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El recorrido del Arte en los caminos del ciberespacio

01/03/2014- Por Mariela Rodríguez Rech - Realizar Consulta

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En el marco preparatorio del I Congreso Mundial virtual/presencial de elSigma “El estadio del screen. Incidencias de la virtualidad en la constitución del lazo social”, la autora ofrece el siguiente análisis. Los procesos culturales y artísticos han sufrido, con el devenir de la postmodernidad, una profunda modificación. La era de las tecnologías ha desplazado, sustituido y hasta anulado ciertas expresiones artísticas históricas en el desarrollo de la historia. Nuevas técnicas, nuevos materiales, innovación de todo tipo se hace presente en las obras de arte de siglo XXI. Cuando los procesos tecnológicos e informáticos invaden de manera tan contundente ¿qué lugar tiene el arte en el Sujeto y en el devenir de una cultura? ¿Cuál es la función del arte y la implicancia del Sujeto en el mismo? La obra artística imbuida de tanta tecnología y transitando el ciberespacio ¿tapa o devela? Las siguientes palabras quizás nos posibiliten justamente poder preguntarnos para pensar, construir, deconstruir, reflexionar y no quedar apabullados y apresados por las redes tecnológicas.

   

 

 

  

“Se ruega cerrar los ojos, el arte nos invita a algo muy distinto, a abrir el ojo. Se ruega mirar la Ausencia, frase que debería presidir la puerta de entrada al Museo del siglo XX”.

                              

                               Gerard Wajcman, El objeto del siglo

 

Somos testigos de una época que se ha transformado drásticamente y que sin dudas ha impactado en lo más profundo de la subjetividad de cada uno de nosotros, nuestro entorno y nuestros vínculos.

Los nuevos cambios imperantes van dejando paulatinamente sus marcas sin saber siquiera si alcanzamos a dimensionar sus efectos. Mucho se ha escrito, estudiado y analizado al respecto, quizás como un intento de explicar, entender y, por qué no, aplacar la zozobra que esto nos genera. Es así que surge este ensayo; preguntándome particularmente por los efectos de estos vertiginosos cambios y su incidencia en el arte. Este corte en la historia, esta especie de transición de un mundo a otro, ¿ha pasado desapercibido para el mundo de las letras, la escultura, la pintura, la fotografía? ¿La noción de estética es la misma de hace quince años? ¿La función del arte sigue siendo la misma? Estas preguntas abrirán el espacio para la reflexión.

La actualidad de esta época, con sus innovaciones, adelantos, mandatos; con su inmediatez y su brillo que encandila en más de una ocasión, nos tiene apabullados y por momentos no alcanzan las respuestas. Los intentos de descifrar no son suficientes y quizás el escribir sea una forma de mediatizar, vía la letra, tanta acción desbordante.

Recibir el siglo XX no ha pasado inadvertido, ni ha sido sin efectos. Es sin dudas una mutación sin precedentes que ha afectado nuestros vínculos, nuestro cuerpo, nuestra cultura y sociedad y también nuestra subjetividad.

Podríamos preguntarnos, ante tantas novedades y descubrimientos que no alcanza el tiempo para conocer: ¿a qué podemos apelar para no quedar apabullados, enmudecidos, sin palabras? Sin duda creo que es la posibilidad de saber, conocer y ver lo que está pasando, darlo a conocer y hacerlo circular, para que no pase inadvertido. Estos son válidos intentos de poder elegir y posicionarnos ante tanta mutación veloz.

Pensar algunas conceptualizaciones en relación al arte a la luz de estas innovaciones, es la breve propuesta del presente escrito para vislumbrar justamente un haz de luz que nos permita enterarnos, reflexionar y discernir entre tanto encandilamiento.

 

Signos de la época

La generación web 2.0 está entre nosotros, filtrándose e invadiendo todos los espacios internos y externos de nosotros mismos, la sociedad y la cultura.

Históricamente el término cultura nos remitía a toda aquella producción material e intelectual de una sociedad. Hoy en día, ¿podemos entender de la misma manera este concepto? ¿Son las mismas producciones que circulan en el tan mentado mercado del arte? ¿Las técnicas y los materiales no sufrieron acaso una variación? Quizás todos estos conceptos tengamos que "aggiornarlos" a los tiempos que corren.

Estamos en la era electrónica, las redes digitales de alcance global con computadoras interconectadas que han invadido nuestra comunicación y tenemos ante nosotros la atenta mirada del gran mundo virtual.

Sin duda que la velocidad de las conexiones, las posibilidades de acceder a un todo ilimitado, simultáneamente y sucesivamente, han hecho que las producciones humanas se hayan modificado.

Si observamos un hito fundamental y estructurante del Sujeto como lo es la comunicación humana, ésta ha devenido tan maltrecha y malgastada, por la inmediatez, la primacía de la computación, la imagen y la pantalla (de celular, de TV, de computadora, cámaras filmadoras, e-book, Tablet, Facebook, Twitter, etc.) Estamos, sin duda, ante este gran ojo que nos mira.

La comunicación hoy en día parece ser sólo para informar: una cantidad de datos para procesar que producen la ilusión que podemos con todo, cuando en realidad el tiempo no es suficiente para evaluar, sintetizar y almacenar. La comunicación no es útil para narrar, contar o relatar; se han perdido los grandes relatos y hoy toda comunicación deberá ser escueta, abreviada, extremadamente sintética, con la consecuente pérdida de sentido, emoción, y algún gesto capaz de conmovernos.

Nos situamos de esta manera, en un mundo de objetos y relaciones mutables, renovables y efímeras donde prima la imagen y la pantalla antes que la mirada y la palabra.

Dice Jean Baudrillard:

“En el corazón de esta video cultura siempre hay una pantalla, pero no necesariamente una mirada.”

Estamos devorados por el fantasma del ciberespacio que hoy por hoy parece habernos consumidos la narración, la expresión, los espacios privados, las vivencias íntimas: cómo íbamos a imaginar que situaciones tan privadas y personales como la sexualidad y la muerte han pasado de manera descarnada a ser parte del mercado: un objeto más en la vidriera para consumir.

La mística del secreto ha sido suplantada por esta sociedad transparente donde todo se puede ver y todos somos vistos. La vida privada ha pasado a ser una mercancía, por lo tanto es un objeto intercambiable que circula en el mercado y tenemos un mundo moderno sin escondite, transparente de punta a punta. Falta la sombra. Algo que no se vea claramente, algo oscuro, algún secreto, algo preservado. Tanta luz enceguece y no nos deja mirar.

Lo íntimo expuesto es una característica de este tiempo, ha dejado de tener su connotación de enigma. La sobreabundancia de imágenes propicia que todo y todos quedemos expuestos, sin límites claros y definibles. Había una época en que los datos personales de un sujeto le pertenecían. Hoy “googleando”, con sólo poner su nombre en el todopoderoso Supremo Google, sabremos vida y obra de ese Sujeto, todo ahí al alcance de la mano para que todos puedan ver.

Todo aparece ante nuestra vista de manera brutal y descarnada. Lo que se muestra sin transformar, sin mediar, tan desmesurado ¿no resulta obsceno? ¿Qué lugar ha quedado para la transformación, la metáfora, para eso que viene en lugar de? ¿No da acaso esta parafernalia mediática la ilusión de acceder a todo, quedando el Sujeto a la deriva sin poder confrontarse con lo desconocido, lo enigmático, lo que no se puede y no se sabe?

La imagen parece haber desplazado a lo simbólico. Si uno incursiona en Google Earth puede “pasear” virtualmente por el Museo de Prado o por la Casa Azul, emblemático refugio de la gran artista Frida Kahlo: la precisión es absoluta, lo real se convierte en una imagen y adquiere un poder desmesurado. Eso sí, paseando virtualmente por estos espacios abocados al arte pareciera no haber lugar para esa conmoción que genera estar parado frente a una obra, no hay lazo social, no hay encuentro, no hay una mirada.

El espíritu mediático con sus signos de la época impregna sin duda la dimensión artística. ¿Es posible pensar un ensamble entre la web 2.0 con todos sus efectos y consecuencias con el Arte? Los nuevos modos de producción, las nuevas tecnologías, ¿cómo se aplican a la expresión artística? ¿El Arte sigue cumpliendo su función?

 

Las nuevas modalidades de hacer Arte

Las expresiones artísticas de la generación 2.0 inevitablemente han sufrido su impacto. El arte contemporáneo es un arte de instalaciones, certámenes de cuentos digitales, libros digitales, de las performances, del arte in situ, museos de arte digital dedicados a prácticas artísticas que usan la tecnología como lenguaje expresivo para proponer nuevas narrativas, arte electrónico, arte web. Pareciera estar fuera de los límites, donde todo, absolutamente todo, es posible. Somos testigos de una combinación exótica de materiales tradicionales con aportes de la cibercultura que propician un gran collage estético.

Se impone recontextualizar, redefinir, volver a analizar, construir y deconstruir frente a este desafío con el que nos enfrentamos. ¿Habrá que avizorar nuevas sensibilidades artísticas? ¿Nuevas técnicas y nuevos modos de intervenir en el arte?

En el espíritu de la época impone que seamos capturados por redes, por una primacía de lo audiovisual donde “viajamos” a cualquier lugar, estando en todos lados a la vez y en ninguno; atravesados por una dimensión temporal inédita: ahora, ya, instantáneamente y simultáneamente. Llegamos sin haber partido y la velocidad prima sobre el tiempo.

La era digital propone materiales, herramientas tecno-artísticas que sin duda dan lugar a nuevos modos de crear: la palabra escrita, la carta, la narración, la escritura a mano , la época de los grandes relatos, parecen haber sido desplazadas por la letra electrónica, veloz y apabullante que en su rapidez no deja vestigios de la subjetividad, del autor.

Se imponen entonces nuevas formas de crear, de pintar, nuevos materiales, nuevas formas de escribir, por qué no de leer. Hoy es otro el lector también: se lee en cualquier lado, sin considerar demasiado el entorno. La actividad lectora que siempre necesitó de un ámbito sereno y apacible de reflexión y encuentro con uno mismo y con la obra, han dejado lugar a un lector voraz que se inmiscuye en varios textos a la vez, con la facilidad de acceso que permite “bajarlos”, en cualquier espacio, total con las tablets, finitas y delgadas cada vez más imperceptibles, se llevan a todos lados y se dispone de un libro virtual en cualquier momento y espacio. Bienvenido al zapping del lector electrónico.

Podemos pensar que tanta prótesis tecnológica, tantos soportes mediáticos introducen en las expresiones artísticas algo de globalizado, no particular y personal; algo del orden de lo masivo y colectivo sin diferenciación donde el toque creativo, la inspiración personal y profundamente subjetiva que implica una producción artística, pareciera disolverse y diluirse en el mundo mediático.

En textos anteriores en los que he trabajado la relación del Arte con el Psicoanálisis he podido pensar que la función del Arte es venir en lugar de aquello indecible: lo que no se ve, el arte lo muestra. Aquello enmudecido, acallado, que no circula, vía la expresión artística puede aparecer y fluir.

¿Podrá el Arte resistir tanta dimensión tecnológica? El Arte deberá hacer resistencia: será quizás lo que posibilite salir del sonambulismo y del sopor alienante que genera tanta pantalla. La época con sus signos induce a dormirnos, a anular la posibilidad de la pregunta; el arte pugna por hacernos mirar, aunque sea duro deberemos salir del letargo y en esto el Arte seguirá cumpliendo su función: dar a ver aquello que no se quiere ver. La dimensión artística posibilitará quizás el posicionamiento crítico frente a la realidad. En un mundo de desarraigos, el Arte será un espacio de arraigo ante tanto desalojo.

Tal vez sea el Arte el que pueda hallar algo de lo indecible, lo inmostrable y burlar los imperativos de lo totalmente expuesto, comunicable y vendible. Las producciones artísticas serán alternativas, que todavía tenemos a mano, para generar cortocircuitos en este aletargamiento tecnológico y de este modo abrir otra vía para pensar y discernir, creando otras formas de ser y estar en el mundo.

Se tratará, vía el Arte, de crear otro sentido.

 

 

Bibliografía

Baudrillard, Jean Cultura y Simulacro. Barcelona. Ed. Paidós 1993.

-                     Rojas, Cristina, Sternbach, Susana Entre dos siglos: una lectura psicoanalítica de la personalidad, Argentina. Lugar Editorial. 1994.

-                     Sarlo, Beatriz Escenas de la vida posmoderna. Argentina. Ed. Ariel. 1994.

-                     Sibila, Paula La intimidad como espectáculo. Argentina. Ed. Fondo Cultura Económica.2009.

-                     Wajcman, Gerard El ojo absoluto. Argentina. Ed. Manantial. 2010.

-                     Wajcman, Gerard, El objeto del siglo. Argentina. Amorrortu Editores. 1998.

 

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