Literatura

Sección coordinada por Nicolás Cerruti
Aplicación de conceptos psicoanalíticos en la obra literaria El baile de Iréne Némirovsky
por Tatiana Sol Villar

En el presente escrito se procede a relacionar la visión de algunos autores de la denominada Escuela inglesa con la producción literaria: “El baile” (Iréne Némirovsky, 2009). En este sentido, dicha producción será abordada desde la obra de M. Klein, W. R. Bion y D. Winnicott. Si bien, todos los personajes que componen la obra son muy ricos para analizar desde una perspectiva clínica, he optado por centrarme en solo uno de ellos (Antoinette).
De esta forma, el trabajo se realiza con el objetivo de acercar al lector al universo de una adolescente desde la mirada psicoanalítica, de la Escuela inglesa.

Las cartas de amor
por Analía Hounie

Por qué se han escrito tantas y tantas cartas, aquellas publicadas y también aquellas otras atesoradas en el cofre de los recuerdos secretos? El amor siempre ha estado atormentado por el tema de tiempo y de la finitud. No hay palabra de amor que no se dirija a la eternidad en el anhelo de un “para siempre”, en el voto de una fuerza que desafíe las intermitencias, los vaivenes y los límites de una vida... Cuando recorremos una a una las innumerables cartas de amor advertimos que en ellas están plasmados todos los temas que han desolado a los enamorados. ¿Y el amor hoy? Zygmunt Bauman explora en su famoso libro Amor líquido la extrema fragilidad de los vínculos humanos en la sociedad actual, donde la gente tiene una gran avidez por estrechar lazos pero, al mismo tiempo, desconfía de una relación duradera por el compromiso que implica... La moderna razón líquida ve opresión en los compromisos duraderos, y los vínculos que persisten despiertan la sospecha de una dependencia paralizante. Contra estos tiempos líquidos, las cartas de amor trazan lo que del amor ha sido sólido...

El extranjero: Sobre los Nombres del Padre
por Olga Cuadra

Mersault es un personaje que manifiesta apatía e indiferencia por todo lo que lo rodea, haciéndose de manera más ostensible en la actitud ante la muerte de su madre. El es un oficinista muy tranquilo, con una rutina casi automatizada... Mersault mata, y es procesado. En el tribunal él se siente un extranjero, un intruso, completamente un extraño...
Que el Nombre del Padre esté forcluído no impide la emergencia de una figura paterna que encarne el goce desatado. Por el contrario, la carencia del padre Simbólico tiende a inducir un retorno del padre real, del padre gozador, omnipotente, emparentado con el padre primordial poseedor de todas las mujeres, padre en el mito de “Totem y tabú”. Queda claro cuando el capellán le hace la pregunta al protagonista de la obra de Camus: ¿por qué no me llamas padre?, es bien literal, no hay metáfora y lo agarra del cuello...

Amenazas
por Jorge Kancepolski

1er hecho: Andrés regresa del trabajo, desensilla, se saca la corbata, se lava las manos, prepara mate y al escuchar las llamadas del contestador automático se encuentra con una especie de maldición gitana, una puteada que profiere un viejo con acento gallego. “Se equivocó de número”, piensa.

Fogwill... al leer su muerte
por Matías Buttini

La muerte, siempre al acecho, persigue sin detenerse y se presenta a la vuelta o a veces de frente y angustia cuando el sentido mismo de la vida se pone en suspenso, "en souffrance”, en sufrimiento si evoco la traducción que Lacan da a la carta robada de Edgar Allan Poe. Una carta, entonces, carta-letra (lettre) con su equívoco francés, me envía a la escritura, al escritor, ahora muerto. Su cuerpo, es tan solo, luego de este ¿momento, instante, eternidad? donde uno muere, su cuerpo, repito es el cuerpo literario. Deja de ser uno para pasar a ser otro: cuerpo humano carcomido por el lenguaje, se precipita en este corpus hecho ya tan sólo de palabras, libros y recuerdos... Nos quedará entonces, servirnos de su nombre, Fogwill, no sólo como recuerdo sino como texto vivo, legible y utilizable para la vida misma. Es en este punto donde la angustia, apenas afloja un poco y cede lugar a una nueva sensación: la permanencia de la palabra, más allá del cuerpo en el que un sujeto se sostenía para que su voz produzca un decir

Hablar el amor
por Lucía Beltrán

¿Para qué existen los poetas? El poeta dice, habla en la autenticidad de su deseo y aunque la verdad no pueda ser hablada por el sujeto, éste la puede hacer hablar en su discurso. La enunciación, como acto individual de habla se considera un acto de creación del sujeto y en ella él está presente. Siendo dicho, el discurso poético se presenta como verdad aunque, ya se sabe, sólo sea dicha a medias. Discurso de apariencias con respecto al deseo, la verdad del deseo. El poeta simboliza liberándose de la dimensión imaginaria en la que se arresta, sin escapatoria retorna para producir en la empresa que es el habla; desconociendo lo que él es desde el punto de vista de su deseo, demanda a partir del imaginario en el que se capta… su yo se dirige entonces al otro para que lo reconozca…

Luciérnagas y otras comarcas
por Silvia Schejtman

Hay en San Marcos Sierras
comarcas breves:
son luces intermitentes
para arropar la noche...

Orlando. Del mito andrógino a la feminidad
por Mónica Morales Barrera

Orlando (1928) de Virginia Woolf (1882-1941), desde una lectura psicoanalítica, es una metáfora del Edipo femenino escrita por la pluma literaria de una mujer; es la enigmática manera en que este personaje asume su feminidad después de un largo camino de carear con otros su certeza sexual. Ser hombre o mujer no es un asunto que se deduzca a partir de la anatomía, la asunción de una posición femenina o masculina, tanto para el hombre como para la mujer, implican resignificaciones en las identificaciones edípicas que desembocan en la asunción subjetiva de una identidad sexual. La novela muestra, a mi parecer, el cambio de posición subjetiva que hace que Orlando se asuma finalmente como una mujer.

Dos poesías: "Empezsinada" y "Pleamar"
por Silvia Cossio

Empecinada
Cubierta de mis peces
Pleamar subterránea
Mis ríos en desorden...

El charco en el umbral
por Jorge Kancepolski

La anciana está sentada en el umbral de la sucursal de un banco, sobre la calle Florida.
Es ciega.
Viste pobremente. La inmaculada blancura del yeso que envuelve su pierna derecha contrasta con su aspecto desprolijo y sucio.
Es pordiosera.



Recibí los newsletters de elSigma






Actividades Destacadas

Escuela de Psicoanálisis del Borda

ACTIVIDADES 2017
Leer más
Realizar consulta