El Francesito, una biografía psicológica de Enrique Pichon-Rivière

09/08/2016- Por Antonio Las Heras - Realizar Consulta

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“El Francesito” trae un subtítulo que parece querer prevenir sobre algo al espectador: “Un documental (im)posible sobre Enrique Pichon-Rivière”. Una prevención que sólo se entiende al terminar de ver la proyección. Y tiene relación con los sentimientos de angustia y goce que provoca en el espectador. Lo que el film narra no es lo específicamente histórico que suelen abordar los documentales de este tipo. Lo que está plasmado aquí es la biografía psicológica de Pichon-Rivière.

 

 

                                      

                                    

 

 

Ficha técnica y artística

 

Otro/s título/s: The Little French 
Año: 2016 
Dirección: 
Miguel Kohan

Guión: Miguel Kohan

Producción: Miguel Kohan y Nicolás Batlle
Fotografía: Miguel Kohan

Música: Gustavo Pomeranec

Intérpretes: Joaquín Pichon-Rivière, Alfredo Moffatt, Ana Quiroga, Juan José Stagnaro, Estela Baistrocchi, Vicente Zito Lema, Gyula Kosice, Horacio Carbone

Minutos: 85 
País: Argentina

 

 

El Francesito, película de Miguel Luis Kohan, trae un subtítulo que parece querer prevenir sobre algo al espectador: “Un documental (im)posible sobre Enrique Pichon-Rivière”. Una prevención que sólo se entiende al terminar de ver la proyección. Y tiene relación con los sentimientos de angustia y goce que provoca en el espectador. Lo que el film narra no es lo específicamente histórico que suelen abordar los documentales de este tipo. Lo que está plasmado aquí es la biografía psicológica de Pichon-Rivière. Incorporarse a esa manera de vivir pone al espectador en un particular lugar de voyeur. Que, a la vez, genera un molesto e intenso sentimiento de exclusión.

El goce está presente desde la primera escena donde se narra una búsqueda que fracasa para sólo resolverse en los últimos minutos de la película. Entre ese comienzo y este final transcurren las secuencias donde el espectador va acumulando mayores niveles de angustia provocados por la presencia –permanente– del sufrimiento y la muerte. Kohan se ocupa en dotar de mayor entidad a esto incorporando testimonios llenos de tales significantes. Así quien habla sobre el club de fútbol, en cuya fundación interviniera Pichon-Rivière, es una persona a la cual la cámara enfoca con plano corto de manera que sea imposible no ver que es alguien que ha perdido casi todos sus dientes. Habla desde una boca vaciada, impotente para la masticación. En el mismo sentido está la entrevista a Gyula Kosice. El hidroescultor aparece en un estado de salud tan lamentable –con tartamudeos, silencios y un rostro marcadamente enfermo– que el espectador puede muy bien llegar a sospechar que antes de terminar la entrevista habrá de desplomarse. La figura misma del biografiado conlleva a ello. Está puesto –a manera simbólica– en lo que va sucediendo con la estatua a Pichon-Rivière que habría de colocarse en el Hospital Borda. Escenas donde la impresión de que va a caerse y terminar rota en pedazos se reitera hasta concluir con las imágenes del pedestal vacío y el busto del psicoanalista desaparecido.

Durante la proyección varias veces se oyen breves carcajadas o murmullos en la sala. Típica reacción en busca de aliviar las tensiones generadas en el espectador.

Como documental sobre la vida científica e intelectual del creador en la Argentina de la Psicología Social, poco aporta esta película. Y dentro de ese poco, nada que las personas interesadas en el tema puedan ignorar. Lo que hace valioso al film es que consigue transmitir otra cosa; ese “(im)posible” anunciado en el subtítulo. Aquí lo que está es la biografía psicológica de Pichon; mérito raro, infrecuente. Kohan logra –de manera acabada, precisa, minuciosa– una autopsia psíquica. Lo que le permite al espectador conocer sentimientos, emociones, vivencias de una figura que no aparece en cuerpo en toda la película. Apenas algunas fotos casi como complemento de algunas escenas.

Esta singular y bien lograda autopsia lleva a comprender que la vida de “El Francesito” (como lo llamaban sus amigos de la infancia) estuvo signada por lo que Carl G. Jung ha llamado el Arquetipo de la Muerte. Uno de los entrevistados en el film afirma que Pichon siempre estuvo muy interesado por el tema de la muerte. Muerte que estuvo acompañándolo en su vida concreta a causa del fallecimiento de personas muy cercanas; algunas muy amadas por él.

 

La manera en que está construida y narrada esta nueva obra de Kohan hace que el espectador sienta propios tales sentimientos que habitaron en el biografiado. De manera que –por un momento– cuando vuelven a encenderse las luces en la sala, se siente que algo de Pichon Rivière ahora está incorporado en uno mismo. Cual si hubiere sucedido algún misterioso e inexplicable ritual de posesión espiritual. Lo que se explica a través de las estructuras arquetípicas que habitan nuestro psiquismo más profundo, tan insondable.


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