este impasse, se llama la limitación de su saber... El neurótico quiere que falto de poder, ya que se mostró que el Otro no puede nada, que al menos sepa.”11
Con estos indicadores se me ocurre leer la frase del Seminario 11 que dice: “Si la transferencia es aquello que de la pulsión aparta la demanda, el deseo del analista es aquello que la vuelve a llevar a la pulsión.”12
¿Qué querrá decir llevar la demanda a la pulsión? La transferencia es la demanda al Otro de significación. Esto es llevar la demanda al plano del no querer saber de aquello a lo que verdaderamente apunta la demanda, es decir a la falta de significación. O, en términos de la pulsión al a, al agujero en el saber.
Tal vez que el hablar no sea una demanda al Otro implique que el sujeto se asuma como sujeto de su enunciación. O también, que el sujeto es una pregunta que no se cierra en ninguna significación.
Entonces, si bien la transferencia es por un lado el cierre del movimiento de la pulsión, por otro lado es el artificio necesario para que la pulsión haga su juego. Sin esta alienación que implica la transferencia no es posible que se opere la separación que instituye la pulsión.
El trayecto de ida y vuelta de la pulsión es alcanzar la verdadera dimensión del Otro, es decir bordear allí el a. Este lazo debe ser recorrido muchas veces. El sujeto va hacia el campo del Otro para luego “salirse” de él, y: “en ese salir airoso (salirse con la suya), a la postre, sabrá que el Otro real, al igual que él, tiene que arreglárselas.”13
2 Lacan, Jacques, Seminario 25. Inédito. Clase 1 del 15/11/77
3 Lacan, Jacques, Seminario 11: Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis. Editorial Paidós.
4 Lacan, Jacques, Seminario 23. Inédito
5 Ibid
6 Lacan, Jacques, “Posición del Inconsciente” en: Escritos 2. Siglo XXI Editores
7 Lacan, Jacques, Seminario 14. Inédito
8 Ibid 3.
9 Ibid 6
10 Lacan, Jacques, Seminario 16. Inédito.
11 Lacan, Jacques, Seminario 9. Inédito.
12 Ibid 3
13 Ibid
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