Columnas

Del Yo líquido al Yo creador

La desconfianza e incertidumbre son las variables que tiñen nuestra vida cotiadiana. El miedo que se hizo carne en los lazos sociales: violencia, secuestros, asesinatos, terrorismo, son nombres protagónicos de una sociedad convulsionada donde la declinación de la autoridad, efectiviza un imperio construido en el capricho, sin principios ni ley. Sin reflexión ni sensatez. Lo familiar metamorfoseado en ominoso, extraño, siniestro. La humillación de la carencia, lo ilimitado de la precariedad, la suficiencia del egoísmo de algunos pocos, construyen al Yo actual. Propongo la denominación de Yo líquido, parafraseando a los conceptos de “modernidad líquida” del sociólogo polaco Zygmunt Bauman.

08-08-2007 - Por Carlos Gustavo Motta

Del yo al yo líquido

- Íbamos yo y Manolo...
- No, no se dice así. Se dice: ¡íbamos Manolo y yo!
- OK, listo, yo no iba.

Yo quiero. Yo puedo. Yo prometo. Yo hago.
Yo no cumplo, ni quiero, ni puedo, ni hago.
Maneras discursivas para hacer uso de un pronombre singular. Ambivalencias del Yo. Reino de lo imaginario, sede de la imposibilidad, rechazo de lo intolerable en la mayoría de los casos y en otros, proyección de la mortificación en el exterior. Desplazamiento que conduce, tarde o temprano, a la locura.
El Yo se consolida cuando a su lado se le suman identificaciones, ideales, explicaciones posibles que provocan como respuesta un fuerte amor a sí mismo o la posibilidad de amar, no sin antes pasar por la desilusión.
El Yo reina o no, puesto que no está sólo en su conformación psíquica.
Muchos filósofos han entendido al Yo de varias formas: Fichte como un Yo empírico; Kant como un Yo trascendental; Dilthey un Yo ficción; Husserl en un Yo que puede quedar por “fuera” y otro por “dentro; Ortega y Gasset como un Existente, un quien que no excluye la posibilidad de un pensamiento construido por su propia realidad. Lacan hacía referencia a ellos cuando señalaba la concepción preanalítica del yo.
Para el psicoanalista francés, Freud provoca una revolución copernicana que lo expresa muy bien Rimbaud: Je est un autre (el yo es otro).
Un sujeto no es un individuo. El Yo no es sólo la conciencia La perspectiva radica en esta cuestión, pero el mundo cambia y el lugar del Yo está puesto en cuestión por el aturdimiento del presente.
Somos testigos privilegiados de la finalización de un siglo y el comienzo de otro: desconfianza e incertidumbre son las variables que tiñen nuestra vida cotiadiana.
El derrumbe del 11-S dio paso al miedo que se hizo carne en los lazos sociales: violencia, secuestros, asesinatos, terrorismo son nombres protagónicos de una sociedad convulsionada donde la declinación de la autoridad, efectiviza un imperio construido en el capricho, sin principios ni ley.
Sin reflexión ni sensatez. Lo familiar metamorfoseado en ominoso, extraño, siniestro. 
La humillación de la carencia, lo ilimitado de la precariedad, la suficiencia del egoísmo de algunos pocos, construyen al Yo actual, denominado por mí como Yo líquido, parafraseando a los conceptos de “modernidad líquida” del sociólogo polaco Zygmunt Bauman.

Del Yo líquido al Yo creador

“Si tuviera que escribir un libro para comunicar lo que pienso antes de comenzarlo a escribir, nunca hubiera tenido el coraje de iniciarlo. Si por algo lo escribo es porque no sé todavía que pensar exactamente de aquello que tanto querría pensar [...] Soy un experimentador, en el sentido en que escribo para cambiarme a mí mismo y para no seguir pensando lo mismo que antes.”
El sujeto y el poder; Michel Foucault. 1978 

El Arte es una disposición y una habilidad para hacer algo con la mirada.
Termina transformándose en un acto por el cual un sujeto, valiéndose de elementos materiales, visibles, expresa o imita o copia lo material o lo invisible.
Tal la definición clásica del arte.
La Arquitectura, la Escultura, la Pintura, la Literatura, la Poesía, la Música, el Teatro, el Cine, muchas son las expresiones del arte disponibles y que se incluyen en el campo de lo estético.
¿Por qué una obra, una expresión, termina configurándose en una obra de arte?
Es el enigma del Nombre Propio que hace marca y rasgo en cada persona, en cada naturaleza humana, en cada sujeto. Una armonía personal, un saber-hacer con lo que cada uno porta y connota. Tal es la maravilla de quien transita una vida.
Un artista está dotado de una gran fantasía creadora y de profundos conocimientos de la vida que le posibilitan un elevado desarrollo espiritual, por medio de los que logra una entrega íntegra al objeto que le interesa.
Una creación de arte, una escultura, una pintura, un texto, un poema, un acorde musical, un film u otra expresión, es un relato subjetivo, una ficción propia de la naturaleza humana.
Un autor, que quizás deje de ser anónimo, relata un fragmento de su historia en la representación elegida.
Su mundo de representaciones resultará enigmático para un semejante, puesto que la dificultad se encuentra en la diferencia que una representación singular provoca.
La representación singular es la expresión de una diferencia que se dirige a un otro.
Una respuesta al vacío, a lo invisible, a lo que a nadie antes se le ocurrió, a la alegría, al horror.  Es, fundamentalmente, la modalidad, la característica, lo que llamamos creación artística, es decir, la transfiguración de un lugar común.
Un lugar inventado, nuevo.

El Yo con el otro: El arte avanza y genera mundo

La obra de un artista merece ser tenida en cuenta, porque en ella se ha invertido un tiempo de construcción, que es único en cada uno de nosotros. Un tiempo que se desplaza al respeto de la contemplación del otro, y no, para que éste encuentre fallas, defectos, errores, falta de técnica, etc., o sólo virtudes.
La Representación-arte es, entonces, una clara muestra de la presencia de la mirada.
¿De qué modo, el Yo líquido aquí esbozado precedentemente, inicia el camino al Yo creador?
El arte produce impresiones y expresiones que inciden en la sensibilidad y permiten la afluencia del deseo: eso que es tan íntimo en cada uno de nosotros, y que nos aleja de lo inquietante, de lo siniestro, o al menos, provoca un intento de mantener a distancia el horror de aquello que nos resulta difícil comunicar.
La mayoría de las personas denomina a este proceso, angustia.
El poder de síntesis que está en función de la siguiente argumentación, se desplaza a una obra de arte considerada como el relato de un fragmento de historia subjetiva, que puede responder o no, a la tendencia de un pensamiento de la época. 
Una obra de arte es un enigma, análogo al que la Esfinge le plantea a Edipo y que para él constituye el primer paso en la búsqueda progresiva y mortificante de una verdad.
También, el Arte es la salida del Horror Fundante de cada uno.
Inicio que parte desde la expresión de lo Estético para alcanzar así, a una experiencia posible del Arte.
El efecto propuesto, será la conformación de la representación-arte a lo largo de un proceso creativo y, como tal, exigirá una construcción que en el origen está el otro para luego constituirse en un estilo propio.

 








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Ateneo Agosto: Sábado 21/08 11:30 hs
Presenta: Lic. Jorge Marincioni: “NEUROSIS DE DESTINO. Cuando el destino determina...."
   
 
 
   
 
 
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