Introducción al Psicoanálisis

Sección coordinada por Liliana Donzis
Lo cómico en la psicosis
por Ignacio Donatello

Siguiendo la premisa freudiana de que el chiste es solidario de la inscripción del Nombre del Padre, propongo pensar que hay toda una serie de fenómenos graciosos que no implican su operatoria y que se producen dentro del registro imaginario, bajo la forma de lo cómico, de lo “dual”... La Ironía es del sujeto y va contra el Otro, “dice que el Otro no existe, que el lazo social en el fondo es una estafa, que no hay discurso que no sea semblante”. Prosiguiendo con esta línea, otorgaría a la ironía estatuto estructural en la psicosis y tomaría a la comicidad como una expresión imaginaria, en tanto esta última no es exclusiva a una estructura en particular.
La comicidad tal como la han entendido Freud y Lacan nos remite a una situación “dual”, un juego imaginario de a dos.
Por un lado en el análisis de la comicidad Freud establece que “puede cumplirse con sólo dos personas, una que descubra lo cómico y otra en quien se ha descubierto. La tercera persona a quien se lo comunica refuerza el proceso cómico, pero no le agrega nada nuevo. (...) Nos vimos precisados a situar en lo inconsciente la fuente de placer del chiste; respecto de lo cómico no se avizora ocasión alguna para una localización parecida.” Y por otro lado cuando Lacan lo retoma en el seminario sobre las formaciones del inconsciente, lo elabora de la siguiente manera: “Digamos que ese juego dual es tan solo una preparación que permite la distribución en dos polos opuestos de lo que siempre tiene de imaginaria, de reflejada, de simpatizante, la comunicación...”
Retomando, Freud distingue cuatro medios de expresión de lo cómico: la imitación, el disfraz, la caricatura y la parodia.

En el fondo de una garganta insondable: Análisis de un caso de parricidio
por Stella Maris Gulian

Vicisitudes del deseo, del deber y del principio del placer
por Manfredo Teicher

Psicodiagnóstico ¿obstáculo para el psicoanálisis?
por Susana Pérez

Duelos en el proceso de envejecimiento
por María Claudia Biancotti

Usos del diagnóstico diferencial en la clínica con niños
por Gabriela López

“Somos muchos...” Notas para pensar la diferencia entre ser y estar.
por Karina Wagner

Ante la menor duda, consulte al médico
por Adriana Divito

El lugar del tatuaje en la construcción de la subjetividad
por María Julia Cebolla Lasheras

Llamamos tatuaje a toda práctica que implique la penetración de tinta o pigmento bajo la piel. Tatuar es alojar en el cuerpo, urgir la piel, cifrarla, pintar su interior. También es trazar, cavar, explorar. Es dibujo, a veces color bajo la piel siguiendo un dibujo. Es grafía con la que los pigmentos escriben el significante deseado. El tatuaje se vuelve un dibujo indeleble trazado en el cuerpo y siempre tiene un relato detrás. Relato que desde lo consciente, remite al momento en que la persona decidió ser tatuada, pero que histórica e inconscientemente, para la vida del sujeto, va más allá.

El síntoma en el Psicoanálisis con niños
por María Rosa Borgatello de Musolino

Los que consultan, declaran lo que suponen el malestar del hijo. El analista, prudentemente, escucha y espera trabajar con el hijo ese indicio. Y aquí nos interroga, ¿el que preocupa a mis padres, a la señorita, al doctor o lo que a mí me pasa? Para no imaginar demasiado, entonces, nos preguntamos: ¿cuál es el síntoma en el psicoanálisis de un niño? Comenzaremos nuestra investigación, yendo a los tan conocidos textos sobre el síntoma del niño, que se encuentran en la página 305 de “Les petites écrits et confferences” y han sido titulados "Dos Notas sobre el niño". En el primero, Lacan escribe que “el síntoma del niño se encuentra en posición de responder a lo que hay de sintomático en la estructura familiar”. Esta frase, generalmente, se entiende como que el síntoma del pequeño sujeto en análisis no sólo es el que los padres presentan, sino que responde a la sintomática de la estructura familiar. Es decir, a los síntomas que 'tiene' esa familia. Por tanto, a veces, se intentan trabajar los síntomas 'familiares' con algún tipo de psicoterapia. Lo cual es muy útil y da buenos resultados, pero no accede al síntoma del niño pues, éste es otra cosa. Otras veces, según este modo de interpretar la frase, para trabajarlo se realizan numerosas entrevistas con ambos padres. Con alguno de ellos, sólo con ellos o con algunos otros miembros de la 'familia'. Finalmente -o en el medio-, entra el niño “...como representante de la verdad de la pareja familiar”. Es decir, tomándolo como un objeto capaz de demostrar la verdad que la pareja familiar oculta.



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