Introducción al Psicoanálisis

Sección coordinada por Liliana Donzis
¿Cómo mostrar la clínica? (Según la enseñanza de Jacques Lacan)
por Pablo Fridman

(...) sigue siendo un problema importante lo indemostrable de la eficacia de un análisis en particular, ¿qué cambió allí? ¿Cómo demostrarlo de manera fehaciente? Saber que esa experiencia ha sido beneficiosa para el analizante no sirve de nada si no se acompaña de elementos probatorios de ello. Siempre partiendo de la base de que el testimonio del analizante, por sí solo no podría ser nunca la única prueba. Afirmar eso nos deja a las puertas de la creencia y la religión: ese beneficio que se relata desde un único beneficiario puede ser en sí mismo sintomático ¿Cómo diferenciar un tratamiento que ha servido para reforzar el aspecto pulsional del síntoma y hacerlo más sólido y inexpugnable, de otro donde efectivamente se ha producido un viraje en la economía libidinal del sujeto (o sea en el modo en que se reordena la pulsión luego de un tratamiento psicoanalítico)?... Surge entonces la pregunta: ¿Cuál es el lugar en la teoría psicoanalítica de la clínica en Freud y Lacan? Sin partir necesariamente de la premisa - quizás errónea - que éste lugar sea exactamente el mismo para ambos autores.

Enfoque Epistemológico del espacio de configuración psicoanalítico
por Amelia Haydée Imbriano

El objetivo de estas líneas es rever las condiciones de surgimiento del discurso psicoanalítico como ruptura epistemológica. Esto implica el cambio de condiciones del sujeto de conocimiento cartesiano como sujeto de la certeza y la emergencia de un nuevo sujeto de conocimiento: el sujeto de la duda.
En este camino de revisión quedará iluminado el hecho de cómo la inserción histórico cultural de la época de Freud impone a su producción un conjunto de limitaciones de la ruptura, especialmente vinculadas al modelo de la termodinámica y del evolucionismo presente en sus construcciones.

La fantasía y el fantaseo
por Paula Larotonda

Calumnia. Deshonrar al otro
por Marta Kreiselman de Mosner

Sobre la presencia del analista cuando el tiempo apremia
por Claudio O. Steckler

El psicoanalista realiza allí una apuesta, su posición lleva la marca, en su deseo, de una expectativa tamizada por la dimensión de la espera. Se trata de la aparición en la escena transferencial, del “despunte” inconsciente; de la rajadura del cuento que el paciente trae; en definitiva de la emergencia de ese sujeto que irrumpe desde lo extranjero y busca en los lazos que la transferencia inventa, un sitio donde ser alojado.
El devenir de un relato, suele tomar las más variadas formas; versiones de una historia en el relato de los padres, en el “dale que” inaugurante de la dimensión lúdica del encuentro; versiones de una historia “modelada” o en ocasiones “dibujada” por el deseo del niño o en fin versiones de la historia que el psicoanalista construye en la composición de cierta lógica elemental que le permita conducir “hacia algún lugar” la cura.
Esta construcción del psicoanalista no se corresponde temporalmente con el tiempo de la sesión, allí las intervenciones no son “pensadas teóricamente”. En este sentido, los psicoanalistas no aplicamos una teoría. No se trata de la figura del “aplique”. De poner algo que se supone que falta para entender allí, lo que ocurre; se trata en cambio de sostener una posición, un lugar que permita la creación de ese lazo singular, motor paradojal de la cura.
Una de la manera de considerarlo consiste en la forma de cómo utilizamos el tiempo.
Tiempo de escuchar y de jugar. Tiempo de pensar y teorizar.

Lo cómico en la psicosis
por Ignacio Donatello

Siguiendo la premisa freudiana de que el chiste es solidario de la inscripción del Nombre del Padre, propongo pensar que hay toda una serie de fenómenos graciosos que no implican su operatoria y que se producen dentro del registro imaginario, bajo la forma de lo cómico, de lo “dual”... La Ironía es del sujeto y va contra el Otro, “dice que el Otro no existe, que el lazo social en el fondo es una estafa, que no hay discurso que no sea semblante”. Prosiguiendo con esta línea, otorgaría a la ironía estatuto estructural en la psicosis y tomaría a la comicidad como una expresión imaginaria, en tanto esta última no es exclusiva a una estructura en particular.
La comicidad tal como la han entendido Freud y Lacan nos remite a una situación “dual”, un juego imaginario de a dos.
Por un lado en el análisis de la comicidad Freud establece que “puede cumplirse con sólo dos personas, una que descubra lo cómico y otra en quien se ha descubierto. La tercera persona a quien se lo comunica refuerza el proceso cómico, pero no le agrega nada nuevo. (...) Nos vimos precisados a situar en lo inconsciente la fuente de placer del chiste; respecto de lo cómico no se avizora ocasión alguna para una localización parecida.” Y por otro lado cuando Lacan lo retoma en el seminario sobre las formaciones del inconsciente, lo elabora de la siguiente manera: “Digamos que ese juego dual es tan solo una preparación que permite la distribución en dos polos opuestos de lo que siempre tiene de imaginaria, de reflejada, de simpatizante, la comunicación...”
Retomando, Freud distingue cuatro medios de expresión de lo cómico: la imitación, el disfraz, la caricatura y la parodia.

En el fondo de una garganta insondable: Análisis de un caso de parricidio
por Stella Maris Gulian

Vicisitudes del deseo, del deber y del principio del placer
por Manfredo Teicher

Psicodiagnóstico ¿obstáculo para el psicoanálisis?
por Susana Pérez

Duelos en el proceso de envejecimiento
por María Claudia Biancotti



Recibí los newsletters de elSigma






Actividades Destacadas

Escuela de Psicoanálisis del Borda

ACTIVIDADES 2017
Leer más
Realizar consulta