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La afinidad entre las llamadas "drogas intoxicantes" y los psicofármacos es tan obvia e íntima que resulta extraño no se repare más en ella.
En principio, el término "droga" designa no sólo a las sustancias químicas ilícitas, –consideradas por la Justicia como "estupefacientes" por sus efectos narcóticos sobre el organismo y el psiquismo– sino también a los sofisticados productos de los que se vale la medicina para combatir los síntomas psiquiátricos, desde los poderosos neurolépticos a los antidepresivos y tranquilizantes.
El conjunto común al que pertenecen ambos elementos se hace escuchar en casi todos los idiomas: el idioma inglés por ejemplo emplea la misma palabra drug para referirse tanto al tóxico como al medicamento, empleo menos frecuente en nuestro idioma donde la palabra "droga" se vincula más directamente a las sustancias ilegales que a la farmacia.
La homonimia señalada descorre un pudoroso velo y deja ver que la naturaleza de los psicofármacos incluye indisolublemente ciertas propiedades "estupefacientes". Por lo cual, no se trata de una homonimia accidental o contingente desprovista de valor, sino más bien de una muestra de lo que el lenguaje sabe a expensas del ocultamiento interesado.
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Héctor López |
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Mario Buchbinder, psicoanalista, psicodramatista, escritor, ha implementado desde hace décadas en su práctica clínica diversos recursos entre los que se destaca la utilización de máscaras. En este reportaje le preguntamos acerca del lugar y la función de la máscara en las distintas estructuras clínicas. También de qué manera se llega a la conformación del “Mapa Fantasmático Corporal”, al que define como la representación conciente e inconciente del cuerpo, donde se resalta la impronta fantasmática como figuración imaginaria. Así mismo reseña qué es el “Trabajo en Lugares Simultáneos”, en qué consiste y cuáles son sus fundamentos. Esta entrevista nos revela tanto conceptos teóricos como el relato de su experiencia clínica. |
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Emilia Cueto |
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Bastaría rastrear los elementos temáticos presentes...para comprobar la pregnancia que la articulación entre pasión y muerte arrastra desde los tiempos en que poetas y trovadores elevaron a la dignidad de mito historias como las de Tristán e Isolda: Un valiente capitán, que para el caso bien puede ser el equivalente de un caballero, su dama enamorada, los encuentros furtivos, la traición al orden establecido: sea éste el consorcio o el señor feudal, la muerte y el posterior encuentro en una vida pos terrenal.
Sin embargo, la disyunción muerte o miseria forma parte de la misma traición neurótica propia de quien ha renunciado a la suposición de saber- la creencia- y, por ende, a soportar y trabajar un síntoma como testimonio de la responsabilidad que otorga su dignidad de sujeto.
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Sergio Zabalza |
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En busca del tiempo perdido... Tal vez me esté preguntando por los orígenes, mis orígenes, esas primeras marcas, las marcas fundantes, esas primeras inscripciones que nos ingresaron en lo humano y nos inscribieron como sujeto, y que justamente por pertenecer a lo unerkannt, lo imposible de reconocer, están perdidas para siempre.
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Inés Roch |
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El estatuto ético del inconsciente freudiano requiere del espacio simbólico que sólo un estado de derecho puede brindar como albergue del trabajo significante capaz de producir una singular posición subjetiva, de lo contrario la terapia psicoanalítica se transforma en la mera identificación a un Amo. |
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Sergio Zabalza |
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Retomando una discusión abierta en esta sección acerca de cómo pensar el estatuto de ciertas mostraciones “perversas” en un paciente que se supone psicótico, el autor de este trabajo problematiza esta cuestión, relacionándola con la dimensión del empuje-a-La-mujer. Otro aporte a la ya rica producción de los analistas de nuestro medio a pensar el tratamiento posible de las psicosis, en la vía abierta por Jacques Lacan.
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Juan Mitre |
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Nosotros, los analistas, distinguimos al menos tres lugares del padre que no alcanzan a decir qué: el padre real, el imaginario y el simbólico. El padre real lo hace el hombre de una mujer, por eso, no es necesario que diga nada. Es el hombre que ama como mujer. Con lo cual, no necesariamente tiene que ser el genitor del hijo, su esposo o su amante. El padre Simbólico o padre como Nombre lo funda una mujer, cuando canta al hijo su melodía de padre. Quizás, un "ya vas a ver con tu padre", si ella puede salir de yo-moi. Si puede reconocer Otro que ella misma, capaz de nombrar. Ella nombra para... la fatalidad o la suerte del material pulsional. Falta saber aún, si el nombre así fundado se autoriza a tomar la palabra, cuando sea llamado como hombre a ese lugar padre. Si el hombre designado, desea suponer-se allí. Al padre como imagen lo hace el hijo en su decir. Es ese que cree tener, maravilloso o bestial. Ese al que le ruega "Padre, decidme qué...".A estos lugares del “padre” sujetos al deseo y a lo inconsciente, ese hombre inquilino del lenguaje los trae a análisis. Los trae cada vez que disqursea, que intenta explicar su malestar en transferencia. Mostraremos, desde un caso trabajado en un análisis de control, los bordes fractálicos de este lugar. |
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María Rosa Borgatello de Musolino |
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Transcurrida gran parte de la primera década del nuevo milenio, parafraseando a E. Roudinesco, podríamos hablar hoy día de “Parejas en desorden”. En un movimiento incansable que viene sucediéndose desde largo tiempo atrás, hoy día conviven en una gran diversidad parejas con todos los formatos posibles. Desde la más cercana a los modelos clásicos de las parejas burguesas, hasta las formas mas desinstitucionalizadas pensables. ¿Qué los une? ¿Qué desata en los seres humanos esa búsqueda de vincularidad amorosa en sus diversas formas?
Existe en nuestra cultura, siempre algo a lo que llamamos pareja. Algún tipo de lazo social que va armando encuentros, ciertos efectos de proximidad, de búsqueda íntima, o netamente sexual, y siempre hay algo que legisla e intenta institucionalizar ese lazo.
Si el armado de la pareja en un primer momento tuvo por sentido la transmisión del patrimonio, siendo el matrimonio apenas un recurso social de alianza económica y transmisión de herencias, la familia moderna fue centro de un enlace afectivo, fundado en el romanticismo y el deseo erótico.
En los años 80 la posmodernidad comenzó a unir a las personas en búsqueda de intimidad y sexualidad más plena, donde lo esencial no era ya la permanencia a perpetuidad sino la búsqueda de encuentro. Algo así como que si lo que pasa entre ambos es suficientemente bueno, la pareja continuará. Si ello no sucede, si lo que une está mas inquietantemente presente del lado del espanto que del amor, la continuidad pierde sentido.
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Daniel Waisbrot |
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Reeditada en un formato de serie y en el nuevo escenario de las tecnologías reproductivas, se presentifica en la serie La ley y el orden, unidad de víctimas especiales, la disputa de dos madres por su hija. El saber que nos entrega la ciencia, irrefutable y certero, resulta escandalosamente insuficiente para resolverla. La ley tiene que buscar más allá de la ciencia una respuesta para dirimir la situación.
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Elizabeth Ormart |
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El personaje principal, capitán Gerd Wiesler, es un concienzudo funcionario de la Stasi, capaz de descubrir traidores debajo de las piedras. Actualmente instruye a nuevos miembros de la organización a la vez que se encarga de las investigaciones de los posibles traidores al régimen, entre ellos, a Georg Dreyman, prestigioso escritor de la RDA, que convive con la célebre actriz Christa-Maria Sieland, quien se las arregla para sobrevivir congraciándose con las autoridades. Pero ¿qué ocurre con Gerd Wiesler cuando el azar lo coloca al frente de la operación de investigación de esta pareja?
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Silvia del Carmen Pandolfi |
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Charla en el penal de varones de Ezeiza.
Señores: convocada para pensar junto a ustedes algunas problemáticas en relación a los padres y a los hijos les traigo la pregunta de un niño.
Me pregunta un niño de 9 años: ¿Hay padres encanados?
Su pregunta abrió el hilo de mis pensamientos frente a mi propia pregunta ¿que podía transmitirles a ustedes?
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Virginia Medina |
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Fernando Octavio Ulloa partícipe de la difusión del psicoanálisis en Argentina, nos ha legado experiencias clínicas e institucionales, escritos y avatares disímiles que ha transmitido de maneras diversas y por medio del transcurrir por diferentes ámbitos.
Inquieto, comprometido con la política del psicoanálisis, y con la no-relación entre psicoanálisis y política. Trabajó junto a Marie Langer, entre otros colegas contemporáneos –José Bleger, Emilio Rodrigué, Arminda Aberastury-, en los primeros tiempos de difusión de la obra y de la práctica analítica. Asímismo intervino en el movimiento psicoanalítico activamente en sus reformas, y en la creación de nuevos grupos. A los 84 años Fernando Ulloa, docente de muchos de nosotros, colega, admirable orador y de una retórica singular, se ha silenciado ya que la muerte lo invitó, pero sus obras, sus actos, continúan transmitiendo sus pensamientos psicoanalíticos.
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Martín H. Smud |
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En este trabajo, Melina Cothros analiza con impecable lucidez los escollos con los que se encuentra Descartes en las Meditaciones cuando intenta tematizar el cuerpo. La cosa extensa y la cosa pensante son esencialmente distintas, una no se deriva ni depende de la otra, por lo que no sería contradictorio que existiesen una sin la otra. Sin embargo, de hecho, se hallan unidas tan estrechamente que el alma no estaría en el cuerpo como “un piloto en un navío”, sino que se encontrarían “mezclados”. Y sobre esto Descartes tiene “total seguridad”. Sin embargo, la autora sostiene que el argumento poco tiene que ver con los del cogito y la existencia de Dios: se parte no de una idea clara y distinta, sino de las ideas adventicias y la “fortísima inclinación a creer que las ideas me son enviadas por las cosas corpóreas”, para llegar a algo que tampoco responde a los requisitos de claridad y distinción: la unión de lo extenso y lo pensante.
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Melina Cothros |
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Refiere el autor en el Prólogo que la idea de este libro había sido sugerida algunos años atrás por “el respetado psicoanalista y amigo –de decenios– Juan David Nasio”. Dice también que se ha tratado cada vez, en cada epígrafe –gesto que se eleva a segunda potencia en Márgenes…– de “una apelación a la sabiduría ajena, preexistente al autor, quien se imbrica, de tal modo, en una genealogía intelectual de la cual se confiesa públicamente, y no sin gratitud, como franco deudor”. Si, en efecto, la “cita” guarda la anfibología que va del citado textual al encuentro amoroso, es posible que este libro deba ser leído bajo esa luz: como expresión amorosa y como respeto y reconocimiento del autor a las letras que en él anidan; escrito de amor y de memoria que recoge y rescribe lo que ha sido recibido. |
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María Rizzi |
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