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Variaciones sobre simbolización

Una paradoja central en psicoanálisis, es aquella que sostiene que no hay concepto sin experiencia ni experiencia sin concepto. Así, según Freud, “llega el momento de encerrar las experiencias en definiciones...” Por un lado, hay que conceptualizar, que es encerrar, construirle un límite a la experiencia, a lo “evanescente, nebuloso y casi inaprensible”. Límite que, según Bion, si es demasiado rígido impide el progreso y si demasiado lábil favorece la confusión, y que a su vez presenta dos riesgos: ceguera y vacío.
La intuición sin concepto es ciega / el concepto sin intuición es vacío.
Otro riesgo consiste en perder experiencia, cuerpo, entonces, la palabra solo es palabra. Como dice Pontalis “corremos el riesgo de enloquecer al lenguaje al pedirle que tenga la evidencia de la cosa o la presencia de un cuerpo”. ¿Cuánto dura una palabra sin desgastarse?

02-02-2010 - Por Jorge Rodríguez

Freud habla de trabajo y elaboración psíquica, no tanto de simbolización.

Trabajo tiene una curiosa naturaleza cuantitativa-cualitativa.

Algo equivalente expresan valor y cantidad.

Aparato psíquico o del alma, extraña alianza de lo inanimado, lo psíquico y lo inmortal, que conserva máxima ambigüedad.

Simbolización parece ser solo cualitativa, así pierde lo cuantitativo.

Para Freud lo cuantitativo –lo económico en su metapsicología– es una manera de reconocer que eso –algo que aumenta, disminuye, se desplaza y se descarga– existe aunque uno no sepa que es. Y aún más, lo cuantitativo es lo que determina lo cualitativo.

Lo cuantitativo (inseparable de lo cualitativo) es una forma de pensar lo Inconsciente.

 

Energía es otro nombre de lo cuantitativo; libre-ligada nombran lo Inconsciente y lo Conciente. A su vez, lo libre-ligado lleva al problema de la ligazón-desligazón.

De esta manera se complejiza la metapsicología, además de

trabajo (arbeit)/elaboración (verarbeit) tenemos 

ligazón/desligazón (bindung/entbindung).

La energía libre se liga, se fija, se hace bound, link, vínculo, lazo, se localiza en un lugar, que se va haciendo varios lugares en los que se localizará la libido:

- lo libre se hace ligado

- se construye un lugar (palabra, representación) donde se fija cierta energía.

- se construye un “gran” límite: que circunscribe lo que nombramos yo, constituido por sistemas de representaciones así enlazadas, ligadas; función de inhibición.

- se construyen cadenas asociativas que impiden las descargas masivas de excitación.

- se construyen lazos con los objetos.

En suma, intentos de dominar lo desmesurado, lo incoercible.

 

La ligazón –que de esta manera está cercana a la idea de elaboración– es, por un lado, la manera en que el yo se relaciona con el proceso primario y también es algo más enigmático, aquello que el más allá del principio de placer intenta aprehender.

Más allá... alude tanto a lo que no se rige por el principio de placer como aquello que es necesario que se dé, para que se establezca, para que rija, el principio de placer.

Lo que ya estaba dicho en Introducción del Narcisismo y Las pulsiones y sus destinos

“atribuimos al sistema nervioso la tarea de dominar las excitaciones...”, es lo que en Más allá define como el más allá... que también está más acá en tanto condición de.

 

Estos problemas permiten pensar tanto el funcionamiento psíquico espontáneo como el trabajo de la cura y el que realiza el analista tanto al analizar como al teorizar.

 

Otra paradoja, central en psicoanálisis, es aquella que sostiene que no hay concepto sin experiencia ni experiencia sin concepto.

Así, según Freud, “llega el momento de encerrar las experiencias en definiciones...”

Por un lado, hay que conceptualizar, que es encerrar, construirle un límite a la experiencia, a lo “evanescente, nebuloso y casi inaprensible”. Límite que, según Bion, si es demasiado rígido impide el progreso y si demasiado lábil favorece la confusión, y que a su vez presenta dos riesgos: ceguera y vacío.

La intuición sin concepto es ciega / el concepto sin intuición es vacío

 

¿Y con lo cuantitativo-cualitativo?

Perder lo cuantitativo es alejarnos de lo que no comprendemos, así quedamos sólo en lo que se entiende, es decir, en lo conciente.

Plantear únicamente el  registro cualitativo es el mayor riesgo de la elaboración psíquica: hace creer que uno la domina. En rigor, uno es trabajado, el psiquismo, como el cemento o la madera –al decir de Laplanche– trabaja.

 

Otro riesgo consiste en reducir la vida psíquica a la elaboración asociativa, a la mentalización. En los analistas lo que amenaza es la formación de sistemas, que justamente se basa en la elaboración –llamada– secundaria que así se diferencia de la anterior. De esta manera, estamos lejos y cerca de lo Inconsciente, muy lejos y muy cerca.

El concepto, la conjetura, también es paradojal: acerca y aleja a la vez de la experiencia de lo inconsciente.

 

Solo recuperando riesgos inherentes al pensar podremos conservar los núcleos de verdad que contienen las ideas freudianas que provienen de unir indisolublemente lo cuantitativo y lo cualitativo (trabajo psíquico), la experiencia y el concepto (trabajo del analista).

Los riesgos son amenazas existenciales y límites: ese lugar luego del cual algo deja de ser lo que es, pasa a ser otra cosa. Incluso conservando la misma máscara.

 

En la encrucijada de Sófocles la Esfinge asesinaba al soberbio que la desafiaba y no resolvía el enigma y se suicidaba, si ese efímero tenía éxito. Desde entonces, o quizás desde siempre, el conocimiento está entre el asesinato y el suicidio.

Al mismo tiempo tenemos que conservar los vecinos del conocer: lo desconocido (lo no-conocido) y lo incognoscible.

 

Otro riesgo consiste en perder experiencia, cuerpo, entonces, la palabra solo es palabra.

Como dice Pontalis “corremos el riesgo de enloquecer al lenguaje al pedirle que tenga la evidencia de la cosa o la presencia de un cuerpo”.

¿Cuánto dura una palabra sin desgastarse?

En un momento de nuestro recorrido nos damos cuenta que estamos olvidándonos de nosotros, sólo repetimos. ¿Nos animamos a una idea propia?

 

¿Qué simboliza la simbolización que sólo es cualitativa y conceptual?

 

En otro lugar, Nietzsche recordaba que la droga por excelencia es dar sentido. Nuestra mayor necesidad consiste en significar.

“La necesidad de comprender ejerce un efecto nocivo sobre la observación” dice Bion.

Nuestra locura: formar sistemas.

La acechanza: nuestras convicciones.

 

La omnipotencia se alimenta de desamparo y la omnisciencia de ignorancia ¿cómo resistimos la irritante y anhelada búsqueda de certeza?

 

Entre la experiencia y la intuición

Voy a situar la problemática de la simbolización en relación con la clinica del self.

Freud es un teórico del tiempo y del espacio psíquico.

La atemporalidad de los procesos Inconscientes: que no están ordenados, que no se desgastan, como los de la temporalidad del pasado, presente, futuro.

La del sueño: presente, futuro, pasado y la del deseo: inmortal, indestructible.

La del après coup, la de la repetición.

Atemporalidad es decir otras temporalidades.

Diversidad de lugares psíquicos, múltiples tópicas se despliegan en sus textos.

Con la pulsión (re)aparecen estos problemas. Lo temporal, en la idea de continuidad; lo espacial, en los diferentes lugares que las representaciones inconscientes y (pre)concientes ocupan y constituyen.

La problemática de la simbolización es una propuesta teórica que permite estudiar destinos de afectos y representaciones en las neurosis, los sueños, la cura.

En Freud la simbolización no se ocupa del problema de la continuidad ya que la supone dada, se es un trabajo psíquico que se da sobre las discontinuidades: los representantes psíquicos. De todos modos, la continuidad y su simbolización potencial, es condición necesaria de las discontinuidades. Sucede lo mismo con lo espacial.

 

¿Podemos decir que Freud se ocupa de una simbolización intrapsíquica?

Con Winnicott tendremos que articular simbolización, lo intermedio y la dependencia.

La clínica del esquizoide obliga a DWW a ocuparse del vivir –uno de los nombres de la continuidad– y de sus lugares.

DWW es un teórico de los a priori kantianos: hace clínicos al tiempo y al espacio,

de una manera distinta a Freud.

 

Simbolización requiere, necesita, de lo representable y de la representación.

Cuando transitamos por los bordes de lo impensable nos encontramos con algo que está más acá y más allá de lo representable.

Para cierto optimismo teórico todo es representable; la experiencia clínica y la vida son más evanescentes e inaprensibles.

 

Lo impensable, lo indecible, lo inconcebible podemos ubicarlos como no representables. ¿Son presentables?

¿Qué es lo presentable?, es aquello que da un lugar al individuo en constitución o en estado de no-integración o de dependencia.

En la teoría del narcisismo originario –en términos de Freud– o de la dependencia absoluta –en los de DWW- lo ambiental es lo que hace posible que el infant pueda ser, y al mismo tiempo, es impensable en varios sentidos. Lo ambiental en estado de salud no es imposible, si impensable.

-no es una fantasía del infant, no es alucinado por el bebe.

-otro tiene que estar y además de desear, tiene que hacer por el bebé.

-el infant necesita de cuidados y ser protegido para empezar a ser y seguir siendo.

-como no tiene yo -se está constituyendo- no puede pensar, las representaciones están en proceso de constitución.

-al mismo tiempo, su vivir es impensable para la madre ambiente.

 

DWW es el teórico de lo impensable, es decir, del espacio y del tiempo: de los espacios -que sostienen, cuidan, se ofrecen al bebe- y de la continuidad de estar siendo.

El Objeto Transicional (OT) no puede ser ubicado en las redes simbólicas o en el proceso de simbolización o pensable desde las equivalencias simbólicas: intrapsíquicas.

 

Complejidad máxima: es pre-simbólico, es símbolo y al mismo tiempo establece las condiciones para una simbolización viva.

 

Hay que considerarlo en términos de que

- se da mediante un experienciar más que en representaciones,

- no es de naturaleza pulsional (no se trata de un fantasear o un representar),

- se ubica en un espacio intermedio, ni dentro ni fuera, (tópica),

- proporciona valor o cualidad de algo vivo, opuesto a la cualidad de lo muerto,

- tiene que ver con la creatividad primaria (mediante gestos sensoriomotrices      

  elementales crear algo dado),

- es una posesión de algo no-yo, no es una fantasía,

- es símbolo de la unión en la separación y la separación en la unión,

- constituye –otra paradoja viva- el momentolugar donde la continuidad da lugar a

  la contigüidad.

 

Entonces, el OT y FT constituyen una posesión no efímera y designan una zona intermedia –neutra dice DWW- de experienciar. Espacio y tiempo son sus coordenadas básicas.

El OT no se olvida, no se reprime, no es objeto de duelo... va al limbo!!!

No es un objeto externo (OE), no es un objeto interno (OI).

Cuando se va al limbo, se difunde, se extiende por todo un territorio intermedio entre lo interno y lo externo.

 

Simbolización es una manera de pensar procesos inconscientes-concientes, se mueve entre representaciones (internas) y objetos (externos). Simbolizar exige del establecimiento de diferencias.

Para que algo sea simbolizable –que tenga potencialidad simbólica- tiene que contar con las siguientes cualidades:

       separable (por castración según Freud),

       sustituible,

       intercambiable...

y es en eso que esos objetos son equivalentes.

De ahí lo de equivalencia simbólica o concepto inconsciente como lo llama Freud.

Equi-vale, no se trata del mismo o igual valor, no es igualdad, identidad, sino equivalencia, es decir, que tengan algo -cierta característica, una relación– de valor equivalente, por ejemplo como decíamos, que puedan ser separables, sustituibles, intercambiables.

En Freud se trata de cualidades de una, de su, realidad pulsional.

 

El OT es anterior –en dependencia- y simultáneo a todo esto –al diferenciar–.

El experienciar es un uso de un objeto no no-yo, eso es lo que se ve.

La conjetura de DWW es que lo que se experiencia es una paradoja existencial –en acto–: la de crear lo que ya existe, la de crear lo dado. Esto no se ve.

Creatividad primaria y paradoja dice, habla, y así designa una realidad psíquica distinta a la experiencia de deseo y de diferenciar.

Por eso, decimos, que el OT no es como un objeto pulsional parcial –por ejemplo pecho– que en el mejor de los casos entra en cadenas simbólicas.

Su valor no proviene de su potencialidad simbólica sino de su actualidad (actual, presente se opone a pasado. En Freud neurosis actuales y psiconeurosis), es decir,

de su valor en tanto existe en cuerpo presente y de su realidad: se trata de una cosa no-yo; no existe sin su realidad material. Vale por su presencia real y por la realidad de su presencia. Se trata más de lo presentable que de lo re-presentable.

La relación con lo pulsional se da en forma de coexistencia. Coexisten lo biológico, lo pulsional y lo experiencial.

Aunque como dice el poeta pueda tratarse de “poca cosa, menos que nada”.

 

Simbolización implica el trabajo de diferenciar

-hechos de fantasias

-objetos internos de externos

-creatividad primaria (apercepción) de percepción objetiva

-objetivo de subjetivo

 

El OT hace posible el proceso que lleva al infant a aceptar diferencias y semejanzas.

Es materia prima experiencial –sensoriomotriz, corporal– y condición de la simbolización.

Freud parte de lo sensoriomotriz –la huida motriz en Las Pulsiones...– de la acción motora que permite, a un incipiente organismo, establecer la primera diferencia y la primera orientación, y así establece la base del sentido (en toda su rica ambigüedad de dirección, sensorialidad, sensualidad, sensibilidad, significado).

 

Este experienciar es anterior y simultáneo –posteriormente– a la simbolización potencial y real.

 

Diferenciamos el OT del OI (objeto interno) y del OE (externo)

El OE está fuera de control (es impensable, no representable), constituye lo que se denomina lo ambiental.

El OI es pasible de estar bajo control omnipotente, constituye lo que Klein denomina mundo interno o de la fantasía.

Al mismo tiempo el OT necesita –al decir de DWW- que el OI esté “vivo, sea real y no demasiado persecutorio.

A su vez el OI depende de un OE que exista (como dijimos, no es una fantasía, es la madre ambiente o lo ambiental o los cuidados maternos), tiene que tener cualidad de estar vivo (podría estar ausente, deprimido, loco, cruel...) y tiene –insistimos– que hacer: cuidar y proteger. Cuidar es hacer lo que el otro necesita, proteger es evitarle... lo evitable.

De ahí que podamos pensar:

  • Madre: es quien protege de lo imprevisible y cuida al atender.
  • Infant: es un ser todo el tiempo al borde de lo impensable.

 

La dependencia es así: el OE tiene dos grandes “funciones” posibilitar y/o fallar; si falla demasiado, entonces origina privación y así es que el OI puede adquirir cualidad de no-vivo o de algo inanimado o de algo muerto –en el sentido de algo que no llega a conservar vida o que perdió esa cualidad– sólo entonces el OT pierde su valor.

No se trata de lo pulsional, sino de la continuidad existencial y no se trata de deseos solamente, sino de todo un complejo quehacer –actos– mediante los cuales se cuida y protege.

 

El valor simbólico del OT lo localizamos en el espacio intermedio, ese que une y separa a la vez, que está deja de estar, aquí se juntan el devenir y potencial: su temporalidad.

 

El OT simboliza la unión en la separación y la separación en la unión.

Al estar separado está unido, paradoja: al usar ese objeto está unido –ahí no está separado– y al estar unido está separado, paradoja: hace experiencia de la separación al usar el objeto transicional.

No se trata de la separación literal: no estar unido; ni de la unión literal: no estar separado. Ambas se basan en una lógica de la diferencia, principio de contradicción.

No se trata de separación en oposición a unión, sino de sus paradojas.

El establecimiento, la posibilidad, de las diferencias surge de la experiencia sensoriomotriz de paradojas.

 

La simbolización como experienciar.

Simbolización en acto, efímera, dura lo que dura el acto.

Se simboliza en el acto de usar al objeto transicional; el fenómeno transicional realiza una particular experiencia de simbolización.

El uso del objeto simboliza la unión de dos cosas separadas –infant y mamá- en el punto del tiempo y del espacio en el que se inicia su estado de separación.

Simboliza la unión y la separación.

Simboliza el estado de unión ¿dónde?

En el punto (notación espacial) del tiempo y el espacio (lugarmomento en el que todavía no se diferencian tiempo de espacio ni espacio de tiempo) en el que comienza su estado de separación.

¿Simboliza la unión al experienciar la separación?

 

Simboliza el estado de separación ¿dónde?

En el momento (notación temporal) del espacio y del tiempo (lugarmomento)

En el que se inicia su estado de unión

¿Simboliza la separación al experienciar la unión?

Lo que llamamos unión es una experiencia que se va construyendo en las innumerables acciones sensoriomotrices en las que al agarrar va creando lo que agarra, es decir aquello que le dan, lo que está por ahí (dis)puesto por alguien. Un agarrar que, en ocasiones, se hace posesión, Winnicott agrega, no-yo.

 

¿La experiencia de la creatividad primaria –específica y propia– de los fenómenos transicionales es la base y condición de la unión?

Lo que llamamos separación como experiencia (diferente de la separación como capacidad, ver el concepto de capacidad en el estar a solas) se va construyendo en todas las oportunidades en las que al estar jugando experiencia la precariedad, es decir, hace la experiencia que su omnipotencia o creatividad primaria tiene límites, es decir, tiene un fin, ahí comienza a aparecer la duración. Junto con la experiencia de final aparece la duración y el comienzo, y al mismo tiempo, que existe algo que no es producto de la experiencia de omnipotencia. Realidad y juego, juego y realidad.

 

¿La experiencia de la precariedad –específica y propia– del jugar es la base y condición de la separación?

Se trata de una experiencia completa: algo comienza, tiene cierta duración y termina.

Al mismo tiempo que hace real la realidad no-yo.

De ahí que podamos definir el jugar como la capacidad de contener una experiencia.

Contener, hacer de continente. El espacio se hace continente. Las experiencias del jugar son el continente en el que se despliega algo que empieza, sigue y termina: experiencia temporal. ¿Implica: pasado, presente, futuro?, ¿presente continuo?

¿El espacio posibilita la continuidad? Y algo que nos acerca a lo real, a lo que no es juego.

 

Simbolización que no tiene que ver –básicamente- con representaciones sino con algo –paradojalmente- impensable: las coordenadas tiempo-espacio.

Simbolización sostenida, construida, por experiencias corporales, sensoriomotrices más que por funciones corporales.

No se trata de la experiencia de una función (incorporar, evacuar...) sino de cierta relacionalidad no pulsional.

Winnicott lo llama relaciones del yo a un estar relacionándose, más que a las relaciones de objeto (Klein) o elecciones de objeto (Freud). También se diferencian de la identificación, aunque están mas cerca del ser, del estar siendo, que del tener. Se trata de un poseer que no tiene sino que hace ir siendo; un poseer que es, que posibilita un estarsiendo.

Lo particular y específico de este relacionarse es que se da u origina un lugar, una zona, un espacio (entendido como lugarcitos de uno, más que espacio en sentido abstracto aunque desemboque en otra tópica). Repito se dan en un lugar muy particular, aquél en el que la continuidad va posibilitando la contigüidad.

Donde la continuidad va haciendo la espacialidad personal. Se trata de la construcción de los espacios que alojaran nuestra continuidad existencial.

 

Aquí estamos en una paradojal simbolización impensable, ya que se trata de impensable para el infant que está en dependencia, pasando de la dependencia absoluta a la relativa.

La disponibilidad ambiental, la confiabilidad, el confiar en y la confianza constituyen nuevos impensables estudiados por Winnicott, además del tiempo y del espacio.

La capacidad de confianza (como la capacidad de estar solo, o la capacidad para separarse) implica que se interiorizó la dependenciabilidad (se metaforizó el cuidado ambiental). Pontalis llama a este proceso metáfora materna, manera de acercarlo/alejarlo de la metáfora paterna. Sí se trata de la construcción de los espacios propios a partir de la existencia del espacio ambiental.

 

Y algo muy importante es considerar cada detalle de la vida de un infant como un ejemplo de un vivir creativo. Puede no ser así.

Esa zona psíquica va teniendo ciertos nombres a lo largo de nuestra vida, a veces decimos intimidad. DWW lo llama zona sagrada para el individuo, ya que es ahí donde uno puede experienciar el vivir creativo, supongo que eso se llama sagrado.

 

Modestamente, llamo delicadeza o delicado a este estado o zona.

 

Para terminar un problema clínico existencial perpetuo:

Soñar por las noches, trabajar durante el día, tener relaciones sexuales satisfactorias no son suficientes para ser y vivir.

No es la satisfacción instintiva lo que hace que un bebé empiece a ser, sienta que la vida es real, que la encuentre digna de ser vivida.

Tampoco para aquellos que ya no somos niños.

 

 

 

 

 

 








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