Introducción al Psicoanálisis

Sección coordinada por Liliana Donzis
La docta Ignorancia
por Violeta Cobos

Acto psicoanalítico...extraña pareja de palabras.
El psicoanálisis....eso hace algo...y ese hacer en psicoanálisis implica profundamente al sujeto.
¿Qué es el acto? Nos dice Lacan en el Seminario XV, lo que Uds quieran designar entre los instrumentos de la función. Psicoanalista no es una profesión, sino una posición a sostener en cuanto a la relación al saber. El acto psicoanalítico se logra solo al precio de un cierto desconocimiento. Acto psicoanalítico: subvierte la posición de la ciencia respecto al saber del sujeto, su verdad no está en lo que sabe sino en lo que ignora. ¿El Icc existía antes de que Freud lo descubriera? ¿Estaba ahí antes? La realidad es anterior al conocimiento... Pero antes de su inscripción ¿quién lo sabía?....el saber no es el conocimiento.
El acto está en la lectura del acto. Algo lo prepara, pero sólo alcanzará su estatuto pleno de acto après-coup, a posteriori, cuando la verdad del sujeto deja de ser desconocida.

La sorpresa
por Carla Riccono

Un paciente se presenta a la primera entrevista. Lo único que sabe el analista acerca del paciente antes de abrir la puerta, es que trae consigo un malestar y un “no saber” al respecto. Ese (engañoso) “no saber” instaura una incertidumbre dándole paso a la sorpresa. Lo inevitable, incontrolable, eso que se escapa de las manos, una pregunta que incomoda al dirigirse al “sin lugar”. Sin esta carta, no se puede comenzar a barajar, sin esta instancia, no hay trabajo analítico posible.
“Diga todo lo que se le ocurra”. En términos de Colette Soler la asociación libre es la exigencia estándar que define la tarea del analizante. Sí estándar, pero librada a la determinación azarosa de cada inconsciente. “Ningún azar existe sino en una determinación del lenguaje”.Este, el lenguaje, se separa del sujeto partiendo del sujeto. En su doble vertiente: lo común y lo íntimo, es la llave de acceso al inconsciente. La palabra adquiere en el dispositivo un valor precioso. “Eso que así no me abandona, la lengua, es también, en realidad, en necesidad, más allá de la fantasía, lo que no cesa de separarse de mi”. Se separa en tanto y en cuanto el “parlante ser” no se reconoce en ella, en esa hiancia entre lo que dice y lo que quiere decir. La producción del “fuera de sentido” despierta al sujeto con un baldazo de agua fría. Esa hiancia, ese vacío, tiene como condición la sorpresa que como tal, captura, desestructura y rompe sentidos.

"Gracias por venir". La práctica analítica en la ciudad. El Psicoanálisis aplicado y los dispositivos asistenciales
por Edit Beatriz Tendlarz

El siguiente trabajo parte del dispositivo que inventamos para trabajar con pacientes “crónicos” del Hospital neuropsiquiátrico J. T. Borda. Se trata de talleres que sostenemos desde una posición psicoanalítica, siguiendo la recomendación de Jacques Lacan de no retroceder a un tratamiento posible para las psicosis.

Del dispositivo: talleres en el Borda
Los talleres de arte, juegos y lectura que ofertamos a los pacientes representan espacios ficcionales, un entramado imaginario-simbólico. Son espacios delimitados con tiempos, reglas y normas que permiten de por sí una inscripción localizada de goce y una regulación del mismo.
Pensamos el arte, el diario y los juegos como herramientas con las que cuentan los pacientes para su trabajo, el trabajo de la psicosis. La elección de los talleres corre a cuenta suya y propicia así que la singularidad del sujeto se despliegue y que éste se ponga a trabajar con su sufrimiento. Que pueda hacer un lazo entre su padecimiento singular y el recurso creativo que se ofrece mediante el dispositivo, para poder hacer otra cosa allí con los retornos en lo real que los abruman.
Muchas veces sólo se trata de una excusa para darle lugar a la palabra y desde allí permitirle al sujeto psicótico el establecimiento de cierto punto de capitón en el deslizamiento metonímico del significante. En tal espacio generado entre varios intercambiables entre sí, nos abrimos a la escucha del sujeto dándole crédito a la verdad que supone su decir y operando una diferencia respecto del tratamiento que propone la ciencia para él.

Los ruidos del padre
por Jorgelina Butta, Silvia Cirillo, Laura Potick, Sergio Zabalza

Lejos de abordarlo como un déficit, la perspectiva psicoanalítica considera al autismo como una producción a la que el niño recurre para defenderse del privilegiado objeto que, como ningún otro, porta la identificación primordial que lo constituye: la Voz.
Precisamente, este trabajo intenta dar cuenta de una modalidad de intervención entre varios diseñada con el propósito de facilitar que los ruidos del padre adquieran esta vez un valor significante.
Marcelo es un chico de trece años con diagnóstico de Asperger. Desde nuestra perspectiva se trata de un joven claramente ubicado como objeto en el fantasma de la madre. Dado que el papá es músico, durante el tratamiento se tomó la afición del joven por la percusión con el fin de operar cierta separación respecto al Otro materno. Si bien la estrategia cosechó ciertos efectos apaciguadores, luego de un tiempo el terapeuta a cargo consideró indispensable incluir en el tratamiento una tarea con los padres
Lo que sigue es una reseña de la primera entrevista y una síntesis de la tarea que – por separado- dos profesionales del Equipo desarrollaron con el joven mientras, por su parte, los padres sostenían el diálogo con el terapeuta y una de las coordinadoras del Equipo.

Lo anhelado no es siempre lo deseado
por Roberto Ileyassoff

Para adentrarse adecuadamente en la problemática de las "nuevas angustias", habría que tener muy en cuenta la diferencia entre lo que se anhela y lo que se desea "verdaderamente". Si se parte de subrayar la diferencia entre anhelar y desear, se puede avanzar mucho en la elucidación de uno de los problemas cruciales de la clínica psicoanalítica.
Es preciso aclarar que J.Lacan hizo notar esa diferencia en su Seminario X "La angustia" clase del 25/3/63. J.A.Miller lo retoma en su curso del 27/6/2004. La diferencia es que el " objeto del deseo" está por delante y es aquél que el sujeto anhela apuntando conscientemente a él marcando así su intencionalidad , en cambio el "objeto causa del deseo" es el que está por detrás, y es como un vacío que va empujando al sujeto hacia un lugar singularmente determinado para él solo, marcando así su causalidad. Esto no se alcanza a través del registro de una repetición monótona de lo simbólico, sino a través del registro psicoanalítico de una repetición tomada entre el fracaso y el reencuentro. Esta repetición delimita el contorno de la causa del deseo y le da sólo un cierto margen de libertad que es con el que hay que saber hacer para lograr un cambio en la posición subjetiva con respecto al modo de goce, el cual es, en definitiva, la causa de la angustia , siguiendo el espíritu de lo enseñado en el Seminario X. Todo esto es posible lograrlo sólo si lo registran un analista y su paciente desde el agujero de las vueltas dichas del decir de este último.

El Jano bifronte. Entre narcisismo y pulsión
por Laura Dávila

Voy a trabajar ilustrando, con una viñeta clínica, narcisismo y pulsión y cómo ellos permiten orientarse en la clínica. Surge -al sentarme a trabajar- el recorrido teórico realizado en este tiempo, en donde transitamos varios textos pero siempre con una mirada atenta a vislumbrar dónde estaba el sujeto allí. Es la angustia -siempre es de castración- la que permite al sujeto virar de un lugar a otro, y es a través de la siguiente frase la que posibilita orientar la escucha: "el Sujeto está en dos lugares pero no al mismo tiempo, o esta en el campo del Otro generalmente campo del narcisismo, o en el de la pulsión que es el campo propio del sujeto". Cuando está en el campo del Narcisismo está velando la falta en el Otro, y así velando su propia falta o sea su propia castración, con lo cual evita el desarrollo de angustia. En algunos sujetos esto suele funcionar por un tiempo, hasta que lo pulsional, siempre presente y pulsante, irrumpe de un modo que es imposible amordazarlo, donde el yo, defensiva y narcisísticamente poco puede hacer; lo que se armo para la irrupción de la angustia ya no sirve. Generalmente es ahí cuando un sujeto consulta, y ¿qué tenemos como analistas para ofrecerles? Nada más –y nada menos- que invitar a hablar, poner en juego la palabra; y el sujeto cuando excede con sus dichos la voluntad de decir, permite producir un quiebre de sentido, una erosión de sentido y en ese extravío surge algo de la letra.

Avatares de la clínica
por María Laura Paz

En el presente trabajo, intentaré realizar una articulación teórico clínica a partir del lugar del síntoma en la estructura, pregunta que surge con relación a una viñeta clínica de una paciente, E., de 15 años. Es preciso, primero, hacer algunas puntualizaciones respecto del síntoma. Este es una repetición del corte, a través del significante. Es en sí mismo un corte y realiza la castración. “Se trata del principio mismo del complejo de castración: para tener el falo, para servirse de él, es preciso, justamente, no serlo”
E. se presenta contando los avatares de la separación de sus padres. Dice estar angustiada, no tener ganas de hacer nada, no tener ganas de salir. Lo relaciona con esta separación y los dichos del padre previos a ésta, respecto a que si se separaba de su madre, a ella no la iba a ver más, se iba a ir lejos.
Cuenta sobre los permisos para salir “mi papá nunca no me deja salir. Yo quería que él me diga que no”
Hasta aquí, aparece la angustia ante la posibilidad de la pérdida del padre, en sus dos vertientes: por la pérdida en si misma y por quedar sola en compañía de esta madre, que dice a todo que sí.

Dos o tres cosas que yo sé de Lacan
por Carlos Faig

Permítasenos, para introducirnos en tema, recordar un antiguo sueño que todavía nos convoca. Hacia 1900 una señora vienesa lo relata a Freud y, según deduce, contradice su teoría de la realización de deseos: “Quiero dar una comida, pero no dispongo sino de un poco de salmón ahumado. Pienso en salir para comprar lo necesario, pero recuerdo que es domingo y que las tiendas están cerradas. Intento luego telefonear a algunos proveedores, y resulta que el teléfono no funciona. De este modo, tengo que renunciar al deseo de dar una comida.”
Las primeras asociaciones no bastan a Freud para realizar una interpretación. Pero, luego de vencida la resistencia −después de una pausa: muy rápidamente, retengámoslo, nos vemos devueltos al terreno del deseo− las cosas comienzan a aclararse: “(La paciente) ayer fue a visitar a una amiga suya de la que se halla celosa, pues su marido la celebra siempre extraordinariamente. Por fortuna, está muy seca y delgada y a su marido le gustan las mujeres de formas llenas. ¿De qué habló su amiga durante la visita? Naturalmente, de su deseo de engordar. Además, le preguntó: ‘¿Cuándo vuelve usted a convidarnos a comer? En su casa se come siempre maravillosamente’.” Freud encuentra entonces una de las interpretaciones del sueño: “‘¡Cualquier día te convido yo, para que engordes hartándote de comer a costa mía y gustes luego más a mi marido!’ De este modo, cuando a la noche siguiente sueña usted que no puede dar una comida, no hace su sueño sino realizar su deseo de no colaborar a redondear las formas de su amiga.” Es así que el deseo de la paciente consiste en que no se realice un deseo de su amiga. En su lugar, sueña que no se realiza un deseo propio.

Del deseo que obsesiona
por María Cristina Bacchetta

El deseo del que hablamos no es solo un monto afectivo que esta o no está, aunque también sea de este modo como lo percibimos, el deseo con el que tratamos, el deseo del psicoanálisis esta marcado por el lenguaje, “sujeto” a cierta relación del Sujeto con el lenguaje. ¿Y si el leguaje cambia, si los modos del decir cambian, no cambiaría también el modo en que el deseo se presenta, se filtra, se “realiza”?. Freud plantea “los sueños son una realización de deseo”. Los sueños ¿son iguales en todas las épocas?, ¿sus realizaciones son las mismas?. . Al mismo tiempo, la práctica del psicoanálisis ha atravesado la escena y esto tiene su peso. El otro día una paciente decía, al finalizar la primera entrevista. “Ud. me cayo muy bien, lo único que le quería pedir es que espero que aquí no se trate de analizar los lapsus y esas cosas, me parece una cosa snob. Las madres de los compañeros de mi hijo dicen “Ay, no sabes el lapsus que tuve en mi análisis”, parece que vinieran de la peluquería…” Deseo “indecible”. Se trata de lo nimio, lo que se menciona al pasar, la tontería. Lo que “siempre estuvo allí, pero nunca le dije a nadie, me da vergüenza”, y si es algo tan tonto, ¿por qué da vergüenza?

La competencia narcisista
por Manfredo Teicher

La fantasía es un arriesgado terreno muy útil como defensa pero resulta muy peligroso cuando atrapa al sujeto fascinado y encandilado con la magia que es capaz de realizar. La fantasía compite con la realidad, tan imprescindible como aquella para conservar una frágil y delicada salud mental. En el centro de la escena social se encuentra la competencia narcisista, una lucha por el poder de todos contra todos. Encontramos importantes variaciones de ese “deporte” en la lucha de clases, conformando religiones que rinden culto a padres ideales, o en sagradas soberanías nacionales representando madres ideales, excelentes excusas para el juego de la guerra. Nos acompaña un eterno conflicto heredado de la filogenia: el deseo de usar al otro, convertido en objeto significativo, cómo, cuándo y dónde se nos antoja; y la necesidad de convivir con él (que desea lo mismo). Como transacción dialéctica surgieron las normas culturales donde la prohibición del incesto y del homicidio puso las bases de una legislación que incluye en su motivación altos ideales utópicos de Libertad, Igualdad y Fraternidad. La historia de la humanidad obliga a pensar que nuestros ideales pretenden modificar una naturaleza que insiste en oponerse a que la utopía se concrete. Seguiremos proyectándolos en un hermoso futuro mientras felices fantasías nos permiten disfrutarlos soñando con mundos quizás imposibles; mientras compiten con otras fantasías, no tan felices, de un cercano Apocalipsis.



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