Introducción al Psicoanálisis

Sección coordinada por Liliana Donzis
Mi viejo el dotor
por Marina Levins

El objetivo del presente trabajo es ilustrar mediante un caso clínico los efectos que produce el Discurso Amo cuando queda coagulado, sin permitir que se inscriba algo de la falta que propicie la rotación de los discursos.
Como consecuencia, se trata de ubicar el lugar del analista en la dirección de la cura. Cómo el semblante de un discurso puede causar el decurso del deseo o contribuir a la perpetuación del mandato superyoico y el goce mortífero.
Gonzalo llegó una tarde calurosa; su motivo de consulta era difuso: - “son un montón de cosas…” “no le encuentro la vuelta a algunas cosas…” “verlas desde otro punto de vista”. Sigue hablando y ese “montón de cosas” se empiezan a especificar un poco más, hasta “ordenarlos” por importancia: el dinero, la falta de tiempo para él y el trabajo. No podía tener dinero sin generar una deuda. Esas deudas, no eran con cualquiera, sino con personas significativas en su vida: familiares, amigos. Deudas que indefectiblemente no podía saldar. Se dice “culpógeno”. ¿Qué era ser culpógeno para Gonzalo? “No soy un jugador empedernido, pero alguna vez jugué más de lo debido… me juego lo último que tengo” El tema del juego empezó diez años antes de la consulta, oh casualidad, en la misma época que falleció el padre. Cabe mencionar, dicho sea de paso, en el mes coincidente con el de la primera entrevista.

Por qué me tuvo que pasar a mí
por Carolina Sañudo

En el presente trabajo me propongo realizar una articulación teórico clínica, a partir del recorte de un caso de una paciente a quien atiendo en la institución hace 6 meses. Teniendo este objetivo, comenzaré desarrollando el caso clínico, centrándome en aquellos dichos de la paciente que marcan el eje del trabajo con ella. Intentaré situar un significante, “no sé por qué”, que considero central en su discurso, para a partir de él poder pensar una lógica del caso y una dirección de la cura posible. Comencemos con la viñeta clínica: María tiene 45 años. Realiza la consulta en la institución a mediados del mes de Enero de 2008. En la primera entrevista relata que hace tiempo tiene deseos de iniciar un tratamiento, pero por diferentes motivos lo ha venido postergando. Sobre su motivo de consulta dice: “tengo ganas de pensar en mi… siempre pongo primero a los demás, pero ahora dije basta y quiero empezar a ocuparme de mi”, “tengo la necesidad de encontrarme conmigo misma… siento que nunca tomo desiciones, que siempre deciden por mi…”, más adelante agrega: “tengo ganas de hacer muchas cosas y no sé por qué siempre termino sin hacer nada”. En la misma entrevista María cuenta: “tengo un hijo adicto, hace tiempo que está con este problema… ya hizo muchos tratamientos, estuvo internado muchas veces y no sale… quisiera que se recupere, que esté bien, pero no veo que avance, eso me preocupa…”.

Nuevas modalidades de violencia y sexualidad. La represión, ¿es un mecanismo vigente?
por Zulma López Arranz

La represión, ¿es un mecanismo válido en la actualidad? Antes de responder la pregunta me parece interesante plantear el tema del tiempo del sujeto. El tiempo del sujeto carece de consistencia óntica. Es el efecto que se genera entre la insistencia deseante continua y el acontecimiento instantáneo del acto decidido que siempre opera como sanción simbólica. En esta comunicación temporal se produce un “efecto sujeto”. El acto sanciona el sentido definitivo del pasado y también las opciones para un proyecto futuro: Hay emergencia de la subjetividad signada por el tiempo histórico. El acto sanciona un antes y un después. La temporalización sólo es posible por la represión, en tanto prohíbe coincidir con la no diferencia. La temporalización manifiesta el asidero del sujeto con el lenguaje. El lenguaje, “como red articulada de diferencias”y prohibiciones normativas, obligan a una separación del goce pulsional. La función del lenguaje es separar el goce del cuerpo dejando reservado el goce a las zonas erógenas. La función del-Nombre-del-Padre, basada en las leyes del lenguaje, impone un tope al narcisismo materno.

IV Pulsión de muerte. El psicoanálisis no es una biología
por Rafael Casajús

Habría que empezar por decir que la pulsión de muerte es una contradicción en sus propios términos porque se supone que la pulsión, en la medida en que está en estrecha cercanía con lo que es un instinto, tiene un vínculo con la vida y no con la muerte. ¿Cómo se resuelve esta aporía? Aquí va a hacer falta que despejemos un aspecto que sinceramente muy pocas veces es presentado como “claro y distinto” , y es la función que como tal cumple la pulsión de muerte y que esto varía diametralmente según la circunstancia de la que se trate. La verdad sea dicha, la pulsión de vida es también un oxímoron ya que en el decir de Freud, “la meta de la vida es la muerte”. ¿Qué quiere decir esto? Por lo pronto hay que poder despejar una confusión que se podría dar: el hecho de que haya lo que Freud llama pulsiones de autoconservación no significa que siendo pulsiones de vida no busquen la muerte sino que la buscan “a su propio modo”. La autoconservación” está en el “propio modo”.

La mesa del dolor
por Claudio Deluca

Parte del trabajo del analista consiste en dar lugar a que los distintos puntos de enlace de la libido y los recuerdos sean actualizados, pero esto no ocurre sin que estas relaciones objetales sean despertadas y sobrecargadas sucesivamente, lo que produce un padecimiento subjetivo y una temporaria intensificación de los síntomas. Es un trabajo lento de sustracción y posterior reubicación libidinal. Me parece oportuno incluir otra posible lectura en relación a lo que voy a denominar el estatuto de “lo negativo” como matriz de lo doloroso, partiendo de la hipótesis que tal vez las huella de la frustración de la respuesta ó la prolongada demora de ésta por parte de los Otros primordiales condicionen el devenir. Entonces llegamos al punto a partir del cual no solo podemos dar cuenta del desencuentro en la relación sujeto-objeto, sino también la instauración del tiempo del Otro como postergación de la satisfacción inmediata del grito del infans y una de las formas que toma el capricho, a partir del cual surgiría el negativismo y la agresividad en relación a las sucesivas relaciones objetales futuras. Otra vertiente daría cuenta del desencuentro de un sujeto con las palabras que le fueron dichas y dieron lugar a las identificaciones que poco dicen de su singularidad. Estas palabras, permiten que el sujeto cuente para el Otro, y por lo tanto le otorgan un lugar en el mundo, pero al no referirse a su singularidad van a ser portadoras de frases oraculares de las cuales va a ser difícil separarse.

El padre, ¿Es el hombre en el lugar del Padre?
por María Rosa Borgatello de Musolino

Nosotros, los analistas, distinguimos al menos tres lugares del padre que no alcanzan a decir qué: el padre real, el imaginario y el simbólico. El padre real lo hace el hombre de una mujer, por eso, no es necesario que diga nada. Es el hombre que ama como mujer. Con lo cual, no necesariamente tiene que ser el genitor del hijo, su esposo o su amante. El padre Simbólico o padre como Nombre lo funda una mujer, cuando canta al hijo su melodía de padre. Quizás, un "ya vas a ver con tu padre", si ella puede salir de yo-moi. Si puede reconocer Otro que ella misma, capaz de nombrar. Ella nombra para... la fatalidad o la suerte del material pulsional. Falta saber aún, si el nombre así fundado se autoriza a tomar la palabra, cuando sea llamado como hombre a ese lugar padre. Si el hombre designado, desea suponer-se allí. Al padre como imagen lo hace el hijo en su decir. Es ese que cree tener, maravilloso o bestial. Ese al que le ruega "Padre, decidme qué...".A estos lugares del “padre” sujetos al deseo y a lo inconsciente, ese hombre inquilino del lenguaje los trae a análisis. Los trae cada vez que disqursea, que intenta explicar su malestar en transferencia. Mostraremos, desde un caso trabajado en un análisis de control, los bordes fractálicos de este lugar.

Diferencias entre "estado" y "ataque"
por María Marta Vilella Paz

El DSM IV habla de los Trastornos del estado de ánimo. Aquí emplea la palabra “estado”, no así cuando habla de los Trastornos de ansiedad que es donde ubica la crisis de angustia. Dice: “La característica principal de una crisis de angustia es la aparición aislada y temporal de miedo o malestar de carácter intenso, que se acompaña (...)” y describe casi los mismos síntomas que describía Freud para el “ataque de angustia” en 1895, en “La neurastenia y la neurosis de angustia”: palpitaciones, sensación de ahogo, ataque de sudoración, temblores, diarrea, ataques de vértigo, ataques bulímicos, ataques de parestesias y de las llamadas congestiones. En el artículo antes mencionado, Freud distingue la espera angustiosa, de lo que es propiamente el ataque de angustia con toda su sintomatología orgánica. En “Obsesiones y fobias” retoma el tema y habla de dos tipos de fobias: aquellas en las que por detrás del temor hay una representación, y otras a las que llama fobias ocasionales como la agorafobia y fobias de la locomoción, en las que predomina un “estado emotivo de angustia” detrás del miedo. Después dice: “corresponde establecer una neurosis especial, la neurosis de angustia cuyo síntoma principal es ese estado emotivo” y luego en 1898 las coloca dentro de las neurosis actuales para diferenciarlas de las psiconeurosis.

La letra en Freud
por Violeta Cobos

Todos conocemos la famosa frase “el sueño es la vía regia de acceso al inconsciente”, y si el padre del psicoanálisis nos da semejante sentencia, no podemos sino preguntarnos por eso que el sueño nos revela. Pero qué se sueña, o mejor dicho, por qué soñamos eso y no otra cosa, qué es lo que hace que algo inconsciente tenga más valor que otra cosa para aparecer en nuestros sueños. En La Interpretación de los sueños, Freud nos enseña que el contenido manifiesto se nos presenta como una pictografía que solo puede ser comprendida a la luz de las relaciones que establece con el contenido latente al que responde. Aclara que no puede leerse por su valor de figura sino que debe hacerse por su referencia signante, valor de significante de la imagen que no tiene nada que ver con su significación, y da un ejemplo: “una casa sobre cuyo tejado puede verse un bote, después una letra aislada, después una silueta humana corriendo cuya cabeza le ha sido cortada, etc.”. La lectura de este texto puede hacerse mediante el procedimiento de reemplazar cada figura por una palabra o sílaba y entonces considera al texto del sueño como una escritura a leer, al modo de una escritura jeroglífica cuyo significado el sujeto desconoce. Las imágenes del sueño no han de retenerse sino por su valor de significante, es decir “por lo que permiten deletrear del «proverbio» propuesto por el rébus del sueño”, nos dice Lacan, y es esta estructura de lenguaje lo que hace posible la operación de la lectura. Si el sueño se nos plantea en imágenes, la única manera de interpretarlo es transcribiéndolo, traduciéndolo a un lenguaje conocido, pues no hablamos con pinturas o paisajes sino con palabras, más aún con letras.

Parejas: diversidad y transformación
por Daniel Waisbrot

Transcurrida gran parte de la primera década del nuevo milenio, parafraseando a E. Roudinesco, podríamos hablar hoy día de “Parejas en desorden”. En un movimiento incansable que viene sucediéndose desde largo tiempo atrás, hoy día conviven en una gran diversidad parejas con todos los formatos posibles. Desde la más cercana a los modelos clásicos de las parejas burguesas, hasta las formas mas desinstitucionalizadas pensables. ¿Qué los une? ¿Qué desata en los seres humanos esa búsqueda de vincularidad amorosa en sus diversas formas? Existe en nuestra cultura, siempre algo a lo que llamamos pareja. Algún tipo de lazo social que va armando encuentros, ciertos efectos de proximidad, de búsqueda íntima, o netamente sexual, y siempre hay algo que legisla e intenta institucionalizar ese lazo. Si el armado de la pareja en un primer momento tuvo por sentido la transmisión del patrimonio, siendo el matrimonio apenas un recurso social de alianza económica y transmisión de herencias, la familia moderna fue centro de un enlace afectivo, fundado en el romanticismo y el deseo erótico. En los años 80 la posmodernidad comenzó a unir a las personas en búsqueda de intimidad y sexualidad más plena, donde lo esencial no era ya la permanencia a perpetuidad sino la búsqueda de encuentro. Algo así como que si lo que pasa entre ambos es suficientemente bueno, la pareja continuará. Si ello no sucede, si lo que une está mas inquietantemente presente del lado del espanto que del amor, la continuidad pierde sentido.

La ética del psicoanálisis en el atolladero de una sociedad sin ética
por Zulma López Arranz

Nuestra sociedad vive en un malestar creciente. Parece que este malestar consigue atemorizar a los propios poderes estatales. El Poder Ejecutivo, los legisladores y hasta la Suprema Corte de Justicia están en la palestra de los acusados, y sus miembros ya no pueden mostrarse en público sin temor al “escrache”. Ya no se tiene la confianza en que el Estado trabaje para el bien de los gobernados. ¿Podríamos decir que es un Estado “perverso”?. Este término designa una categoría clínica psiquiátrica, pero puede pensarse en un uso ético de la palabra perversión. En este punto la psicopatología incide claramente sobre la ética ya que la perversión es la patología de la ética, la perversión del sentido ético. También la neurosis y la psicosis tienen que ver con la ética. Toda clínica que apunte al sujeto, es decir toda clínica auténticamente psicoanalítica, debe apoyarse en la ética. La ética es la dimensión constituyente de la experiencia analítica. Podríamos pensar también en la ética a partir de la norma, como la proposición de normas de conducta, de buen comportamiento etc. Entonces ¿es posible establecer una conexión entre salud mental y la ética? Dice Miller en “Patología de la ética”: “...no hay criterio más evidente de la pérdida de salud mental que una perturbación del orden público.”



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