» Introducción al Psicoanálisis

Maestro y discípulo

30/11/2009- Por Teodoro Pablo Lecman - Realizar Consulta

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¿Las afirmaciones en nuestro campo, dan para todo?

En algún lado, preferimos no personalizar, porque es cómo señalar el lugar de la Mancha, el Río de la Plata, oscuro escotoma, leemos con asombro ésta, respecto a Masotta: “para mí fue mi maestro, él también me consideraba su discípulo, como se sabe en eso no va una cosa sin la otra, necesita ser recíproco para que sea efectivo.” “Como se sabe” o “lo dijo Lacan” resultan piedra libre para decir cualquier cosa, pretendiendo evitar toda crítica. Criterio de autoridad invocado. Habitual en nuestro medio “psicoanalítico”, como los happax, clinámenes, hallazgos únicos y nuevas invenciones: 5 sujetos en Lacan, 3 teorías del goce, etc. ¿Quién da más? Se deducen de ahí las consiguientes intervenciones manipuladoras en análisis, no hipotéticas, sino “actos” que uno hace con “sus” pacientes, como si fueran sus objetos. Los incautos parecen morder el anzuelo. No nos imaginamos cómo sería la reciprocidad de Virgilio, en el paraíso, el infierno o el purgatorio, interpelado por Dante: tu sei il mio maestro e il mio autore, designándolo a Dante como su discípulo, siglos mediante.

    ¿Las afirmaciones en nuestro campo, dan para todo?

    En algún lado, preferimos no personalizar, porque es cómo señalar el lugar de la Mancha, el Río de la Plata, oscuro escotoma, leemos con asombro ésta, respecto a Masotta: “para mí fue mi maestro, él también me consideraba su discípulo, como se sabe en eso no va una cosa sin la otra, necesita ser recíproco para que sea efectivo.”

     “Como se sabe” o “lo dijo Lacan” resultan piedra libre para decir cualquier cosa, pretendiendo evitar toda crítica. Criterio de autoridad invocado. Habitual en nuestro medio “psicoanalítico”, como los happax, clinámenes, hallazgos únicos y nuevas invenciones: 5 sujetos en Lacan, 3 teorías del goce, etc. ¿Quién da más?

     Se deducen de ahí las consiguientes intervenciones manipuladoras en análisis, no hipotéticas, sino “actos” que uno hace con “sus” pacientes, como si fueran sus objetos.

      Los incautos parecen morder el anzuelo.

      No nos imaginamos cómo sería la reciprocidad de Virgilio, en el paraíso, el infierno o el purgatorio, interpelado por Dante: tu sei il mio maestro e il mio autore, designándolo a Dante como su discípulo, siglos mediante.

      O los estragos de la reciprocidad en Freud, designando como su discípulo a Jung, a Ferenczi, o a la misma Anna Freud. O Lacan, con Miller, su yerno.

       Cabe, al revés, como en el cazador cazado, que el maestro designe como maestro a su discípulo y el discípulo como su discípulo a su maestro. En efecto, en algunos casos, los discípulos son superiores al maestro. Pero en ese caso, es porque el maestro fue poco maestro. Otra cosa es que el maestro siempre aprenda de los discípulos, aún del más idiota, idiotisch, por su singularidad que pone a prueba la coherencia de todo sistema e interroga la palabra en su sinsentido. Es donde la maestría se encuentra con la humildad.

       Recíprocos son los sentimientos, “dice Lacan” en el seminario I, pero cabe ahí interpretarlo: son recíprocos cuando los que sienten se envuelven el uno al otro, recíprocamente, y un lazo especular imaginario es el que los une, en un mito de unidad: ¡cómo nos amamos! Lo que antiguamente se llamaba proyección.

      “Todos sabemos”, ahora sí, que el amor no necesita ser recíproco: se puede amar sin ser amado nunca. Lo recíproco es un intercambio, y no necesariamente simétrico, como la compra-venta, o el casamiento.

       Si involucramos en esto el reconocimiento, sabemos otra vez lo difícil que es: vos sos mi mujer no implica que el mensaje vuelva invertido como lo quiero: soy tu marido, o tu hombre.

        En el caso de maestro-discípulo, que alguno se sienta o se reconozca discípulo de algun otro, o sea que lo consagre al otro como maestro, no requiere que el otro lo reconozca a su vez como discípulo. Los casos en que sucede suelen tender a la adulación, el seguidismo, la obligación, la coerción, la sumisión, la falta de pensamiento propio. Allí se cuecen todas las historias sobre ambivalencia, rivalidad, etc. No por nada uno de los ejemplos de fallido de la Psicopatología de la vida cotidiana de Freud,  donde la represión no permite ningún reconocimiento, es el de un discípulo que le debe todo a su maestro y comete un lapsus donde lo da por muerto: no hay forma que lo reconozca, indignado. Dice que es el cansancio.     

    Pero lo más importante es que el toque de un maestro, como el maestro zen también del seminario I de Lacan, o cualquier maestro, implica empujar por su camino al que debe hacer por su cuenta su camino. A veces ni el maestro se da cuenta de que lo está haciendo ni el discípulo de que lo está recibiendo.

     Toda transferencia crea ahí confusión: no hagas ni sientas lo que yo hago o siento. Fijáte en tu camino.

      Todo esto porque la maestría es una operación simbólica fundamentalmente, no imaginaria (aunque tenga sus lados), ni real, porque allí se sexualizaría o se tanatizaría peligrosamente, que es cuando pretende ser real.

       Ls instituciones suelen coagular un esquema fijo de relación maestro-discípulo, que mantienen y transmiten. Por eso muchas veces un maestro como Masotta debe irse de ellas, o lo hacen los discípulos inspirados, cansados del canon, incluso el pago. Además, la disciplina, como azote, está también en el medio. El orden de la disciplina como sistema teórico no está en cuestión, es necesario, pero el autodidactismo suele indicar la falla de la universidad, de lo universal, más aún cuando sólo es una fábrica de títulos, de disciplinantes.

       Para decirlo con un esquema que no nos satisface, por su abstracción y porque no cubre para nada todo el campo que pretende, el de los 4 discursos de Lacan, que aquí sí es cernible: el maestro hace trabajar sus significantes con maestría, el significante amo según Lacan: S1. Eso provoca nuestro propio significante amo S1, y nos hace trabajar como sujetos tachados, divididos (no “barrados”, galicismo incongruente en castellano, a menos que se repita tal cual barré) en lo que causa nuestro deseo: a. Pero nuestra a no es la del maestro: sería un intento incestuoso, o perverso: a-poderarse de sus “bienes” (no lo escribo con mayúsucula ni en singular), semblantear su goce. Cada uno con la suya y en su camino. La causa del psicoanálisis: Ursache, causa del movimiento psicoanalítico según Freud se moverá si responde al malestar en la cultura que nos toca. Si nó, será sólo propaganda, lo que se propaga: a, a’, a”, en identificaciones fascistoides, facheras, cancheras: i(a), sin ideal, I(A). No creemos en campos, ni en el campo, sino en el espacio del malestar en la cultura.

       Lo real, cuando ocurre, a veces, es el talento del maestro, su don, y su disimetría con uno. Por eso Masotta fue nuestro maestro, sin hacernos masa (a otros sí), ni adulación, ni seguidismo, por su talento. Con nuestras diferencias.

       Por algo nos echó una banda de la maestría que creamos en psicoanálisis, la única de la UBA, es cierto: había muchos “recíprocos” esperando captar discípulos incautos, o astutos que harían de sus mediocres maestros unos incautos cautivados para luego llamarse magisters de una University cooptada y envilecida, no “maestros”: ahí les llega la vergüenza. No pretendimos captar ningun disciplinante. Y si se produjo algún efecto, “efectivo”, es el de sembrar, no en un campo o en una escuela, sino en la cultura. Si hay alguna vuelta no será recíproca, sino una agradable y exigente sorpresa.

  


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