*Texto en colaboración con Candela Méndez
“Lo que
no se sabe se transforma en lo que hay que saber.
Lo
sabido define lo que falta al saber y de manera inversa, cómo lo que no se sabe
define el encuadre en reserva del saber”.
Jacques Alain Miller 1
Deseo destacar que parte de este proyecto teórico se ha
incluido en dos organismos para su publicación: uno nacional, Lusida (Programa
Nacional de lucha contra el sida y enfermedades de transmisión sexual) y otro
en el Centro de Información de la ONU en Argentina. Para que fuera viable en
estos dos organismos es necesaria la inclusión de casuística, que hace al
interés exclusivo de estas dos instancias.
Creo necesario, a ese respecto, dar a conocer detalles de
nuestro panorama latinoamericano en relación con la enfermedad del sida:
- 14000 personas se infectan diariamente de sida en todo
el mundo.
- En América latina y el
Caribe, casi dos millones de personas viven con HIV. No más de 170.000
accedieron al tratamiento. Cien mil o más mueren todos los años. Pero en
Estados Unidos, donde se estima que un millón de personas vive con HIV, sólo
fallecieron 15.000. Dicho de otro modo: en la actualidad el número de personas
que requieren tratamiento es equivalente a la población de Montevideo y los que
lo reciben, al público que entra en un estadio de fútbol como podría ser el
Monumental. Queda claro, los recursos contra la infección no llegan a todos. En
África aún el problema es mayor. Murieron 2.500.000 y sólo accedieron a la
terapia antirretroviral 30.000.
- El lema de trabajo para el 2003 de ONU sida para todo el
mundo es Vive y deja vivir. No apunta al virus del sida sino a la
estigmatización y discriminación de las personas que conviven con el virus. El
estigma puede ser tan dañino como el propio virus. La soledad y el desamparo
que genera son causa de profundo dolor para quienes padecen sus efectos.
El informe de Kofi Annan, secretario general de las
Naciones Unidas, el 1° de diciembre del corriente año, menciona que hay
personas a las que, por tener sida, se les niegan derechos básicos como la
alimentación o la vivienda o son despedidas de un empleo que están en perfectas
condiciones de ejercer. A veces son rechazadas por su comunidad o, en los casos
más trágicos, por su propia familia.
En el último número de la revista Science, Robert
Gallo y Luc Montagnier, co-descubridores del virus HIV escribieron que el sida
es una tragedia humana y una amenaza a la seguridad mundial por la posible
desestabilización política que puede causar. Para ellos, hombres de ciencia
médica, el sida debe detenerse pronto y claman por políticas de prevención,
fundamentalmente para países devastados del continente africano y asiático, que
implique una voluntad internacional sostenida. ¿Qué se puede hacer con estos países
cuando la estadística incluye al Caribe como las zonas más afectadas mientras
el avance de la pandemia continúa en toda América Latina?
Ambos científicos sugieren reducir los precios de las
drogas de los tratamientos retrovirales, únicos tratamientos médicos existentes
que se suman a los ensayos de las vacunas. Transferir tecnología del Norte al
Sur, intercambiar información y deducir de las deudas de los países pobres la
participación financiera en la prevención, tratamiento e investigación, como
respuesta coordinada a este flagelo que definitivamente es un signo de lo nuevo
en esta época que nos toca vivir.
El acontecimiento
imprevisto modifica la posición subjetiva: el acontecimiento es desprendimiento
inmediato de una primera consecuencia, es decir tiene una estructura
implicativa. Esta lógica esclarece su potencia propiamente temporal, teniendo
la capacidad para engendrar un tiempo propio. El acontecimiento determina,
siendo de este modo realidad y principio.
Los acontecimientos son singularidades irreductibles de
las situaciones, descubriendo así una verdad para el sujeto. Hace advenir “otra
cosa” que la situación, las opiniones, el saber instituido. Es un suplemento
azaroso, imprevisible, disipado apenas aparece: un acontecimiento puede ser
un modo de nombrar a lo real.
Efectivamente, encontramos que Jacques-Alain Miller en su
curso Les us du laps en la clase del 17 de abril de 2000, ubica el
acontecimiento imprevisto como uno de los nombres de lo real, haciendo del
sujeto un desprovisto. Lo pone al descubierto. Gracias a esta utilización del
acontecimiento imprevisto, lo real tiene una posibilidad de aparecer en la
sesión analítica.
¿El acontecimiento se inscribe en el tiempo?, o ¿El
acontecimiento crea al tiempo? Miller responde a estas preguntas comentando que
en la construcción del grafo del deseo, y a lo largo de su circuito, Lacan
utiliza e inscribe lo temporal que se centra en la lectura de acontecimientos
subjetivos. Por ello, como práctica, lo real es definido a partir de lo que
ocurre, es decir del acontecimiento. Determinando con ello un posible axioma
básico: lo seguro, es que mañana, por ese acontecimiento imprevisto, el
sujeto no va a ser lo que fue.
En “El aparato de
psicoanalizar”, Miller plantea que vivimos en una época en que sabemos que la
forma como abordamos lo real está en condiciones de afectar los hechos y de un
modo singular. En consecuencia, el saber científico, cuando se elabora, afecta
lo real.
Partir de la definición de la ciencia como saber en lo
real, nos posibilita determinar que el saber de que se trata aquí es un saber
que no sólo puede comunicarse, sino que además lleva intrínsecamente la idea de
comunicación. Lacan plantea que la lógica dada al saber científico, incluye el
modo de la comunicación como suturando al sujeto que él implica.
El uso de la noción de información, mensaje o código
genético está tomado, en la medicina científica, de una concepción de lenguaje
diferente al nuestro.
“Cuando
se habla de mensaje hormonal, no se trata de una articulación de sentido, sino
de la referencia a una noción de umbral, a partir del cual se constituye la
señal unívoca para el órgano que responde según la ley del todo o nada”.
El “no hay la relación sexual” posee una lógica que
permite situar el real.
Para los sujetos, falta ese saber en lo real ya que no hay
una relación reglada y natural sobre lo que deben ser las relaciones entre los
sexos.
Lacan plantea en el Seminario 11 que lo real se presenta
bajo la forma de lo inasimilable del trauma y nos aporta la noción de la tyché
como una forma de nombrar lo real como encuentro fallido.
“ La
función de la tyché, de lo real como encuentro -...en tanto que es,
esencialmente, el encuentro fallido- se presentó primero en la historia del
psicoanálisis bajo una forma que ya basta por sí sola para despertar la
atención- la del trauma”.2
Lo traumático, no sería la sexualidad sino la falta de
saber sobre la emergencia del goce sexual. Un encuentro traumático con lo real
determina un punto de certeza.
La certeza está articulada a lo real, ya que este
encuentro es imposible de negar, no se puede dudar de ello.
Guy Briole plantea 3
que frente al traumatismo la pregunta que surge es ¿Por qué sucedió?
Y toma el modo de única formulación de lo indecible a lo que el sujeto se ve
confrontado en un encuentro con un acontecimiento traumático, lo que deja al
sujeto sin palabras.
Aquí es donde corresponde localizar al goce en tanto se le
impone al sujeto que no puede decir nada al respecto.
Hay una desaparición del
sujeto, frente a lo inesperado de un encuentro donde ha visto su vida en
riesgo. El sujeto sólo puede verse como una víctima afectada por un accidente,
sometido a la arbitrariedad.
Un enfermo comprometido con el malestar de su cuerpo está
aprisionado con ese real que lo nombra. Esto nos permitirá a nosotros
analistas, el intento de arreglar su goce que seguramente opaca el horizonte en
una vida atravesada por el No Todo.
¿Podremos orientar a ese sujeto con una oferta de hacer
vivible su vida excluyendo el engaño cronológico del transcurrir del tiempo de
vida de cada uno?
El actual Premio Nobel de Literatura, Imre Kertész en su
novela Sin destino habla de los efectos que un campo de concentración
puede causar en un cuerpo: “Si en una situación normal hacen falta cincuenta o
sesenta años para envejecer, en el campo de concentración bastaron tres meses
para que mi cuerpo me abandonara”.
Lacan en la Respuesta a Marcel Ritter se pregunta
por el nexo entre el sexo y la muerte, y dice que respecto a la muerte se
ignora que haya dos, esto es lo que en general se admite para el sexo, porque
nadie puede morir en el lugar de uno, uno se muere solo.
¿Qué es entonces, lo verdaderamente traumático? Podemos
responder con Lacan que se trata de la entrada del sujeto en el lenguaje. Es la
intrusión de ese primer significante, relacionado con la falta de significante
en el Otro. Primera marca que deja un resto no significantizable.
Frente a este agujero, el sujeto deberá dar una respuesta
en la repetición de modo que cualquier surgimiento posterior de cierta
modalidad de lo real será leído a partir de estas significaciones.
De modo que “...sobre
todo encuentro posterior recaerá por efecto de après coup, una suerte de primer
sentido”.4
“...tenemos
que detectar el lugar de lo real que va del trauma al fantasma- en tanto que el
fantasma nunca es sino la pantalla que disimula algo absolutamente primero,
determinante en la función de la repetición”.5
En el Seminario XI, Lacan
define lo real como lo que vuelve siempre al mismo lugar, donde el sujeto no lo
encuentra, lo evita.
“A
medida que el sujeto se aproxima a lo real, como inasimilable, se produce lo
que él llama, la huida en la repetición, a fin de no encontrarlo” 6
Finalmente y a partir de estos
argumentos expuestos brevemente y gracias a los aportes de Candela Méndez
deseamos rescatar diferentes cuestionamientos para dar una respuesta posible
desde una perspectiva psicoanalítica y hacer avanzar -de esta manera- nuestro work-in-progress.
Frente a la pregunta ¿Por qué sucedió?, se
construye otra: ¿Qué hacer?
¿Cuál es la apuesta del analista?
Hacer pasar el goce por
el análisis.
¿Bajo que modalidad?
No otorgando consistencia
a la infección de goce, que por otra parte, es lo que practica el discurso
médico al poner en disyunción el saber y el goce. Es decir, un discurso que
apunta a mantener el cuerpo en la ignorancia.
En cambio, el saber del
discurso analítico apunta a un saber no separado del goce.
Estas preguntas ¿Qué hacer? ¿Cuál es la apuesta
del analista? ¿Qué modalidad?, nos confrontan en la
experiencia analítica, más exactamente, como expresa Miller en El desencanto
del psicoanálisis, con un particular en disyunción de todo universal, un
particular que no se deja reabsorber en el universal, sino que es devuelto en
todo caso a la singularidad, a la originalidad, incluso a la extrañeza del caso
por caso. Por lo demás, lo singular es el estatuto del caso mismo. Así tenemos
que vérnosla con un real desprendido de lo racional y hasta de toda posibilidad
de regularidad y del establecimiento de una ley, cualquiera sea.