Literatura

Sección coordinada por Nicolás Cerruti
Günter Grass y Gran Hermano
por Sergio Zabalza

Luego de que Günter Grass publicara su autobiografía titulada Pelando la cebolla ,una andanada de críticas se abalanzó sobre el Nobel de Literatura por su demorada confesión respecto a los tres meses que revistó como miembro de las SS.

Caldero y sombrero
por César Hazaki

En la gran urbe es necesario tener estrategias para todo. En especial los sábados por la noche para tratar de garantizar la diversión, se espera mucho y, la mayoría de las veces, se logra poco. Para el hombre que viene pensando en las alternativas de la velada que comienza es importante saber en qué bar de la Avenida Corrientes es conveniente esperar, tomando un café, la hora de comienzo de la obra de teatro elegida: ¿La Opera? ¿La Giralda? ¿La Paz?

Una voz para los sin voz
por Patricia Yohai

En ese barrio de Buenos Aires, tierra de corralones, de gitanos aggiornados y de casas bajas con perros aulladores en las terrazas, en esa zona, en Juan B.Justo y Nazca, para ser más precisa, se encontraba aquel antiguo galpón hoy convertido en la parrilla Natalia. Casi todas las mesas vacías, con sus mantelitos de hule floreado, los vasos baratos puestos boca abajo, permanecían silenciosas, a la espera de clientes.

Más, una vez
por Mónica Pia

Ahora que,
síntoma mío,
vuelves a nacer en mí,
y yo a morir en ti,
mordisqueando el brillo
a la mirada
y a la risa roja
amputándole
los labios.

Abolengos
por Norma Gentili

De un ropero con luna
de entre las sedas negras del permanente luto
los olores
(aquellos rancios olores de las gentes
que Arlt abominaba en las señoras)
buscando los rincones de los cuartos murmuran santamente
cubren los atardeceres de rosario
cada cuenta resigna una memoria
cuando el crepúsculo se instala
en los claroscuros de la parra
como en transilvania
desde el campanario
los nombres de los muertos
declinan su santidad en nuestra espalda.

Una voz para los sin voz
por Patricia Yohai

En ese barrio de Buenos Aires, tierra de corralones, de gitanos aggiornados y de casas bajas con perros aulladores en las terrazas, en esa zona, en Juan B.Justo y Nazca, para ser más precisa, se encontraba aquel antiguo galpón hoy convertido en la parrilla Natalia. Casi todas las mesas vacías, con sus mantelitos de hule floreado, los vasos baratos puestos boca abajo, permanecían silenciosas, a la espera de clientes.

El orden natural de los planetas
por Norma Gentili

Cuando las naranjas azules de Bradbury habitan soles de acero
cuando un saxo desespera la búsqueda de la Maga para que
bebe Rocamadur deje de llorar,
cuando Alejandra es todas las muchachas que tuvimos veinte años
bajo la lluvia del parque Lezama
cuando el principito vuelve de su asteroide y es esencial regalar
una rosa,
cuando el adaggio de Albinoni llora entre
nosotros ese poco de vino,
cuando los tigres, los espejos y los cuchilleros son la eternidad
de Borges.

Del silencio
por Norma Gentili

Es después de un resplandor feroz
que llega el trueno
y el horror es en los ojos del lobo
desencadenado por la luna
(preludios de un concierto wagneriano
que atormentara una noche sin escalas)...

Las alucinaciones
por Luis Frontera

(Está lloviendo tanto en mi ventana que debe andar muy cerca la ternura. Los demás se marcharon apretándose contra la soledad de mi memoria y el inefable llanto de los huesos.

Ni siquiera distingo en esta tarde, si aquello es un gorrión, o una tristeza, bajo las dulces ramas del otoño.

Después de un golpe eléctrico en la frente siempre vengo a esta nube de las almas.)

Judíos caminantes
por Martha Aruguete de Pérez

Los judíos han sido y tal vez aún sean -esto ya no lo sé, puede que no resulte así en la actualidad- un pueblo de caminantes, no un pueblo de nómades sino uno constituido por personajes que encontraron motivos, reales o imaginarios -por persecuciones o por beneficios a descubrir-, para partir hacia diversos lugares, de los que también han partido en algún momento. Cuando hace tres mil años decidieron irse de Egipto con Moisés a la cabeza, tardaron cuarenta años en recorrer un desierto que es posible atravesarlo en diez horas, según contaba mi padre.



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