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Thálassa. Una teoría de la genitalidad, de Sándor Ferenczi

22/05/2002- Por Jorge Alejandro Cabral - Realizar Consulta

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THÁLASSA – una teoría de la genitalidad

 

por cierto, la más osada aplicación del

 psicoanálisis que se haya intentado jamás.

S. Freud

 

Continuidad e inserción. Continuidad entre la biología y el psicoanálisis. Inserción en la vastedad biológica de la especie y en la evolución de las especies. Hasta aquí pareciera el desarrollo,  por inercia, del pensamiento del siglo XIX. Aunque en este mismo desarrollo Ferenczi abre distintas sendas. Las ideas se multiplican y las asociaciones se despliegan atravesando mitología, biología y psicoanálisis.

Es que THÁLASSA es esa teoría de la vuelta a lo originario y es esa escritura que lleva al pensamiento a adentrarse sin miedo en hipótesis y analogías.

THÁLASSA es la teoría de lo nuevo en lo originario. De la diferencia en la unión.

Escrito en 1914, entre el destacamento militar y su traducción de los “Tres ensayos sobre una teoría sexual”, pareciera proyectarse, en principio, como una continuación del libro freudiano. Entre el requerimiento militar y la sexualidad la pluma de Ferenczi traza una continuidad entre la muerte y el coito. Entre lo indiferenciado y la tendencia a lo originario a través de la diferencia.

“Como idea cardinal, se acentúa la índole conservadora de los instintos, que tienden a restablecer todo estado abandonado a causa de una perturbación exterior; los símbolos se reconocen como testimonios de conexiones arcaicas; muéstrase, por medio de ejemplos convincentes, cómo las particularidades de lo psíquico conservan las huellas de las modificaciones primordiales y arcaicas de la sustancia somática”[1].

Existe un doble movimiento, en primer lugar la tendencia conservadora de la pulsión que avanza y toma su fuerza de lo originario perdido; y por otro lado la unificación de las pulsiones en la genitalidad, llamado por Ferenczi anfimixis; anfimixis que tiende a la unificación con el otro, pero que solo puede sostener su diferencia en la medida que es fálica. Y es que lo simbólico subsume a lo biológico y es su continuidad. Lo simbólico conserva la huella de lo arcaico, de lo biológico; cumpliendo, introyectado, corporeizado la función única que tiene en lo humano.

THÁLASSA es mar, es vientre materno, es sueño, es coito, es indiferenciación y también resecamiento, parto y nacimiento, despertar, eyaculación y diferencia. Es expresión simbólica de lo arcaico, su continuidad y su ruptura. Lo originario y lo nuevo creado a partir de una conmoción.

La misma relación sexual se plantea en los términos de su no existencia con la que será desarrollada más tarde por otros psicoanalistas:  “Besar, acariciar, morder, abrazar, sirven también para borrar el límite entre los respectivos Yo de la pareja sexual. Así por ejemplo, el hombre durante el coito, habiendo introyectado psíquicamente los órganos de la mujer, evita el sentimiento de confiar a un medio extraño, por lo tanto peligroso, su más preciado órgano, representante de su Yo erótico. Puede entonces permitirse la erección sin temor ya que, a raíz de esta identificación, su miembro cuidadosamente protegido no ha de perderse al permanecer dentro de este ser con quien el Yo se ha identificado”[2]. Relación imposible en la medida en que, en la unión, se repite la conmoción de la separación del soma y el plasma germinativo[3].

La coincidencia entre coito y muerte, planteada por Freud a partir de los animales inferiores, pareció haber dado el sentido último de lo que Ferenczi denominó “regresión thalásica”, como la regresión a lo inanimado, lugar donde la genitalidad tomaría su fuerza de atracción. En realidad en lo metafórico y en el uso de analogías filogenéticas que en el texto están presentes se desprenden exploraciones, de clara raigambre clínica, en relación con el concepto de trauma. THÁLASSA, entonces debe entenderse como esa relación al otro, el otro de la conmoción, de la perturbación, de la atracción pulsional y no como se lo ha leído durante mucho tiempo acentuando su aparente matiz místico, ligándolo a un sentimiento oceánico sólo por su parecido nominativo[4].

En sus reflexiones sobre el trauma Ferenczi retoma la teoría de la seducción de Freud. Teoría del trauma que formó parte de sus preocupaciones hasta el final de su vida. El 30/7/1932 escribe en su diario: “¿Qué es “trauma?” “Conmoción”, reacción a un estímulo exterior o interior “insoportable” de manera autoplástica (que altera el propio-ser) en lugar de aloplástica (que altera el estímulo). La neoformación de propio-ser es imposible sin previa destrucción parcial o total, o supresión del propio-ser anterior. Un yo nuevo no se puede formar directamente desde el yo anterior, sino desde fragmentos, productos más o menos elementales de la descomposición del yo”[5].

La anfimixis y los estadios en el desarrollo del sentido erótico de la realidad  forman parte de esta reacción autoplástica que modifica al propio-ser ante el estimulo traumático; cuyo resultado en el propio-ser es “la renuncia a los medios regresivos y el encuentro con un sustituto de ellos en el mundo de la realidad”[6].

 

Sobre el acto sexual

 

El contenido del THÁLASSA conocido con el nombre de bioanálisis es la interpretación de los diversos fenómenos del acto sexual. Eyaculación, erección, fricción, fascinación, placer/displacer, orgasmo, etc. son interpretados “sobre el modelo del análisis de los síntomas neuróticos”[7].

Desarrollo complejo y lleno de intuiciones, donde las analogías con otros conocimientos científicos aparecen al lado de observaciones y aproximaciones conceptuales nacidas de la clínica intensa y profunda de Ferenczi.

Traza un paralelo entre el acto sexual y el sueño a la vez que el recurso filogenético introduce una interpretación a la cuestión de la fecundación y el acoplamiento.

Es notorio que algunas cuestiones de esta parte del libro referidas al coito sólo son ilustraciones de conceptos todavía en formación; pero otras “créese comprender muchas peculiaridades de la vida sexual que antes nunca había sido posible captar en su concatenación, y el lector se siente enriquecido con sugerencias que prometen conducir a profundísimas perspectivas nuevas”[8].



[1] S. Freud. En memoria de Sándor Ferenczi. 1933.

[2] Sándor Ferenczi.THÁLASSA. Una teoria de la genitalidad. Letra Viva. Buenos Aires. 1983. Pág. 18

[3] Ferenczi cita a Freud en “El YO y el ELLO”: “La expulsión de sustancias sexuales durante el coito corresponde aproximadamente a la separación del soma y del plasma germinativo. Esto explica la similitud entre la satisfacción sexual plena y la muerte, y la coincidencia en los animales inferiores de la cópula con la muerte”.

[4] Hoy podríamos situar distintos desarrollos en relación con lo propuesto por Ferenczi. En esta línea estaría, por ejemplo, el concepto de seducción originaria de J. Laplanche.

[5] Sándor Ferenczi. Sin simpatía no hay curación. El diario clínico de 1932. Amorrortu editores. Buenos Aires. 1997. Pág. 245

[6] Sándor Ferenczi. THÁLASSA. Op. cit. Pág 25.

[7] Ibid., pág. 35.

[8] S. Freud. En memoria de Sándor Ferenczi. Op. cit.



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