Introducción al Psicoanálisis

Sección coordinada por Liliana Donzis
Proceso de admisión, una experiencia psicoanalítica
por Gisela Felman

En lo que respecta al admisor, uno de los objetivos de esta experiencia sería evaluar si la persona que consulta está en el lugar preciso, en el tiempo oportuno para comenzar un tratamiento. Se me ocurre nombrarlo “proceso de admisión” porque a veces no es suficiente una entrevista para evaluar estas condiciones. En ese caso se podrá dar lugar a un nuevo encuentro que difiere de una primera entrevista del tratamiento. El mero hecho de aclarar este dato es en sí mismo una intervención. Entonces, será importante evaluar si es el tiempo y el lugar oportunos. Que el analista que está a cargo de una admisión pueda tomarse la atribución de evaluar estas condiciones tiene valor de intervención. El analista puede no admitir ese pedido. Las razones son variadas y tendrán que ver con lo que el terapeuta escuche desde su posición de analista. Si bien no hay un análisis la escucha puede ser analítica... Es importante que el admisor tenga presentes cuáles son los posibilidades de atención personal (en caso que sea atención privada o institucional). Si puede absorber casos que requieran atención psiquiátrica, si el caso requiere de alguna especialización (trastornos de la alimentación, psicosomática, niños, etc.), si es imprescindible algún dispositivo en particular en cuanto a frecuencia semanal, terapia grupal para acompañar el tratamiento. Está relacionado con la ética del analista delimitar su práctica. La Institución podrá ser más abarcativa pero tiene limitaciones.

Los grupos terapéuticos: curarse con los otros
por Carlos Pachuk

La terapia grupal psicoanalítica relanza el trabajo sobre la tríada planteada por F. Nietzsche: amistad, hospitalidad y comunidad, a través de la importancia que adquieren los otros y los vínculos en la cura del sujeto. Esto constituye una fuerte resistencia al avance de la cultura neoliberal que estimula la rivalidad y el narcisismo a través del consumo como condición de pertenencia al mundo del mercado. También es válido preguntarse en qué medida el psicoanálisis ha evolucionado y puede dar respuestas a los cambios sociales, económicos, de paradigma y psicopatológicos. Si bien lo que define a un psicoanalista es el trabajo con el inconsciente y la transferencia, observamos transformaciones en la clínica actual que conllevan a diversos abordajes y estrategias de tratamiento. El psicoanálisis clásico que incluía diván y cuatro sesiones semanales por un lapso indefinido ha caído en desuso, salvo para profesionales de la salud.

Más de un fin de análisis con niños
por Daniel Argibay

Creo que como analistas intervenimos desde donde nos posicionamos en la vida, posición también desde la que teorizamos pero, fundamentalmente, desde donde nos preguntamos. Hoy puedo reconocerme preguntando, como seguramente se han preguntado otros, por ¿Que es un niño...?, ¿Que quiere un niño...?, ¿Por qué juega o no un niño?, ¿Por qué juega un adulto?, ¿Que relación hay entre juego y psicoanálisis? , ¿Cuál será el alcance y límite de esta clínica...?, ¿Hay fin de análisis con niños?, ¿Qué diferencia hay entre un psicoanálisis con niños o uno con adultos...?.Pareciera, a priori, que establecer diferencia entre un psicoanálisis con niños o uno con adultos nos entorpece y que solo se trata de que quien consulta, niño o adulto pueda entrar a la categoría de sujeto. Si como dice Lacan en el Problemas cruciales para el psicoanálisis (Clase 8 - de febrero de 1965), la función del deseo del analista estaría en el corte, que el analista es aquel que sabe cortar (tailleur), "...todo está en la eficacia del buen corte, pero también en considerar el modo en que es hecho ese corte...permite a la vestimenta volverla de otro modo". Si como en La lógica del Fantasma, dice "...el sujeto comienza con el corte", hablar de sujeto es hablar de una instancia de división, del efecto de ese corte, efecto metafórico que divide al sujeto entre el S1 y el S2 entre saber y verdad.

III El Principio del placer. ( Comentarios sobre Más allá del principio del placer)
por Rafael Casajús

Es hora de que dediquemos nuestra atención a la temática del principio del placer. Hablemos primero de Epicuro. Como tal vez algunos sepan Epicuro fue un filósofo griego, de la época helenística no precisamente de la Grecia clásica, es decir posterior a la refundición del mundo helenístico por Alejandro Magno. Como reacción a Aristóteles y Platón, Epicuro dice que la sensación es la verdadera guía de la vida, la sensación y no la razón; identifica el Bien, la felicidad, como carencia de dolor físico y ausencia de perturbación espiritual, esta aponía, así se llama, se logra mediante el placer como guía. La sensación no miente, dice él. Ustedes se percatan, pero igual es importante señalarlo porque es algo que muy raramente se señala, que este placer de Epicuro como guía de vida no tiene nada que ver con el placer freudiano y cuando digo “el placer de Epicuro” me refiero a la concepción común que se pueda tener del placer ya que es usual que la gente, incluidos muchos terapeutas y analistas, lo conciban de esa forma, cosa que se observa en esa tan común indicación supuestamente terapéutica según la cual la persona tendría que hacer lo que le gusta y lo que la hace sentir bien. Es evidente que en psicoanálisis no es conveniente que un analista identifique el placer que pueda tener un analizante frente a determinada situación, que lo identifique como su bien.

Fenómeno psicosomático: "Algún dos que se hace uno"
por Zulma López Arranz

El fenómeno psicosomático no es un síntoma. Esta oposición podemos sustentarla apoyándonos en las indicaciones dadas por Lacan en el Seminario 11. En sus primeras enseñanzas nos plantea la representación significante del sujeto, para lo cual se hacen necesarios un S1 y S2, es decir tiene una estructura que hace imprescindible “algún dos” para que pueda aparecer el sentido. Para la aparición del sujeto es necesario un S1 y un S2, recordemos: “Un sujeto es lo que representa un significante para otro significante”. En la hiancia que se produce entre el S1 y el S2 es el lugar de aparición y desaparición del sujeto. Podríamos decir que el síntoma tiene una estructura de metáfora, es decir una estructura de sustitución de significantes.

Aportes a la práctica psicoanalítica
por Roberto Ileyassoff

Es importante mantener la práctica al pie de la materialidad del relato, atendiendo especialmente a su textura y a su detalle. Resultando así de sumo interés que, durante el quehacer cotidiano, nos ocupemos de varios aspectos como: a. ¿Qué hacemos como analistas?
Principalmente hacemos hablar, también hablamos nosotros, otras veces intervenimos callando, murmurando, haciendo acto o dando soporte a distintas modalidades transferenciales.

Una orientación que no es como las otras
por Diana Paulozky

La política actual. Hubo una época en que nos ocupamos de que el analista pudiera intervenir fuera del consultorio, hicimos escuchar nuestra voz en los distintos ámbitos de la salud. Hoy el momento es otro. Si se escucha del psicoanálisis en todo lugar, debemos cuidar su especificidad, porque si el psicoanálisis aparece diseminado en las distintas formas que los síntomas tomen y se mezcla con otras variantes eclécticas, digo, que allí reside el verdadero peligro de su supervivencia a riesgo de ser fagocitado en las fauces del régimen del todo saber.

Concepto de dualidad superyoica
por Patricia Téramo

Atendiendo la segunda tópica de Freud, en la cual intenta una conceptualización topológica determinante de instancias contenidas dentro de diferentes planos, con la particularidad de compartir espacios psíquicos pre conscientes; conscientes e inconscientes. No se trata entonces de pensar un sujeto escindido con dos aparatos psíquicos antagónicos, sino más bien de pensar un sujeto sometido a una estructura superyoica dual en la cual debe instrumentar mecanismos defensivos alternos. El yo se encuentra entonces, en conflicto permanente, sin embargo, nadie posee la certeza más extrema de la existencia de un punto exacto de coincidencia, el deseo inconsciente subyace irreductible a pesar de los constantes sabotajes ejercidos por el yo.

La pregunta por el sujeto
por Daniel Rubinsztejn

Entiendo que enunciación es ubicar quién habla, a quién le habla y el momento en que habla, haciendo resonar que se dice más o menos que lo que se intenta decir. Escucha y lectura hacen vibrar en acto la división del sujeto. Lo ha dicho, nadie se lo ha hecho decir, no hay vuelta atrás: Ud. lo ha dicho! Como los espíritus del Averno, el sujeto de la enunciación acude a nuestra invocación, engendrado de nuevo cada vez para volver a eclipsarse, hasta la próxima nueva cita. Un extraño tiempo verbal lo habita: No estaba en el pasado, no es seguro que retorne, su presente es tan fugaz como fugitivo, entonces habrá estado en el instante del acto mismo del decir. En el eco del acto se podrá escuchar un mensaje inédito.

De miedos y de fobias
por Ana María Sendon

Desplazamiento, evitación… La fobia es entonces una formación defensiva que transforma la angustia en miedo, concentrándose el sujeto en un objeto específico. Lo reprimido retorna a través de la angustia que provoca y del miedo que despierta ese objeto. Objeto investido de peligrosidad, pero que al mismo tiempo impide la irrupción de la angustia de castración. Objeto que paraliza, pero que también precipita la huída. Objeto que produce horror, pero que a la vez ejerce una fascinación de la que es imposible sustraerse. “No nos une el amor sino el espanto, será por eso que la quiero tanto”, decía Borges en uno de sus poemas dedicados a una Buenos Aires fascinante que deslumbra y es rechazada despertando afectos contradictorios y complementarios simultáneamente.



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