En
1989 promoví y participé en un acto de recordación y homenaje a Marie Langer
a dos años de su muerte, uno de los dos realizados junto a otro convocado
por la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional Autónoma de México
(UNAM). En una verdadera paradoja, se realizó en la entonces Casa Argentina
de Cultura, dependiente de la Embajada de ese país -pese al temor de su agregado
cultural por tas inevitables críticas que allí se formularían a importantes
políticas de su gobierno (ley de olvido y de Punto Final a los militaresde
la dictadura), pero que no planteó ninguna censura-, y no fue convocado
por ninguna institución psicoanalítica, que tampoco participaron en tal reunión;
incluso una de ellas, la más cercana en otros momentos a sus posturas, se
negó a suspender sus actividades docentes de ese día para permitir la concurrencia
de sus alumnos.
Esa reunión se llamó Recordando
sin solemnidad a Marie Langer, y en ella participé con un trabajo con
el título Recordando brechtianamente a Marie Langer,
intención
que no era de fácil realización, ya que Mimi no era precisamente Galileo Galilei
y mucho menos yo soy Bertolt Brecht. Pero, más allá de tales inconvenientes,
la intención era no caer en una recordación con la solemnidad clásica de los
homenajes tradicionales (que a ella no le gustaban nada, aunque sí los homenajes:
¿cómo no recordar como se sentía en el que le hicieron en 1986 en la Casa
de las Américas de La Habana?), ni mucho menos verla -como lamentablemente
ocurre en las recordaciones- con una imagen de absoluta pureza donde no existen
contradicciones y por tanto aparece un modelo idealizado generalmente ajeno
al real. Y Mimi nunca fue ni quiso ser algo similar a lo que es la Vírgen
María para los cristianos, Lenin para los marxistas dogmáticos, Freud para
los psicoanalistas religiosos, y ahora Lacan para muchos de sus seguidores
(como antes lo fue Melanie Klein) [1] .
Hoy no puedo dejar de señalar el peligro
de actos como el que se realiza ahora: el paso de los años puede producir
el "olvido" o disminución de algunas de las características "peligrosas" o
urticantes de la persona recordada, que de esta manera es cooptada
(término tan horrible como de moda) al eliminárseles sus sentidos que alguna
vez fueron y pueden seguir siendo molestos. ¿Cómo no tener en cuenta al respecto,
y entre tantos ejempos posibles, los constantes homenajes que hoy reciben
en México Lázaro Cárdenas y Emiliano Zapata, incluso por organizaciones que
en los hechos contradicen sus ideas y acciones? ¿Cómo no pensar que las ideas
básicas por las que se la evoca pueden ser diluídas al verse sólo recuerdos
personales o anécdotas cargadas de emoción?
Porque en estos momentos la figura
de Mimi puede ser claramente molesta para las personas e instituciones que
sin duda recuerdan su figura, pero en diferentes medidas reniegan de las posturas
-profesionales, políticas e ideológicas-, que la convirtieron en un paradigma
dentro del campo psicoanalítico.
¿Por
qué recordarla? Seguramente las razones serán distintas para diferentes personas,
y tal vez todas total o parcialmente válidas: si en general todos los individuos
son recordados por sus seres cercanos (familiares, amigos), junto a eso Mimi
lo es por ser una de las contadas iniciadoras del psicoanálisis en América
Latina, por sus trabajos pioneros en distintos terrenos profesionales (casos
de la psicoterapia de grupo y sus trabajos sobre la mujer
[2] ), y por esa peculiar calidez ya la vez fuerza que mostraba
en todas las empresas y vínculos que establecía.
Pero, desde mi perspectiva, si bien
todo ello es justo no es suficiente, e implica ver a una Marie Langer parcial,
fragmentada, a la que se le quita lo que es el centro y el esqueleto de su
praxis. Lo "molesto" para algunos. Porque el psicoanálisis que le importaba
no era el tradicional, elitista, clásico y dominante de ayer y de hoy.
Era otro, no tanto en lo teórico -aunque
formulaba posturas que implicaban también cambios en este sentido- pero sí
en lo práctico: se preocupaba por el para quién y el para qué
del psicoanálisis, negando las ficciones de neutralidad y reconociendo que
toda práctica tiene un sentido que es preciso definir y recorrer.
Y
si en lo teórico discrepaba con las formulaciones clásicas y psicoanalíticas
sobre la mujer, respecto a la praxis buscaba colocarla al servicio no de las
minorías sino de las mayorías populares y sus intereses. Veamos muy brevemente
su historia para recordarlo, la que puede verse de manera más detallada en
el libro que hicimos en los primeros años de los ochenta
[3] . Nace en una familia acomodada, y desde su juventud participa
políticamente en organizaciones de izquierda en la conocida como "Viena roja",
incluso en actividades riesgosas y obviamente comprometidas como, por ejemplo,
colaborar en la huída del secretario general del Partido Comunista austríaco
ante el avance nazi. Ella narra así sus inicios políticos:
En
1932 estudié un semestre en Alemania. Asistí a un mitin gigantesco de los
nacionalsocialistas. Escuche al Führer. De regreso en Viena, empecé a militar
en la izquierda. Me pareció absurdo entregarse sin pelear. Meses después comencé
mi análisis. Ya no leía más a Freud, porque al comienzo de un tratamiento
era contraindicado. Reforzaba las resistencias. Por eso no me enteré de las
críticas vehementes y ya equivalentes a una declaración de guerra a los soviets
que Freud hizo en Sobre una concepción del mundo (1932). Leyéndola
ahora, uno se pregunta si no se trataba de un desplazamiento y si no se atacaba
tan duramente al comunismo porque prudencia y un pensamiento lleno de deseos
impedían declarar la guerra al fascismo, el verdadero adversario
[4] .
Es en este contexto que realiza su
formación psicoanalítica -formación breve y paralela a una práctica política
que nunca abandona-, y es incuestionable cómo nunca olvidará la relación entre
esos aspectos constitutivos de su vida y de su formación aunque, como se verá
más adelante, ésto quede de lado por un tiempo..
Esa
formación termina abruptamente y es todo un símbolo de su vida y del camino
de la institución psicoanalítica: mientras ésta prohibe a sus miembros toda
práctica terapéutica con militantes políticos de izquierda -actitud justificada
ante el avance nazi en Alemania y en Austria y así salvar la existencia del
psicoanálisis, argumento altamente discutible y poco válido
[5] -, Mimi se integra con Max, su esposo, a las Brigadas Internacionales
en la Guerra Civil Española en una actitud donde lo ideológico-político primó
sobre lo profesional, ya que no fué como psicoanalista sino como enfermera.
Luego se invierte la situación: el
exilio en Argentina donde participa en la fundación de la primera Asociación
Psicoanalítica latinoamericana, la práctica profesional y académica, la creación
intelectual. Y el "olvido" del interés por lo central de los años anteriores,
en una especie de período de latencia de la preocupación por lo ideológico-político
que dura casi dos décadas y media. Aunque ella en algunos momentos (aunque
parcialmente) lo relativice, tal como puede verse en el siguiente diálogo
del libro antes citado:
E. Guinsberg: Te comento un poco al margen y un poco humorísticamente
el trabajo que presentaste en ese simposium de 1957 sobre relaciones entre
analistas. Lo leí recientemente y creo que en él aparece esa disociación que
señalas: por una parte indicas un tanto irónicamente cómo se pretende pasar
del psicoanálisis como teoría científica a una concepción del mundo, y marcas
también las consecuencias de las terapias cruzadas (por lo demás aterradoras);
por otra parte, sin embargo, postulas juicios muy difíciles de comprender
para quién conoce tu pensamiento de ahora.. Hablas, por ejemplo, de "compartir
una ideología común, emergente de la teoría psicoanalítica"; hablas también,
de que la función de los analistas es lograr "la felicidad de los pacientes
en primera instancia y la del mundo en última".
M. Langer: ¿Pero tomaste eso en serio? Es totalmente irónico;
esto último, quiero decir. En general creo que tienes razón. A raíz de nuestras
últimas conversaciones yo también releí últimamente ese trabajo; quedé totalmente
perpleja. Gracias a su lindo título lo había imaginado mucho mejor. Es lo
que importa aquí, y creo que la lectura de todo ese número de la Revista,
dedicado al simposium, me parece que puede servirnos para darnos cuenta del
mundo alienado que se vive cuando se pertenece a una asociación psicoanalítica
[6]
Este período, realmente muy largo,
termina en 1965 cuando, dice, la guerra de Vietnam le recuerda su experiencia
española al ser invitada a un acto donde se promoverían nuevas Brigadas Internacionales,
las que -dentro de un contexto mundial altamente rebelde y contestatario (la
revolución cubana, la naciente "antipsiquiatría") , etc-, le recuerdan su
práctica de casi tres décadas atrás.
Luego lo sobradamente conocido, donde
lo latente deja de serio para ser plenamente asumido: la pertenencia a Plataforma
y la ruptura con la institución analítica conservadora y ortodoxa (no
con el psicoanálisis), la profunda vinculación
-como lo fuera en Viena- entre la praxis profesional y la
muy conflictiva realidad política argentina y latinoamericana, la compilación
de los dos tomo de Cuestionamos, la presidencia de la muy combativa
Federación Argentina de Psiquiatras, la constitución de la Coordinadora de
Trabajadores de Salud Mental y de su Centro de Docencia e Investigación, la
práctica terapéutica en hospitales populares.
En
esos dos tomos de Cuestionamos
[7] pueden verse los ejes centrales de los planteamientos críticos
y alternativos que hicieron primero los movimientos Plataforma y
Documento (paralelos en su origen pero coincidentes y unificados posteriormente),
clara expresión del "espíritu de la época" en Argentina, importantes partes
de Latinoamérica e incluso del mundo, donde se plasmaba el espíritu crítico,
rebelde y no pocas veces revolucionario de un momento que tuvo al Che Guevara
como paradigma, y a los movimientos obreros antiburocráticos, a las organizaciones
guerrilleras que surgían, y a las insurrecciones urbanas populares, como expresiones
activas de ese estado de rebelión [8] . En propias palabras
de Mimi en el Prólogo del primer volumen:
¿Cuestionamos qué? ¿El psicoanálisis en sí? ¿La ciencia que
tiene por objeto teórico el inconsciente con todas sus implicancias? No la
cuestionamos. Por el contrario. Somos psicoanalistas y nos importa el psicoanálisis.
Hemos comprobado que sirve para que el hombre se conozca mejor a sí mismo
y al otro, para que se mienta menos y sepa manejar más lúcidamente su destino
[...] Cuestionamos las omisiones que comete el pensamiernto psicoanalítico
corriente. Escotomiza el el modo en que la estructura de nuestra sociedad
capitalista entra, a través de la familia, como cómplice en la causación de
las neurosis, y en que se introduce, a través de nuestra pertenencia de clase,
en nuestra práctica clínica, invade nuestro encuadre y distorsiona nuestros
criterios de curación. Cuestionamos las omisiones que se hacen a ciertos conceptos
de Freud. Hay citas muy citadas y otras que sucumben a un olvido que no es
inocente. ¿Un ejemplo? "Una cultura que deja insatisfecho a un número tan
grande de sus participantes y los impulsa a la rebelión, ni tiene probabilidad
de conservarse, ni se lo merece" (Freud, "El futuro de una ilusión", en Obras
completas, vol.I, Biblioteca Nueva, Madrid, 1948)
[9] .
No cuestionamos al Freud científico que nos muestra cómo
la ideología de la clase dominante se transmite a través del superyó, de generación
en generación y vuelve lerdo al hombre en su capacidad de cambio. Pero cuestionamos
al Freud ideológico que toma la sociedad como dada y al hombre como fundamentalmente
incambiable. Cuestionamos, además, la institucionalización actual del psicoanálisis
y su pacto con la clase dominante. Compartimos la amargura de Anna Freud pero
no su resignación, cuando ella expresa que los jóvenes no se interesan más
por el análisis, porque teme que los adapte a una sociedad que ya no respetan.
Cuestionamos una práctica que tenga, consciente o inconscientemente, esta
finalidad, y que se vuelva elitista. Cuestionamos la limitación del conocimiento
psicoanalítico tanto para los que quieren formar a otros, como para los que
quieren formarse y, desde ya, para los que lo necesitan como terapia. Cuestionamos
el aislamiento de las instituciones psicoanalíticas, sus estructuras verticales
de poder y el liberalismo aparente de su ideología.
¿Para qué cuestionamos? Para rescatar al análisis de su anquilosamiento y de su preciosismo
actual [...]
Es
en ese contexto de una realidad super-politizada donde se produce la gran
radicalización del mundo psi que se nuclea -rompiendo conocidas diferencias
profesionales entre psicoanalistas, psicólogos e incluso psiquiatras (de lo
que es muestra categórica que fueran psicoanalistas, Emilio Rodrigué y Marie
Langer, los presidentes de esa etapa de la Federación Argentina de Psiquiatras)-
en esta institución, la Coordinadora de Trabajadores de Salud Mental y en
el centro formativo de ésta. Período donde sin duda alguna se promueven ideas
y planteos que hoy podrían ser vistos, con la valiosa distancia crítica que
produce el tiempo, en parte como "sociologistas" e incluso panfletarios y
simplistas, pero también innovadores en la búsqueda de respuestas, teóricas
y prácticas, a las nuevas condiciones y exigencias del momento. La actividad
en esa época fue impresionante en todos los terrenos: el consultorio privado
dejó de ser el ámbito cerrado y elitista del psicoanálisis clásico para quienes
se embarcaron en la nueva propuesta, para desarrollarse actividades también
en espacios tradicionales (universidades, aulas, etc.) pero también en nuevos
(prácticas barriales y comunitarias, asesoramiento a las organizaciones gremiales
no oficiales en una diferente perspectiva de la psicología laboral, asistencia
terapéutica a presos políticos cuando se lograba entrar a las cárceles, atención
terapéutica a militantes, etc.) [10] . Esa actividad
continúa luego de la derrota electoral de la dictadura militar en 1973, se
fortalece en el muy corto período democrático del presidente Cámpora (de menos
de tres meses) y se mantiene en las universidades que eran dirigidas por el
peronismo combativo -entre otros lugares en la cátedra de Psicología Médica
de la Universidad de Buenos Aires, que nucleó a varios centenares de psis
(entre ellos Marie Langer) en importantes tareas de formación, estudio y atención
clínica para quienes la solicitaran.
El
resto es conocido: la derechización del gobierno peronista, primero con el
mismo Perón que asume la presidencia en septiembre de 1973, y después más
con Isabel Perón a la muerte de aquel; igualmente la pérdida de fuerza de
los sectores populares como consecuencia de serios errores políticos pero
también por el incremento de la represión estatal y militar.
Y,
como consecuencia sobre Marie Langer (y sobre muchos otros), la amenaza de
las para-militares AAA (Alianza Anticomunista Argentina). Llega a México en
1974 no como exiliada sino invitada a participar en un encuentro académico
organizado por Armando Suárez y patrocinado por el Instituto Mexicano del
Seguro Social, con la participación de Franco Basaglia, Igor Caruso, Thomas
Szasz, Eliseo Verón y Guillermo Barrientos [11] , pero debe quedarse ante la
información que le llega de los peligros que corría en Argentina.A partir
de ese momento es que, como lo fuera en la década de los treinta y en sus
últimos años argentinos, se reunifican, y para siempre, sus dos intereses,
tal como categóricamente lo señalara en su artículo Psicoanálisis y/o revolución
social (presentado en Viena en 1971 y en final del primer tomo de Cuestionamos):
"Esta vez no renunciaremos ni al marxismo ni al psicoanálisis".
Hoy, viendo con distancia los sucesos
de esa época, llena de heroísmo pero también de voluntarismo y de múltiples
errores, así como la "crisis" del marxismo y del socialismo "real", es preciso
aclarar que para Mimi "marxismo" nunca fue un dogmatismo teórico sino, y en
un sentido muy amplio y sin sectarismos, la lucha por una sociedad distinta,
más justa y sin explotación. Por ello su trabajo en México, desde 1974 hasta
su regreso a Buenos Aires en 1987 con el cáncer que la llevaría a la muerte,
se centró, a más de su trabajo profesional y académico, en tres grandes tareas:
1.- la denuncia de la dictadura militar argentina, la organización
de los Trabajadores de Salud Mental, primero argentinos y luego latinoamericanos,
en México, y la atención psicoterapéutica de víctimas de la represión;
2.-
el trabajo psicoterapéutico y formativo en Nicaragua, preocupación central
de sus últimos años, que continuó luego de su muerte a través de quienes constituyeron
un equipo que, con toda justicia, llevó su nombre [12] .
3.-
la promoción y organización de los Encuentros Latinoamericanos de Psicoanálisis
y de Psicología Marxista, realizados en La Habana: estuvo en el primero,
no llegó con vida al segundo, y se hubiese alegrado mucho de saber que hasta
1998 continuaron cada dos años. Aunque -y esta es una opinión personal- lo
estaría menos viendo que tal continuación ha tomado caminos muy diferentes
al entusiasmo original. Pero esto sería otro tema que escapa al presente trabajo.
Su muerte produce otro símbolo, en
consonancia con lo apuntado en primer lugar: por su voluntad es velada en
el local del Movimiento Solidario de Salud Mental, organización de TSM que,
ya desde la dictadura y en esos años, realizó una praxis con víctimas de la
represión en una clara asunción de un determinado sentido de la actividad
profesional.
Hay
que decirlo: hoy Mimi no estaría contenta de la situación presente. Ni de
la situación política argentina, donde, por supuesto, no coincidiría sino
repudiaría la conciliación y el perdón a los militares y asesinos a través
del Punto Final, la Obediencia Debida y la amnistía, y la política seguida
por el gobierno menemista.
Pero sobre todo no lo estaría con
el abandono que un no escaso sector de TSM hoy hace de la praxis que ella
realizara desde los setenta. No le gustaría, aunque esta sea una simplificación,
ver el avance de una especie de "postmodernismo" incluso en profesionales
e instituciones que antes coincidían con intereses y planteamientos similares
a los suyos, y que hoy regresan a posturas tradicionales y con escaso o ningún
compromiso social.
En este sentido fue muy clara en una
entrevista poco divulgada que se publicó en Buenos Aires al final de su vida:
MSSM: En el Río de la Plata, lo nuevo en estos años fue la implantación
de Lacan ¿Cómo vés este fenómeno?
ML: Yo creo
que las cosas acá fueron claras: la política se había vuelto peligrosa y la
gente hizo una sustitución con el lacanismo, que es tan hermético, tan cerrado
y se presta tanto al fanatismo. En el exilio, la gente que empezada a estudiar
a Lacan dejaba de trabajar socialmente: es el antídoto contra la preocupación
social.
Parece que te da mucho para reflexionar, para pensar... para
aislarte en una lindísima torre de marfil. No creo que eso tenga que ver con
la teoría de Lacan, pero no me animo a decir qué tiene la teoría de valioso
o de no valioso, porque no la estudié. Pero el efecto de esa práctica era
ese: despolitiza, sustituye un proyecto por otro.
MSSM: ¿Te parece que ese fenómeno es ajeno a la propia teoría?
ML: No, no es ajeno. Yo creo que es una teoría tan compleja
que facilita que dejes todo el resto. El psicoanálisis no es tan difícil,
y yo me pregunto por qué Lacan escribe tan difícil, aparte de que es una característica
de los franceses. También en La Habana me preguntaron que pensaba de Lacan.
Dije: "si lo conociera seriamente no estaría acá porque estaría encerrada
estudiando". Te dá para toda la vida, eso es lo que fascina. Pero cuidado,
porque la revolución también dá para toda la vida, pero la meta es distinta" [13]
Por supuesto es tan difícil como riesgoso
decir qué pensaría y haría Mimi en este presente con proyectos y planteamientos
profesionales e ideológicos-políticos muy diferentes a los que ella viviera
y desarrollara. Pero pese a ese riesgo no es muy aventurado creer que no renunciría
a sus conocidos planteos, no sería una especie de "yuppie" acercándose a las
actuales tendencias escapistas, pero sí continuaría siendo una acerba crítica
a las praxis que tanto cuestionara desde su salida de la institución psicoanalítica.
Por supuesto estaría muy dolorida
ante las circunstancias actuales y los destinos de sus últimas realizaciones.
En los párrafos anteriores se mencionó el mayoritario abandono que profesionales
e instituciones han hecho de lo que fue el aporte y los planteos de Mimi,
abandono que es congruente con el Zeitgest actual que requiere de cosmovisiones
y perspectivas ideológicas que convaliden las actuales formas culturales.
Las psicológicas y psicoanalíticas incluídas, que nuevamente hoy actúan -en
su vasta mayoría- como acríticas y no cuestionadoras de nuestra psico(pato)logía
pero, eso sí, revestidas de "cientificidad" y "modernidad".
Años
antes hubiese sufrido claramente con la inevitable desaparición, como consecuencia
de la derrota electoral del movimiento sandinista, del trabajo iniciado en
Nicaragua y que llenó sus expectativas en los últimos años de su vida. Un
trabajo lleno de dificultades por múltiples causas -entre ellas las clásicas
resistencias y dificultades que provocaban los planteos de los "marxistas"
dogmáticos- pero que supo afrontar (junto con el equipo que integraba) con
el vigor y la resolución que la caracterizaban en sus empresas
[14] .
Más
(por un tiempo) le hubiese agradado la continuación de los Encuentros de
Psicólogos Marxistas y Psicoanalistas que, como ya fuera mencionado antes,
ella contribuyera a iniciar en 1986, poco antes de su muerte, que animara
en su realización de ese año y que contribuyera a continuar con su patrocinio
en México [15] . Por supuesto no es este el
lugar para narrar y analizar lo acontecido, las aventuras y desventuras vividas
en esas reuniones que puntualmente siguieron de manera bianual. Pero así como
lamentó la muy escasa asistencia de colegas mexicanos al primero -en parte
porque su enfermedad le impidió difundirlo de manera adecuada-, se hubiese
alegrado de un alto crecimiento en los dos siguientes, y nuevamente estristecido
por la casi ausencia en los posteriores: otra clara evidencia del "espíritu
de los tiempos" señalado anteriormente [16] .
Hoy
Mimi sería un personaje conflictivo para muchos que antes la veían cercana
y que hoy la recuerdan, la respetan e incluso la quieren, pero en múltiples
casos a prudente distancia respecto a las posturas enumeradas. ¿Es tal vez
por eso que, salvo el indicado acto en la UNAM a pocos meses de su muerte,
no se haya realizado uno como este en ningún lado, y menos a cargo de instituciones
que dicen respetar su trayectoria? Si en algunos casos el recuerdo de Mimi
provoca una cierta sensación de culpa, en otros casos no faltan justificaciones
al estilo de que su lucha y práctica "eran de otra época", que lo que hacía
"no era psicoanálisis", o que ahora la ven como expresión de una postura anacrónica
con la actualidad teóricamente "afrancesada" y alejada de toda preocupación
por la incidencia de la cultura sobre la psico(pato)logía de los no
casualmente llamado "sujetos", es decir "sujetados"
[17] . Y ni hablar de una "neutralidad que se recupera, o de prácticas
psicoterapéuticas que, salvo contadas excepciones, poco se practican.
Por supuesto que una re-lectura de
los textos de Mimi y de quienes compartieron su experiencia de fines de las
décadas de los '60 y comienzos de las de los '70, lo mismo que de las obras
de la corriente equívocamente conocida como "antipsiquiatría" -que ella compartió
en sus planteos generales y junto a sus principales figuras-, mostraría lo
que casi siempre se observa con el paso del tiempo, del surgimiento de nuevos
conocimientos y del procesamiento de la experiencia: desde la necesidad de
una nueva lectura crítica, hasta muchas de las limitaciones ya mencionadas
(en algunos casos simplismos teóricos, voluntarismos, idealizaciones, perspectivas
de futuro equivocadas, etc.). Pero algunas tendencias y/o profesionales actuales
se apoyan en esos déficits y errores incuestionables para dejar de lado u
olvidar que una parte mayor sigue teniendo gran validez o, en el peor de
los casos, se trataban de respuestas tal vez no totalmente correctas a preguntas
y cuestionamientos adecuados, preguntas y cuestionamientos que por tanto siguen
válidos y exigiendo respuestas.
En
ese sentido ¿acaso los planteos críticos de los movimientos alternativos a
la psiquiatría (Basaglia, Cooper, Langer misma, etc.) no son hoy tan o
más validos que lo que lo fueron en sus inicios, más allá de ciertas
exageraciones y planteos erroneos en algunas propuestas clínicas e institucionales?
¿Acaso no ocurrió lo mismo con Wilhelm Reich, cuyas respuestas a sus preguntas
válidas tal vez sean discutibles, lo que implica no abandonarlas sino
volver a buscar respuestas?
[18] ¿No ocurre lo mismo con el famoso y constante problema de
las relaciones hombre-cultura y sus consecuencias, hoy de hecho abandonado
por las actuales corrientes psicoanalíticas hegemónicas mediante diversas
formas (la negación en la ortodoxa institucional, la conversión en problema
estructural y por tanto el "olvido" de estudio y análisis de los problemas
concretos de cada cultura concreta en las lacaniano/lacanistas,
la también conversión en problemas discursivos en múltiples tendencias de
nuestro tiempo, etc.)? [19] .
Para quienes se mantienen en considerar
que tales interrogantes siguen siendo tan válidos como importantes e incluso
imprescindibles, no hay dudas de que la vida y la obra de Marie Langer es
un aliciente y también un modelo. Por ello la mejor y única forma de recordarla
no es con homenajes o colocando su retrato en casas, consultorios u organizaciones,
sino siguiendo, corrigiendo y perfeccionando su camino en la práctica concreta.
Algo más difícil pero también más
honesto.
Nota: elSigma.com agradece
al autor, el habernos remitido desde México
este
inédito material histórico conmemorativo