Columnas

El presente de nuestra civilización
por Carlos Gustavo Motta
"...el blindaje de la virtud provoca un individualismo vacío, porque todo lo que se le propone al sujeto,al decir de Marc Augé, pertenece al mundo de las evidencias..."

07-05-2001 - Por Carlos Gustavo Motta

Untitled Document ¿Es enseñable la virtud?, ¿o no es enseñable, sino que sólo se alcanza con la práctica?, ¿o ni se alcanza con la práctica ni puede aprenderse, sino que se da en los hombres naturalmente de algún otro modo

De esta manera, da comienzo un diálogo de Platón, el Menón.
Y lo que surge de ellas, es otra pregunta, ¿Qué es la virtud?
Concepto que posee varios significados. Entre ellos, se lo menciona cuando existe la posibilidad de algún beneficio. Y se habla de su práctica, cuando se la ejercita o de su falta, cuando se la excluye de las relaciones personales.

Intento establecer una relación entre la virtud y el psicoanálisis, y para ello tomo como punto de partida El malestar en la cultura, haciendo referencia que más allá de los propios argumentos teóricos del ensayo, allí Freud afirma que el sujeto no se encuentra cómodo en la civilización del presente.
De este escrito podemos inferir que sentirse incómodo en cualquier eje temporal, es propiedad exclusiva de la naturaleza humana.
No es la civilización del presente, es siempre el presente de una civilización que mantiene las tensiones de los sujetos entre sí desde el origen de la humanidad.

El presente en Freud, termina siendo una excusa de su época, para manifestarle a sus seguidores, que la insatisfacción es moneda corriente en el campo de las neurosis y que la existencia de un discurso otro, no es propiedad de la conciencia. Existe algo que se escamotea y eso (podríamos estar de acuerdo) se llama inconciente.

Hay quienes piensan que los conceptos analíticos no tienen ningún valor, ni corresponden a la realidad, argumento que reduce al psicoanálisis al campo de la conciencia. El valor del psicoanálisis no es sólo la posibilidad que tiene un sujeto de hacerse nuevas preguntas, ni tampoco del desarrollo del conócete a ti mismo. Su aptitud es intervenir sobre un enunciado que lo interroga íntimamente.

Vivimos en una época donde esta posibilidad resiste brutalmente. Se rechaza la subjetividad: la sociedad que practica una filosofía pragmática, posee a su alcance el bienestar económico que le permite practicar una filosofía del tener.
Virtud blindada, o el blindaje de la virtud que provoca un individualismo vacío, porque todo lo que se le propone al sujeto, al decir de Marc Augé, pertenece al mundo de las evidencias.

La sociedad que practica otras modalidades del pensamiento, tienen la tendencia de ubicar los valores principalmente en su malestar. La propuesta de un no-todo que se solidariza con los límites de la castración.

La construcción del sujeto para el psicoanálisis, ¿incluye la virtud o la ética?, ¿son dos términos que se excluyen entre sí? Para Platón, la virtud no se la enseña ni se la aprende; tampoco se la posee por naturaleza. Es un don, exclusivo e intransferible. Para Aristóteles, se es virtuoso cuando se permanece entre el más y el menos: el justo medio. Tomar partido, entonces, pertenece al campo de la ética.
La presencia es ética, no virtuosa, de allí que siempre se hable de la presencia del analista y no de la práctica virtuosa del psicoanálisis, utopía banalizante.

El presente de nuestra civilización confunde términos. Confunde intromisión con interés. Confunde ajuste de medidas económicas con empobrecimiento de condiciones laborales. Confunde la falta de consumo con el cansancio y la pérdida de credibilidad. Confunde el fortalecimiento de la conciencia alimentando el conformismo de mandatos internos feroces, a la elaboración de los acontecimientos que permiten algo de saber subjetivo. Confunden las corrientes filosóficas con las herramientas específicas y precisas del psicoanálisis.

Es un presente antagónico que relanza en el horizonte, diferentes modos de ideales expectantes, verdadero abanico de virtudes, y que no son suficientes para hacer presente en nuestro mundo, un compromiso ético.

Este compromiso, verdadera apuesta del psicoanálisis, conduce a un camino, que si bien puede estar atravesado por el peso de lo real, un saber-hacer no se constituye en promesa, sino en una posible realidad que tiene el sujeto al alcance de su mano.

Finalmente, podría ocuparme brevemente, del modo presente del malestar, ubicando tres aspectos que, a mi juicio, podría circunscribirlos en: Estudios multiculturales. Eugenismo y tolerancia.

Dilemas éticos.

a.- Estudios multiculturales:
Un uso actual y fundamental del psicoanálisis es que el encuentro con el analista se transforma en la instalación de un paréntesis, en el cual el sujeto sometido a la tiranía de su psicopatología de la vida cotidiana, busque y encuentre el sentido de su identificación.
El sujeto que se esfuerza en identificarse para definir su posición en la civilización, por lo menos, en el encuentro con el analista puede experimentar la falta en ser. Es uno de los usos fundamentales del psicoanálisis y esto supone primero a los psicoanalistas quienes deberán hacer frente a la diversidad del nominalismo del sujeto moderno, ya que existe una realidad que se nos impone. Se infiere una regla proporcional simple, a medida que el estatuto del sujeto se problematiza, se independiza del Otro y las consecuencias se las observa en los llamados síntomas sociales: anorexia y bulimia; toxicomanías y adicciones múltiples; la pandemia del sida que logró modificar las costumbres sexuales; los mal llamados por el DSM-IV ataques de pánico y trastornos obsesivos-compulsivos; la lucha por no envejecer. Todos asegurando un realismo del que el sujeto no encuentra la forma de escapar.

b.-Eugenismo y tolerancia:
Los cambios políticos del planeta han determinado nuevas zonas territoriales y corriente migratorias, en consecuencia. Ello trae aparejado un desmontaje del viejo universo o la concepción del sistema público, para fragmentarse en comunidades de goces distintos, sintomáticos a los cuales hay que dirigirse. Un filósofo americano, Walzer, se pregunta qué sustenta la tolerancia. Y se responde que la tolerancia sostiene a la vida misma, porque la persecución con frecuencia conduce a la muerte y también sostiene nuestra vida en común, es decir, las diferentes comunidades en las que vivimos. La tolerancia hace posible la diferencia; la diferencia hace necesaria la tolerancia.

c.- Dilemas éticos.
Así planteo brevemente, una mirada actual, que no pretende ni ser una cosmovisión, una verdad periodística ni tampoco destilar pesimismo puro. Ni ataque ni defensa.
No estoy entre los alarmantes ni angustiados. Una mirada construida posiblemente, desde un imaginario social, para establecer un paso simbólico.

La pregunta que formula Lacan como clave de la posición ética en el contexto analítico, que franquea la moral de los poderes y del servicio de los bienes, es ¿Has actuado de acuerdo al deseo que te habita? Pregunta que señala al sujeto culpable por haber cedido sobre su deseo en nombre de los bienes.

Ubicar esta modalidad es la operatoria en cada análisis contra la falta-en-ser. Orientación que permite que un sujeto cambie de posición en relación a su goce, y decida si quiere aquello que desea.

Concluyo con palabras de Freud, quien en una ocasión, le escribió al filósofo Putnam: Siempre me impresionaron las bajezas de los hombres, incluyendo las de los analistas; pero ¿por qué los hombres y las mujeres analizados deberían ser mejores?...Pienso que es pedirle demasiado al análisis pretender que realice los más altos ideales de cada uno.