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Algunas formas de amor y pulsión sadomasoquista

28/06/2017- Por Esteban Ruiz Moreno - Realizar Consulta

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Desde Colombia el autor nos trae este texto donde propone pensar que ocurre con el amor cuando se lo incluye en la esfera de lo ideal, designando una felicidad completa para el sujeto. Plantea que por el contrario, fuera de este campo idealizado, es evidente que algunas formas de amor se presentan como violencia, maltrato o posesión hostil sobre el partenaire. Entonces, si afirmamos que “la clínica psicoanalítica se ocupa de las cosas del amor que no marchan” –Lacan en “o peor…”–, podemos formular la siguiente pregunta: ¿por qué los sujetos que sufren o hacen sufrir en una relación amorosa, permanecen en la misma cierto tiempo?

 

 

 

                              

 

 

Amor y pulsión sadomasoquista

 

  Tanto Freud como Lacan plantean el término pulsión sadomasoquista[1] [2] [3] [4] [5], pero algunos autores lo relacionan frecuente y exclusivamente con la estructura perversa. ¿Por qué existe este constante deslizamiento que va desde la pulsión sadomasoquista hacia la perversión como estructura clínica? Es una pregunta que no trataremos de dilucidar en el presente texto, puesto que las razones son múltiples y obedecen a una lectura particular efectuada por varios autores.

  En contraposición a lo anterior, ¿cómo articular la pulsión sadomasoquista al campo del amor más allá del tipo clínico perverso? Existen dos planteamientos que permitirían realizar esta articulación por su confluencia en una de las propuestas más fuertes de Lacan.

  En primera instancia, si admitimos la existencia de la perversión generalizada[6], encontramos que las pulsiones parciales se constituyen como el único medio de “acceso al otro del sexo opuesto (…) con las cuales el sujeto busca un objeto que reemplace esta pérdida de vida que es la suya por ser sexuado”[7]. A través de la perversión generalizada, el sujeto buscaría restituir la pérdida de goce que produce la castración, sin importar que el agente sea el Padre o los hechos de la vida, como lo describe Soler a propósito del mito de la laminilla de Lacan[8]. Teniendo en cuenta que el objeto buscado nunca se encuentra, que está eternamente perdido[9], es posible determinar que el sujeto sitúa varios subrogados en su sustitución para compensar la pérdida primigenia de goce. En este orden de ideas, el objeto compensatorio también podría ser el objeto amoroso, es decir, el partenaire. De este modo, el objeto permite gozar, pero, al mismo tiempo, es gozado.

  Así puestas las cosas, la perversión generalizada es un intento de recuperación de goce vía el acto sexual. No obstante, lo que podríamos llamar como logro del acto sexual termina reafirmando el fracaso de la relación sexual, la no proporción/relación sexual. En este sentido, Lacan[10] asevera que, en el acto sexual, el hombre se conecta con su goce fálico, no con el Otro. Por su parte, Soler afirma: “entonces la pulsión a la vez que compensa la pérdida (…) al mismo tiempo restaura la pérdida (…) es un Empuje constante hacia una recuperación, pero la recuperación imposible”[11]. Estas últimas dos formulaciones permiten concluir que el fracaso de la relación sexual se presenta en dos instancias diferentes: la imposibilidad del acceso al Otro y el proceso por medio del cual la pulsión busca recuperar un goce perdido, pero fundando dicha pérdida al mismo tiempo.

  ¿Qué es lo que lleva a definir este movimiento como perversión generalizada? Que el goce del acto sexual es el mismo que se encuentra en el síntoma[12].

 

  En segunda instancia, en relación con la problemática del amor, en el Seminario 20, Lacan produce una afirmación sorprendente: “lo que suple la relación sexual precisamente es el amor”[13]. La suplencia se denota como sustitución a la falta de la relación sexual, lo cual podría sugerir una posibilidad de cumplimiento de la relación sexual; en otras palabras, el amor permitiría realizar la relación sexual. No obstante, esta suplencia que es el amor, al igual que las pulsiones parciales, no hace existir la relación sexual en lo absoluto. De este modo, el amor permitiría, no hacer existir la relación sexual, sino gozar relanzando a cada paso la castración de goce, gozar parcialmente.

Estos dos elementos fundamentales: perversión generalizada y amor como suplencia, confluyen en el campo de la no relación sexual, permitiendo situar una articulación posible entre la pulsión sadomasoquista y el campo del amor.

 

 

El odio como clave articulatoria

 

  Es evidente que pulsión, amor y goce no son la misma cosa. La famosa cita de Lacan “el goce del Otro, del Otro con mayúscula, del cuerpo del otro que lo simboliza, no es signo de amor”[14] confirma esta formulación. Del mismo modo, es cierto que el amor no se juega igual por hombres y mujeres[15] y cada sexo tiene su forma específica de experimentar el amor. Estas dos cuestiones son el principal problema que enfrenta una posible articulación entre amor y pulsión sadomasoquista, así como con el goce.

En este sentido, la construcción que hemos querido hacer busca interrogar la dimensión de goce que puede encontrarse en algunas relaciones amorosas, goce que se produce en el sufrimiento del otro, como objeto, o del propio yo. Esta dimensión específica del goce se encuentra entre los amantes a partir de una conjunción entre pulsión sadomasoquista y algunas formas de amor, pero presentificada, además, en el campo del odio. Juan Guillermo Uribe lo describe de la siguiente forma:

 

No obstante, (Freud) se ocupa de fenómenos clínicos atribuidos a la pulsión sadomasoquista en donde emerge una combinación de amor/odio hacia el objeto y hacia el yo. La dualidad pulsional orienta a Freud en todas sus reflexiones sobre el amor en la vida psíquica[16].

 

  En las consideraciones de Freud[17], además de ser formulado como reverso del amor, el odio se constituye en un operador de la pulsión. Esta clave conceptual permite soldar pulsión sadomasoquista y algunas formas de amor, obteniendo como resultado la vivencia del goce en la pareja. De este modo, fenómenos cotidianos de violencia de pareja o violencia familiar; lo que se ha denominado con el nombre genérico de maltrato en distintos ámbitos; incluso, la desaparición del objeto de amor, su asesinato, pueden reflexionarse a partir de la clave articulatoria del odio, pero con el trasfondo de la satisfacción de la pulsión sadomasoquista y su respetiva consecuencia: la obtención de goce.

  La anterior formulación nos lleva a examinar la proposición lo real del amor, en tanto que demuestra la dimensión de lo más monstruoso o extremo que puede presentarse entre los amantes. A este respecto Soler se pregunta: ¿no es en el odio donde se encuentra lo más real del amor?[18] La vinculación frecuente del amor con el registro imaginario, se encuentra revisada a partir de la proposición lo real del amor, que vincula al amor con el registro de lo real, con el goce presente en las relaciones amorosas que demuestran los excesos que se pueden constatar diariamente y en diversos campos.

 

  Por otra parte, podría sostenerse que el odio es el contrario del amor. No obstante, es el amor mismo el que encarnaría las manifestaciones propias del odio en expresiones más violentas que las que se encuentran en el amor tierno y que se demuestran de forma más visible en ciertos comportamientos típicos de maltrato y vejámenes. La máxima cristiana que horrorizaba a Freud[19], ama a tus enemigos, demuestra diáfanamente la problemática del amor articulada a la pulsión, puesto que pone sobre la mesa la cuestión que debe encarnar el sujeto ante lo mortífero y destructivo que habita en el más próximo (prójimo) al amarlo. En este orden de ideas, Uribe agrega:

 

El prójimo no es, precisamente, una fuente confiable de amor, dado que lo pulsional confirma en la clínica y en los hechos diarios, las intenciones mortíferas que se alojan en cada uno (…) “amar a nuestros enemigos” sería una máxima moral, que muestra que lo que implica este “amor”, es el reconocimiento de lo destructivo en cada uno, y por consiguiente, la constatación encubierta de la crueldad de la pulsión[20].

 

  La problemática inherente a esta máxima se constituiría de un movimiento interno al amor y del cual no se habrían percatado sus más fervientes defensores. Este movimiento interno consistiría en ir más allá del amor en sí, donde en este amor supuesto no estaría contemplado amar realmente, sino todo lo contrario: transitar un camino seguro hacia la destrucción propia que se encuentra en lo pulsional, tanto del sujeto como del otro. En este sentido, se podría confirmar que la pulsión lleva a la deriva del sujeto, por ello es acéfala.

 

  El recorrido anterior nos permite concluir que algunas formas de amor articuladas a la pulsión sadomasoquista hacen experimentar el goce en la relación de pareja. Este goce es definido como el infierno. La conocida cita de Lacan en una respuesta a Marcel Ritter deja entrever la vinculación entre la pulsión sadomasoquista y el goce, goce presentificado en lo que llama como el deseo de infierno. Estos dos elementos son considerados por nosotros como imprescindibles para cualquier clínica de la pareja desde el psicoanálisis:

 

Nadie me ha interrumpido (…) para preguntarme lo que era la pulsión sado-masoquista de la que Freud habla y abundantemente (…) no había sólo pulsión sado-masoquista, sino que es fundamental de la realidad humana, que no se haya percibido que el deseo del hombre es el infierno[21].

 

 

Citas

 



[1] Freud, S. (1995) Pulsiones y destinos de pulsión. Obras Completas. Vol. XIV. Buenos Aires: Amorrortu.

[2] Lacan, J. (2008) El Seminario de Jacques Lacan. Libro 16. De un Otro al otro. Buenos Aires: Paidós.

[3] Lacan, J. (1995) El Seminario de Jacques Lacan. Libro 11. Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis. Buenos Aires: Paidós.

[4] Lacan, J. (1975) Respuesta de Jacques Lacan a una pregunta de Marcel Ritter. Recuperado el 19 de junio de 2017 de http://www.psicoanalisisinedito.com/2015/07/jacques-lacan-respuesta-una-pregunta-de.html.

[5] Uribe, J. (2011) Las voces gramaticales del verbo amar y los síntomas. a – Cerca del Amor. Medellín: Asociación Foro del Campo Lacaniano de Medellín.

[6] Soler, C. (2013) ¿A qué se le llama perversión? Medellín: Asociación Foro del Campo Lacaniano de Medellín.

[7] Ibid. p. 15.

[8] Lacan, J. (1995) El Seminario de Jacques Lacan. Libro 11. Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis. Buenos Aires: Paidós.

[9] Lacan, J. (2010) El seminario de Jacques Lacan. Libro 4. La relación de objeto. Buenos Aires. Paidós.

[10] Lacan, J. (1981) El Seminario de Jacques Lacan. Libro 20. Aún. Buenos Aires: Paidós.

[11] Soler, C. (2013) ¿A qué se le llama perversión? Medellín: Asociación Foro del Campo Lacaniano de Medellín. p. 16.

[12] Ibid.

[13] Lacan, J. (1981) El Seminario de Jacques Lacan. Libro 20. Aún. Buenos Aires: Paidós. p. 59

[14] Ibid. p. 12.

[15] Nominé, B. (2011) Amor y síntoma. Los lazos del amor y el nudo del síntoma. Los avatares del Amor. Medellín: Asociación Foro del Campo Lacaniano de Medellín.

[16] Uribe, J. (2011) Las voces gramaticales del verbo amar y los síntomas. a – Cerca del Amor. Medellín: Asociación Foro del Campo Lacaniano de Medellín. p. 99.

[17] Freud, S. (1995) Pulsiones y destinos de pulsión. Obras Completas. Vol. XIV. Buenos Aires: Amorrortu.

[18] Soler, C. (2008) La maldición del sexo. Buenos Aires: Manantial.

[19] Lacan, J. (1997) El Seminario de Jacques Lacan. Libro 7. La ética del psicoanálisis. Buenos Aires: Paidós.

[20] Uribe, J. (2011) Las voces gramaticales del verbo amar y los síntomas. a – Cerca del Amor. Medellín: Asociación Foro del Campo Lacaniano de Medellín. p. 100.

[21] Lacan, J. (1975) Respuesta de Jacques Lacan a una pregunta de Marcel Ritter. Recuperado el 19 de junio de 2017 de http://www.psicoanalisisinedito.com/2015/07/jacques-lacan-respuesta-una-pregunta-de.html. p. 8.

 

 

Referencias

 

Freud, S. (1995) Pulsiones y destinos de pulsión. Obras Completas. Vol. XIV. Buenos Aires: Amorrortu.

Lacan, J. (2012) El Seminario de Jacques Lacan. Libro 19. … o peor. Buenos Aires: Paidós.

Lacan, J. (2010) El seminario de Jacques Lacan. Libro 4. La relación de objeto. Buenos Aires. Paidós.

Lacan, J. (2008) El Seminario de Jacques Lacan. Libro 16. De un Otro al otro. Buenos Aires: Paidós.

Lacan, J. (1997) El Seminario de Jacques Lacan. Libro 7. La ética del psicoanálisis. Buenos Aires: Paidós.

Lacan, J. (1995) El Seminario de Jacques Lacan. Libro 11. Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis. Buenos Aires: Paidós.

Lacan, J. (1981) El Seminario de Jacques Lacan. Libro 20. Aún. Buenos Aires: Paidós.

Lacan, J. (1975) Respuesta de Jacques Lacan a una pregunta de Marcel Ritter. Recuperado el 19 de junio de 2017 de http://www.psicoanalisisinedito.com/2015/07/jacques-lacan-respuesta-una-pregunta-de.html.

Nominé, B. (2011) Amor y síntoma. Los lazos del amor y el nudo del síntoma. Los avatares del Amor. Medellín: Asociación Foro del Campo Lacaniano de Medellín.

Soler, C. (2014) Lo que queda de la infancia. Medellín: Asociación Foro del Campo Lacaniano de Medellín.

Soler, C. (2013) ¿A qué se le llama perversión? Medellín: Asociación Foro del Campo Lacaniano de Medellín.

Soler, C. (2008) La maldición del sexo. Buenos Aires: Manantial.

Uribe, J. (2011) Las voces gramaticales del verbo amar y los síntomas. a – Cerca del Amor. Medellín: Asociación Foro del Campo Lacaniano de Medellín.


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