Columnas

El sujeto político

"...característica de este nuevo siglo: la huida ante el pensar. La respuesta a esta actitud es la Serenidad con las cosas. No se trata de darle sentido, sino de operar un viraje en la relación del sujeto con su discurso..."

24-04-2002 - Por Carlos Gustavo Motta

El sujeto político

 

Durante las ultimas décadas, a medida que se derrumbaban los regímenes coloniales, y luego, precipitadamente, a partir de la caída de las barreras interpuestas por los soviéticos al mercado capitalista mundial, hemos asistido a una globalización irreversible e implacable de los intercambios económicos y culturales. Junto con el mercado global y los circuitos globales de producción surgieron un nuevo orden global, una lógica y una estructura de dominio nuevas: en suma, una nueva forma de soberanía. El imperio es el sujeto político que efectivamente regula estos intercambios globales, el poder soberano que gobierna el mundo.

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Este párrafo inicial del libro Imperio de Michael Hardt y Antonio Negri, construyen una nominación en relación al llamado sujeto político y se ha eregido en la actual biblia de los llamados globalifóbicos. Entre otras cosas, plantea la disposición de una nueva sociedad que reemplace al capitalismo; condena al socialismo reformista; reemplaza clases sociales por el concepto de multitud y postula la desaparición de los estados nacionales. El producto de la alianza  de un profesor de la Universidad de Duke (Michael Hardt) y un profesor de Ciencias Políticas de la Universidad de París y de Padua  (Antonio Negri), cuestionan la definición más clásica de la Política, acuñada por Aristóteles: La política es el arte de lo posible que sustituyen por otra: La política es el arte de hacer posible lo necesario.

Naomí Klein, es la autora de No-Logo. Ella visitó hasta hace muy poco, a  Argentina para estudiar de cerca el fenómeno de las Asambleas Populares y de acuerdo a lo observado,  manifiestó  que nuestra frase popular “que se vayan todos” expresa el momento particular que   estamos viviendo. Pueden irse todos, pero mientras tanto, no se va ninguno y circulan, camuflados en el mismo establishment., sobreviviendo. Los “escraches” no son suficientes; los cacerolazos no son efectivos; la violencia, sabemos que genera más violencia; la fauna política es eso: sólo fauna (sin ofender al reino animal).  La queja sólo se ubica en una serie infinita porque no hay propuestas. Las propuestas a discutir faltan... y la serie de argumentos continúan. Hasta con el riesgo de parecer especies de “maestros ciruelas” que designan la falta, sin saber que hacer con ella.  Claro, la falta de los otros, en este caso particular de doxa vaciada de sentido. Un dar cátedra que recicla viejas utopías o se habla de una nueva subjetividad. En fin, una torre de Babel. 

Por eso, y con el objetivo de no dispersarse, deseo desplegar un poco más la denominación de sujeto político como aquella figura que interviene en el múltiple-histórico de una situación, precisamente de un acontecimiento. Un operador que interviene en una sociedad en riesgo en la cual la política es, ahora más que nunca,  una cuestión de estrategia, táctica y diálogo, alejándose de las percepciones o intuiciones fundamentales. En nuestra política vernácula se producen acontecimientos a los que podríamos calificar de vergonzantes: se trata de estallidos entusiastas momentáneos que perturban de modo ocasional el curso habitual de las cosas y que a la mañana siguiente son seguidos por una desilusión aleccionadora, un típico sabor amargo.

Estos patéticos acontecimientos que hoy, los argentinos estamos atravesando, son momento de verdad, construidos con la estructura general de mentira, error  y equivocación.  Zizek afirma que la doctrina fundamental de la política posmoderna es que no hay ningún acontecimiento, que nada ocurre realmente, que el acontecimiento-verdad es un cortocicuito pasajero, ilusorio, una identificación falsa que será dispersada un poco antes o un poco después por la reafirmación de la diferencia o en el mejor de los casos, con la promesa efímera de lo mejor. Ofrecimiento equivalente a un por-venir asegurado que en nuestro caso singular, nunca llega. Así, en medio de la inescrupulosidad cotidiana del ser argentino (asimismo del otro CER, también) y al parecer, de su actual fatalidad, la opinión pública ilustrada, no aporta a la crisis un contenido claro y preciso; la mayoría, continúa embrollándose en un lenguaje técnico y que en este caso, no señala el saber de quien lo enuncia, sino una distancia afectiva del mundo que lo rodea. De acuerdo con este argumento, traigo a la memoria que el psicoanálisis no responde a los hechos sociales: alimentar nuestra jerga para inmediatamente lacanizar un acontecimiento observado, es un signo de banalización, característico de la falta de   concordancia  con los postulados del Psicoanálisis, sobre todo, cuando nos cuestionamos cómo lo hacemos avanzar en la época que nos ha tocado vivir.

En un párrafo del Seminario XVII El reverso del psicoanálisis, que transcribiré a continuación, Lacan hace referencia a la eficacia del saber del explotado. La cita en cuestión es la siguiente:

 

Esta vuelta a acentuar el saber del explotado me parece que está motivada de modo muy profundo en la estructura. La cuestión es saber si no se trata sólo de un sueño. En un mundo donde ha surgido de una manera que existe, que es una presencia en el mundo, no ya el pensamiento de la ciencia sino la ciencia de alguna manera objetivada, quiero decir esas cosas forjadas enteramente por la ciencia, simplemente esos trastitos, aparatitos y demás, que ocupan hoy el mismo espacio que nosotros, en un mundo donde ha ocurrido esta emergencia, ¿puede pesar todavía lo bastante el saber hacer de manual como para ser un factor subversivo? Así es como se plantea la pregunta para mí[2].

 

Esa clase del 13 de mayo de 1970, concluye con una pregunta ¿Qué hacen ustedes con todo lo que yo digo?

Me respondo, casi inmediatamente, elaborar no repetir; conocimiento no saber.

Es la aparición de lo real, que no es sólo un real fuera de sentido, sino también un real por fuera del saber. Entonces y volviendo al inicio de mi desarrollo, la construcción del sujeto político exige un saber pero ligado al hacer. Exige el desarrollo del conocimiento que implica la elaboración de los hechos y no una acumulación de datos que ubicados en serie, están vaciados de sentido.

El verbo alemán durcharbeiten es traducido habitualmente por “elaborar” o “re-elaborar”. Expresa la idea de “trabajar a través (durch) de alguna tarea”. Evoca, además,  un esfuerzo prolongado, dedicado a recorrer una tarea desde el principio al fin. Tampoco se puede afirmar que se trata sólo de un concepto psicoanálitico propiamente dicho, puesto que Freud utiliza durcharbeiten cuando se trata de “trabajar” sobre los sueños y materiales proporcionados por el análisis, para designar asimismo, el trabajo de “atravesar” determinadas resistencias del sujeto.

Me animo a proponerles, (no sin dejar de advertirles que mi comunicación es un working-in-progress), que considerar a un sujeto político no dista mucho de otro que ha transitado o concluido con su análisis: un saber-hacer con la repetición relativo en este caso, a las relaciones de poder que lo proyectan a un bien común ( por otra parte, objetivo de cualquier praxis política). Llevado a la práctica,   excluye   un interés particular, lo resguarda del propio pasaje por la  relación de poder incluyéndolo en el lazo social. Le permitiría diferenciar lo destruido de lo devastado, término este último, en donde la esterilidad aparece como un amo absoluto y en lo destruido con la posibilidad de comenzar a construir algo.

No dejo de advertirme a mí mismo, que esta clase de comunicación preliminar, son pensamientos privados que trascienden la esfera de lo público, pero no dudo que intento así, responder a esa pregunta de Lacan que cité precedentemente. Así es como ubico mi propio savoir-faire en relación a la doxa.  

 

 

 

 

 

 

 

 



 

[2] J.Lacan. El Seminario XVII. El reverso del Psicoanálisis. Ed. Piados.

 








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