Literatura

Sección coordinada por Nicolás Cerruti
Cuando el año nuevo no vino
por Teodoro Pablo Lecman

Todos estábamos esperando el Año Nuevo. Las horas debían deslizarse con esa única premeditación, la que nos llevaría a despojarnos del año viejo y tomar el nuevo.
Mirábamos los relojes con ansiedad. Las familias se habían reunido para eso, los amigos. Comer era importante, y chupar. Pero lo que más nos estábamos comiendo era el año viejo, sus esperanzas, la desesperanza, sus ya añejas historias, sus inútiles promesas.

Apuntes para una clìnica de la escritura
por Carlos D. Pérez

Quien escribe aludiendo algo acontecido, minutos antes o años atrás, construye en ese momento una escena; puede creer, por ejemplo, que confía al papel un sueño de la noche anterior, cuando en verdad teje y desteje una escena irrepetible.
Este artículo es un intento de desplegar, a modo de apuntes, algunas circunstancias relativas a esta situación dilemática.

DE LA TRAGEDIA A LA PARODIA
por Enrique Acuña

De la tragedia a la parodia
por Enrique Acuña

Tanto la literatura como el psicoanálisis aman el lenguaje. Tanto una como otro, desplazan la verdad de la vida trágica a otra dimensión donde la palabra crea ficciones. Veremos entonces cómo -dice Jacques Lacan- “la práctica de la letra converge con el uso del inconsciente”, de modo que el artista lleva la delantera, le gana de mano al saber analítico. Esa convergencia de la letra con el inconsciente, esa satisfacción es diferente en cada autor, cuento por cuento, poema por poema, de manera singular. En los dos autores que cometamos, Ezequiel Martínez Estrada y Leónidas Lamborghini, hay creaciones que son vidas irreales pero verosímiles y en su trama se observa este pasaje del testimonio trágico a la ficción paródica.

Naturaleza de Narciso
por Carlos D. Pérez

Mito o leyenda, la historia de Narciso ha ocupado, en la antigüedad, a Ovidio, Pausanias, Conon, Plinio. La versión que ofrezco se inspira en estos autores para posibilitar, entre la ofuscada captura del espejo y sus funestas consecuencias, alguna puntualización. Tal vez mínima, deja entrever lo ominoso como contracara –la figura no es inocente- del arrobamiento en el amor desfasado de sí mismo.

Boquitas sangrientas, condesa pintada
por Esther Cross

Cuando yo tenía siete años, la luna estaba exenta de astronautas, Pizarnik había publicado La condesa sangrienta, el mundo se hamacaba al compás de la Guerra Fría, mis padres comentaban el Mayo Francés, Puig escribía Boquitas pintadas y mi abuela me pasó un libro: los Cuentos de Perrault, en edición antigua de los hermanos Garnier. Ese libro sigue en mi biblioteca como un recordatorio. Cuando me cuestiono por qué escribo ahí está la respuesta, en el cuento “Barbazul”, en una ilustración que me inició como lectora y que define en mí qué es escribir, qué es leer.

Darse cuenta
por Carlos D. Pérez

Estoy en mi cuarto de trabajo enfrascado en la redacción de un artículo que me solicitara una revista, cuando comienzan a llegarme voces de la habitación contigua, me detengo a escuchar y percibo que es una conversación banal. En un momento, la voz de una mujer pregunta por mí, un hombre responde que duermo

Hablar de sí, Masotta y Murena
por Horacio González

Rindámonos por un instante al encanto de las similitudes. Por el mismo tiempo en que Masotta publicaba Sexo y traición en Roberto Arlt, Héctor Murena escribía sobre Arlt. Al libro de Masotta le seguían unas extrañas confesiones, tituladas Roberto Arlt, yo mismo, que componían el discurso de presentación de su libro. Todo esto ocurre en torno al año 1963. En este escrito, se siguen las líneas de los estilos confesionales, en los que su autor deja en conocimiento público algunos hechos que, pudiendo ser impúdicos o delicados, ponen a prueba a la literatura a fin de que sea en ella que se justifique lo que de otra manera parecería oscuro o peligroso. Murena, “en cambio” y ya al decir “en cambio” estamos desviando un poco el camino de la similitud -porque el mismo punto nos lleva hacia rumbos diferentes_ Murena, “en cambio” reflexiona en torno al carácter “santo y profético” de la literatura de Arlt.

Al límite
por Alberto Farji

Era jueves, doce y media del mediodía, último día del mes de abril. Salí de mi trabajo y caminé por la calle Malabia. Al cruzar Aguirre rumbo a la avenida Córdoba y sin darme tiempo a reaccionar, un hombre joven, ciertamente un chico de no más de dieciséis años, me birló la billetera, que para desgracia del malviviente sólo contenía la totalidad del sueldo del mes.
Me dirigí a la Comisaría 25ª dispuesto a efectuar la denuncia. Allí me informaron que había sido asaltado justo en el límite entre la jurisdicción de las comisarías 25ª y 27ª.

Fuera de serie
por Liliana Heer

Tomaré como eje de mi trabajo una investigación realizada por Diamela Eltit y Paz Errazuriz en el Hospital Psiquiátrico Philippe Pinel, anteriormente asilo de tuberculosos situado en Putaendo a 200 kilómetros de Santiago de Chile. El infarto del alma es una intervención poética-visual y política que contempla la psicosis en su potencia testimonial. La erotomanía como un sí, rasgo de rebelión y abrigo; el amor como signo que persiste y caracteriza a esa comunidad de internados. Cuerpos “siameses” encarnan la ilusión de un porvenir sin límite, trágica parodia de la muerte del romanticismo, pliegues que operan de mampara al ex nihilo. Nexos entre ficción y psicosis.



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