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El riesgo sexual
"...un hiv positivo o enfermo de sida, no sabe mas acerca de su muerte que cualquier otro ser hablante. La diferencia radica en el real que se aloja en el cuerpo agudizando el dolor de existir..." |
| 29-08-2001 - Por Carlos Gustavo Motta |
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Cuando Freud escribió
El malestar en la cultura, un argumento había quedado claro: el no nos sentimos
cómodos en la civilización del presente, son palabras de la humanidad que señalan
su incomodidad, su disconformismo perpetuo. Freud aísla un malestar fundamental,
para el cual no promete ningún remedio, ninguna calidad de vida, más bien una
calidad de malestar, una manera de saber-hacer con ese malestar. El modo actual
del malestar lo podría ubicar en tres aspectos :
a.- Estudios multiculturales:
Un uso actual y fundamental del psicoanálisis es que el encuentro con el analista
se transforma en la instalación de un paréntesis, en el cual el sujeto sometido
a la tiranía de su psicopatología de la vida cotidiana, busque y encuentre el
sentido de su identificación. El sujeto que se esfuerza en identificarse para
definir su posición en la civilización, por lo menos, en el encuentro con el analista
puede experimentar la falta en ser. Es uno de los usos fundamentales del psicoanálisis
y esto supone primero a los psicoanalistas quienes deberán hacer frente a la diversidad
del nominalismo del sujeto moderno, ya que existe una realidad que se nos impone.
Se infiere una regla proporcional simple, a medida que el estatuto del sujeto
se problematiza, se independiza del Otro y las consecuencias se las observa en
los llamados síntomas sociales: anorexia y bulimia; toxicomanías y adicciones
múltiples; la pandemia del sida que logró modificar las costumbres sexuales; los
mal llamados por el DSM-IV ataques de pánico y trastornos obsesivos-compulsivos;
la lucha por no envejecer. Todos asegurando un realismo que el sujeto no encuentra
la forma de escapar.
b.- Eugenismo y tolerancia.
Los cambios políticos del planeta han determinado nuevas zonas territoriales y
corrientes migratorias, en consecuencia. Una nota en el Neesweek del 20 de septiembre
del 2000 puede ser consultada: El nuevo rostro de la raza en Estados Unidos. Artículo
que denuncia los peligros de la segregación racial.
Esto trae aparejado un desmontaje del viejo universo o la concepción del sistema
público, para fragmentarse en comunidades de goces distintos, sintomáticos a los
cuales hay que dirigirse. Eric Laurent menciona este sentido de fragmentación
y observa efectos del mismo en la definición de lo público y específicamente en
el concepto de salud. Para ello comenta un libro de Walzer, Tratado sobre la tolerancia.
En ese texto, el filósofo americano, se pregunta qué sustenta la tolerancia. Y
se responde que la tolerancia sostiene a la vida misma, porque la persecución
con frecuencia conduce a la muerte y también sostiene nuestra vida en común, es
decir, las diferentes comunidades en las que vivimos. La tolerancia hace posible
la diferencia; la diferencia hace necesaria la tolerancia.
c.- Dilemas éticos.
Así he planteado brevemente, una mirada actual, que no pretende ni ser una cosmovisión,
una verdad periodística ni tampoco destilar pesimismo puro. Ni ataque ni defensa.
Una mirada construida posiblemente, desde un imaginario social, para establecer
un paso simbólico. Si la ética médica es la de no tratar al seropositivo como
una excepción estigmatizada, la del psicoanálisis es la de situar al sujeto frente
a su deseo. En realidad un hiv positivo o enfermo de sida o de cualquier otra
enfermedad, no sabe más acerca de su muerte que cualquier otro ser hablante. La
diferencia radica en el real que se aloja en el cuerpo y que paulatinamente agudiza
el dolor de existir.
El riesgo sexual
Desde 1981 y con la aparición manifiesta del sida en el mundo, las orientaciones
en el campo de la salud mental realizaban su esfuerzo en la insistencia de terapias
consejeras, dándole valor a los infectados e indicando los tratamientos en el
terreno de la aceptación de un destino inevitable. Nuestras investigaciones, en
el campo del psicoanálisis de orientación lacaniana, se encontraban exactamente
en el punto contrario. Un texto paradigmático de Francoil Leguil y Danielle Silvestre
mantenía distancia de las posiciones no analíticas de dar consejo, valor o coraje
y aliento, a quienes padecían la enfermedad.
A partir de los años 90, y con la irrupción de los antivirales combinados con
los inhibidores de proteasa, el mundo científico "brindaba" con un cóctel que
ubicaba a la pandemia bajo el significante de enfermedad crónica. Brebaje que
no era contemplado en Africa Subsahariana.
La enfermedad de inmunodeficiencia adquirida ha dado lugar no tan sólo a una,
sino a tres epidemias mundiales relacionadas entre sí, a saber: la infección por
el HIV; el sida y otras manifestaciones clínicas de infección; la reacción y respuesta
social, cultural, económica, religiosa y política frente a las dos primeras epidemias.
Según un informe del Programa de Lucha contra el sida de las Naciones Unidas,
en todo el mundo ya hay más de 50 millones de adultos infectados con el virus.
La estadística señala además, que el 90 por ciento de los infectados viven en
países subdesarrollados. Más de cuatro millones y medio de los enfermos de sida
ya murieron y entre el 75 y 85 por ciento de los casos el contagio fue por mantener
relaciones sexuales sin protección.
En la Argentina, sexto país en América en número de casos de infectados acumulados,
las cifras aumentaron setenta veces entre 1987 y 1993. Los últimos datos sobre
la enfermedad en el informe: "El sida en la Argentina. La situación entre 1982
y 200" realizado por Lusida, indican que al 31 de diciembre de 2000 el número
total de enfermos de sida notificados desde 1982, año en que se inició la epidemia
en Argentina, fue de 22.500". Se estima que hay entre 80 y 130 mil portadores,
de los cuales el 73 por ciento se concentra en la provincia de Buenos Aires. Para
los próximos años se prevé en nuestro país, un aumento en la incidencia de la
enfermedad. El mal crecerá sobre todo entre las mujeres adolescentes y jóvenes
con parejas estables, de bajo nivel socioeconómico y escasa instrucción, y en
los menores de catorce años.
El camino actual de mis investigaciones se circunscriben alrededor de tres puntos
que planteo a continuación, y que invito a debatir:
1.- Transformación de la intimidad:
El concepto de riesgo tiene relevancia específica en nuestra época, puesto que
a mi juicio, todos los sujetos tienen que afrontarlos en sus diversos niveles.
La idea de riesgo, según Anthony Giddens, parece haber tomado cuerpo en los siglos
XVI y XVII y fue acuñada por primera vez por exploradores occidentales al llevarse
a cabo los primeros viajes por el mundo no conocido. La palabra riesgo llegó así
al idioma inglés, a través del español o del portugués, donde se usaba para señalar
que se navegaba en aguas desconocidas.
Luego se utilizó la palabra riesgo en relación al cálculo de las decisiones de
inversiones que planteaban incertidumbre.
Dos campos diferentes que incluyen dos variables diferentes: espacio y tiempo,
destacándose en ambas que en la noción de riesgo no es sin las ideas de incertidumbre,
probabilidad y decisión. Argumento que creo, se mantiene a lo largo de cualquier
investigación planteada.
En el caso del sida se observó principalmente, que políticas de Estado y científicos,
construyeron una representación pública de los riesgos asociados al sexo denominado
no seguro para que los sujetos cambien sus comportamientos sexuales. Recuerdo
que hace pocas semanas, en la ONU, se trató esta temática bajo la denominación
de "grupos vulnerables", antes llamados grupos en riesgo, concepto que disfraza
términos construidos en relación a la intolerancia y segregación.
2.- Prevención y difusión en los medios.
Existe una tensión entre Estado-sujeto que genera dificultades en la prevención
de cualquier enfermedad: en este ítem, continúo desarrollando la orientación de
Silvia Tendlarz. Las argumentaciones de ésta última sugieren dos vectores que
se perfilan frente a la temática de la prevención. "Una propicia, por una parte,
la castidad, las relaciones monógomas y, si no hay otra alternativa, el uso de
preservativos y por otra, un silencio casi absoluto en cuanto al uso de jeringas,
orientación propia de los países católicos donde se trata de mantener elidida
la sexualidad y evitar el consumo de drogas inyectables no hablando acerca de
ello. Un ejemplo próximo es Chile, cuya campaña de prevención indicaba que el
sida se transmite primero por relaciones sexuales y en segundo lugar por relaciones
sexuales entre hombres: la pregunta que formulamos es si acaso son categorías
de vida sexual. Aquí ubicamos un impasse. La sexualidad y el goce no pueden ser
regulados por los aparatos de estado. Cada sujeto se confronta a su elección sexuada
y su elección de objeto. No hay un para todos, sino que se trata de un para cada
uno. Sin duda el recurso oscurantista que intenta velar las cuestiones esenciales
que movilizan a cada sujeto: el amor, el deseo y el goce, es un subterfugio que
sostiene un nuevo mandamiento que conduce a lo peor. Los prejuicios, el pacto
de silencio, la segregación, no hacen más que alimentar la propagación de la enfermedad.
Se trata de hablar de ello pero lo difícil es encontrar la manera adecuada". (extraído
de Psicoanálisis y sida. Motta-Tendlarz. Ediciones El Otro Barrado. Buenos Aires)
3.- Sexualidad: dimensiones discursivas en el acto analítico.
Este es el título de las investigaciones actuales que llevo a cabo en el GRIPSI
(Departamento de Investigación en Psicoanálisis y sida. Subjetividad de la época,
que depende del Instituto Clínico de Buenos Aires -ICBA- y que funciona en la
sede de la Escuela de la Orientación Lacaniana). El sida no es equivalente al
horror: es una enfermedad crónica y de ningún modo incompatible con la vida. Las
personas que conviven con el virus no son muertos vivientes que llevan el estigma
de la muerte en su rostro, sino que son sujetos atravesados por el real de su
enfermedad. El espíritu de investigación del GRIPSI tampoco cree que el sida es
una metáfora de malestar como Susan Sontag manifiesta en El sida y sus metáforas,
basta leer a Hervé Guibert quien se ocupa de relatar la muerte Michel Foucault,
para percibir el carácter real que cada sujeto debe metabolizar desde su particular
posición subjetiva: sé que tengo el sida, pero mi historia me permite olvidarlo,
afirmaba el autor de Historia de la sexualidad.
Los sujetos que conviven con el virus siguen siendo un tema de consumo y ciertos
medios, no todos, hacen uso de la fascinación que produce en el público esta cuestión
acuciante y nada de ello responde a la prevención. Es más, como bien señala Silvia
Tendlarz, recorren el camino exactamente inverso, puesto que aumenta los prejuicios
y el tabú a la proximidad con las personas afectadas.
El sida se caracteriza por el riesgo y por el miedo. Riesgo de infectarse, miedo
al resultado de un examen. Riesgo al contagio. Miedo de haberse contagiado. Riesgo
de la investigación. Miedo a la experimentación de drogas nuevas...y muchas otras
figuras más que se introducen en nuestra vida cotidiana. Las variables se complejizan
e involucran numerosos factores que van desde una falta de responsabilidad colectiva
a simplemente un goce particular. Continuando con lo investigado por Silvia Tendlarz
afirma que la información conciente del sujeto no toca sus condiciones de goce:
Una campaña de prevención en tanto que no es subjetivada (y donde el sida permanece
como un riesgo difuso que sólo puede afectar a los otros), no actúa sobre las
medidas de precaución personal. Resulta difícil introducir un discurso que concierna
a la sexualidad en forma masiva puesto que en la medida en que resulta ajeno,
se intensifica la idea de que "a nosotros no puede alcanzarnos".
De esta manera, intento señalar las dimensiones discursivas frente al impacto
de la enfermedad: conocer la seropositividad abre una brecha en el saber y las
primeras reacciones muestran una caída libidinal más un amplio espectro de perturbaciones
sexuales: impotencia, inhibición, rechazo, abstinencia, etc. La clínica del anuncio
de la seropositividad es una clínica de la separación. La ruptura de un equilibrio
subjetivo modifica los lazos sociales y amorosos. Sobre todo porque un real se
añade a su vida y la modifica y la escande irremediablemente: la presencia inevitable
de estudios, la secuencia de medicamentos, el impacto sobre los otros y fundamentalmente
la manera en que logra subjetivarlo.
No importan los avances de la medicación, sí lo que importaría serí a el descubrimiento
de una vacuna curativa y preventiva, puesto que es el significante sida el que
provoca un impacto sobre el sujeto, un atravesamiento brutal de las escenas fantasmáticas
cotidianas que produce (al menos en un primer momento) un sentimiento de irrealidad
y un irremediable dolor de existir. El término dolor de existir es utilizado por
Lacan para nombrar la experiencia que se aloja entre dos muertes, expresión que
indica que la muerte simbólica (la condena) precede a la muerte biológica. La
caída simbólica produce una vacilación imaginaria solidaria a la conmoción real
del viviente. Se provoca un encuentro con lo real que afecta al cuerpo: cobra
así existencia a partir de su nominación. Hoy el sida, planteada como enfermedad
crónica, pone en manifiesto a aquellos que conviven con el virus, un dolor de
existir que deben diferenciarse de los estados de depresión. Sabemos que en ambos
casos, el analista presta su presencia para que lo insoportable pueda ser hablado
y buscar así lo que queda del lado de la vida. Una persona que convive con el
virus de sida u otra que padezca de una enfermedad crónica o terminal, no sabe
más acerca de su muerte que cualquier otro ser hablante. La diferencia radica
en el real que se aloja en el cuerpo y que paulatinamente agudiza el dolor de
existir. La posición del analista frente a un sujeto no varía con el sida puesto
que su seropositividad no dice nada acerca de la verdad del sujeto. No se trata
de ninguna manera que se reconcilie con la muerte o que busque la manera de asumirla.
Frente al entre-dos-muertes, al psicoanalista le resta ofertar su presencia a
quien lo solicita y posibilitar que el sujeto se posicione frente al real con
que tiene que confrontarse. (Silvia Tendlarz. "El sida está entre nosotros". Editores
Contemporáneos)
La pregunta que formula Lacan como clave de la posición ética en el contexto analítico,
que franquea la moral de los poderes y del servicio de los bienes, es ¿Has actuado
de acuerdo al deseo que te habita? Pregunta que señala al sujeto culpable por
haber cedido sobre su deseo en nombre de los bienes. Resituar esta vía es la que
opera en cada análisis contra la falta-en-ser. Orientación que permite que un
sujeto cambie de posición en relación a su goce, y decida si quiere aquello que
desea.
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