1.
Francisco de
Quevedo "Los sueños"7
¿Cómo una época vive la pulsión? Pregunta lacaniana que articula
dos elementos heterogéneos. La época, como aquello que cambia, y la pulsión,
como lo que no cambia. Sabemos que Freud estuvo a la altura de su tiempo, en
tanto tomó dos cuestiones que hacían agujero en el saber de la ciencia -la
histeria de conversión y las neurosis de guerra- y le permitieron formular dos
concepciones del síntoma, la homología al sueño como cifrado y el carácter de
satisfacción sustitutiva articulado a la compulsión de repetición. En otras palabras,
podríamos decir: el inconsciente y la pulsión de muerte. También Psicología de
las masas y el Malestar en la cultura son testimonios, entre otros, de su
esfuerzo por dar cuenta de la subjetividad de su tiempo.
Lacan nunca perdió esta perspectiva pues la clínica psicoanalítica
debe estar al tanto de la variedad del síntoma. En el síntoma está lo que
cambia y lo que no cambia. Lo que cambia, depende de las coordenadas del
discurso dominante. Lo que no cambia es lo real del síntoma, su núcleo de goce.
La época y la pulsión se articulan en los síntomas de cada momento histórico.
Cuál es la vigencia del planteo freudiano de Malestar en la
Cultura es una pregunta que lleva a reformular la ética inherente al texto del año
30, así como las modalidades del malestar en la actualidad. Las nuevas formas
de discriminación y segregación, el auge de los regionalismos, los lugares de
hundimiento, la globalización y sus efectos en la subjetividad, las vicisitudes
del síntoma en el discurso capitalista, son coordenadas para situar al
psicoanálisis respecto de la actualidad del malestar. Contextualizar el
psicoanálisis, implica partir de la subjetividad de la época -donde la
globalización y el avance de la tecnología acentúan la inexistencia del Otro,
la consistencia del mercado y lo que Lacan a llamado aletósfera-. Entonces ¿Es
vigente el planteo freudiano del año 30 respecto de las particularidades del
malestar en nuestra época?.
En "El malestar en la cultura", Freud nos dice: "El
programa que nos impone el principio de placer, el de ser felices, es
irrealizable... Discernir la dicha posible es un problema de la economía
libidinal del individuo. Sobre este punto no existe regla que valga
para todos; cada cual tiene que ensayar por sí mismo la manera en
que puede alcanzar la buenaventuranza" 2. Este
párrafo es central, ubica el principio del placer como irrealizable, la dicha
posible articulada a la manera de cada cual, pero lo más fuerte es que
ninguna regla es válida para todos. Lo más interesante de este planteo es que
la obra de Freud pone en cuestión el pilar de la ética kantiana.
El imperativo categórico, como máxima universal, nos dice:
"Actúa de manera tal que la máxima de tu voluntad pueda valerse siempre
como principio de una regla que sea para todos" 3. Plantea
que el hombre es más virtuoso cuanto más renuncia a sus inclinaciones
sensibles, a las que llama "patológicas". En la "Crítica del
juicio" dice: "En consecuencia podemos ver a priori que
la ley como principio de determinación de la voluntad perjudica por ello mismo
nuestras inclinaciones, debe producir un sentimiento que puede ser llamado dolor
y este es el primero, quizás el único caso en que nos está permitido determinar
por conceptos a priori la relación de un conocimiento que surge así de
la razón pura práctica con el sentimiento de placer o de pena" 3.
Podríamos formularlo así: La ley moral como principio de
determinación de la voluntad que perjudica nuestras inclinaciones, debe
producir dolor; evidentemente, Kant toma el dolor de manera negativa. Si
desde el psicoanálisis ponemos en cuestión este dolor en términos de
masoquismo, de placer en el dolor, el edificio teórico kantiano se cae. El
planteo de Kant toma el dolor en sentido negativo, como ausencia de placer, lo
cual hace posible sostener que el dolor es el único sentimiento permitido. Hay
aún algo más, la conciencia moral -para Kant- es lo más preciado en el hombre,
tan preciado "como el firmamento estrellado". La inscripción en su
sepultura dice "el firmamento estrellado sobre mí, la conciencia moral en
mí".
Freud encuentra que allí, donde para Kant se encuentra lo más
virtuoso en el hombre, lo patológico está en juego. Cuando el sujeto más
renuncia a la satisfacción pulsional, más severa y cruel se vuelve su
conciencia moral. Esto contraría el ideal kantiano pues el individuo cuanto más
renuncia, más orgulloso debería estar de su santidad.
Lacan sostiene que la conciencia moral como instancia crítica
actúa como un parásito que se alimenta de las renuncias del sujeto y, en la
medida en que renuncia, le exige más y más renuncia. En el Seminario 11, lo
formula en términos de pregunta: "¿Qué se satisface?"4.
La actualidad del malestar en la cultura no es tanto la cohesión
de la masa respecto del Ideal, ni el sentimiento de culpa, sino que actualmente
el Ideal no tiene una función reguladora. En el discurso actual opera
fundamentalmente el mercado, en tanto mundial, que intenta uniformar los modos
de gozar. Los productos de la tecnología que, para taponar la división del
sujeto, bombardean constantemente con una oferta saturada de bienes
descartables. Si bien Freud sitúa el superyó como mandato insensato que exige
renuncia, Lacan va a reformular este mandato diciendo que el superyó es un
imperativo de goce. El programa de la ética, en el texto del 30, es el programa
del superyó que intenta corregir lo que el programa de la cultura no ha
logrado.
La renuncia pulsional, como ley insensata pero articulada al Ideal
de privación, ha dado lugar a un superyó lacaniano como mandato de goce.
Sabemos que el ¡Goza!4 de Lacan es la verdad del superyó
freudiano. Pero el superyó actual es mas lacaniano que freudiano. En este
sentido podría decirse que el rasgo de la subjetividad de principio de siglo
era soñar, el deseo insatisfecho, el modo actual se acerca mas al dormir,
dejando al deseo anoréxico, bulímico o adicto, en tanto el Ideal de renuncia ha
dado lugar al consumismo y, por lo tanto, al taponamiento de la causa del deseo
por la invasión de productos del mercado.
Entonces ¿Cómo una época vive la pulsión? Esta pregunta apunta a
la modalidad. Modalidad del malestar que es la modalidad del superyó
"cultural". Tal como lo define J.A. Miller: "En la perspectiva
analítica, en la del superyó, ...una cultura es un modo común de goce, un
reparto sistematizado de medios y maneras de gozar" 6.
El superyó, podríamos decir, ya no es un parásito que se alimenta de
renuncias sino que alimenta y promueve el goce autista, en tanto, el discurso
capitalista sostiene el rechazo al lazo social y al amor. Para extremar la
cuestión, podemos agregar que el programa del superyó ya no es ético sino
empuje al goce. Por lo tanto, quizás el rasgo de la época no es el malestar en
la cultura sino el impasse ético. La pregunta de E. Laurent ¿En nombre de qué
se le puede impedir a alguien que goce?5 señala este impasse.
De modo que el imperativo del discurso actual es ¡Debes gozar mas!, llevando a
taponar la falta en gozar del $ con los objetos del mercado. La particularidad
del discurso capitalista, es el desarreglo entre S1 y S2 que implica la
inexistencia del Otro. Dejando al S1 como imperativo de goce y al S2
metaforizando los objetos del mercado.
Consumo Mercado
$ S2
S1 a
Imperativo Objetos
Discurso capitalista
En este sentido, el mercado no es un Otro; la declinación del
Nombre del Padre ha tenido como correlato la caída del soporte de las
democracias liberales y, también, los totalitarismos. Lo que Freud llama las
ideologías del superyó correspondientes a un pueblo o una raza, en la
conferencia 31, refutando la concepción materialista de la historia que las
ubica como superestructura de las relaciones económicas, dice Freud: "La
humanidad nunca vive por completo el presente; en las ideologías del superyó perviven
el pasado, la tradición de una raza y del pueblo, que sólo poco a poco ceden a
los influjos del presente, a los nuevos cambios; y en tanto ese pasado opera a
través del superyó, desempeña en la vida humana un papel poderoso,
independiente de las relaciones económicas"2.
Es, aparentemente, llamativo que Freud hable de ideologías del
superyó, hasta de un superyó cultural en "Malestar en la cultura",
habiendo rechazado siempre la concepción junguiana de un inconsciente
colectivo. Sabemos que el inconsciente de Jung se sostiene en una simbología
universal, en cambio el superyó da cuenta de la relación a la lengua
"frases efectivamente proferidas"2, mandatos
insensatos. Es probable que la globalización del mercado, tenga
consecuencias en este superyó cultural, portador de la tradición, arrasando con
las particularidades y, correlativamente, retornando a través de regionalismos
y fundamentalismos. La mundialización del discurso actual deja al sujeto sin
Otro.
El desafío del psicoanálisis ya no es idéntico al de la época de
Freud, ya no es una novedad decir ninguna regla vale para todos3,
sin embargo, la manera de cada cual, el síntoma, sigue siendo nuestra
apuesta.
Los signos de esta época -comenta J. Alemán- fueron anticipados
por Lacan: "procedimientos de homogeneización, desintegración del concepto
de experiencia, desaparición de la memoria, declinación de la imago paterna,
aumento del racismo, planetarización de la mirada"1; a
lo que habría que agregar: rechazo de la contingencia.
En la lógica discursiva del sueño, la contingencia es lo que
despierta, en el dormir que sostiene la globalización del discurso capitalista,
lo que despierta está absorbido con el cálculo del riesgo, la inclusión del
horror en los mass-media y la banalización de los encuentros virtuales.
Así como Freud plantea, al comienzo de la conferencia 31º,
"Sé que en sus vínculos con personas o cosas Uds. advierten la
significación del punto de partida. Le ocurrió también al psicoanálisis,
...iniciar su trabajo por el síntoma"2, el punto de partida,
la contingencia del encuentro, es la vía de la conclusión, como salida, en
tanto demostración de lo imposible y, por lo tanto, implica llegar a la certeza
pasando por lo más incierto, lo más contingente. Quizás, el estatuto del
psicoanálisis como refugio podemos ubicarlo en este sesgo.
Bibliografía
1 Alemán, Jorge : Psicoanálisis
y política. Huéspedes del porvenir. Ed. Del cruce.
2 Freud, Sigmund:
La Moral sexual y la nerviosidad
moderna. Tomo IX, AE.
Más allá del principio de placer. Tomo
XVIII, AE.
El yo y el ello. Tomo XIX, AE.
El problema económico del masoquismo.
Tomo XIX, AE.
El malestar en la cultura. Tomo XXI,
AE.
Nuevas conferencias... Conferencia Nº
31. Tomo XXII, AE.
3 Kant, Emmanuel:
La crítica de la razón práctica. Losada
La crítica del juicio. Porrúa
4 Lacan, Jacques:
Seminario VIII. Paidós
Seminario XI. Paidós
Seminario XX. Paidós
Radiofonía y Televisión. Anagrama.
5 Laurent, Eric: Los nuevos síntomas y
los otros. El caldero de la Escuela nro57
6 Miller, Jacques-Alain: El Otro que no
existe y los comités de ética. El caldero de la Escuela nro58
7 Quevedo, Francisco: Los sueños.
Editorial Sopena.