Introducción al Psicoanálisis

Sección coordinada por Liliana Donzis
El padre, ¿Es el hombre en el lugar del Padre?
por María Rosa Borgatello de Musolino

Nosotros, los analistas, distinguimos al menos tres lugares del padre que no alcanzan a decir qué: el padre real, el imaginario y el simbólico. El padre real lo hace el hombre de una mujer, por eso, no es necesario que diga nada. Es el hombre que ama como mujer. Con lo cual, no necesariamente tiene que ser el genitor del hijo, su esposo o su amante. El padre Simbólico o padre como Nombre lo funda una mujer, cuando canta al hijo su melodía de padre. Quizás, un "ya vas a ver con tu padre", si ella puede salir de yo-moi. Si puede reconocer Otro que ella misma, capaz de nombrar. Ella nombra para... la fatalidad o la suerte del material pulsional. Falta saber aún, si el nombre así fundado se autoriza a tomar la palabra, cuando sea llamado como hombre a ese lugar padre. Si el hombre designado, desea suponer-se allí. Al padre como imagen lo hace el hijo en su decir. Es ese que cree tener, maravilloso o bestial. Ese al que le ruega "Padre, decidme qué...".A estos lugares del “padre” sujetos al deseo y a lo inconsciente, ese hombre inquilino del lenguaje los trae a análisis. Los trae cada vez que disqursea, que intenta explicar su malestar en transferencia. Mostraremos, desde un caso trabajado en un análisis de control, los bordes fractálicos de este lugar.

Diferencias entre "estado" y "ataque"
por María Marta Vilella Paz

El DSM IV habla de los Trastornos del estado de ánimo. Aquí emplea la palabra “estado”, no así cuando habla de los Trastornos de ansiedad que es donde ubica la crisis de angustia. Dice: “La característica principal de una crisis de angustia es la aparición aislada y temporal de miedo o malestar de carácter intenso, que se acompaña (...)” y describe casi los mismos síntomas que describía Freud para el “ataque de angustia” en 1895, en “La neurastenia y la neurosis de angustia”: palpitaciones, sensación de ahogo, ataque de sudoración, temblores, diarrea, ataques de vértigo, ataques bulímicos, ataques de parestesias y de las llamadas congestiones. En el artículo antes mencionado, Freud distingue la espera angustiosa, de lo que es propiamente el ataque de angustia con toda su sintomatología orgánica. En “Obsesiones y fobias” retoma el tema y habla de dos tipos de fobias: aquellas en las que por detrás del temor hay una representación, y otras a las que llama fobias ocasionales como la agorafobia y fobias de la locomoción, en las que predomina un “estado emotivo de angustia” detrás del miedo. Después dice: “corresponde establecer una neurosis especial, la neurosis de angustia cuyo síntoma principal es ese estado emotivo” y luego en 1898 las coloca dentro de las neurosis actuales para diferenciarlas de las psiconeurosis.

La letra en Freud
por Violeta Cobos

Todos conocemos la famosa frase “el sueño es la vía regia de acceso al inconsciente”, y si el padre del psicoanálisis nos da semejante sentencia, no podemos sino preguntarnos por eso que el sueño nos revela. Pero qué se sueña, o mejor dicho, por qué soñamos eso y no otra cosa, qué es lo que hace que algo inconsciente tenga más valor que otra cosa para aparecer en nuestros sueños. En La Interpretación de los sueños, Freud nos enseña que el contenido manifiesto se nos presenta como una pictografía que solo puede ser comprendida a la luz de las relaciones que establece con el contenido latente al que responde. Aclara que no puede leerse por su valor de figura sino que debe hacerse por su referencia signante, valor de significante de la imagen que no tiene nada que ver con su significación, y da un ejemplo: “una casa sobre cuyo tejado puede verse un bote, después una letra aislada, después una silueta humana corriendo cuya cabeza le ha sido cortada, etc.”. La lectura de este texto puede hacerse mediante el procedimiento de reemplazar cada figura por una palabra o sílaba y entonces considera al texto del sueño como una escritura a leer, al modo de una escritura jeroglífica cuyo significado el sujeto desconoce. Las imágenes del sueño no han de retenerse sino por su valor de significante, es decir “por lo que permiten deletrear del «proverbio» propuesto por el rébus del sueño”, nos dice Lacan, y es esta estructura de lenguaje lo que hace posible la operación de la lectura. Si el sueño se nos plantea en imágenes, la única manera de interpretarlo es transcribiéndolo, traduciéndolo a un lenguaje conocido, pues no hablamos con pinturas o paisajes sino con palabras, más aún con letras.

Parejas: diversidad y transformación
por Daniel Waisbrot

Transcurrida gran parte de la primera década del nuevo milenio, parafraseando a E. Roudinesco, podríamos hablar hoy día de “Parejas en desorden”. En un movimiento incansable que viene sucediéndose desde largo tiempo atrás, hoy día conviven en una gran diversidad parejas con todos los formatos posibles. Desde la más cercana a los modelos clásicos de las parejas burguesas, hasta las formas mas desinstitucionalizadas pensables. ¿Qué los une? ¿Qué desata en los seres humanos esa búsqueda de vincularidad amorosa en sus diversas formas? Existe en nuestra cultura, siempre algo a lo que llamamos pareja. Algún tipo de lazo social que va armando encuentros, ciertos efectos de proximidad, de búsqueda íntima, o netamente sexual, y siempre hay algo que legisla e intenta institucionalizar ese lazo. Si el armado de la pareja en un primer momento tuvo por sentido la transmisión del patrimonio, siendo el matrimonio apenas un recurso social de alianza económica y transmisión de herencias, la familia moderna fue centro de un enlace afectivo, fundado en el romanticismo y el deseo erótico. En los años 80 la posmodernidad comenzó a unir a las personas en búsqueda de intimidad y sexualidad más plena, donde lo esencial no era ya la permanencia a perpetuidad sino la búsqueda de encuentro. Algo así como que si lo que pasa entre ambos es suficientemente bueno, la pareja continuará. Si ello no sucede, si lo que une está mas inquietantemente presente del lado del espanto que del amor, la continuidad pierde sentido.

La ética del psicoanálisis en el atolladero de una sociedad sin ética
por Zulma López Arranz

Nuestra sociedad vive en un malestar creciente. Parece que este malestar consigue atemorizar a los propios poderes estatales. El Poder Ejecutivo, los legisladores y hasta la Suprema Corte de Justicia están en la palestra de los acusados, y sus miembros ya no pueden mostrarse en público sin temor al “escrache”. Ya no se tiene la confianza en que el Estado trabaje para el bien de los gobernados. ¿Podríamos decir que es un Estado “perverso”?. Este término designa una categoría clínica psiquiátrica, pero puede pensarse en un uso ético de la palabra perversión. En este punto la psicopatología incide claramente sobre la ética ya que la perversión es la patología de la ética, la perversión del sentido ético. También la neurosis y la psicosis tienen que ver con la ética. Toda clínica que apunte al sujeto, es decir toda clínica auténticamente psicoanalítica, debe apoyarse en la ética. La ética es la dimensión constituyente de la experiencia analítica. Podríamos pensar también en la ética a partir de la norma, como la proposición de normas de conducta, de buen comportamiento etc. Entonces ¿es posible establecer una conexión entre salud mental y la ética? Dice Miller en “Patología de la ética”: “...no hay criterio más evidente de la pérdida de salud mental que una perturbación del orden público.”

La admisión, un dispositivo en dos tiempos
por Adriana Szyniak

La admisión no es un término que surja del cuerpo teórico del psicoanálisis. En distintas instituciones o en diversos organismos la puerta de entrada a los mismos es por el lado de la admisión. Por lo general todo paciente que solicita atención psi por medio de una institución debe pasar por ese primer escalón. A veces, algunos analistas nos encontramos ejerciendo dicha función. Pero, ¿podremos encontrar alguna especificidad para este dispositivo? Intentaré algunas aproximaciones. En primer lugar se trata de lo que se constata en la cotidianeidad, el término admisión sólo tiene lugar en las instituciones: obras sociales, hospitales públicos, fundaciones, etc. Cobra consistencia sólo en esos lugares. La primera entrevista en un consultorio privado es simplemente una primera entrevista. Cuando alguien recibe un llamado de un nuevo paciente en su consultorio afirma: “hoy tengo la primera entrevista con un paciente”. En cambio en las instituciones se dice “hoy tengo una admisión”. Primera especificidad. Todo paciente que consulta en una institución tiene que pasar por esa instancia, por lo tanto la misma está atravesada por las características de esos lugares.

Una consulta familiar: ¿Qué la produce y qué la define?
por María Rosa Borgatello de Musolino

Cuando analizamos la transferencia en un análisis, los síntomas o la angustia que hacen hablar al analizante, los analistas señalamos las pautas de un trabajo centrado alrededor de lo que pensamos verdadero, de lo que Freud llamase “núcleo traumático”. Sin embargo, Lacan nos alerta en esta cita que comparto con ustedes que ese pretendido núcleo traumático no tiene existencia. Que no hay más que el aprendizaje que el sujeto ha sufrido de una lengua entre otras, de eso que es para él su lalengua. Se trata de lalengua así como la dirá en la transferencia de su análisis, pues es posible que sea esa lalengua que la transferencia hace decir. Vale decir, pegoteada y sin reglas gramaticales que separen u ordenen, sin otra lógica que la de su retórica. Entonces, si el analizante no habla de algún núcleo traumático, ¿de qué habla?. Habla de la Otra escena obscena donde sufrió el aprendizaje de su lalengua. Por eso habla de lo que nombra familia y en realidad es la estructura del lenguaje que lo acogió desde antes de su nacimiento. He aquí lo que produce la consulta familiar en la dirección de una cura. Y habrá allí, en las palabras con que alman al padeciente de esta estrategia y táctica, lo que la define. Los que acudan a la cita son los que, entre otros, le enseñaron a hablar. Son actores de la obscenidad que constituye su lalengua.

Proceso de admisión, una experiencia psicoanalítica
por Gisela Felman

En lo que respecta al admisor, uno de los objetivos de esta experiencia sería evaluar si la persona que consulta está en el lugar preciso, en el tiempo oportuno para comenzar un tratamiento. Se me ocurre nombrarlo “proceso de admisión” porque a veces no es suficiente una entrevista para evaluar estas condiciones. En ese caso se podrá dar lugar a un nuevo encuentro que difiere de una primera entrevista del tratamiento. El mero hecho de aclarar este dato es en sí mismo una intervención. Entonces, será importante evaluar si es el tiempo y el lugar oportunos. Que el analista que está a cargo de una admisión pueda tomarse la atribución de evaluar estas condiciones tiene valor de intervención. El analista puede no admitir ese pedido. Las razones son variadas y tendrán que ver con lo que el terapeuta escuche desde su posición de analista. Si bien no hay un análisis la escucha puede ser analítica... Es importante que el admisor tenga presentes cuáles son los posibilidades de atención personal (en caso que sea atención privada o institucional). Si puede absorber casos que requieran atención psiquiátrica, si el caso requiere de alguna especialización (trastornos de la alimentación, psicosomática, niños, etc.), si es imprescindible algún dispositivo en particular en cuanto a frecuencia semanal, terapia grupal para acompañar el tratamiento. Está relacionado con la ética del analista delimitar su práctica. La Institución podrá ser más abarcativa pero tiene limitaciones.

Los grupos terapéuticos: curarse con los otros
por Carlos Pachuk

La terapia grupal psicoanalítica relanza el trabajo sobre la tríada planteada por F. Nietzsche: amistad, hospitalidad y comunidad, a través de la importancia que adquieren los otros y los vínculos en la cura del sujeto. Esto constituye una fuerte resistencia al avance de la cultura neoliberal que estimula la rivalidad y el narcisismo a través del consumo como condición de pertenencia al mundo del mercado. También es válido preguntarse en qué medida el psicoanálisis ha evolucionado y puede dar respuestas a los cambios sociales, económicos, de paradigma y psicopatológicos. Si bien lo que define a un psicoanalista es el trabajo con el inconsciente y la transferencia, observamos transformaciones en la clínica actual que conllevan a diversos abordajes y estrategias de tratamiento. El psicoanálisis clásico que incluía diván y cuatro sesiones semanales por un lapso indefinido ha caído en desuso, salvo para profesionales de la salud.

Más de un fin de análisis con niños
por Daniel Argibay

Creo que como analistas intervenimos desde donde nos posicionamos en la vida, posición también desde la que teorizamos pero, fundamentalmente, desde donde nos preguntamos. Hoy puedo reconocerme preguntando, como seguramente se han preguntado otros, por ¿Que es un niño...?, ¿Que quiere un niño...?, ¿Por qué juega o no un niño?, ¿Por qué juega un adulto?, ¿Que relación hay entre juego y psicoanálisis? , ¿Cuál será el alcance y límite de esta clínica...?, ¿Hay fin de análisis con niños?, ¿Qué diferencia hay entre un psicoanálisis con niños o uno con adultos...?.Pareciera, a priori, que establecer diferencia entre un psicoanálisis con niños o uno con adultos nos entorpece y que solo se trata de que quien consulta, niño o adulto pueda entrar a la categoría de sujeto. Si como dice Lacan en el Problemas cruciales para el psicoanálisis (Clase 8 - de febrero de 1965), la función del deseo del analista estaría en el corte, que el analista es aquel que sabe cortar (tailleur), "...todo está en la eficacia del buen corte, pero también en considerar el modo en que es hecho ese corte...permite a la vestimenta volverla de otro modo". Si como en La lógica del Fantasma, dice "...el sujeto comienza con el corte", hablar de sujeto es hablar de una instancia de división, del efecto de ese corte, efecto metafórico que divide al sujeto entre el S1 y el S2 entre saber y verdad.



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