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(Des) Encuentros y Tropiezos del amor08/01/2015- Por Lionel Raichgut - Realizar Consulta
Este texto nos propone pensar sobre las herramientas del psicoanálisis en una dirección de la cura, su "originalidad" y a partir de viñetas clínicas el "quehacer del analista". En palabras del autor: "La función del analista es sancionar eso que escapa, colocar un punto, una coma, un signo que deje en suspenso una significación cristalizada, que conmueva la naturalización de realidades subjetivas que destilan padecimiento."
…“Entre estos dos términos que constituyen, si puedo decirlo, en esencia el amante y el amado, observar que no hay ninguna coincidencia. Lo que le falta a uno no es lo que está escondido en el otro. Y ahí está todo el problema del amor; que se sepa o que no se sepa – eso no tiene ninguna importancia...”
Lacan, J. (1960-1961): El seminario, libro 8: “La Transferencia” (Clase III del 30/11/1960) Paidós, Bs. As., 2003.
…“¿Pero quién tendría la crueldad de interrogar al que se dobla bajo el peso de la valija, cuando su porte da claramente a adivinar que está llena de ladrillos?... Sin embargo el ser es el ser, quienquiera que sea el que lo convoca, y tenemos derecho a preguntar que viene a hacer aquí…”
Lacan, J. (1958): “La dirección de la cura y los principios de su poder”. En Escritos 2, Siglo XXI, México, 1984
“…Me basta evocar que el deseo no es tan fácil definir su verdad. La verdad del deseo, sí que es tangible, siempre tenemos que vérnosla con eso, ya que es por lo que la gente viene a nosotros, por lo que pasa con ellos cuando el deseo arriba a lo que se llama la hora de la verdad. Eso quiere decir tengo muchos deseos de algo, pero estoy ante eso, puedo tenerlo... ahí ocurre un accidente…”
Lacan, Jacques: Seminario 14, “La lógica del fantasma”,
(1966-1967), inédito
¿Qué es la Clínica Psicoanalítica? – Pregunta con la que Lacan abre la sección clínica de Vincennes, retórica de la que se sirve para avanzar y afirmar que lo que importa es lo que se dice.
¿Es dable que alguien diga cualquier cosa? Lacan señala que desde el diván un sujeto alentado por la regla fundamental- en la cual se lo insta a hablar sin miramientos ni censuras- no estará libre de ser hablado por su inconsciente…a los tropiezos. La clave es seguir las declaraciones de los analizantes: no hay otra búsqueda para hacer más que la de prestar oídos allí. Es a través de la propuesta de la asociación libre donde leeremos la legitimidad de un discurso.
Pero hay algo que condiciona ese discurso y es lo que conocemos como interpretación. Con la distinción entre enunciado y enunciación nuestra escucha está advertida de algunas claves; así por ejemplo y siguiendo a Freud corroboramos que en lo inconsciente opera el principio de no contradicción, es decir, que una misma cosa puede ser negada y afirmada al mismo tiempo. De ese modo la verdad de un discurso puede decir sí y no simultáneamente (tal vez al costo de volverse un discurso raro). Para nosotros, analistas, esa verdad podrá ser -no tanto buscada- pero, de seguro, encontrada en las fallas del enunciado: traspiés que emergen entre la intención de hablar y la irrupción de un decir, en esa hiancia, brecha, intersticio.
¿Pero entonces, cuál es la originalidad que aporta el psicoanálisis? Una de sus características, que lo define en su diferencia con una psicoterapia, es que la interpretación analítica tiene relación con la verdad porque si ésta no está detrás de lo que se manipula en cada caso estaríamos apelando a una práctica sugestiva.
El psicoanálisis descubrió que al inconsciente no hace falta empujarlo. Si bien preserva una verdad se ha visto que al empujarlo puede ponerse a mentir con los medios de los que dispone. No tiene sentido, no es un sujeto y es anterior porque hay un lenguaje antes de que al sujeto le sea supuesto saber cualquier cosa.
Entonces, si el analista ocupa su lugar en posición de sujeto supuesto saber, será probable que se produzcan efectos en la trasferencia, sobre los que deberá intervenir para rectificarlos en el sentido de la verdad.
Pero la transferencia es también fuente de resistencias y la verdad en el discurso analítico está ubicada en otra parte: en el lugar del que escucha, funcionando como relevo con relación a este lugar donde se espera la interpretación.
Veremos con Lacan si la verdad se revela por inexacta que sea… si como dice “uno consigue hacerle cosquillas en alguna parte”
Clinicando
A continuación me planteo poner a prueba la hipótesis lacaniana que sentencia que “la clínica conlleva al discernimiento de cosas que importan y que cuando el sujeto tome conciencia de las mismas serán de envergadura”. A tal fin tomaré la palabra de tres analizantes que se vieron en algún momento de su experiencia confrontados con lo que el Otro habló en ellos. Veremos entonces el rol instrumental que deberá tomar el analista para dirigir la cura siguiendo a lo que Lacan dice en el seminario 15 (“El acto psicoanalítico”) cuando señala que es con un psicoanalista que se penetra en eso de lo que se trata si el inconsciente existe, campo que es efecto del lenguaje, sin que el sujeto que sostiene el discurso sea consciente de él, es decir cómplice de ese saber y que además ese sujeto solo puede instituirse como dividido (1).
Del fluir del paquidermo a la implicación subjetiva
Llamemos Javier a un analizante que repite su queja desde el diván. Dice una y otra vez que su suerte es esquiva. Sesión tras sesión relata sus desventuras coronando la anécdota con la fórmula “Estoy meado por los elefantes”. Sabemos que la esencia de lo que presentamos como testimonio de nuestra experiencia es que los acontecimientos tienen consecuencias en tanto la articulación de un discurso conlleva algo del orden de la implicación. Si el sujeto no pudo articular algo de entrada, su esfuerzo segundo para darle sentido no puede lograrse por fuera de una secuencia significante y la misma tomará forma más precisa a partir del momento en que se establecen las escansiones. Javier sigue desplegando un repertorio idéntico en donde inevitablemente lo que le ocurre le es ajeno y el destino se conforma como algo inapelable. Pero si de algo estamos advertidos es que “… en el análisis, la que trabaja es la persona que llega verdaderamente a dar forma a una demanda de análisis… es ella quien trabaja, para nada deben considerarla como alguien a quien ustedes deben moldear… todo lo contrario..” (2)
Dice Lacan en Ginebra que no se trata de un azar que en lalengua en la que alguien recibió sus improntas, las palabras de las que disponga serán equívocas: está leyendo a Freud en sus afirmaciones respecto de que los síntomas tienen un sentido y que sólo se interpretan correctamente si el sujeto deja caer alguno de sus cabos. Bien, Javier repite, pero en cada vez de lo mismo se inscribe una pequeña diferencia: otra de sus desventuras que hace serie empieza a relatarse bajo el signo de una maldición. Llega y dice de un negocio que no salió como él deseaba, “estoy maldito”. Javier inquiere a su analista que le brinde la clave del éxito: ¿Por qué me pasa esto? ¿Qué tengo que hacer? ¿Qué debo cambiar? En los textos sobre la técnica analítica Freud advierte a los analistas respecto de la posición que conviene para conducir la cura: un tratamiento debe ser realizado en abstinencia y esto conlleva la denegación de ciertas satisfacciones para dejar subsistir las fuerzas pulsionales necesarias para continuar con el trabajo psíquico: “Consentir la apetencia amorosa del paciente es tan funesto como sofocarla...” (3) y también… “La comunicación consciente de lo reprimido no deja de producir efectos…, no los deseados sino que incitará resistencias… el motor más directo de la terapia es el padecer del paciente y el deseo, que ahí se engendra, de sanar” (4). La evidencia del aviso Freudiano respecto de la inexistencia de necesidad del furor sanandi rinde sus frutos y Javier relanza en sesiones siguientes el relato de más reveses: “es evidente que tengo sobre mí una maldición de alguien”.
Pasa el tiempo, se aproxima la fecha de su casamiento con el que no está para nada cómodo y dice: “nada sale como hubiese querido…estoy maldecido”. El analista interviene aportando un guión y un signo de pregunta que le devuelve su mensaje en forma invertida de modo tal que finalmente escucha otra cosa: ¿mal-decido dijiste?
Dice Harari que en el pasaje de la miseria neurótica a la infelicidad común propuesta por Freud se ubica al neurótico como a ese ser que se estima no-común. Bajo la queja tradicional del ¿por qué a mí? se vislumbra el nexo con la conflictiva edípica ante la cual el sujeto se victimiza. Señala que la reclamación narcisista sostenida en la creencia de que ocurre con él el más desgraciado de los destinos posibles, lo cual debería ser muy distinto, configura una circunstancia a ser disuelta en el análisis. Por eso la diferencia entre Edipo como mito y la castración como complejo nodal ya que la castración no tiene ni construye historias: las historias son propias de las defensas contra la castración. En “La Tercera” Lacan define al síntoma como eso que no cesa de no inscribirse y señala que se puede amansarlo en tanto el lenguaje pueda hacer con él equívoco. La vía de la interpretación que exige un suplemento de sentido es contraindicada bajo advertencia de que nutrir un síntoma sólo garantiza darle continuidad, subsistencia. Esta propuesta de una orientación donde algo en lo simbólico se estrecha por medio de un juego de palabras entraña la abolición del sentido, por lo tanto lo concerniente al goce -en especial el goce fálico- puede también estrecharse, perder consistencia en ese nombre que a Javier lo mal-dice en sus decisiones que hasta ahora se le tornaban ajenas.
Entre la insistencia y (de) la novedad
Andrés relata durante varias sesiones el trabajo que le significan los encuentros sexuales con Florencia, una joven con la que se dio un vínculo amoroso. En “consejos al médico sobre el tratamiento psicoanalítico” Freud advierte que si uno selecciona el material del paciente de acuerdo a sus expectativas se corre el riesgo de no hallar más de lo que ya sabe. Señala que muchas veces uno escucha cosas cuyo significado discernirá retroactivamente. Se dio o ¿cedió? Pregunta con la que el analista intenta interrogar-localizar un sujeto que responda por su deseo. Sabemos que Andrés por el hecho de que habla tiene un inconsciente y está despistado como cualquiera. Se trata de un saber imposible de alcanzar para el sujeto porque a él un solo significante lo representa ante este saber. Apelamos nuevamente al cuento del mensaje que cada quien recibe en su forma invertida: Con esta mujer los (des) encuentros sexuales no resultan satisfactorios. No sabe bien de que se trata, hay algo que le hace ruido y no sabe cómo transmitirlo. Incómodo porque las cosas no se ajustan, insiste:… “porque el mundo opina que es una buena mina”,…“que no debería perderla”…, etc. Andrés calla frente a ella pero lo dice en análisis: “Con ella la cosa es fría, mecánica…cuando está sobre mí no puedo decir ni una palabra, pero desde mis adentros ruego que haga otra cosa, que cambie…tenía ganas de gritar ¡innova!”. Al silencio del analista le sigue una intervención: y… ¡no va!
Andrés lanza una carcajada confirmando eso que el sujeto (je) sabía sin (yo-moi) saber que sabía.
Lacan dice que el enunciado de un acto fallido solo adquiere valor por las explicaciones de un sujeto. Describe que interpretar un acto fallido es andar a tientas, en la oscuridad, en el caso de que el sujeto no dijese nada al respecto. En la transferencia si la interpretación es acertada eso es prueba de que hay coincidencia entre la palabra antigua y la palabra actual. El analista allí no es alguien que sabe sobre la vida y da consejos; el analista debe prestarse a ser instrumento de esa revelación. Se dice que es una función “escabrosa” pero fue Freud quien se percató de que había cosas que nadie podía decir que el sujeto hablante no las supiese sin saberlas. Mara Musolino en “Improptus que dan que hablar” dice que la intromisión del saber inconsciente se presenta en “los tropiezos de su hablaje”. Señala que las estructuras clínicas son maneras de responder a lo que en la medida en que hablamos falla de diferentes maneras y allí cada quien desplegará su modo singular de hacer algo con lo que como hablantes nos aqueja, es decir con la castración o su fracaso, su no asunción. En el Seminario 19 Lacan define que el analista no piensa en las representaciones de su sujeto sino que debe intervenir en su discurso, procurándole un suplemento de significante. A eso lo designa como una interpretación. Entonces nuevamente se apuesta a la interpretación como la intervención analítica que procura recaer únicamente sobre el significante dando como saldo de esa operación que algo del campo del síntoma pueda retroceder.
Andrés se define y en su análisis se construye una fórmula gramatical que dice y vela en sus múltiples acepciones; “Él siempre está con la que no quiere” y por ahora son las condiciones de (im)posibilidad, márgenes y desfiladeros por los que se hamaca su deseo.
De mochilas y materias pendientes
Silvia es una mujer casada que consulta por sus hijos. Tiene una sola hija, de 15 años, pero consulta por los que no ha tenido y no sabe si quiere tener. No sabe si está a tiempo, si debe resignar eso que no sabe del todo si llamarlo deseo. Dice Pura cancina que el analista debe propiciar el despliegue del discurso por el que el analizante se arriesga a llegar al corazón de lo que lo aqueja. Tomo el arriesga en la línea de una apuesta paradojal en la cual la condición necesaria y lógica exige perder algo para poder ganar otra cosa.
El analista no dirige la cura desde un saber previo ya que es el analizante quien debe poner en juego su propio saber inconsciente. Nuevamente “en juego” abre dos connotaciones: como apuesta y como circulación de la cadena significante. Si hay algún deseo del psicoanalista tendrá que ver con la dirección de la cura en esta línea de acompañar el derrotero analizante, el recorrido de una experiencia. Silvia regresa y se suceden varias sesiones en las cuales su hija (o ser hija) se convierte en tema casi exclusivo. Se enoja en análisis porque si ella no se encarga de supervisar y estar todo-el-tiempo atrás, de seguro su hija se llevaría todas las materias. Según sus dichos su hija es tan pasiva, la nota desmotivada, con un andar siempre cansino. Se le pregunta cómo fue que su hija llegó hasta 3° año del secundario. Responde que de seguro porque ella está siempre encima. El analista señala que suena pesado de llevar. Sin detenerse agrega: le digo mil cosas y se queda paralizada; ¿me está cargando? El analista interviene acotando que si siempre está encima tal vez a su hija no le quede otra opción que cargarla. Finalmente (se) escucha, abre a otra escena, asocia su niñez, su escolaridad, su desamparo porque su madre nunca la acompañaba… esa mamá que tenía otros hijos y cuando hay hermanos hay exclusividades que se pierden…entonces se anoticia de que tiene materias pendientes y la hija deja el paso a otra hija para interrogar si acaso una madre pueda ser otra que la madre, sin exclusividades o exclusiones.
En “Sobre la dinámica de la transferencia” Freud explicita el mecanismo de contracción de las neurosis en el cual se produce una introversión libidinal y dice que esa regresión llega hasta la reanimación de las imagos infantiles, hacia donde deberá orientarse la cura si es que se pretende “pillarla” donde se esconde, no sin poder evitar una batalla contra las resistencias. ¿Por qué? Según dice esas mociones inconscientes no toman lo que el tratamiento ofrece: ser recordadas, sino que aspiran a reproducirse según la atemporalidad de lo inconciente. Actuar (agieren) sin miramientos por la situación presente es lo que insiste, mientras la oferta analítica intenta la inserción de aquello en una trama significante que haga historia, que permita elaborar y tramitar eso que Freud llama “mociones de amor escondidas y olvidadas” que no podrán ser vencidas in absentia o in effigie, algo así como la imposibilidad de conseguir miel pura de un panal sin ligarse algunas picaduras de abejas.
Dice Lacan en el Seminario 19 que “comprender es estar siempre comprendido uno mismo en los efectos del discurso, discurso que como tal ordena los efectos del saber ya precipitados por el mero formalismo del significante; Lo que el psicoanálisis nos enseña es que todo saber ingenuo está asociado a un velamiento de goce que ahí se realiza. Harari señala el uso que hace Freud del mito. Dice que este alude al modo según el cual un niño toma posición ante lo hecho para él por quienes desempeñan la función de padres. Para Lacan el Edipo es una construcción por medio de la cual se intenta una defensa de la castración. La dirección de una cura incluye deshacer esos armados, ir en contra del sentido coagulado allí. Mario Ygel describe que un análisis lleva a un sujeto a encontrar las causas de su estar mal en el mundo, causas de su sufrimiento subjetivo y que la cura en psicoanálisis no es sin esa relación que se establece entre analizante y analista, ese lazo singular-nuevo amor-que es la transferencia a partir de la cual se abre la posibilidad de re vivir con otro aquellas marcas que signan una existencia que mantiene atrapado en un goce que parasita.
La experiencia analítica nos enseña que lo verdadero se indica por sí mismo (5). Las formaciones del inconsciente dan cuenta de los modos en que el significante mortifica al sujeto que habita el lenguaje. Mi propuesta de estos tres tropiezos es la de exponer la autonomía del significante, la insistencia del inconsciente aún en contra de la voluntad del que desde el diván muchas veces se propone hablar de cualquier cosa o no hablar de alguna en particular.
Cuando Lacan ironizaba con que muchos no saben lo que dicen, entiendo en ello que es porque dicen más de lo que saben o mejor, de lo que pueden en principio escuchar en sus dichos o también en lo que se dice mientras los significantes bailan en su boca hasta que la música se les torna extraña, intrusa.
La función del analista es sancionar eso que escapa, colocar un punto, una coma, un signo que deje en suspenso una significación cristalizada, que conmueva la naturalización de realidades subjetivas que destilan padecimiento. El significante cumple con la función de indicar la posición del sujeto respecto de la verdad, verdad de aquello que (en) él desea y que con suerte conduzca a mitigar el adormecimiento para ir con Lacan cuando afirma “Tengo derecho, igual que Freud, a comunicarles mis sueños. Al contrario de los de Freud, no están inspirados por el deseo de dormir; a mí me mueve más bien el deseo de despertar” (6).
Citas:
1. Lacan, J. (1966-67) El seminario, libro 15: “El acto psicoanalítico”, clase del 13/03/68 - Inédito
2. Lacan, J., "Conferencia en Ginebra sobre el síntoma", Intervenciones y textos 2, Manantial, Bs. As., 1988.
3. Freud, S: “Puntualizaciones sobre el amor de trasferencia” (“Nuevos consejos sobre la técnica del psicoanálisis”, III) (1915 [1914]), Tomo XII, Amorrortu ed., Bs. As., 1998.
4. Freud, S: “Sobre iniciación del tratamiento” (“Nuevos consejos sobre la técnica del psicoanálisis”, I)”. Tomo XII, Amorrortu ed., Bs. As., 1998.
5. Safouan Moustapha, Angustia, síntoma, inhibición, Nueva Visión, Bs. As.,1988
6. Lacan, J., "La tercera", Intervenciones y textos 2, Manantial, Bs. As., 1988.
Bibliografía Utilizada
Lacan, J. (1966-67) El seminario, libro 14: “La lógica del fantasma”. Inédito.
Lacan J., Apertura de la Sección Clínica, en Ornicar, N' 3, Campo Freudiano. Barcelona, 1982.
Lacan, J. (1966-67) El seminario, libro 15: “El acto psicoanalítico”. Inédito.
Imago agenda N° 144 – Octubre 2010 Artículo: “Impromptus que dan en hablar: ¿Qué es la cura en psicoanálisis?” Pura Cancina, Mara Musolino, Verónica Cohen y Mario Alfredo Ygel.
Harari, Roberto: “Lo sucedido en mi vida no es tan malo” – Página 12 – Sección psicología 9/07/09
Lacan, J. (1971-72): “El saber del psicoanalista”, inédito.
Lacan, J. (1960-1961): El seminario, libro 8: “La transferencia”. Paidós, Buenos Aires, 2003.
Lacan, J. (1958): “La dirección de la cura y los principios de su poder”. En Escritos 2, Siglo XXI, México, 1984
Lacan, J. (1962-63) El seminario, libro 10: “La angustia”, Paidós, 2006, 367 pág.
Lacan, J., "Conferencia en Ginebra sobre el síntoma", Intervenciones y textos 2, Manantial, Bs. As., 1988.
Lacan, J., "La tercera", Intervenciones y textos 2, Manantial, Bs. As., 1988.
Lacan, J., La angustia. Seminario 10, Paidós, Bs. As, 2006.
Safouan Moustapha, "Angustia, síntoma, inhibición", Nueva Visión, Bs. As., 1988
Freud, S: “Consejos al médico sobre el tratamiento psicoanalítico” en O. C., Tomo XII, Amorrortu ed., Bs. As., 1998.
Freud, S: “Sobre iniciación del tratamiento” (Nuevos consejos sobre la técnica del psicoanálisis, I)”. Tomo XII, Amorrortu ed., Bs. As., 1998.
Freud, S: “Sobre la dinámica de la transferencia”. Tomo XII, Amorrortu ed., Bs. As., 1998.
Freud, S: Recordar, repetir y reelaborar (“Nuevos consejos sobre la técnica del psicoanálisis”, II) (1914), Tomo XII, Amorrortu ed., Bs. As., 1998.
Freud, S: “Puntualizaciones sobre el amor de trasferencia” (“Nuevos consejos sobre la técnica del psicoanálisis”, III) (1915 [1914]), Tomo XII, Amorrortu ed., Bs. As., 1998.
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