La responsabilidad en la era de la tecnociencia: el pasaje de espectador a habitante. Sobre la serie Miami: CSI

26/05/2009- Por Elizabeth Ormart - Realizar Consulta

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Era un día como tantos otros, una adinerada mujer de Miami paseaba con su bebé Sophie por la costa de la playa. Las palmeras, los canteros de flores inundan la pantalla con su garantía de placer y descanso. Pero de repente, algo de otro orden irrumpe en la escena. Una pareja dice ser la verdadera familia del bebé y mientras un hombre sujeta a la mujer, la pareja huye con la niña.

Ficha técnica y artística

Título original: C.S.I.: Crime Scene Investigation (2000)
Duración: 45 minutos
País de origen: Estados Unidos
Idioma original: Inglés
Color: Color
Sonido: Estéreo
Género: Crimen / Drama
Comenzó: 15 de julio de 2002 (6 de octubre de 2000 en EE.UU.)

Dirigida por: Lou Antonio, Danny Cannon, Kenneth Fink (I), Jefery Levy, Richard J. Lewis (as R.J. Lewis), Peter Markle (episodios "Esclavas de Las Vegas (2001)", "Los sonidos del silencio (2001)"), Oz Scott, Michael W. Watkins, Thomas J. Wright

 

 

La responsabilidad en la era de la tecnociencia: El pasaje de espectador a habitante. Sobre la serie Miami: CSI

 

 

 

Era un día como tantos otros, una adinerada mujer de Miami paseaba con su bebé Sophie por la costa de la playa. Las palmeras, los canteros de flores inundan la pantalla con su garantía de placer y descanso. Pero de repente, algo de otro orden irrumpe en la escena. Una pareja dice ser la verdadera familia del bebé y mientras un hombre sujeta a la mujer, la pareja huye con la niña. Los gritos de desesperación de esta mujer impactan en el espectador. El paseo está lleno de gente que mira impávida la escena. La mujer grita pidiendo ayuda, sus gritos incomodan y parecen algo ajeno a la paradisíaca postal del comienzo. La playa, las palmeras, el pasto recién cortado, las flores, todo esto contrasta con los gritos desesperados de una madre a quien le fue robado su bebé.

¿Por qué nadie la ayuda? Está rodeada de gente, sin embargo, nadie detiene a los que se llevan a la beba. Stanley Cohen, ha destinado un libro al problema de La negación. ¿Por qué hay espectadores pasivos? ¿Es responsable el espectador de su falta de acción? Cohen describe el triángulo conformado por víctima, espectador y perpetrador: “Existe un triángulo de la atrocidad: en el primer vértice, las víctimas, a quienes se les hace algo; en el segundo, los perpetradores, quienes hacen ese algo, y en el tercero: los observadores, aquellos que ven y saben lo que está pasando”[1]. En relación con el espectador, el autor observa que existen menos posibilidades de intervención cuando la responsabilidad es difusa[2] (tantos otros observan ¿por qué debería ser yo el que intervenga?), cuando las personas son incapaces de identificarse con la víctima[3] (incluso si veo alguien como víctima no voy a actuar si no puedo empatizar con su sentimiento), y cuando son incapaces de imaginar una intervención efectiva (los observadores no actuarán si no saben qué hacer).

Para que esta mujer se constituya en víctima el espectador tiene que verla como alguien distinto a él. Si una pareja se acerca y la trata como la “ladrona”, “la loca[4]” que se llevo a su hija, esto es suficiente para considerarla diferente. La diferencia es el rasgo que autoriza la violación de sus derechos y la inacción del espectador.

La serie continúa. Los detectives llegan a la escena y comienzan a juntar datos. Piden muestras de ADN de toda la familia, fotos, ropas, etc. Un llamado nos pone en la pista de que se trata de un secuestro. Una pista lleva a otra. Los detectives hallan el chupete del bebé y, buscando huellas de los captores, descubren que el ADN del bebé no coincide con el de su padre. El padre del bebé es el vecino fotógrafo de la familia. La policía presume que se trata del raptor. La investigación con tecnología de punta nos conduce al secuestrador que el padre biológico contrató para que robe a la niña. Cuando el fotógrafo se enteró, a través de una pesquisa particular, que ese bebé era su hijo decidió secuestrarlo y llevarlo a vivir con su familia.  “Él sería un padre soltero y su hermana y sus padres lo ayudarían con el cuidado de la bebé”.

El escaneo policial tapiza la pantalla de certezas tecno científicas. Sin embargo, nada nos dice acerca del vínculo que une a ese niño con su madre. Parece que cualquiera por el solo hecho de alimentarlo, cuidarlo y vestirlo podría arrogarse la potestad sobre el niño.

Nuevamente se pone sobre el tapete ¿Qué es ser un padre? ¿Qué es ser una madre? Preguntas a las que la obviedad biológica no alcanza a responder. Preguntas que resuenan cuando las tecnologías han trastocado la generación de vida humana. El saber que nos aporta la ciencia, el poder que exhibe la tecno ciencia, se presenta como un universo consistente solventado por las leyes del mercado que abonan su progreso. Sin embargo, ante la emergencia de lo constitutivo del ser humano, ante la aparición de lo simbólico, este universo se nos presenta falto de respuestas. La riqueza cuantitativa de respuestas tecno científicas no puede suturar la pobreza cualitativa de las verdades subjetivas.

Sophie está unida a su madre biológica no porque sea la mujer que la dio a luz, sino porque hay entre ellas un vínculo que se apoya en lo biológico para trascenderlo. Entre ellas hay un vínculo que la ciencia no puede explicar, que la técnica no puede escanear y que señala con un índice extendido el camino de la constitución humana.

Cuando miramos asombrados el desarrollo de las tecno ciencias no podemos desentendernos de la responsabilidad que tenemos por vivir en esta época. Podemos hacer como los espectadores que ven el secuestro de la pequeña Sophie y no hacen nada. Podemos ver a la técnica arrasar el terreno de lo humano y corrernos para no ensuciarnos las manos. O podemos responder desde la ética poniendo un límite positivo que preserve el espacio de producción de lo humano.  No sólo ver el desfile de los productos sino habitar un mundo que humanice la técnica.

 

 

 

Elizabeth B. Ormart

eormart@psi.uba.ar

 

 

 

 

 

Bibliografía

Cohen, S. Estado de negación. Buenos Aires: Eudeba. 2005.

FARIÑA, M. Cuestiones éticas en torno a la experiencia de Milgran. En línea: http://www.eticaycine.org 2009.

RORTY, R. Verdad y Progreso. Escritos filosóficos 3.Capítulo 9: “Derechos Humanos: racionalidad y sentimentalismo”. Paidós, Barcelona. 2000.



[1]Cohen, S. (2005) Estados de negación. Buenos Aires: UBA Derecho. Pág. 33.

[2] Estas observaciones se han realizado a propósito del experimento de Milgran. La responsabilidad compartida lleva a que finalmente nadie se responsabilice.

[3] La identificación con otro consiste en considerarlo “alguien como yo”. Este es un punto central a la hora de pensar la sistemática violación de los derechos humanos en la sociedad actual. Para que haya víctimas hay que considerar que no son “seres humanos” que no son mis iguales. Entonces se autorizan los malos tratos. Rorty dice, a propósito de la violación de los derechos humanos, que la tarea del educador moral no consiste en responder ¿Por qué debo ser moral? Sino “¿Por qué debo preocuparme por un extraño, por una persona que no es de mi sangre, por alguien cuyos hábitos me repelen? “

[4] Epíteto que recibieron las madres de los desaparecidos que reclamaban a sus hijos. Las Madres de Plaza de Mayo eran esas “locas” que se juntaban en la Plaza. La locura es tomada como el rasgo que legitima el ejercicio de la violencia y el trato deshumanizado hacia ellas.


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