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Una posible articulación entre el incorporal y la sustancia gozante

19/09/2015- Por Ana Wiener - Realizar Consulta

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La autora trae la referencia de los estoicos y la categoría de incorporal, a partir de la cual recorre las nociones de libido freudiana, el mito de la laminilla, el objeto al que Lacan vincularía con dicha categoría estoica. Su itinerario arriba al vínculo que el significante establece con el goce que permite a Lacan presentar, en Aún, la sustancia gozante. Esto nos lleva al concepto del cuerpo en Psicoanálisis y lo que del goce atañe al mismo, en tanto repetición.

 

 


La propuesta es despejar el concepto incorporal para la filosofía estoica, a la luz de seguir la lectura lacaniana de incorporal, para circunscribir aquello a lo que nos referimos con cuerpo en Psicoanálisis y lo que del goce atañe al mismo, en tanto repetición.
El incorporal es creado por los estoicos como categoría para referir a la nada de existencia, puesto que ellos identificaron al ser con el cuerpo, necesitaban definir aquellas cosas que no tenían un ser dado. La categoría del incorporal refiere a lo definible (Lektón), el espacio, el tiempo y el vacío. De acuerdo al desarrollo aportado por Bréhier[i], estos no poseen ninguna propiedad, no se conciben separados del cuerpo aunque tampoco lo tocan –se juegan en una superficie particular-, el incorporal no es ni agente ni paciente respecto del cuerpo. El incorporal implica vacío absoluto de pensamiento y de ser.

Para los estoicos, el pensamiento y la causa son cuerpos, pero el predicado es un incorporal. El predicado así concebido, permite ser articulado a la noción de sustancia, tal como se desarrolla posteriormente. El predicado lógico no tiene diferencias con los atributos[ii] considerados como resultado de la acción. De esto se sigue entonces que el atributo se priva de su “dignidad de concepto”[iii], pues es sólo un hecho contingente o accidental. El hecho de ser significado mediante una palabra debe pues serle agregado como un atributo incorporal, por lo tanto, se suprime cualquier relación intrínseca entre la palabra y la cosa. Si decimos “a es a”, la cuestión recae sobre el predicado: puesto que a es un potencial al que se le intercala entre él y él mismo el ser, pierde su identidad repitiéndose como predicado, inscribiéndose como objeto.[iv]

En su segunda respuesta de Radiofonía (Lacan, 1971) Lacan introduce la cuestión del cuerpo a partir del punto en que se atrapa la estructura, ahí donde lo simbólico toma cuerpo.
El recorrido que se sugiere es que lo simbólico toma cuerpo a partir de una inscripción. Apelamos para ello al concepto de potencial[v] desarrollado por Recanati en la clase del 14/06/72. Este concepto indica el campo de las potencialidades aún no inscriptas, ese que iguala al campo de las posibilidades como determinando lo imposible; por ejemplo: “si un punto de un conjunto potencial ve conferir una determinación precisa, una inscripción, una existencia real entonces el continuo se rompe […] desde el momento en que se inscribe de una manera o de otra, evidentemente no es más el potencial”[vi]. El potencial se inscribe en el tiempo de la repetición, se sigue de un espiral lógico[vii]en el que el punto de partida no es el mismo que el punto de llegada, pero se vuelve el mismo a près coup, -recordemos el ejemplo “a es a” en el que a se repite en la predicación- porque un intermediario es instituido (el ser), y marca la distancia entre el primero y el segundo, siendo ese a algo consistente, posibilidad de cualquier determinación predicativa es decir, de toda repetición.

Entonces, volviendo al texto de Radiofonía, seguir la estructura se hace descartando la petición de principio, aquella que supone que el lenguaje reproduce la estructura a partir de relaciones tomadas a lo real (lo imposible que en tanto se inscribe, instaura la repetición en su escritura). Un efecto del lenguaje, es la escritura, que no reproduce a la estructura tomando sus relaciones a lo real, porque la escritura es la pérdida que en su inscripción deja de ser el potencial.

La estructura se atrapa con aquella escritura y sus fórmulas que al escribirse forman parte de la realidad. Es precisamente de allí que lo simbólico toma cuerpo.
Entonces, respecto del lenguaje hay dos cuerpos, el de lo simbólico y el ingenuo. El cuerpo de lo simbólico que no es metafórico, aísla al cuerpo ingenuo, cuerpo ingenuo que sostiene el sujeto, sujeto que habla en el lenguaje gracias a una lengua y que es ingenuo por desconocer que es el leguaje el que le otorga, el que lo discierne como cuerpo, al incorporarse en él.

El incorporal estoico no es agente ni paciente, sino más bien parásito, laminilla que como incorporal sujeta al cuerpo[viii], es decir, señala en qué lo simbólico sujeta al cuerpo.
Lacan, lejos de leer la libido como energía sexual, la define por ser el órgano de la pulsión, una superficie bimidimensional y ultraplana que tiene un borde y se inserta en la zona erógena[ix].

Este órgano incorporal experimenta su elasticidad en la histeria, con el síntoma histérico de conversión. Revela lo que del organismo en el tiempo de la separación –futuro anterior, sin el cual el sujeto nada sabría de la alienación- entra en el sentido de la muerte “la letra mata”, es decir aquel simbólico, se incorpora en el sujeto operando como sexuado no sin el sentido mortífero del significante y gracias al cual, la muerte puede ser objeto del deseo del Otro[x].

Lacan crea el mito de la laminilla, para situar la libido Freudiana, es la que encarna la parte faltante y de ahí que se inserte la sexualidad pues la misma se instaura en el sujeto por vía de la falta[xi]. La libido es lo que se sustrae al ser vivo, y sus representantes son los objetos a[xii], de ahí que también Lacan llame al objeto a un incorporal “[…] el efecto del lenguaje se impone al cuerpo, por lo que vuelve al ideal, por un lado, y del objeto a, por el otro. Es un pathos para el ideal, pero también una corp(se)ificación. Es en el objeto a donde el goce retorna, pero la ruina del alma solo se consuma con un incorporal”[xiii]. Encontramos nuevamente el efecto letal del significante en el neologismo corpseificación que refiere a la mortificación del significante sobre el organismo y el padecimiento o afección –pasión[xiv]- que se vincula con el ideal, siendo el Ideal, un significante del Otro. La destrucción del alma (principio vivificador y racional para Aristóteles) se lleva a cabo con un incorporal.
El cuerpo es algo que se goza, y se corporeiza -o incorpora- de manera significante, el significante situado a nivel de la sustancia gozante, en tanto el lenguaje es cuerpo y es el material del psicoanálisis, sin el cual no se puede situar la causa material del goce y a la vez el significante es lo que hace alto al goce. Tempranamente Lacan situó que el lenguaje no es inmaterial, es un cuerpo, sutil pero es cuerpo[xv].

La sustancia condiciona la repetición, esa sustancia es más bien envoltura de lo que falta, de ahí que se pueda articular al incorporal en tanto está en el lugar donde el ser sexuado pierde en la sexualidad. Para Lacan, lo que se repite en el discurso es lo sustancial, precisamente se requiere hablar para hablar de un cuerpo.
“Es decir que entre el objeto y el representamen, hay un agujero que hace al objeto y al representamen inenganchables en su relación, pero también ese agujero es algo que insiste, y que permite fundar una “verdadera” repetición: repetición de la imposibilidad o repetición del agujero.”[xvi] Es el interpretante el que sanciona esa inadecuación que se repite. Aquello que se repite, es introducido por Recanati como la sustancia, aquello que se sostiene solo, el ser. Y Lacan en la clase siguiente lo llamara sustancia gozante, refiriéndose al gozar de un cuerpo que simboliza al Otro, que consta de la sustancia Lacaniana, cuerpo que no se goza sino “corporeizándolo de manera significante”[xvii]

 



[i] Brehièr, Èmile, La teoría de los incorporales en el estoicismo antiguo, texto online.

[ii] Es necesario recalcar que el atributo en este caso no está considerado como aquello que existe físicamente, y también de la idea de que como atributo lógico es algo que existe en el pensamiento. Los atributos se expresan mediante verbos que implican actos.

[iii] Brehièr, Èmile, La teoría de los incorporales en el estoicismo antiguo, texto online.

[iv] Lacan, Jacques, El seminario, libro XX, clase 12/12/72, Intervención de Recanati, François, Predicación y ordenación, http://www.lacanterafreudiana.com.ar/2.1.9.2%20CLASE-02%20%20S20.pdf

[v] Lacan, Jacques, El seminario, libro XIX, clase 14/06/72, Intervención de Recanati, François, Inédito

[vi] Ibid

[vii] Lacan, Jacques, El seminario, libro XX, clase 12/12/72, Intervención de Recanati, François, Predicación y ordenación, http://www.lacanterafreudiana.com.ar/2.1.9.2%20CLASE-02%20%20S20.pdf

[viii] Jacques, Lacan, Posición del inconciente, en Escritos 2, Siglo Veintiuno Editores, Buenos Aires, 2008.

[ix] Lacan, Jacques, El seminario, libro 11, los cuatro conceptos fundamentales del Psicoanálisis, 20 de Mayo de 1964, Paidós, Buenos Aires, 2010.

[x] Jacques, Lacan, Posición del inconciente, en Escritos 2, pág. 807, Siglo Veintiuno Editores, Buenos Aires, 2008.

[xi] Lacan, Jacques, El seminario, libro 11, los cuatro conceptos fundamentales del Psicoanálisis, pág. 213, Paidós, Buenos Aires, 2010.

[xii] Ibid, pág. 205

[xiii] Lacan, Jacques, Alocución sobre la enseñanza, en Otros Escritos, pág. 325, Paidós, Buenos Aires, 2012.

[xiv] En la época moderna hay una inversión con respecto al pathos, el alma para Kant es el alma pura, cualquier cuestión sobre concuspiscencia afecta al alma en el sentido de una degradación. El pathos al ser afecto tiene una doble connotación: sentir afecto o el de la afección en tanto se es pasivo respecto a que corroe.

[xv] Lacan, Jacques Escritos 1. Función y campo de la palabra y del lenguaje en psicoanálisis. Siglo Veintiuno. p.289, Buenos Aires, 2008.

[xvi] Lacan, Jacques, El seminario libro XX, clase 12/12/72, Intervención de Recanati, François, Predicación y ordenación, http://www.lacanterafreudiana.com.ar/2.1.9.2%20CLASE-02%20%20S20.pdf

[xvii] Lacan, Jacques, El seminario libro XX, Aún, Editorial Paidós, pág. 32, Buenos Aires, 2011.


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