La mirada en la fotografía estenopeica

08/06/2005- Por Roxana Adonaylo -

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¿Se puede hablar de una mirada a partir de una cámara sin visor, como es el caso de la fotografía estenopeica, la que por lo general, no reproduce la visión humana? ¿Cómo pensar los conceptos de ver y mirar en relación al campo específico de este tipo de fotografía?
Para el psicoanálisis: mirar no es sinónimo de ver. (...)
La fotografía estenopeica o pinhole (llamada así en EEUU y varios países de Europa) es un tipo de fotografía no convencional y se realiza con cámaras artesanales, construidas con cajas, latas o distintos objeto de cualquier forma y tamaño estanco a la luz.
En ellas se practica un pequeño orificio (“estenopo” en griego), generalmente con una aguja. El resultado de esta construcción es una sencilla cámara oscura en la que se proyecta la imagen exterior invertida (parte óptica).

 

 

 

 

 

 

 

 

¿Se puede hablar  de una mirada  a partir de una cámara sin visor,  como es el caso de la fotografía estenopeica, la que por lo general, no reproduce la visión humana?

¿Cómo pensar los conceptos de ver y  mirar en relación al campo específico de este tipo de fotografía? 

Para el psicoanálisis: mirar no es sinónimo de ver.

Lacan lo distingue en el seminario de los años 63/ 64: “Hace falta que la vista esté excluida del espacio de la sesión analítica para que la mirada tenga su mayor potencia (...) La ceguera parcial de los ojos, provocada por la posición acostada en el diván, contrasta con la luminosidad psíquica de una mirada inconsciente, núcleo de muchas de las manifestaciones clínicas...Esta mirada nuclear puede surgir como acto de mirar o como la satisfacción que este acto procura. Lacan la llama goce –objeto u objeto “a”[1] 

La fotografía estenopeica o pinhole (llamada así en EEUU y varios países de Europa) es un tipo de fotografía no convencional  y se realiza con cámaras artesanales, construidas con cajas, latas o distintos objeto de cualquier forma y tamaño estanco a la luz.

En ellas se practica un pequeño orificio (“estenopo” en griego), generalmente con una aguja. El resultado de esta construcción es una sencilla cámara oscura en la que se proyecta la imagen exterior invertida (parte óptica). Allí mismo se sujeta el material sensible, ya sea papel fotográfico o película de cualquier formato que luego se procesará  en un cuarto oscuro por medio del proceso de revelado (parte química de la fotografía) 

Juan David Nasio, nos dice: “Ver no es mirar, ver siempre es esperar aquello que se va a ver, no hay sorpresa en el ver, porque se trata de algo que se relaciona con el reconocimiento (...) El que ve son los ojos corporales, el que ve es el yo. El yo que no sabe, que desconoce, que forma parte de la imagen y la imagen forma parte de él. El yo solo percibe aquellas imágenes en las que se reconoce. (...) La mirada es el objeto que está ligado no a los ojos sino al orificio palpebral que puede ser también la hendidura de la pupila. La mirada surge cuando somos enceguecidos por un foco de luz proveniente de la pantalla reflejante del Otro. Esa chispa despierta un mirar interno, un mirar inconsciente, que ya no tiene que ver con el yo imaginario. Ese mirar inconsciente es un acto pulsional, desencadenado por la luz que viene del Otro. Entre ellos se va a producir el movimiento del circuito de la pulsión escópica”.[2]

Freud habla de una mirada hacia adentro, una mirada interna, una mirada interior a diferencia del ver que se desplegaría hacia fuera.

¿Cómo se ligarían el ver y el mirar? ¿Puede existir un mirar despojado del ver?

Nasio liga estos dos conceptos.: “No hay mirada sin visión, no hay mirada sin todo el contexto imaginario que da lugar a ella. Hace falta la pasión de lo imaginario para que haya nacimiento de una pulsión.”[3] 

Considero que la cámara estenopeica favorece el despliegue de esta mirada inconsciente, de este mirar interno, que es un mirar hacia adentro, una mirada interior que luego se hará visible a través de imágenes y de fotografías.

Este mirar interno, está en relación a las características particulares de este proceso de creación que se pone en juego. Durante el mismo se implementan diferentes dispositivos arte terapéutico que se despliegan dentro de una dinámica grupal.

La cámara y la imagen que se forma dentro de ella y aún mismo las fotografías que se obtienen, son utilizadas como soportes simbólicos. La cámara estenopeica en este caso es un objeto moldeable, transformable, un espacio vivo...

Estas cámaras construidas artesanalmente que son cámaras oscuras en primera instancia (al igual que los ojos), no poseen visor. Este hecho constituye una parte importante del estilo de mi trabajo ligado más a la arte terapia que a la sola adquisición de una técnica. 

La propuesta no está ligada a registrar con  ellas algo de lo que veo en la realidad inmediata, sino por el contrario en crear imágenes no vistas.

En la fotografía estenopeica, no hay una mirada previa facilitada por el visor. Tampoco hay un previo encuadre. A diferencia de la convencional, en ella, no hay límites visibles para componer la escena que luego voy a fotografiar. En la mayoría de los casos no representa la visión humana cuyo ángulo de cobertura es de 45 grados. Este hecho sumado a las múltiples variantes que nos enfrenta la misma técnica, como por ejemplo la forma, el tamaño del soporte-cámara, la relación entre su distancia focal y las dimensiones del negativo, la cantidad de estenopos o diafragmas que incorporo, la posible modificación del plano focal, que en este caso no siempre es plano, la incorporación de elementos ópticos por dentro o fuera de la cámara, el material sensible fotográfico que decido utilizar y otras variables que se presentan por el camino de la investigación personal  generan el descubrimiento  de otros modos de ver, de mirar... Ver... mirar desde otros ojos...  

Otto Steinert, dice que “uno de los elementos que intervienen en la creación fotográfica es el tiempo. Tanto en el sentido de un aislamiento de la idea de temporalidad por medio de la exposición, como interviniente en la elección del motivo y el acto simultáneo de aislarlo de la naturaleza ... No obstante, el tiempo debe ser considerado un parámetro físico variable que perceptivamente implica una duración psicológica. La fotografía es un procedimiento sintético que nos posibilita representar un espacio temporalmente discontinuo. El tiempo que nos revela es una fractura de un tiempo siempre en transcurso y cuya globalidad  excede nuestras capacidades perceptivas y memorísticas...” [4]

Carlos Vllasante analiza el uso de la tecnología y la técnica fotográfica y su tendencia cada vez mayor al uso de procedimientos basados en la instantánea, las obturaciones ultrarrápidas (tiempos muy cortos de exposición), las emulsiones cada vez más sensibles a la luz y las iluminaciones fotónicamente intensas. Para este autor esto se contradice con la escasa diversidad de imágenes fotográficas reveladoramente nuevas: “Se ha configurado un statu quo del tiempo de exposición fotográfico que posibilita  y fomenta un repertorio iconográfico repetitivamente despersonalizado...” [5] 

Al analizar el particular tratamiento del tiempo en la fotografía estenopeica, comprobamos simultáneamente que los elevados tiempos de exposición que se utilizan  generalmente en ella (van desde varios segundos a varios minutos), junto al proceso de construcción de la cámara: el hecho de que la toma sea única (no hay rollo, solo un pedazo de película o papel fotográfico que se renueva luego de cada exposición), condicionan que el fotógrafo participe más activamente en todo el proceso de creación y se incorpore en la toma más habitualmente que en la fotografía convencional incursionando, así, naturalmente en el autorretrato.

En este sentido, favorezco el autorretrato como campo y terreno de descubrimiento. Esto vivenciado desde mi propia experiencia como artista en análisis. Considero que la fotografía estenopeica se presta especialmente para ello. 

Walter Benjamín, en su pequeña historia de la fotografía toma el tema de las primeras fotografías y de los elevados tiempos de exposición que se utilizaba en ellas,  repetición en el hoy absolutamente recurrente, en la creación de imágenes buscadas a través de la fotografía estenopeica.

“La escasa sensibilidad a la luz de las primeras placas exigía una larga exposición al aire libre. Esta a su vez parecía hacer deseable instalar al modelo en el mayor retiro posible...”[6]

“El procedimiento mismo inducía a los modelos a vivir no fuera, sino dentro del instante, mientras posaban largamente crecían por así decirlo dentro de la imagen misma y se ponían en decisivo contraste con los fenómenos de una instantánea(...)

Todo estaba dispuesto para durar en esas fotografías tempranas”.

Había en torno a ellas  un aura, un médium que daba seguridad y plenitud a la mirada que lo penetraba....un aura que anidaba incluso en los pliegues de la levita. (...) 

¿Pero que es propiamente el aura para Walter Benjamín?

El se refiere a la misma como “una trama muy particular de espacio y de tiempo, la  irrepetible aparición de una lejanía, por cerca que esta pueda estar.”

Las fotografías que se obtienen con las cámaras estenopeicas, aluden a este concepto de aura trabajado por Benjamín. Este autor también se remite al ver y al mirar trabajado desde el psicoanálisis cuando habla de inconsciente óptico ligado a la fotografía, ya que nos dice: 

“La naturaleza que habla a la cámara es distinta de la que habla a los ojos, porque un espacio elaborado inconscientemente aparece en lugar de un espacio que se ha elaborado con conciencia. La fotografía con sus medios auxiliares, como lo es el obturador, (tiempos extremadamente largos o extremadamente cortos) hace patente el paso del hombre. Solo gracias a ella percibimos ese inconsciente óptico, igual  que solo gracias al psicoanálisis percibimos el inconsciente pulsional...”

Las fotografías estenopeicas son muchas veces fuertes, misteriosas y habitualmente emparentadas desde lo visual  con lo onírico y lo fantasmal.

Imágenes que no resultan indiferentes. Imágenes que despliegan palabras, emociones que intento se tomen  como punto de partida a la vez para generar nuevas producciones fotográficas y hasta a veces literarias. 

Freud dice que el retorno de lo reprimido no siempre es un retorno oral, sino que también puede ser un retorno plástico, desde el terreno de la imagen.

Zweig, escritor judío alemán le escribe una carta a Freud, en ella, le cuenta que estaba sufriendo una penosa enfermedad en la vista, esta enfermedad le generaba  la aparición en la visión de máscaras y rostros  que se le producían a partir de una gota de líquido que tenía en la retina de su ojo. Él mismo reconoce en esos rostros, sentimientos ligados a su historia personal. Freud le responde esta carta el 10 de septiembre de 1930 diciendo que: “a través de su retina se podría ver muy en el fondo de su inconsciente...”

Estos conceptos, me remiten al libro de Italo Calvino: “Las ciudades invisibles”, libro inspirador de una de las muestras que realicé de mis trabajos de fotografía  estenopeica,  llamada “Ser  Urbe” cuyas imágenes acompañan esta nota.

Alli Kublai, Jan el emperador escuchaba los relatos del viajero Marco Polo que esta vez  visitaba Fïlides, una ciudad que no se dejaba ver. El emperador le responde: 

“Tus pasos persiguen no lo que está fuera de tus ojos, sino lo que está dentro, sepulto y borrado.”[7]

 

Volver al origen de la fotografía es también lo inevitable y lo fascinante de la fotografía estenopeica. Regresar al momento de formación de la imagen dentro de la cámara oscura, a ese momento silencioso casi mágico...

“Juntar los pedazos”, los materiales. Construir paso a paso mi cámara. Seleccionar la forma y el tamaño de cada una de sus partes. Pensar en la infinidad de variables con las que puedo crear y experimentar es un viaje que comienza  con la decisión de construir una cámara. Considerando este hecho tan importante, como la fotografía que voy a crear posteriormente. Ver nacer la fotografía en el cuarto oscuro. Revelar esa imagen negativa latente en el papel fotográfico es otro comienzo para arribar a la fotografía final. Ella es solo una parte más de todo este maravilloso proceso...

La fotografía como “el arte de dibujar o escribir con la luz” la podemos descubrir y reinventar a cada paso de la fotografía estenopeica.

La luz deja sus huellas de una manera particular... a partir de la construcción de un determinado diseño, de un soporte sensible más lento y de un particular tratamiento del tiempo.

La fotografía deja de ser ahora el “arte del instante” para convertirse en el “arte del momento” de varios segundos o hasta a veces minutos. En este lapso de tiempo la luz dibuja con cierto misterio... y es el azar el que se apodera de la imagen...

Es el mismo misterio el que me acerca a este tipo de fotografía....

 

 

                                                                                  Roxana Adonaylo

        La dirección de correo electrónico de la autora es: rhho@fullzero.com.ar

 

 

Docente y coordinadora de talleres de fotografía estenopeica con orientación arte terapéutica.  Artista.  Realizó diversas exposiciones individuales de este tipo de fotografía.

 

 

(1)   Juan David Nasio “La mirada en psicoanálisis”, 1992

(2)   Carlos Vllasante “El tiempo, un punto ciego en la visión fotográfica”, 1998

(3)   Walter Benjamín “Discursos interrumpidos”, 1973  

 

 



[1] Juan David Nasio “La mirada en psicoanálisis”, 1992

[2] Ob. Cit.

[3] Ob. Cit.

[4] Carlos Vllasante “El tiempo, un punto ciego en la visión fotográfica”, 1998

[5] Ob. Cit.

[6] Carlos Vllasante “El tiempo, un punto ciego en la visión fotográfica”, 1998

[7] Italo Calvino: “Las ciudades invisibles”,


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