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GPT

05/01/2026- Por Laura Bogetti -

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Partiendo de las advertencias de Heidegger sobre la utilización de los objetos tecnológicos, la autora reflexiona sobre el uso del Chat GPT como herramienta que los sujetos usan a la hora de buscar respuestas sobre su padecimiento, estableciendo un contrapunto ético entre la respuesta de la Inteligencia Artificial (IA) y los principios del acto analítico.

 

                                                                                                               Foto: UnoTV*

 

 

  Martin Heidegger nos advierte de lo insustituible de los aparatos del mundo técnico y de la conveniencia de su utilización, pero también de quedar libres de ellos para no perder lo más íntimo y propio. Lo expresa de esta manera:

 

“podemos dar el a la ineludible utilización de los objetos técnicos, y podemos a la vez decir no en cuanto les prohibimos que exclusivamente nos planteen exigencias, nos deformen, nos confundan y por último nos devasten.”[1]

 

  Las actitudes para mantener simultáneamente el y el no son la serenidad ante las cosas y la apertura al misterio como modos de reflexionar –meditación reflexiva– sobre el pensamiento calculador.

 

  Es por eso que reflexiono sobre el hecho por todos conocido que la tecnología ha venido a nuestra época para instalarse y con ella tendremos que aprender a convivir. La era digital ha traído consigo muchos avances en el desarrollo de nuevos bienes y servicios, pero también nos interpela en relación con el alcance que podría tener y los síntomas sociales que traería aparejados.

 

  Es de más reciente aparición, en el año 2022, el chatbot conversacional llamado Chat GPT que debe su nombre a las siglas en inglés de Generative Pre-trained Transformer o Transformador Preentrenado Generativo.

Este chatbot está al alcance de todo aquel que tenga una conexión a internet y lo llevamos en nuestros teléfonos sin siquiera tener que solicitar una suscripción.

Al centrarnos en esta última inteligencia artificial, nos podemos preguntar por su alcance y su utilización.

 

  Hace poco tiempo, una paciente me cuenta que al equivocarse en el horario que tenía que conectarse a su sesión; y en un estado de gran ansiedad, comienza una charla con el chat GPT, contándole todo lo necesario para que éste le diera respuestas a su problema. Las respuestas que recibió fueron desde generalidades hasta interpretaciones particulares respecto de lo que a ella le pasaba, especialmente reforzando las ideas previas con las que ella ya contaba. Así es que conversó con ese chat por una hora, para luego dejar de hacerlo y conectarse a su sesión.

 

  Es en este sentido que me parece fundamental poder establecer el contrapunto que opone la práctica analítica a las respuestas que podría dar una IA.

Un analista va en busca de la causa de lo que se presenta como sintomático para el sujeto, dialectizando el sentido, o haciendo surgir el sin-sentido o estableciendo un corte, o separando al sujeto del goce que se produce en el análisis mismo. Lo hace a partir del manejo del tiempo en su matiz lógico y no cronométrico. Opera con su interpretación, ya sea del orden de la puntuación, del corte de sesión o en la vertiente de su silencio. Establece escansiones en el tiempo del análisis en lo que llamamos sesiones.

 

  Es sabido que la demanda de un análisis se produce a partir de una conmoción en la vida del sujeto quien se dirige a un analista a fin de que éste pueda responder y dar sentido al motivo de su sufrimiento. Para ello es necesario que crea que su síntoma puede ser curado por medio de la palabra. De esta manera se dirige al Otro en busca de un saber. El analista se hará soporte de ese saber, pero no para responder a esa demanda sino para poner al trabajo las producciones del inconsciente por medio de la asociación libre. Es decir, que el analista es quien hace existir al inconsciente ya que le supone un saber.

 

  Si partimos de la premisa que el analista no responde a la demanda de saber, entonces ¿cuál es su acción? En el texto Función y campo de la palabra y el lenguaje en psicoanálisis dice Lacan:

 

“la abstención del analista, su negativa a responder, es un elemento de la realidad en el análisis. Es en esa negatividad en cuanto que es pura, es decir desprendida de todo motivo particular, donde reside la juntura entre lo simbólico y lo real.”[2]

 

  Lacan señala dos momentos en que se produce esta juntura. En primer lugar, bajo la forma de la presencia del analista, es decir que la interpretación del analista adviene en el momento en que el sujeto ha alcanzado la verdadera palabra; y, en segundo lugar, refiere a la función del tiempo tanto en la duración total del análisis como a la duración de la sesión –sesiones cortas– poniendo en tensión lo que en aquella época se estilaba en relación con el tiempo cronometrado.  

 

  El corte de la sesión es el elemento clave en la dirección de la cura. Teorizada por Lacan desde los inicios de su enseñanza hasta sus ultimísimas formalizaciones, nos ha trasmitido su importancia. En 1953, en el Discurso de Roma, el corte aparece como puntuación del discurso, evocando el “Tú lo has dicho” oponiendo la interpretación a la comunicación de un saber.

 

  La introducción de una nueva conceptualización del inconsciente en su seminario sobre Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis como una función “pulsativa”, evanescente, del lado de la discontinuidad, de apertura y cierre, y con su carácter ético en tanto no es un ser sino un querer ser, trae consecuencias para la práctica analítica.

 

  La consecuencia de este carácter evanescente del inconsciente es que la técnica interpretativa también acoja el instante, la sorpresa, la discontinuidad, el acontecimiento imprevisto, que aisle “en el sujeto un hueso, un Kern, para decirlo como Freud, de non-sense”.[3]

 

  Advertidos de la repetición que habita al síntoma en tanto no cesa de no escribirse aquello que resulta traumático para el sujeto, es que será fundamental que el analista apunte a lo real que emerge en los intersticios de los dichos del paciente. No se trata de reenviar al infinito la producción de sentido, sino de que el sujeto alcance a descubrir el real –desde donde sus dichos cobran sentido– y su modo de gozar.

 

  Este recorrido por el concepto de Sujeto Supuesto Saber y la importancia que tiene para la dirección de la cura la función de la interpretación, del tiempo y del lugar que ocupa el analista en relación con la presencia, su abstención, su interpretación y el corte de la sesión; nos lleva a concluir la importancia que tiene nuestra acción en contraposición a la función que podría tener la IA.

 

  Del lado del chat GPT, se podría decir, que puede escuchar, puede responder e interpretar. Pero lo que no puede hacer es abstenerse ya que responde a la demanda de un saber, otorgando sentido en una deriva interminable, convirtiéndose así en cómplice del goce en la ilusión del todo del saber. En su maquinaria simbólica imaginaria, anula el registro de lo real y forcluye al inconsciente intérprete.

 

  Por nuestro lado, el del psicoanálisis, no respondemos a la demanda de saber porque el analista “no se presenta como un Dios”[4] sino que se sitúa en una relación asimétrica, en la medida en que hay un saber que se tiene y que no se da, o en el sentido de introducir una puntuación o un corte en el discurso del paciente.

 

  Por último, recordar en palabras de Lacan la relación que hay entre el síntoma y el real. En La Tercera dice:

 

“El sujeto supuesto saber, que es el analista en la transferencia, no sin razón es supuesto si sabe en qué consiste el inconsciente, por ser un saber que se articula a partir de lalengua, ya que el cuerpo que allí habla sólo se le anuda por lo real del cual él se goza.”[5]

 

 

Imagen*: https://www.unotv.com/salud/jovenes-utilizan-a-chatgpt-y-otras-ias-como-psicologo-cuales-son-los-peligros-de-hacerlo/

 



[1] https://ciudadanoaustral.org/biblioteca/13.-Heidegger-Serenidad

[2] Lacan, J, (1953), Función y campo de la palabra y del lenguaje en psicoanálisis, Escritos I, Buenos Aires, (1985) Siglo XXI Editores, p. 297

[3] Ibid, p. 257-258

[4] Ibid, p.238

[5] Lacan, J, (1974), La Tercera, Buenos Aires, (2022) Ediciones Paidos, p.125


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