¿Cómo
responde el psicoanálisis frente a las situaciones límites de nuestra época?
1) Tomando
los trabajos de dos sociólogas que han publicado Actores sociales y sida,
siempre hemos denominado nuestro objeto de estudio como complejo hiv/sida,
entonces:
Complejo/hiv-sida.
Nos permite trabajar lo que está
del lado del Complejo.
Entendiendo por éste el conjunto
de representaciones parciales o totalmente inconscientes, provistas de afecto y
que organizan al sujeto en su singularidad, como así también, orientando sus
acciones. Como verán, el concepto es tomado de los preceptos freudianos
clásicos. Del lado del Complejo la posición subjetiva frente al Otro. Pensamos
que allí está lo inclasificable del sujeto y allí, asimismo, ubicamos el
concepto de subjetividad de la época.
Del lado hiv/sida,
nada más que clasificaciones que ubican al virus en Tipos, Subtipos, etc.
Incluyendo
los aportes de la Medicina en el avance de terapias combinadas, desarrollos de
vacunas, estadísticas posibles, campañas de prevención, etc.
2) En el
libro Pensar, clasificar Georges Perec expresa que es tanto el deseo de
distribuir el mundo entero según un código único, que una Ley Universal regirá
el conjunto de los fenómenos: dos hemisferios; cinco continentes; masculino y
femenino; animal y vegetal; singular, plural; derecha, izquierda; cuatro
estaciones; cinco sentidos; etc., etc.
Sin
embargo, también afirma, que esto no funciona.
Así
también es como muestra Borges esta ineficacia en El idioma analítico de John
Wilkins. Borges atribuye la confección de una enciclopedia china a un tal
doctor Franz Kuhn quien la habría plagado de redundancia y deficiencias por el
afán de clasificar todo. De igual manera que el idioma universal ideado por Wilkins,
donde cada palabra se definía a sí misma.
Ambas
empresas tenían un intento universalizante pero provisorio y utópico.
3) Freud interpretaba un hecho ineludible, extraído de su
experiencia clínica, la cual lo condujo a una construcción posible: la
existencia de una radical insistencia, de una decidida inmutabilidad del sujeto
humano con respecto a las formas de goce que éste adopta desde un momento dado.
A tales formas de goce, Freud las articula con el concepto de
repetición, decisivo en su teoría del inconsciente, y en su posición ética ante
las propuestas de domesticación de lo humano bajo diversos modelos terapéuticos
u otras estrategias con fines análogos. La importancia que
tiene tal tesis no escapará entonces a muchos, y como se puede ver, va más allá
del psicoanálisis mismo.
Si se toma en consideración por
ejemplo, la posición que un sujeto dado asume frente a su identidad sexual
(asunto éste que concierne a los humanos como sujetos singulares, pero también
a las sociedades, de diferentes maneras) se observará que la misma requiere ser
analizada en función de dicha inmutabilidad.
“Sé con precisión que en todo aquel viaje a Herzegovina no acudió
mi recuerdo conciente ese triste suceso, ni lo que con él se entramaba”.
Si la trama del inconsciente se construye en relación a la
articulación muerte/sexualidad, el Gripsi apunta al más allá del hiv/sida
para dirigirse a la sexualidad en la subjetividad de la época. La historia de
la sexualidad es una historia del discurso, nos recuerda Foucault, será una
historia del discurso construido en la subjetividad de la época, agrego.
Me detengo un poco en una propuesta. El término sexuación,
utilizado por Lacan, es más preciso. Más allá de la sexualidad biológica,
designa el modo en que, en el inconsciente, los dos sexos se reconocen, se
diferencian e intentan una manera fallida de encuentro.
4) En un diálogo para el suplemento de cultura de La Nación,
realizado en la edición del 18 de abril del corriente año, Elizabeth Roudinesco
reflexiona en torno a la modernidad. “Cuando se aprobó en Francia el pacto de
unión civil para los homosexuales muchos psicoanalistas se opusieron. Yo no
estuve de acuerdo con ellos –dice–...en los dos últimos siglos la familia
sufrió muchas transformaciones. Una de las hipótesis que desarrollo es que,
luego del comienzo de la tragedia del sida, que ya se llevó más de 40 millones
de personas de este mundo, toda una generación en ese entonces muy joven, quedó
sacudidísima”.
Ella cree que eso influyó para que los homosexuales desearan
perpetuarse a través de la descendencia. Continúa pero sus opiniones exceden
este espacio de presentación.
Sin embargo, realiza un comentario que resulta actual.
Ella afirma que el psicoanálisis es violentamente atacado en el
mundo entero, sobre todo en los Estados Unidos, por los adeptos a las
neurociencias, que explican todo lo humano en términos biológicos. Recuerda
algo que puede aparecer obvio: la importancia de lo inconsciente, en
contraposición a ese tout biologique.
Al existir biologismo existe una verdadera oleada donde pululan
clasificaciones y más clasificaciones estadísticas de los desórdenes mentales
que no sirven de nada para el trabajo concreto con los analizantes.
5) Volviendo a Freud, referencias, similitudes. Veintiocho
referencias en las obras completas de Freud acerca de la sífilis verifican su
ocupación en la subjetividad de su época. Sólo dos como muestras de un work-in-progress:
“La angustia de estos desdichados proviene de su violenta lucha
contra el deseo inconsciente de propagar su infección a los demás; en efecto,
¿por qué debían estar infectados ellos solos, y apartados, de tantos otros?
¿Por qué no deberían estarlo estos?... (Capítulo IX. El instinto gregario.
Psicología de las masas y análisis del yo. T. XVIII
–1921–) o el comentario que realiza en Inhibición, Síntoma y Angustia:
“La angustia de castración se conserva bajo la máscara de la fobia a la sífilis
después de saberse que la castración ya no se usa como castigo por ceder a los
propios apetitos sexuales, pero en cambio amenazan graves enfermedades si uno
se entrega a la libertad pulsional”.
6) El sida es una enfermedad cuya
carga de estigmatización, cuya capacidad de echar a perder una identidad, es
muchísimo mayor. Las figuras de la catástrofe o de las situaciones límites,
reavivan la imaginación y ellas, en lugar de situarse en tiempo pasado, se
proyectan en el incierto escenario del porvenir. El contagio y sus metáforas
salen del territorio arcaico y ocupan el tiempo presente: sexo y sangre lo
transportan. Luc Montagnier ha presentado en algún momento, al virus HIV como
capaz de practicar el “camuflaje”, de disimularse por “mimetismo molecular”, de
actuar de un modo “completamente diabólico”. El mal señala que la impotencia
humana es aún muy grande a pesar de los avances del saber, y lo hace con una
agudeza devastadora. Georges Balaudier en Le Grand systeme dice que el
HIV “ataca lo que es la fuente de la vida alimentada por el deseo, lo que mantiene
la vida por la generosidad del flujo vital”.
El sida sigue siendo una amenaza ubicable en su causa, un virus,
que es la variable exterior y amenazante que se confronta a otra propiamente
interior del sujeto, la sexualidad. El silencio señala un vacío insoportable
que aparece como respuesta a no querer saber nada sobre eso.
En este punto deseo destacar una cuestión. El complejo/hiv-sida se
constituyó en el precursor de los nuevos miedos del siglo XXI, leáse en este
punto la variación que se inicia en el ataque con ántrax; amenazas con el virus
del ébola, 100% más mortal que el sida; el SARS en Oriente; bombas
bacteriológicas; etc.
7) Una variación marca en la
música la imitación melódica de un mismo tema. También es hacer que una cosa
sea diferente en algo de lo que antes era. Quizás en esta presentación las
variaciones precedentes hayan sido por azar, quizás no. Hasta ahora, todos los
analistas nos ocupamos de lo real.
El pensamiento analítico toca a lo
real. Algunos ejemplos de ello.
Una de las primeras definiciones de lo real es “lo que vuelve al
mismo lugar” (Seminario VII, clase del 23 de diciembre de 1959). En el
Seminario IX refuerza este concepto (clase del 30 de mayo de 1962): “lo real es
lo que vuelve siempre al mismo lugar, a ese lugar donde el sujeto en tanto cogita
no lo encuentra”. Lo real es ese retorno como indiferente a toda posición
subjetiva. “Lo real no es de este mundo. No hay la menor esperanza de alcanzar
lo real por medio de la representación. Lo real no es universal, en el sentido
de que sus elementos no pueden decirse todos” (“La tercera”. Intervenciones
y textos 2).
Pero lo real es también lo impensable.
Lo que aparece finalmente como “el sentido blanco”; “queremos
decir que surge cual un meteorito en los blancos del sentido” (Seminario XXII
11 de marzo de 1975).
La idea misma de real comporta la exclusión de todo sentido. “Si
podemos aprehender un poco lo real, es en la medida en que está vaciado de todo
sentido” (Seminario XXIV, clase del 10 de mayo de 1977).
Destellos, entonces, de lo real.
Es que de
todas estas variaciones que hoy mencionamos: el complejo HIV/sida; la
sexualidad; lo real; la subjetividad de la época, se puede verificar en ellas,
lo imposible de clasificar. La manera en que no se trata de incluir lo particular
de cada sujeto en un cuadro que consigne si es posible o no construir con su
vida, algo que lo conduzca a su felicidad.
Somos
testigos de un cambio de época: hay-un-mundo.
Con lo in-mundo trabaja el Psicoanálisis que ante
semejante vivencias de incomodidad subjetiva, se oferta con sus herramientas a
escuchar, profesión con característica im-posible y con un valor agregado: la existencia de tanto
“ruido” en la vida cotidiana.
Por ello
el Psicoanálisis no se oferta como una cosmovisión, no se lo ubica en un
Para-Todos, ya que son pocos los sujetos que deciden privilegiar la escucha. En
el marco de esos silencios podrán escuchar sus impasses, versiones de ese uno
por uno en la historia del caso.
Nota: El
presente trabajo se encuentra dentro del marco “Pensar la sociedad argentina”,
libro de entrevistas de próxima aparición, escrito conjuntamente con el
historiador Gabriel Erdman.