Durante
las ultimas décadas, a medida que se derrumbaban los regímenes coloniales, y
luego, precipitadamente, a partir de la caída de las barreras interpuestas por
los soviéticos al mercado capitalista mundial, hemos asistido a una
globalización irreversible e implacable de los intercambios económicos y
culturales. Junto con el mercado global y los circuitos globales de producción
surgieron un nuevo orden global, una lógica y una estructura de dominio nuevas:
en suma, una nueva forma de soberanía. El imperio es el sujeto político que
efectivamente regula estos intercambios globales, el poder soberano que
gobierna el mundo.
Este
párrafo inicial del libro Imperio de Michael Hardt y Antonio Negri,
construyen una nominación en relación al llamado sujeto político y se ha
eregido en la actual biblia de los llamados globalifóbicos. Entre otras cosas,
plantea la disposición de una nueva sociedad que reemplace al capitalismo;
condena al socialismo reformista; reemplaza clases sociales por el concepto de
multitud y postula la desaparición de los estados nacionales. El producto de la
alianza de un profesor de la Universidad
de Duke (Michael Hardt) y un profesor de Ciencias Políticas de la Universidad
de París y de Padua (Antonio Negri),
cuestionan la definición más clásica de la Política, acuñada por Aristóteles: La
política es el arte de lo posible que sustituyen por otra: La
política es el arte de hacer posible lo necesario.
Naomí Klein, es la autora de No-Logo. Ella
visitó hasta hace muy poco, a Argentina
para estudiar de cerca el fenómeno de las Asambleas Populares y de acuerdo a lo
observado, manifiestó que nuestra frase popular “que se vayan
todos” expresa el momento particular que
estamos viviendo. Pueden irse todos, pero mientras tanto, no se va
ninguno y circulan, camuflados en el mismo establishment.,
sobreviviendo. Los “escraches” no son suficientes; los cacerolazos no son
efectivos; la violencia, sabemos que genera más violencia; la fauna política es
eso: sólo fauna (sin ofender al reino animal).
La queja sólo se ubica en una serie infinita porque no hay propuestas.
Las propuestas a discutir faltan... y la serie de argumentos continúan. Hasta
con el riesgo de parecer especies de “maestros ciruelas” que designan la falta,
sin saber que hacer con ella. Claro, la
falta de los otros, en este caso particular de doxa vaciada de sentido.
Un dar cátedra que recicla viejas utopías o se habla de una nueva subjetividad.
En fin, una torre de Babel.
Por
eso, y con el objetivo de no dispersarse, deseo desplegar un poco más la
denominación de sujeto político como aquella figura que interviene en el
múltiple-histórico de una situación, precisamente de un acontecimiento. Un
operador que interviene en una sociedad en riesgo en la cual la política es,
ahora más que nunca, una cuestión de
estrategia, táctica y diálogo, alejándose de las percepciones o intuiciones
fundamentales. En nuestra política vernácula se producen acontecimientos a los
que podríamos calificar de vergonzantes: se trata de estallidos entusiastas
momentáneos que perturban de modo ocasional el curso habitual de las cosas y
que a la mañana siguiente son seguidos por una desilusión aleccionadora, un
típico sabor amargo.
Estos
patéticos acontecimientos que hoy, los argentinos estamos atravesando, son
momento de verdad, construidos con la estructura general de mentira, error y equivocación. Zizek afirma que la doctrina fundamental de
la política posmoderna es que no hay ningún acontecimiento, que nada ocurre
realmente, que el acontecimiento-verdad es un cortocicuito pasajero, ilusorio,
una identificación falsa que será dispersada un poco antes o un poco después
por la reafirmación de la diferencia o en el mejor de los casos, con la promesa
efímera de lo mejor. Ofrecimiento equivalente a un por-venir asegurado que en
nuestro caso singular, nunca llega. Así, en medio de la inescrupulosidad
cotidiana del ser argentino (asimismo del otro CER, también) y al parecer, de
su actual fatalidad, la opinión pública ilustrada, no aporta a la crisis un
contenido claro y preciso; la mayoría, continúa embrollándose en un lenguaje
técnico y que en este caso, no señala el saber de quien lo enuncia, sino una
distancia afectiva del mundo que lo rodea. De acuerdo con este argumento,
traigo a la memoria que el psicoanálisis no responde a los hechos sociales:
alimentar nuestra jerga para inmediatamente lacanizar un acontecimiento
observado, es un signo de banalización, característico de la falta de concordancia
con los postulados del Psicoanálisis, sobre todo, cuando nos
cuestionamos cómo lo hacemos avanzar en la época que nos ha tocado vivir.
En
un párrafo del Seminario XVII El reverso del psicoanálisis, que
transcribiré a continuación, Lacan hace referencia a la eficacia del saber del
explotado. La cita en cuestión es la siguiente:
Esta
vuelta a acentuar el saber del explotado me parece que está motivada de modo
muy profundo en la estructura. La cuestión es saber si no se trata sólo de un
sueño. En un mundo donde ha surgido de una manera que existe, que es una
presencia en el mundo, no ya el pensamiento de la ciencia sino la ciencia de
alguna manera objetivada, quiero decir esas cosas forjadas enteramente por la
ciencia, simplemente esos trastitos, aparatitos y demás, que ocupan hoy el
mismo espacio que nosotros, en un mundo donde ha ocurrido esta emergencia,
¿puede pesar todavía lo bastante el saber hacer de manual como para ser un
factor subversivo? Así es como se plantea la pregunta para mí.
Esa
clase del 13 de mayo de 1970, concluye con una pregunta ¿Qué hacen
ustedes con todo lo que yo digo?
Me
respondo, casi inmediatamente, elaborar no repetir; conocimiento no saber.
Es
la aparición de lo real, que no es sólo un real fuera de sentido, sino también
un real por fuera del saber. Entonces y volviendo al inicio de mi desarrollo,
la construcción del sujeto político exige un saber pero ligado al hacer. Exige
el desarrollo del conocimiento que implica la elaboración de los hechos y no
una acumulación de datos que ubicados en serie, están vaciados de sentido.
El
verbo alemán durcharbeiten es traducido habitualmente por “elaborar” o
“re-elaborar”. Expresa la idea de “trabajar a través (durch) de alguna
tarea”. Evoca, además, un esfuerzo
prolongado, dedicado a recorrer una tarea desde el principio al fin. Tampoco se
puede afirmar que se trata sólo de un concepto psicoanálitico propiamente
dicho, puesto que Freud utiliza durcharbeiten cuando se trata de
“trabajar” sobre los sueños y materiales proporcionados por el análisis, para
designar asimismo, el trabajo de “atravesar” determinadas resistencias del
sujeto.
Me
animo a proponerles, (no sin dejar de advertirles que mi comunicación es un working-in-progress),
que considerar a un sujeto político no dista mucho de otro que ha transitado o
concluido con su análisis: un saber-hacer con la repetición relativo en
este caso, a las relaciones de poder que lo proyectan a un bien común ( por
otra parte, objetivo de cualquier praxis política). Llevado a la práctica, excluye
un interés particular, lo resguarda del propio pasaje por la relación de poder incluyéndolo en el lazo
social. Le permitiría diferenciar lo destruido de lo devastado, término este
último, en donde la esterilidad aparece como un amo absoluto y en lo destruido
con la posibilidad de comenzar a construir algo.
No
dejo de advertirme a mí mismo, que esta clase de comunicación preliminar, son
pensamientos privados que trascienden la esfera de lo público, pero no dudo que
intento así, responder a esa pregunta de Lacan que cité precedentemente. Así es
como ubico mi propio savoir-faire en relación a la doxa.