Literatura

Sección coordinada por Nicolás Cerruti
Fogwill... al leer su muerte
por Matías Buttini

La muerte, siempre al acecho, persigue sin detenerse y se presenta a la vuelta o a veces de frente y angustia cuando el sentido mismo de la vida se pone en suspenso, "en souffrance”, en sufrimiento si evoco la traducción que Lacan da a la carta robada de Edgar Allan Poe. Una carta, entonces, carta-letra (lettre) con su equívoco francés, me envía a la escritura, al escritor, ahora muerto. Su cuerpo, es tan solo, luego de este ¿momento, instante, eternidad? donde uno muere, su cuerpo, repito es el cuerpo literario. Deja de ser uno para pasar a ser otro: cuerpo humano carcomido por el lenguaje, se precipita en este corpus hecho ya tan sólo de palabras, libros y recuerdos... Nos quedará entonces, servirnos de su nombre, Fogwill, no sólo como recuerdo sino como texto vivo, legible y utilizable para la vida misma. Es en este punto donde la angustia, apenas afloja un poco y cede lugar a una nueva sensación: la permanencia de la palabra, más allá del cuerpo en el que un sujeto se sostenía para que su voz produzca un decir

Hablar el amor
por Lucía Beltrán

¿Para qué existen los poetas? El poeta dice, habla en la autenticidad de su deseo y aunque la verdad no pueda ser hablada por el sujeto, éste la puede hacer hablar en su discurso. La enunciación, como acto individual de habla se considera un acto de creación del sujeto y en ella él está presente. Siendo dicho, el discurso poético se presenta como verdad aunque, ya se sabe, sólo sea dicha a medias. Discurso de apariencias con respecto al deseo, la verdad del deseo. El poeta simboliza liberándose de la dimensión imaginaria en la que se arresta, sin escapatoria retorna para producir en la empresa que es el habla; desconociendo lo que él es desde el punto de vista de su deseo, demanda a partir del imaginario en el que se capta… su yo se dirige entonces al otro para que lo reconozca…

Luciérnagas y otras comarcas
por Silvia Schejtman

Hay en San Marcos Sierras
comarcas breves:
son luces intermitentes
para arropar la noche...

Orlando. Del mito andrógino a la feminidad
por Mónica Morales Barrera

Orlando (1928) de Virginia Woolf (1882-1941), desde una lectura psicoanalítica, es una metáfora del Edipo femenino escrita por la pluma literaria de una mujer; es la enigmática manera en que este personaje asume su feminidad después de un largo camino de carear con otros su certeza sexual. Ser hombre o mujer no es un asunto que se deduzca a partir de la anatomía, la asunción de una posición femenina o masculina, tanto para el hombre como para la mujer, implican resignificaciones en las identificaciones edípicas que desembocan en la asunción subjetiva de una identidad sexual. La novela muestra, a mi parecer, el cambio de posición subjetiva que hace que Orlando se asuma finalmente como una mujer.

Dos poesías: "Empezsinada" y "Pleamar"
por Silvia Cossio

Empecinada
Cubierta de mis peces
Pleamar subterránea
Mis ríos en desorden...

El charco en el umbral
por Jorge Kancepolski

La anciana está sentada en el umbral de la sucursal de un banco, sobre la calle Florida.
Es ciega.
Viste pobremente. La inmaculada blancura del yeso que envuelve su pierna derecha contrasta con su aspecto desprolijo y sucio.
Es pordiosera.

Madres, hijas, amantes: mujeres. (Un recorrido por las figuras femeninas en cuentos de Patricia Suárez)
por María Lalanne

María Lalanne analiza la construcción que la subjetividad femenina hace de sí misma en tres cuentos de Patricia Suarez. La construcción y la destrucción de la identidad femenina en las relaciones intersubjetivas entre madres e hijas, pero también en relación con el Otro masculino, ya sea amante, padre o esposo.

Literatura e historia, ficción o mentira en "Tema del traidor y del héroe", de Borges
por Augusto Olivella

Voy a comenzar mi análisis del cuento de Borges titulado “Tema del traidor y del héroe”, no con una pregunta sino con una afirmación: este es el cuento de un potencial cuento; o mejor dicho, es el cuento que narra el argumento de un cuento aun no escrito, y que se escriba tal vez.

El relámpago. Psicoanálisis, poesía y enunciación
por Lionel F. Klimkiewicz

Lacan hace referencia a F. Cheng mediante una carta la clase del 19 de abril de 1977 en donde dijo:"Si ustedes son psicoanalistas verán que es el forzamiento por donde un psicoanalista puede hacer sonar otra cosa que el sentido. El sentido, es lo que resuena con la ayuda del significante. Pero lo que resuena, eso no llega lejos, es más bien flojo. El sentido, eso tapona. Pero con la ayuda de lo que se llama la escritura poética, ustedes pueden tener la dimensión de lo que podría ser la interpretación analítica". Este trabajo pretende, entre otras cosas, ofrecer una referencia (¿apócrifa?) que sea una llave para acercarse a lo que plantea Lacan cuando nos habla de “interpretación poética”.El psicoanálisis como praxis implica un novedoso modo de habitar el lenguaje. Si se requiere que el analista en la dirección de la cura se inspire en algo del orden de la poesía, es porque en su horizonte tiene que, como dice E. Laurent, “hacer del sujeto el vacío del Haiku de su enunciación”. Porque la poesía que no adormece sólo es aquella que es efecto de un despertar.

De cuerpos sutiles
por Jorge Kancepolski

En el ventanal de la A.N.Se.S. de Paseo Colón y Moreno fijó su residencia durante varios años un linyera muy particular. No era pordiosero, jamás se lo vio pedir nada a los transeúntes. Ni siquiera cigarrillos. Rara vez les dirigía la palabra si no los conocía.
Diariamente acomodaba con prolijidad sus pertenencias en el umbral, sin molestar el acceso: un colchón de goma espuma que doblaba al medio y ataba cada mañana, una pila de diarios, dos mantas, un enorme y colorido bolso deportivo de lona sintética, una bolsa de arpillera llena de trastos, una escoba, un bidón de ocho litros y un equipo de mate.



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