-En la Editorial del 9 de setiembre de 2007, publicada en su blog El psicoanalista lector señala: “Cuando dejé definitivamente de leer a Lacan en español (básicamente, porque caí preso de una total desconfianza de las versiones vernáculas), cada lectura arrojaba una traducción”. ¿Qué diferencias significativas ha encontrado en relación a las presentaciones más corrientes?
-Quisiera en primer lugar hacer una aclaración. Este fenómeno de desconfianza de ciertas versiones españolas es algo que vale sólo para mí. A mí no me convencen en general los modos de enfrentar las traducciones de Lacan que han elegido los psicoanalistas −aunque quizás sea justo excluir de esa generalización, el trabajo de Ricardo Rodríguez Ponte, e incluir el de Tomás Segovia junto a los habituales traductores del seminario “oficial” de Lacan−. Muchas veces me pasó que no comprendí un párrafo en la versión española y todo se aclaró al leerlo en su lengua original. Lacan tiene una construcción gramatical muy forzada en francés. Recuerdo las caras de mi profesora de francés cuando comenzamos a leer a Lacan. Ella afirmaba con frecuencia que “Lacan no hablaba ni escribía en francés”. Vuelvo al punto. Decía que esa desconfianza valía sólo para mí, porque no ando por allí promulgando a los cuatro vientos que debe abandonarse a Lacan en español. Conozco gente muy estudiosa que ha accedido a Lacan en nuestra lengua y ha obtenido excelentes resultados. De hecho, muy pocos, poquísimos, psicoanalistas saben alemán –yo no manejo esa lengua, por ejemplo– e igualmente nos hemos formado en la obra de Freud. Es cierto que la historia de las traducciones de Freud son un capítulo de la historia del psicoanálisis pero, más allá de favoritismos, está claro que las traducciones de Rosenthal primero y, la definitiva de José Luis Etcheverry para Amorrortu tienen una excelencia que yo desearía se transfiriera a las traducciones de la obra de Lacan. Ahora bien, mi idea es que cada lectura arroja una traducción. O sea: yo me siento a leer un texto de Lacan en francés e, inevitablemente, me encuentro con la tarea de alcanzar algún sentido con lo que leo. Utilizo para ello ciertas herramientas bibliográficas que considero esenciales −de las que he ofrecido un listado en mi columna de la revista Imago-Agenda− y, obviamente, el diccionario Grand Robert. Diría que la traducción no es un producto de la lectura, sino su resto. Luego del esfuerzo que supone semejante trabajo (trabajo que todos han padecido, al menos, una vez) “queda” un texto traducido. Es por ello que como prólogo a las traducciones que hice y se han publicado (en medios electrónicos, por supuesto, debido a las restricciones legales vigentes... ), siempre dejé en claro que no soy traductor, sino un psicoanalista que se ve obligado a leer a Lacan y que, para alcanzar su objetivo, es capaz de casi cualquier cosa, como −por ejemplo− leerlo directamente en francés aunque apenas maneje ese idioma. No sé si es una presentación muy corriente, pero estoy seguro que es una presentación que está apoyada en una necesidad fuerte: yo “necesito” alcanzar ciertas ideas de Lacan, porque esas ideas sostienen argumentos clínicos que son fundamentales en el trabajo que intento llevar adelante. Entonces, no leo por curiosidad intelectual, ni por un afán filosófico cualquiera, leo para −como decía Lacan− “reinventar el psicoanálisis” en ese punto de encuentro con el sufrimiento que es la sesión analítica. Mis intereses parecen tener dos caras, pero se articulan al estilo de una banda de Moebius: en la continuidad de una sola cara, conviven la investigación y la clínica. Así fue que abordar los problemas de la traducción del término sujet me permitió terminar de comprender la imposibilidad de la asociación del sujeto con una persona, me empujó a intentar trabajar en mi clínica con la idea del sujeto bidimensional. Pensaba siempre: ¡qué traductores vagos! Cada vez que ven en el texto francés el término sujet, lo traducen transparentemente por ‘sujeto’, fingiendo ignorar que en cada lengua el mercado lingüístico les asigna diversos valores y que, mientras en francés sujet denota “asunto”, en español “sujeto” es una persona innominada de carne y hueso. ¿Tamaña diferencia, no? También, la aparentemente poco importante traducción del significante les parents –que siempre fue traducido como “los padres”, pero que también admite ser traducido como “los parientes”– me llevó a cuestionar el precepto sanguíneo a favor de la lógica simbólica del parentesco y, así fue que propuse que el célebre dispositivo de “presencia de padres” en la clínica con niños, debía aceptar una rectificación en términos de “presencia de padres y parientes”, para poder cumplir con las exigencias de flexibilidad técnica que el análisis con niños nos presenta a diario, y también con los nuevos modos de presentación de la familia típicos en nuestros días.
-¿Cuál es su consideración respecto de las desgrabaciones de los seminarios de Lacan?
-Ah... pero antes de las desgrabaciones, tenemos las estenografías. Hay que tener en cuenta lo siguiente: Lacan pronunciaba el seminario –incluyendo una gran cantidad de neologismos y construcciones significantes basadas en la anfibología de la lengua– y una secretaria, que no era psicoanalista, estenografiaba lo que ella escuchaba o entendía: primer nivel de equívoco. Luego otra secretaria mecanografiaba la estenografía, en lo que podría considerarse el segundo nivel de equívocos. Obviamente, no existe un “original” de los seminarios y no fue sino hasta muy avanzado el proyecto del dictado de seminarios que Lacan aceptó considerar su publicación. Tenemos los audios de los seminarios más tardíos y existen ciertos grupos de analistas que han iniciado proyectos de comparación de las estenografías con dichos audios, con resultados muy escuetos y poco difundidos aún como para poder hacer evaluaciones serias. El problema se agranda si consideramos las traducciones porque ¿qué estamos traduciendo? Mi consideración general es que se trata de una especie de “teléfono descompuesto”. Ahora bien, todo este fenómeno permanece muy oculto cuando aparecen las versiones “oficiales” del seminario en Seuil o en Paidós. Ciertos analistas creen “garantizadas” a las palabras incluidas en tales ediciones. Otros, directamente les deniegan toda seriedad y llegan incluso a afirmar que el texto corresponde a quien lo ha establecido. Ambos extremos son malos. Los jóvenes analistas y los universitarios, desconocen casi totalmente esta historia y creen que Lacan tiene una obra como la de Freud, de la que pueden disponer fácilmente. Personalmente trabajo con todo lo disponible. Hoy en día las mecanografías de las estenografías están disponibles en forma gratuita en Internet en la página de la École Lacanienne de Psychanalyse. Esto es un gran avance. También el responsable de la edición del Seminario ha anunciado su plan editorial 2007-2010, en el que dará por terminada la tarea, lo que también resulta necesario. Entonces, para ir cerrando el tema, pienso que abordar el estudio de los textos lacanianos es todo un desafío que no puede reducirse a posiciones extremas. Quienes nos sumergimos en estas cuestiones somos, aparte de psicoanalistas-lectores, psicoanalistas-filólogos. Mi política es la de no retroceder tampoco ante todo esto, todo esto existe y tenemos que hacerle frente con cierta conciencia de la situación. -¿El orden del establecimiento y publicación de los mismos produce efectos en el corpus de la obra lacaniana? ¿A qué obedece?
-Hace poco, con ocasión de la aparición de la versión francesa del Seminario XVI, escribí algo así como que cada vez que aparecía un nuevo seminario se producía un extraño fenómeno: uno corría a procurárselo como si se tratara de un nuevo texto, pero la realidad es que ya lo habíamos leído hace tiempo en alguna versión no-oficial o –como suele decirse– “pirata”. Lo mismo me pasó cuando apareció hace un mes el Seminario XVIII. En esta ocasión tuve la desgracia de que el envío francés quedó detenido en la aduana argentina y tuve que hacer el trámite para “rescatarlo”. Mientras esperaba en las dependencias del Correo, pensaba... ¿tanto me interesa este libro como para soportar este trámite? Lo había leído varias veces y hasta tenía un ejemplar encuadernado bastante bueno de una versión española. Sin embargo, uno celebra la aparición de estos libros, más allá de la polémica que entrañan. Para los de mi generación, no tienen contenidos novedosos, pero son un elemento más de comparación. Ahora bien, su pregunta es más específica y voy a responder específicamente. Creo firmemente que el enorme desarrollo de la teoría del goce que impera hoy día en el lacanismo argentino y sus derivaciones en la lógica de la biología lacaniana, se verían severamente comprometidas si apareciera el Seminario IX, titulado “La Identificación”. Hay un abandono militante de la topología de superficies de Lacan la que, sin duda, produciría serios problemas en su articulación con el cuerpo biológico. Ese seminario en particular es uno de los más anti-intuitivos de todos los que Lacan pronunciara –digo “pronunciara”, porque no está muy claro que en “Topología y tiempo” hubiera hablado mucho. Y ante una teoría del goce tan intuitiva como la que se despliega hoy en día, tan kleiniana incluso, la bidimensionalidad del cross-cap produciría un choque grande que no podría ser resuelto con la ingenuidad de la “evolución del pensamiento de Lacan”. Hoy que cuando un paciente pide una segunda sesión semanal se habla de un “aumento de transferencia” o que cuando alguien falta a una sesión se habla de “transferencia negativa”, hoy que la transferencia está asimilada a la “buena o mala onda” que un paciente tenga con su terapeuta, ¿cómo interpretar esa relación especial que produce un objeto acósmico y que Lacan introduce a partir de la costura de dos bandas de Moebius de semitorsiones opuestas y autoatravesadas por su línea media? Si hoy apareciera el Seminario XII, titulado “Los problemas cruciales para el psicoanálisis o el ser del sujeto”, habría que esforzarse por meter a la transferencia en una botella de Klein. Es curioso porque estos seminarios están, circulan, los hemos leído, los estamos leyendo, pero el efecto de la aparición de uno nuevo pone los problemas allí trabajados en primer plano. Y los psicoanalistas cultores de los seminarios-garantizados son demasiado sofisticados como para afirmar que el pensamiento de Lacan evolucionó, por lo que proponen la teoría de la resignificación, olvidando que el significante también es anticipación y que mucho de lo último podría esclarecerse con algo del principio. -¿Ha hallado en las traducciones variantes características que se repitan de acuerdo a la pertenencia institucional del traductor?
-La verdad es que no he llegado tan lejos. En lo referente a las traducciones, la versión española de Paidós traduce a la versión oficial de Seuil, carece de aparato crítico –el mismo Jacques-Alain Miller ha declarado que lo rechaza por tratarse de un recurso universitario–. Casi no tiene notas, sólo lo mínimo indispensable si acaso apareciera un neologismo intraducible. Recién desde el Seminario X comenzaron a aparecer los apéndices con índices onomásticos, o alguna ilustración, algún texto de Miller para ubicar históricamente las sesiones del seminario, pero nada más. Es realmente muy pobre. Las traducciones de Ricardo Rodríguez Ponte son sin lugar a dudas las más cuidadosas de las realizadas en nuestro país. No tengo más que palabras de elogio para su trabajo. Sus traducciones están muy anotadas y contemplan variantes textuales porque Ricardo utiliza siempre como fuente todas las versiones francesas disponibles. Por lo tanto, la riqueza es notable. Donde más se destaca la pertenencia institucional a la hora de establecer versiones es en Francia. Allí sí hay serias divergencias según la pertenencia institucional de los analistas que hayan emprendido el proceso de generar una versión. Pero estamos hablando ahora de nuestras traducciones. Insisto: no he llegado tan lejos como para comparar los criterios de traducción en función de la pertenencia institucional. No tendría por qué hacerlo puesto que no persigo fines políticos en mi trabajo, sino esclarecer cuestiones vinculadas a la clínica.
-¿Cuál es su posición acerca de la relación entre el psicoanálisis y las políticas editoriales?
-Creo que las editoriales subestiman a los libros de psicoanálisis. Por lo general son libros pobres, con ilustraciones de baja calidad, sin aparato crítico. Es común encontrar una cita cuya nota al pie indique: “Jacques Lacan, seminario de la angustia”. ¿En qué clase, en qué edición, en qué página? Yo necesito esos datos. En otros casos, es difícil saber si el texto corresponde al autor o es una cita. Es realmente una lástima publicar libros así. En general, no se siguen las pautas para establecer bibliografías y los libros no tienen editores. Es increíble la cantidad de libros de psicoanálisis que se publican por año en nuestro país en tales condiciones. Hace ya un tiempo que con la gente de Letra Viva hemos comenzado a pensar en cómo aportar algo a esta situación que contribuya a mejorar las condiciones de publicación. En el año 2000 tuve la idea de funcionar como “editor crítico” de un libro de psicoanálisis: establecí el texto que surgió de un curso, me ocupé de los dibujos, traduje las citas y escribí notas al pie para iluminar ciertos aspectos de una disciplina que era dificultosa. Creo que el resultado fue muy bueno y está al alcance de todos. Desde entonces, he realizado esta tarea en numerosos proyectos que publicó Letra Viva y, de a poco, me encuentro con libros que están publicados como a mí me gustaría que lo estuvieran todos. Trabajar con los autores es una tarea de la que se desprende un aprendizaje mutuo, y los libros ganan en claridad. Ojalá podamos seguir adelante con este estilo de trabajo y contagiar el entusiasmo a otras editoriales. También hace falta que los autores presionen para que estas cosas se hagan bien, que no se apuren tanto a publicar, que trabajen con algún otro que oficie de lector crítico. -El S.s.S (sujeto supuesto al saber) es uno de las conceptos lacanianos centrales en la posibilidad de un psicoanálisis, ¿de qué manera interviene esta figura en el análisis con niños?
-He teorizado algunas cuestiones respecto de este problema en mi último libro Fundamentos de la clínica psicoanalítica lacaniana con niños, puesto que en ese libro, el recorrido va de la interpretación (que he tratado de diferenciar de la “intervención”) a la transferencia. De la lectura de Lacan se desprende la idea que los niños desarrollan una especie de “neurosis de transferencia” espontánea con sus padres o parientes y que la consulta al analista coincide con la explosión, con la ruptura de esta situación. Yo trabajo con la idea de que en el saber que se despliega en el análisis, puede localizarse un asunto, un sujeto. Para eso, uno debe poder realizar la maniobra de, primero, ignorar quién es el que habla. Recuerdo aquí la frase de Beckett con la que Foucault inicia su conferencia acerca de “¿Qué es un autor?” –conferencia en la que Lacan estaba presente–: ¿qué importa quién habla? Todas las personas que intervienen en los casos de clínica con niños aportan algo al texto de dicho asunto, cada uno desde su posición en eso que Lacan llamaba “la constelación familiar”. La clásica idea de que el paciente supone que el psicoanalista “sabe” (mucho o algo) de lo que le pasa, es una idea que no puede aplicarse a los niños en análisis, porque no opera. Quizás sus padres o parientes puedan creer en eso, pero para mí no es importante. Creo que hace falta que todos aporten al texto, ya sea hablando, dibujando, jugando. Y que en ese texto el analista debe suponer la presencia del sujeto, el que surge a partir de sus buenos cortes significantes y, por qué no, de los otros (los cortes de sesión).
-En El sufrimiento de los niños postula a la niñez como un “tiempo de espera para el encuentro (que por estructura será fallido) con el Otro (sexo)” y ubica que “el sufrimiento de los niños” termina con la inscripción de la imposibilidad interna. ¿Cuál es la operatoria que lleva a la inscripción de dicha imposibilidad?
-En primer lugar, debo confesar que ese texto quedó un poco lejos de mis elaboraciones actuales. De hecho, creo que la herramienta que logré poner a funcionar es el título mismo del libro –digo esto basándome en la gran cantidad de analistas que lo utilizan para jugar con los modos de articulación que se producen entre los niños y el goce, o entre los padres (y parientes) y los niños–. Quizás podría intentar resituar el problema, en estos términos: en aquel momento, momento freudiano, mi preocupación giraba en torno a la operatoria del Complejo de Edipo. Buscaba una forma de combatir la lógica imaginaria con la que se lo enseñaba en la universidad. Yo estaba muy dedicado a fines de los años ’90 a la enseñanza universitaria y notaba que había mucha pregnancia del “cuentito” edípico en los estudiantes. A su vez, siendo docente de una materia en la que se intentaban transmitir ciertos postulados teóricos para entender el momento de la niñez, mis intereses psicoanalíticos a menudo chocaban con el programa que debía transmitir. El libro fue un intento por logificar el problema de lo que Freud llamaba la “imposibilidad interna” del Complejo de Edipo de alcanzar el goce sincrónico del falo y el objeto. Tal vez se me fue la mano, pero mi intento fue demostrar lógicamente que el Complejo de Castración nada tenía que ver con alguien amenazando a un niño, sino con cierta lógica que impedía goces simultáneos. Entonces, si tuviera que dar una respuesta más puntual, diría que la operatoria que lleva a la inscripción de esa imposibilidad interna es el Complejo de Castración, pero entendido como una lógica propia de la articulación de los términos (falo y objeto) del Complejo de Edipo. El libro llegó hasta allí, pero nunca supe a ciencia cierta si alguien retomó la idea ya que fue mi sentencia en la universidad: al año siguiente de la publicación del libro, el titular de la materia prefirió prescindir de mis servicios.
-¿Por qué esa inscripción a veces no se produce? En esos casos, ¿qué pasa con “el sufrimiento de los niños”?
-No recuerdo exactamente en qué lugar del libro digo algo así como que habría que ajustar el modelo del sufrimiento de los niños para los casos de niños neuróticos. Seguramente hay toda una línea de investigación a continuar en la psicosis, donde esa imposibilidad no se inscribe y todo se vuelve posible. Si alguna vez tomo coraje, seguramente la iniciaré con un largo comentario del esquema I que Lacan produce para el presidente Schreber en De una cuestión preliminar... Es un esquema algo olvidado, porque plantea el inconveniente de saber si sólo vale para Schreber o resultaría aplicable para otros casos de pacientes psicóticos. No obstante, el modo en que Lacan muestra allí la perturbación en la realidad –digo, en tanto recubre totalmente a los tres registros– ilustra bien, creo, el modo en que ya no hay imposible en dicha estructura. Pero, para ser sincero, debo confesar que esta idea es relativamente nueva y que, a mediados del ’99, cuando publiqué el libro aún no había llegado a esta articulación.
-También en el libro anteriormente citado refiere que en relación a la sexualidad, la coexistencia de dos modos de temporalidad en el niño (nuevas sensaciones placenteras que comienza a experimentar, junto a la imposibilidad de concretar el coito) condicionan una clínica particular. ¿Qué es lo que hace particular a esa clínica?, ¿cuáles son sus características?
-Hoy no utilizaría el término “particular” para calificar a la clínica que intento practicar con niños, porque hay una distancia muy corta entre esa afirmación y decir que es una clínica que exige “especialistas”. Quizás diría más bien que es una clínica que exige cierta prudencia. Ojalá no hubiera escrito esas líneas...
-En sus textos trabaja exhaustivamente el síntoma en los niños en su vertiente más ligada al significante y a lo simbólico, ¿de qué manera piensa lo real? O ¿cómo juega lo real?
-Agradezco el calificativo de “exhaustivo” para el modo en que trabajo ciertas cuestiones en mis textos. Trato de ofrecer la mayor cantidad de argumentos racionales para los problemas que abordo. He sido formado en cierto misticismo psicoanalítico que detesto y, quizás por eso no me cuesta tanto hoy afirmar con frecuencia que “el rey está desnudo”. Si “lo real es lo que encontramos siempre en el mismo lugar”... ¿cómo establecer ese “mismo lugar” sin cierta primacía de lo simbólico? Y si “lo real es lo imposible”, ¿cómo alcanzar esa certeza de imposibilidad sin agotar todas las vertientes simbólicas disponibles, sin realizar la exhaustion significante que nos deje tranquilos de que el resultado es cierto? Desde el seminario Encore el significante es causa de goce, y en Televisión el sujeto del inconsciente embraga sobre el cuerpo. Para mí lo real es central en la clínica con niños, lo encuentro a cada paso en esas cadenas significantes que buscan el goce en la repetición. Yo trabajo muchísimo el problema de lo real en la clínica, pero lo trabajo en una forma que siempre está expuesto para quien quiera seguirlo. Nunca lo dejo en las sombras, oculto por “no sé qué” carácter que no podría alcanzarse sino por medios mágicos. Quizás por eso no se lo reconoce tan fácilmente.
-¿Considera un abordaje posible desde el psicoanálisis lacaniano, en niños que no han accedido al lenguaje?
-No he estudiado el problema en profundidad como para explayarme en la cuestión. Entiendo que no habla usted de los casos de niños autistas, puesto que estos sí han accedido al lenguaje pero no pueden hacer uso de él. Obviamente, los psicoanalistas lacanianos trabajamos con niños autistas, existen novedosos y creativos dispositivos institucionales para ello. Pero para trabajar con niños sin acceso al lenguaje me cuesta mucho imaginarme una posición analítica.
-¿Qué lugar le asigna a los padres en el psicoanálisis con niños, y de qué manera esto se refleja en el encuadre que propone?
-Para mí se trata de un lugar fundamental. Si entendemos al sujeto como un “asunto acerca del que se habla o escribe”, los padres o parientes de un niño forman parte del sujeto tanto como aquel. De ese asunto en cuestión, de ese sujeto hablan todos, aunque cada uno lo hace desde su posición enunciativa. Entonces, como todos forman parte de la misma red, como todos son nodos en esa red, mi táctica de trabajo supone mantener entrevistas con los padres con frecuencia fija –por supuesto que esa frecuencia varía según los casos (soy realista, hace falta ver las condiciones de posibilidad para un funcionamiento así), pero he llegado a trabajar con la misma frecuencia con los niños y sus padres. Uno de los valores agregados de un dispositivo así es que dejamos de llegar siempre tarde. Lo explico un poco: a menudo los padres aparecen en escena cuando hubo algún problema, algún escándalo, cuando ocurrió algo grave. Hago hincapié en que el significante funciona tanto en la retroacción como en la anticipación, y por eso incluir a los padres (y parientes) con frecuencia fija en los tratamientos permite anticipar muchas cosas, permite trabajar acerca de cuestiones que sólo más tarde tendrán incidencia en el caso. Este tipo de táctica de trabajo constituye, a mi entender, un dispositivo. O sea que luego de pensarlo así, la llamada “presencia de padres” deja de ser un real de la clínica psicoanalítica, y pasa a transformarse en cierto dispositivo generado por el analista mismo con un fin preciso. Lacan estableció claramente que el estado de dependencia increíblemente precoz del sujeto humano era mucho más significante que biológico. Es por ello que no me preocupa tanto que quienes participen tengan lazos sanguíneos con los niños –hoy en día, con los diferentes formatos de familia con los que nos encontramos, esto es cada vez más frecuente–. -En Fundamentos de la clínica psicoanalítica lacaniana con niños considera que sin la “reinvención” del psicoanálisis producida por Lacan los niños “hubieran quedado por fuera del campo de aplicación del psicoanálisis freudiano” ¿Qué lugar le asigna a los aportes de Winnicott, Melanie Klein, Piera Aulagnier, Françoise Dolto o Maud Mannoni, por nombrar solo a algunos de los que han trabajado y teorizado al respecto?
-En ese libro he querido ser riguroso, y para ello produje un recorte en el campo teórico que quería abordar. Noto que muy frecuentemente, los analistas que escriben acerca de cuestiones vinculadas a la clínica con niños, incluyen desarrollos de todos los autores que usted ha nombrado, en una especie de melange que no me convence. Mi libro es lacaniano y, podríamos decir, adhiere a la consigna del “retorno a Freud”. Intenté abordar los problemas que allí se desarrollan partiendo de la idea de que en la teoría de Lacan (entendida como “retorno a Freud”), estaban todos los elementos que necesitaba para iluminarlos, para hacerlos racionales y comprender todo su alcance clínico. Creo que, para los analistas de niños, las herramientas como para comenzar a teorizar nuestra clínica están en Lacan. Por lo tanto, y para mantenerme bien ceñido a su pregunta, en mi libro no le asigno ningún lugar a los autores que usted nombra. Es cuestión de método.
En nombre de elSigma le agradezco que nos haya transmitido su saber sobre la publicación, traducción y lectura de los textos de Jacques Lacan. Aspectos abordados en este reportaje que, lejos de pertenecer al anecdotario, nos permiten reflexionar e intentar resquebrajar las sacralizaciones, tan nocivas a la producción de pensamiento y la práctica clínica. Pablo Peusner es Lic. en psicología, psicoanalista. Desde el año 2006 se desempeña como editor para la Editorial Letra Viva. Ha traducido varios libros del francés al castellano. Ha ideado y sostiene el blog titulado "El psicoanalista lector" y la columna del mismo nombre, en la Revista Imago-Agenda. Autor de: El sufrimiento de los niños, JVE ediciones (1999) y Fundamentos de la clínica psicoanalítica lacaniana con niños - De la interpretación a la transferencia, Editorial Letra Viva (2006).
|