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Creencia y fetiche

23/05/2001- Por Carlos Federico Weisse - Realizar Consulta

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Creencia , fe y certeza

Si bien la noción de fe se usa indistintamente con la de creencia postulamos que es posible una clara discriminación entre ambas desde el punto de vista psicoanalítico. Esta indiscriminación surgió en la edad media cuando "creer" se entendía por "tener fe". Pero si bien la fe tiene, a nuestro modo de ver, relación con lo real del cuerpo, un modo de goce que se realiza en el campo de lo divino como deseo de unión con Dios y apunta a operar una ruptura del ser y alcanzar el Mas Allá, la creencia en cambio tiene una estructura de saber que participa de la homeostasis imaginaria del yo.

Es San Anselmo quien relaciona creencia y comprensión "creo para comprender" sostenía. En este mismo sentido la cita bíblica "a menos que creas no entenderás"( Isaías, VII, x 9) relaciona creencia y saber, por lo tanto sostenemos que se parte de la creencia para fundamentar la racionalidad de lo aseverado.

Algunas veces se ha usado "creencia" en un sentido más subjetivo por ejemplo Santo Tomás postula que la creencia se halla "por encima de la opinión y por debajo de la ciencia", es este sentido el que se ha extendido hasta la época actual, en la medida en que se ha supuesto a la creencia como una manifestación de la voluntad, esto es, un asentimiento dado por la voluntad.

Para Kant la creencia es completamente independiente del saber, hay inclusive un primado de la creencia respecto del saber "el primado de la razón práctica sobre la razón teórica". También hay un primado de la creencia (por lo menos moral) sobre el saber, incluyendo el saber científico, en las ideas de Fichte.

El carácter pragmático de la creencia ha sido subrayado por William James en su idea de "la voluntad de creer" en la que apela a la apuesta de Pascal como decisión personal que envuelve la persona misma de la que decide así como las consecuencias de la decisión.

Gabriel Marcel hace una interesante diferenciación entre "creer que" y "creer en", el primer sentido es débil, es creer en una proposición; en el segundo se abre un crédito, se deposita confianza en el sentido de "ponerme a disposición", esto es "seguir", no como conducta pasiva, sino "unirse a". No es confianza en una proposición sino en una persona; es: "creencia en alguien".

Si sintetizamos los varios sentidos de este breve recorrido filosófico tendremos entonces a la creencia como fundamento de un saber, pero de un saber sustentado en la voluntad. Es decir un núcleo desde el que se desarrollará un sistema narrativo, un andamiaje significante que tiene a ese núcleo de creencia como fundamento del pensar y del hacer, y que involucra, como dice Kant, a la razón práctica referente a la ética y la voluntad. Pero también el sentido débil de Gabriel Marcel, (el "creer que") posee una estructura propositiva que tiene un fuerte anclaje en el sujeto. Es lo que podría denominarse el fundamento emocional de la razón.

Ahora bien: ¿cómo podemos abordar la creencia desde el punto de vista psicoanalítico? No es a partir del significante reprimido, pues lo que emergería sería un blanco, o un síntoma, es decir un procesamiento primario del texto inconsciente.

Postulamos en cambio el isomorfismo de la creencia con la renegación, el mecanismo descripto por Freud como fundante de la perversión en la medida que rechaza la castración, ¿en qué sentido la rechaza? Aquí deberíamos hacer una pequeña digresión, dentro de la renegación existe una vertiente neurótica donde el énfasis se centra en el saber, es decir se construye un saber para desconocer otro, el de la castración. La otra vertiente es la renegación del perverso en la que se desmiente la percepción de la falta de falo, desmentirla no quiere decir rechazarla, pues ésta es aceptada, sino que se construye una creencia en el nivel de la teoría sexual infantil con la postulación del falo materno. Esto se convierte así en la primer creencia del sujeto.

El paso siguiente en la instalación de la renegación es la instauración del fetiche, constituido por un objeto o una parte del cuerpo que tiene el valor del falo materno, es decir lo sustituye. Pero esta modalidad implica dos reacciones opuestas, dos opiniones contradictorias que persistirán a lo largo de la vida, se produce de esta manera una escisión del yo. Es importante establecer entonces la diferencia entre la represión mecanismo, básico de la neurosis, y la renegación, característico de la perversión, esta diferencia es de naturaleza topográfica y estructural. En la renegación ambas partes corresponden al yo, mientras que en la represión una corresponde al yo y otra al ello.

El fetichismo es el paradigma de la estructura perversa, pues muestra tanto la posición de objeto en que se ubica el perverso como los efectos del significante en su estado renegatorio. La constitución del fetiche sigue el modelo de las formaciones del inconsciente y deriva metonimicamente de la falta que intenta cubrir, sin embargo el sujeto no lo trata como un síntoma sino como a un objeto que opera como instrumento de un goce. Pero el conocimiento renegado retorna bajo la forma de síntomas, desde la parte escindida y reprimida del yo como testigo de los efectos aterradores de la castración, de esa manera impide tanto la asunción de la castración simbólica de la madre como la resolución del complejo de Edipo.

El fetiche corresponde a la instauración de un objeto ontologicamente positivo que actúa como velo del falo faltante, se constituye en el momento inmediatamente anterior a la percepción de la falta y congela el instante y el objeto que sirvió para ocultar dicha falta. El fetiche por lo tanto no representa al pene de la madre sino a aquel en cuanto pude faltar y puede ser atribuido a esta pero reconociendo su ausencia al mismo tiempo. Esta alternancia de presencia-ausencia caracteriza a los sistemas simbólicos como tales en la medida en que la palabra en sí ya constituye una presencia sobre un fondo de ausencia.

Esto significa que la palabra nos desprende de la percepción empírica en tanto que símbolo en ausencia pero la devuelve en la evocación imaginaria, esta imaginarización, esta pregnancia escópica es típica del fetichismo en la medida en que actúa como un velo sutil. El lenguaje, en su vertiente manifiesta de enunciado deviene así paradigmático para captar lo que sucede en el fetiche, fundamentalmente en el desarrollo de su eje metonímico. Si el fetichismo despliega ante la realidad un velo que la disimula, es este velo el que termina siendo amado por el sujeto, y el que permite la instauración de una ilusión, la de que algo puede existir detrás de él y no la nada.

Es en ese sentido que decimos que velo y lenguaje son isomórficos de acuerdo a una determinada función que constituye un uso fetichista del lenguaje y que podemos observar en forma ejemplar en la creencia. La creencia se constituye en velo discursivo frente al horror de lo real, un sutil velo significante cuya trama se reproduce indefinidamente, un velo generador de ilusiones basado en el poder evocador de la palabra, no es por casualidad que la muerte es muda en cuanto representación. No podemos dejar de pensar que esta función de velamiento del lenguaje es homeomórfica a la del fantasma, pero éste tiene la característica de ser inmóvil es decir una escena detenida, inmovilizada en el momento mismo de la institución del fetiche, como ejemplo basta el cuadro que sobre la chimenea adornaba el living de Severino, el protagonista de "La venus de las pieles". En el mismo -paradigma del fantasma masoquista- "Una hermosa mujer con una risa radiante que le alumbraba el rostro de opulenta cabellera trenzada en nudos antiguos, en la cual el polvo blanco aparecía como una escarcha ligera, descansaba la cabeza sobre el brazo izquierdo, desnuda entre una oscura pelliza. Su mano derecha jugaba con una fusta, y su pie, desnudo, reposaba descuidado sobre un hombre, tendido ante ella como un esclavo o un perro; y este hombre, de rasgos acentuados, pero de buen dibujo, en el cual se leía una profunda tristeza y una devoción apasionada, alzaba hacia ella los ojos de un mártir, exaltado y ardiente. El hombre, taburete vivo bajo los pies de la mujer, no era otro que Severino."

Observamos en esta cita de la conocida novela de Sacher-Masoch la estructura estática del fantasma aquí ilustrado ejemplarmente por un cuadro, que da cuenta al mismo tiempo del mecanismo de instauración del fetiche, tiempo de detención un momento antes de la visión de la castración. También en dicho cuadro se ilustra la estructura masoquística del fantasma.

El desarrollo novelado de ese fantasma, concretamente la novela "La venus de las pieles", da cuenta del desarrollo discursivo dentro del cual se aísla el núcleo de la repetición, núcleo que constituye la estructura invariante del fantasma fundamental en medio del despliegue narrativo. De la misma manera podemos ejemplificar esto a través de la obra de Sade y de un sinnúmero de autores.

Proponemos entonces al yo como centro de esta organización narrativa dispuesta al modo de una creencia. Esta es entonces una estructura de saber, tiene la disposición de un relato y su función es fundamentalmente renegatoria. Su dimensión pulsional es fundamentalmente escópica e invocante y tiende a estabilizarse como una formación yoica e imaginaria, se desarrolla en la dimensión de la significación, se organiza en sistemas pretendidamente lógicos y con coherencia interna. En el ámbito social y político corresponde a las ideologías y formaciones culturales, y, en el ámbito subjetivo al desarrollo narrativo del fantasma.

Pero la renegación contiene al mismo tiempo la desmentida y la aceptación de la castración, es esto lo que vuelve como malestar. En el sujeto, en forma equivalente vuelve como formación del inconsciente. En las creencias, así constituidas por un núcleo renegatorio, la aceptación de la castración aparece como una conducta contradictoria con lo que la creencia afirma. Por ejemplo el dolor por la perdida de un ser querido en lugar de la alegría que debería causarle el encuentro con Dios, en el mas allá, de dicho familiar.

Por lo tanto la creencia y la renegación se constituye como un saber que está codificado en textos que adquieren así el valor de fetiche: el texto sagrado. Dicho texto no tiene por que ser específicamente religioso, puede ser un texto político, científico, filosófico etc. Su caracterización de sagrado lo erige en un fetiche que aseguraría el saber sobre algún goce. Este saber se organiza como un dogma en el sentido de completa sumisión sin examen personal a unos principios o a la autoridad que los impone o revela. Así este dogma construye un Otro sin castración que goza de un saber sin falla y lo hace existir y consistir. Creencia y dogmatismo son correlativos y se oponen al examen crítico y a la función de la duda.

Bibliografía General

Freud, S.: "Perdida de realidad en neurosis y psicosis".Bs.As. Amorrortu T.XVIII.

-"Pulsiones y destinos de pulsión" BsAs Amorrortu T.XIV

-"Pegan a un niño" T.XVII

-"El problema económico del masoquismo" T.XIX

-"Fetichismo" T.XXI

Lacan, J: Seminario IV "La relación de objeto"Paidós. Barcelona.1994.

SeminarioV "Las formaciones del inconsciente". Paidós .Bs As.1999.

Seminario VII "La ética del psicoanálisis" Paidós.Bs As.1988.

Seminario XI "Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis" Barral ed. España. 1977.

Seminario XIV "La lógica del fantasma"

Seminario XVI "De un otro al Otro"

Seminario XX "Aún" Paidos. Barcelona. 1985.

Escritos II "Kant con Sade" Bs As. Siglo XXI 1978.

Sacher-Masoch, L: "La venus de las pieles" Taurus Bs.As. 1983.


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