» Introducción al Psicoanálisis

La fantasía y el fantaseo

12/03/2005- Por Paula Larotonda - Realizar Consulta

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Se propone un recorrido por el concepto de “fantasía” en S. Freud, para intentar articularlo y diferenciarlo del concepto de “fantaseo” que formula –en sus desarrollos- Donald Winnicott.

Se analiza el corrimiento teórico que se opera –según la estructura clínica en juego- desde el par represión-pérdida del objeto al de disociación-prescindencia de objeto, en el funcionamiento psíquico (en un caso, sosteniendo lo psíquico en la economía que inaugura la fantasía, y en el otro, al fantaseo como soporte de una mentalización compulsiva por la amenaza permanente de angustias psicóticas).

Si Freud piensa a la fantasía como cierta estrategia  para alcanzar un placer posible con un objeto imposible, Winnicott agrega una perspectiva tópica que implica al yo: una estrategia para hacer un contacto siempre imposible con un objeto posible.

I. Espacio psíquico petrificado y aburrimiento

 

Cuenta Masud Khan [1] que pocos meses antes de la muerte de Winnicott, unos sacerdotes anglicanos le pidieron una orientación respecto de cómo diferenciar -de entre las personas que acudían  a ellos- una problemática de fe, de una enfermedad psiquiátrica.

Winnicott hizo un largo silencio y les contestó: “Si una persona viene a hablarles y al escucharla ustedes sienten que los aburre, esa persona está enferma, y necesita tratamiento psiquiátrico. En cambio, si logra mantenerlos interesados, no importa lo grave que sea su desazón o su conflicto, podrán ayudarla.”

Esta respuesta impactó en su discípulo y lo impulsó a teorizar acerca del “aburrir” en tanto estrategia para hacer frente a la tensión interior. Dice Masud: “el paciente que aburre trata de mantener un control omnipotente de su realidad interior...sus relatos conforman un espacio petrificado en el que nada puede suceder...”

Este aburrir (boring), como la costumbre de fatigar a los demás,  que Masud diferencia del aburrimiento (boredom), como el estado de tedio, hastío; está en íntima relación con lo que Winnicott denominó fantaseo: una expresión de negación de la realidad psíquica, operación mental compulsiva que mantiene “la animación suspendida”...

 

Retomemos,  entonces,  algunos de los planteos freudianos respecto de la constitución y estructura de la fantasía.

 

II. El tiempo en movimiento

 

En los comienzos de su experiencia clínica con neuróticos, Freud encontraba que todos  ellos decían haber sufrido atentados sexuales en su infancia. Años más tarde descubre que las escenas de seducción que sus pacientes relataban,  no se basaban en hechos “reales”, sino en fantasías, y que éstas encubrían manifestaciones espontáneas de la actividad sexual infantil. De este modo se abandona el énfasis del elemento traumático en dichas experiencias tempranas, y se altera el concepto del mecanismo de los síntomas histéricos, “los cuales no se me aparecieron ya como derivaciones directas de recuerdos reprimidos de experiencias sexuales infantiles, pues  entre ellos y las impresiones infantiles vinieron ahora a interpolarse las fantasías mnémicas de los enfermos...fantasías éstas que, por un lado  aparecían construidas sobre la base y con los materiales de los recuerdos infantiles y –por otro- se convertían en síntomas.” [2] Así, las influencias accidentales de la sexualidad fueron abriendo paso al concepto de represión, lo que se reprime es la sexualidad en tanto infantil y traumática, una sexualidad cuyas características temporales Freud pondrá de relieve: un primer tiempo en el que irrumpe la sexualidad “demasiado temprano” [3] en un sujeto infantil “inocente”: Se produce una excitación sexual en una época en que su elaboración simbólica es imposible, y quedará, por lo tanto, sin tramitar –a causa de  la  inmadurez sexual del sujeto- hasta un segundo tiempo, luego de la pubertad, en el que el sujeto –maduro sexualmente-  adquirirá una nueva estructura de significación, desde la cual re-leerá aquellas primeras experiencias y reinterpretará a posteriori el tiempo y el espacio ligándolo asociativamente con nuevas representaciones.  Hasta aquí, la fantasía, entonces, articula –según su propia lógica inconsciente-, un tiempo y un espacio, selecciona territorios y elabora (aprés-coup) una historia de vida para el sujeto.

 

III. El objeto en movimiento

 

En “El Proyecto” [4]  Freud había concebido un momento mítico de escisión entre la satisfacción de la necesidad y la realización del deseo, momento de desdoblamiento del hambre y la sexualidad, en el que la pulsión sexual se separa de las funciones no sexuales que la apuntalaban - por ejemplo la alimentaria- . Allí, se pierde el objeto real (el del hambre: la leche) y se constituye la pulsión en tanto autoerótica, implicando una zona del cuerpo -no obstante no  hay interpretación psíquica de lo que allí ocurre-, surgiendo la fantasía por medio de la cual el infans revive alucinatoriamente aquella experiencia de satisfacción original, e intenta recuperar el objeto  asociado con aquella vivencia temprana [5]. Dicho movimiento que tiende una y otra vez  al reencuentro con el objeto será denominado realización de  deseo.

La fantasía, entonces, tiene su origen en ese tiempo reflexivo de la pulsión que se vuelve contra sí misma, el tiempo del  autoerotismo,  provocando la separación entre la sexualidad –el deseo - y la necesidad. Así, la fantasía será la  escena donde aparece del deseo. En este caso, la fantasía, sostiene un argumento para pensar esa pérdida de objeto y una estrategia posible para su “reencuentro”.

 

IV. Entre el tiempo auto y el Otro

 

Más tarde en su obra [6] Freud dirá:  Las relaciones del infans con las personas que lo atienden son para él una fuente constante de excitaciones y satisfacciones sexuales emanadas de zonas erógenas. Y más aún si se tiene en cuenta que la persona encargada de los cuidados (por lo general la madre), le manifiesta al niño sentimientos derivados de su propia vida sexual, lo besa, lo acuna y, sin ninguna duda, lo considera el sustituto de un objeto sexual total”.

Esto nos conduce a pensar que  el autoerotismo, la pulsión autoerótica,  se introduce a partir de la madre, este Otro de los cuidados que en su accionar, pulsiona los bordes del cuerpo, imponiéndole a lo psíquico la producción de fantasías. Empero la pulsión autoerótica deviene psíquica al ser  traducida como fantasía,  sólo habrá registro de esto retroactivamente, cuando haya un sujeto allí involucrado. Veremos  qué  significa esto.

En “Tres Ensayos para una teoría sexual”  Freud aclara que hay tres fases de la masturbación:  la primera es de la lactancia, la segunda aparece hacia el cuarto año de vida y la tercera es la de la pubertad. Dice: “La segunda deja tras de sí huellas inconcientes en la memoria de la persona”. En cambio no existe tal memoria en la primera fase. En “Fantasías histéricas y su relación con la bisexualidad” señala al respecto, que la masturbación de la lactancia es una  empresa autoerótica destinada  a ganar el placer de una zona erógena, sin ser ligada psíquicamente.  Más tarde esa acción se suelda a una representación de  deseo tomada del Complejo de Edipo: “el acto masturbatorio se compuso en  dos fragmentos: la convocación de la fantasía y la operación activa de autosatisfacción...Cuando luego la persona renuncia a esta clase de satisfacción masturbatoria fantaseada, la fantasía deviene inconsciente”.

Entonces, en la fase fálica, una parte del cuerpo que goza se articula a una trama simbólica –la fantasía- que se extrae del Edipo, simbolizando a posteriori aquella masturbación autoerótica y entrando así en el funcionamiento psíquico. Articulado con lo que venimos apuntando, -la fantasía como una historia y un argumento de vida, como estrategia de re-encuentro con el objeto perdido-, ahora la fantasía da lugar a los otros, para orientar una búsqueda. Parafraseando a Proust, en la búsqueda del tiempo perdido.

V. Fantasía e ilusión

Reflexionemos entonces acerca de  las particularidades del tiempo y del objeto en relación a la estructura de la fantasía. El ordenamiento temporal  característico del funcionamiento de la  estructura psíquica (en las neurosis) se conceptualiza como apres coup: en su movimiento el mundo se significa  a partir de la inscripción de dos representaciones, dos escenas:  una primera que no se inscribe sin la retroacción de la segunda sobre la primera. Segunda escena a la vez facilitada –vía la fantasía- por la eficacia de la primera. [7]  Asimismo, el objeto perdido no se inscribe –en tanto  tal- sino a partir del objeto fantaseado (el objeto interiorizado que surge separando la necesidad y el deseo) que “hace las veces” del objeto perdido pulsional. De este modo, lo psíquico opera a partir de la diferencia entre el objeto hallado-fantaseado y el buscado, ya irremediablemente perdido. Esta diferencia es lo que pone en movimiento al aparato.

Así también, desde la fase fálica –mediante la fantasía  que se extrae del Complejo de Edipo- el sujeto simboliza a posteriori la masturbación autoerótica de una etapa lógicamente anterior.

Es decir que el funcionamiento temporal apres coup está sostenido por la fantasía. Esta  opera imprimiéndole movimiento al tiempo, dinamizando una historia, tejiendo una trama simbólica en la que se inscribe la verdad del sujeto. Este movimiento deriva del apuntalamiento del deseo en las necesidades, que impulsa al infans a buscar una y otra vez la causa de su deseo, a pesar que esa primera y mítica satisfacción plena de su necesidad está ya perdida. Por lo tanto, esa separación que inaugura la fantasía, instala una satisfacción nunca plena (el objeto que se ha perdido no es el mismo que se trata de reencontrar: el objeto a reencontrar ya no es el objeto del hambre sino su sustituto por desplazamiento -el del deseo-).

Sin embargo, en el mismo movimiento, -entre la necesidad y el deseo, y también a partir del apuntalamiento posibilitado por una madre suficientemente buena- podemos pensar con Winnicott en la inscripción del objeto en tanto potencial.

 

VI. ¿Pensar “la falta” o sostener una “ilusión” de contacto con los objetos?

 

Dice D.W.W.: “En la primera lactación teórica el bebe está listo para crear, y la madre le posibilita tener la ilusión de que el pecho, y lo que éste significa, ha sido creado a partir del impulso derivado de su necesidad(...) Es engañoso pensar en el establecimiento del sentido de la realidad en función de la insistencia de la madre sobre el carácter externo de la realidad externa (...) las palabras claves son ilusión y desilusión...(...) Habría alucinación de un pecho si existiera material mnémico para usar en el proceso de creación, pero esto no puede postularse si se considera la primera lactación teórica. Ahí el nuevo ser humano está en condiciones de crear al mundo. La motivación es su necesidad personal; asistimos a la conversión gradual de la necesidad en deseo” [8]

Winnicott establece que en tal caso, la madre construye un espacio entre ella y el infans, una zona de ilusión donde acontece una  experiencia:  crear lo dado. Se trata de una paradoja que significa que no hay un  objeto-teta que el infans fantasea y otro objeto– teta real, que la madre le da,  sino que el infans crea ese objeto que ya estaba  en la realidad.  En el campo de la ilusión, entonces, acontecen –entre la madre y el infans- los fenómenos transicionales: la inscripción del objeto –si bien se da a partir de una ausencia del mismo- será en tanto  objeto transicional, un objeto que  para el infans no proviene ni del exterior ni de su interior (no es una alucinación) sino  que corresponde a su creación y  es el  símbolo de la  unión y separación madre-infans (garantizando la permanencia –en lo psíquico- de la presencia de la madre durante su ausencia y poniendo un tope a su presencia durante la misma). El objeto soportará este movimiento, entre presencia y ausencia, que será el origen  de la simbolización.. No pretendo -en esta ocasión- extenderme más acerca de la conceptualización del campo de los fenómenos transicionales -al respecto, sugiero leer el capítulo 1 de “Realidad y juego”- . Simplemente dejar planteado que accedemos a la realidad externa tanto a través de la fantasía como de la ilusión. No hay contacto con la realidad, no hay relación del sujeto con el mundo, no hay contacto con los objetos  sino a través de la fantasía y en el campo de la ilusión. Y este contacto -al decir de Winnicott-, enriquece la vida del sujeto, en la misma medida que los sueños o la poesía. Se podría pensar que en la fantasía el acento estaría puesto en la falta de objeto que la misma viene tanto a señalar como a intentar colmar. En el caso de la ilusión,  se pone de relieve la potencialidad del objeto.

 

VII. Cercar espacios, detener el tiempo: “Fantaseo”

 

Veamos ahora qué sucede respecto del tiempo en el estado  de “fantaseo”. Aquí el funcionamiento psíquico no parece estar ordenado por el movimiento del apres-coup. Dice Winnicott que en el fantaseo el tiempo se congela, se detiene, todo ocurre aquí y ahora, es decir, que no hay movimiento. Lo que ocurre en ese estado se produce inmediatamente, aparte de que no ocurre nada. Relata de una de sus pacientes: “La parte principal de su existencia se desarrollaba cuando no hacía nada”.

Por último, y en la misma línea de Freud, respecto de que la fantasía se articula con una parte del cuerpo que goza, decía Winnicott en “una cuestión técnica”[1][9] que cuando un paciente revelaba una fantasía en transferencia, él se preguntaba cuál era el funcionamiento corporal orgástico correspondiente y, viceversa, cuando en la situación analítica observaba un funcionamiento corporal orgástico, intentaba situar qué contenido fantaseado el paciente pretendía comunicarle.

En el caso del fantaseo, en cambio, se observa una actividad que no involucra al cuerpo. Esto significa que el sujeto en estado de fantaseo, se encuentra entregado a una empresa autoerótica pero sin mediación simbólica o, bien, entregado a un proceso de mentalización compulsiva que se desentiende de toda  presión orgánica en lo psíquico. La fantasía –dice Winnicott- elaboraría una estrategia psíquica que, por su ligazón a un cuerpo, buscaría ciertos modos de realización en mundo exterior (mundo exterior que, a su vez, desafiaría la omnipotencia de los deseos, promoviendo un enriquecimiento creciente de la fantasía y el mundo). Con el fantaseo, la pulsión que articula el cuerpo y  lo psíquico no parece operar este trabajo transcripto en una fantasía. Lo reemplaza una disociación del psique-soma. Se paralizaría, entonces, la acción en el mundo, deteniendo al sujeto en elaboraciones mentales siempre repetidas e inoperantes.

El fantaseo, entonces,  afecta el movimiento transicional de los objetos, y por lo tanto a la simbolización, los objetos  no son metaforizables (o pierden su valor de límite para el enriquecimiento de lo psíquico, o bien, al no haber fantasía e ilusión construida para ellos, no habrá contacto ni apropiación posible del mundo. El resultado es que con el fantaseo sólo se elabora una asimilación delirante de los objetos –que “serán y hacen en mi mentalización lo que deseo (“objetos subjetivos”)- o bien, la “extrema realidad objetiva” del mundo que no compromete ninguna expectativa libidinal del sujeto, sólo le exige un acatamiento dócil, en el que el único recurso para que pueda soportarlo y pueda habitarlo es, justamente, el fantaseo). Dice Winnicott que en ese estado “un perro es un perro”, es decir, está afectada la potencialidad significante del mundo.

De ahí que la falta de objetos transicionales promoverá esta actividad psíquica de mentalización y/o fantaseo que busca detener el movimiento.

 

VIII. Proceso de simbolización de un objeto en falta

 

Volviendo a Freud, y en relación con los planteos clínicos que veníamos desarrollando leemos: [10] “Descubrí que los síntomas histéricos se originaban no en hechos reales sino en fantasías. Sólo más tarde me di cuenta de que la fantasía de seducción por el padre era en la mujer la expresión del complejo de Edipo.”

Como se expuso más arriba en  este artículo, el autoerotismo –sin sujeto- de la pulsión es traducido en lo psíquico como fantasía, y para ello es necesaria la fase fálica ya que  sólo en ella se significa el Complejo de castración.

En “Pulsiones y sus destinos” Freud trabaja la pulsión sadomasoquista y  aisla tres momentos:

·                             El primer tiempo supone una violencia ejercida contra otro –pegar- “Este primer tiempo es denominado sádico por Freud sin embargo se trata de un tiempo no sexual, o sea que deberíamos hablar de agresivo o destructivo, es decir que no hay un elemento de excitación o goce sexual.” [11]

·                             Un segundo momento en el que  la violencia se ejerce  contra el propio cuerpo  –pegarse-.

Es decir que, en principio el objeto está afuera, es otro persona tomada como objeto, y la actividad está del lado del sujeto. En el segundo tiempo el objeto es resignado y sustituido por la persona propia (con la vuelta hacia la propia persona cambia el objeto, es sustituido el objeto que estaba afuera por la persona propia y también cambia la meta –de activa a pasiva, de golpear a golpearse-). Aquí se pierde el objeto y surge el objeto fantaseado, esto es, aparece la sexualidad, por lo tanto, a la agresión se le agrega el erotismo: se trata del autotormento, que no constituye aún el masoquismo verdadero sino el reflexivo.

·                               Y un tercer momento que es el masoquismo, en  el que otro ejerce violencia contra uno -ser pegado-.  En este  tercer tiempo, a consecuencia de la mudanza acaecida en la meta  -la pasividad-,  se busca a otra persona que toma sobre sí el papel del sujeto. Es decir se busca a otra persona como objeto –objeto de la pulsión, pero sujeto de la acción- Entonces el agente de la acción es otro y  la posición del sujeto es la de ser objeto, pasivo, de la acción de otro. Esto último lo lleva a Lacan a proponer reemplazar el ser pegado por hacerse pegar.

Tenemos así  tres voces gramaticales: una voz activa, una refleja  y una pasiva, en la que –según el autor-  recién aparece “un nuevo sujeto”.

Es decir que en los  dos primeros tiempos de la pulsión no hay aún un sujeto constituido. En el tercero la pulsión cierra su ciclo y aparece un nuevo sujeto, un sujeto posicionado ante el deseo del Otro.  En este tiempo dice Freud que el yo pasivo, se traslada en la fantasía a su puesto anterior, golpearse, pero que ahora se deja al sujeto ajeno. De este modo el recorrido pulsional se inscribe psíquicamente por la fantasía inconciente, es decir que la pulsión deviene fantasía, es decir, psíquica.

Sólo en el tercer tiempo la pulsión se articula al sujeto, mediante la fantasía masoquista de identificación a un objeto (introyectar el objeto que sufre, fantasear el objeto que sufre, hacer sufrir al objeto dentro de uno mismo, hacerse sufrir uno mismo).

 

En “Pegan a un niño”, -una suerte de confirmación clínica de Pulsiones y destinos de pulsión- Freud analiza una fantasía con fines masturbatorios, que aparece hacia el fin del período que abarca de los 2 a los 4-5 años. Es la fantasía de paliza que implica tres tiempos. El tercer tiempo corresponde a un síntoma confesado en el curso de un análisis. Se trata de una escena imaginada  que, al transcribirla Freud al lenguaje escrito, hace surgir la gramática de la fantasía y analiza (igual que en “Pulsiones y destinos de pulsión”  las modificaciones sucesivas del enunciado.

·                               El primer tiempo,  corresponde a una época muy temprana de la infancia: “El padre pega al niño”.  Significa que el padre no ama a ese otro niño, sino que me ama sólo a mí, lo cual satisface los celos hacia un hermanito rival. La frase está en voz activa, el sujeto gramatical es “el padre” y el objeto es el hermanito. Podemos pensar en un tiempo sexual-presexual, de significado agresivo.

·                               La segunda fase de la fantasía es inconciente, producto de la construcción en un análisis: La frase reza: “Yo soy pegado por el padre” Y significa que el padre no me ama a mí, pues me pega, expresión directa de la conciencia de culpa (por los celos hacia el rival). La frase está en voz pasiva, el sujeto gramatical es “yo” y el que pega, el padre es el agente.

Cuando la represión afecta la organización genital alcanzada, el amor incestuoso deviene inconciente y la organización genital experimenta una regresión a lo sádico-anal: Del padre me ama (en sentido genital) al padre me pega (conjunción de conciencia de culpa y erotismo). La fantasía se tiñe de placer, es masoquista en sentido propio. El pasaje de la fase 1 a la 2 entraña un retorno en contra de la propia persona, es decir, la acción se reflexiona, se interioriza como fantasía.

·                 En la tercera fase la fantasía es portadora de una excitación intensa, sexual y procura satisfacción onanista. La frase es: “Pegan a un niño”. Se observa que la persona que pega nunca es el padre sino un sustituto y la persona propia ya no sale a la luz., la forma “pegan” es impersonal y no hay sujeto gramatical. La propia persona del sujeto no figura en esta fantasía.

Pegan a un niño es el texto preconciente, lo que hay que construir es mi padre me pega, (segunda fase). Allí, el agente de la acción es otro,  la posición del sujeto es de objeto y  hay satisfacción pulsional a nivel de la fantasía. Es una satisfacción autoerótica a nivel del propio cuerpo, parcial, anal, de ver, invocante y se entrama –en el tercer tiempo- en una frase que es núcleo de la neurosis,  donde la posición subjetiva es de objeto. Esto es el  motor de la represión.

Vemos entonces que del primer al segundo tiempo que se constituye como fantasía inconciente, es necesaria la finalización del Edipo. Así, tras la represión no se conserva la fantasía pasiva de ser amado, sino la masoquista de ser pegado. Dicha fantasía de paliza deriva, pues,  de la ligazón incestuosa con el padre y articula deseo y goce.

 

IX. Disociación – Disyunción

 

Hemos articulado, entonces, el autoerotismo a la relación de objeto por medio de la fantasía.  Freud indicaba que, a partir del mecanismo de la represión, en la neurosis –y en la transferencia analítica- se observaba la regresión a etapas más primitivas del desarrollo de la libido, con las fantasías y deseos correspondientes: La libido  insatisfecha emprende el camino de la regresión y aspira a satisfacerse en  las  vivencias de la sexualidad infantil y en los objetos de la niñez.  “Los retoños de los objetos resignados son aún conservados en la fantasía, la libido no tiene que más que volver a la fantasía para hallar desde ella el camino a cada fijación reprimida.” [12]

Winnicott a su turno, puso de relieve además, el elemento de la necesidad presente en los estados regresivos, ya que para él –con ciertas estructuras denominadas esquizoides- la regresión será no tanto a puntos de fijación libidinales sino a fallas severas en los cuidados maternos de la etapa de la dependencia absoluta del infans.

Si se han recibido cuidados ambientales favorables durante la infancia – lo que significa que los cuidados han sido confiables- las fallas son predecibles, pensables, es decir que se inscriben en una pauta de cuidados estable y continua. Esta falla es lo opuesto a la idea de máquina, de lo no animado, es la falla que denuncia la cualidad de “lo vivo” de esa madre (en un hacer materno que asume los riesgos del propio estilo, sin modelos que operen por su idealización –“sin fallas”- demasiado inhibitorios). En este sentido, al fantaseo –en tanto operación mental patológica-  lo podríamos pensar como una memorización –no metaforización- de ciertos cuidados maternos mecánicos y repetitivos. De este modo, el fantaseo parecen intentar anticipar y controlar el movimiento presencia-ausencia de una madre que no estuvo marcado por un ritmo animado.

Asimismo, el  mecanismo psíquico que rige al fantaseo no es la represión sino la disociación. Mediante la represión, ciertas representaciones son desalojadas  del sistema conciente y permanecen en el inconciente, pero estos sistemas se encuentran articulados: cuando falla la represión, hay retorno de lo reprimido y formación de síntomas. En  la disociación, en cambio, existe una disyunción del afecto correspondiente a ciertas representaciones que quedan rechazadas del comercio asociativo para evitar el conflicto. Cuando falla la disociación se cae en un estado confusional cuya economía son angustias de tipo psicóticas.

La represión articula la fantasía a un objeto en falta, es decir que la fantasía simboliza a un objeto perdido, intentando vincularse de algún modo con él. Por el contrario, en el estado de fantaseo que se origina en el mecanismo de  la disociación,  el sujeto prescinde del objeto. El fantaseo sería algo así como una estrategia para desvincularse del objeto, “un fenomeno aislado que no contribuye al vivir ni al soñar”. Dice D.W.W. que en estado de disociación, el sujeto siente que logra cosas maravillosas, pretendiendo un control mágico y omnipotente del mundo. Sin embargo, tal como dijimos,  la acción se paraliza, no hay desplazamientos, ni rodeos, ni demoras, ni contacto con los demás. “El fantaseo obstaculiza la vida en el mundo real o exterior, pero más obstaculiza al soñar y la realidad psíquica”. Podríamos  especular que lo que se disocia en tal caso es la agresión, aquel primer tiempo no sexual que a partir del apuntalamiento se fundirá con el erotismo y derivará en la constitución de la pulsión sadomasoquista. La represión –en tanto destino de pulsión, es decir, defensa contra la satisfacción de la pulsión- es posterior a los destinos “transformación en lo contrario” y “vuelta contra sí mismo”. Pienso, por tanto, a la disociación operando en estos destinos-defensas anteriores a la represión, más precisamente en el trayecto pulsional que reflexiona la acción sobre sí mismo, en el punto del apuntalamiento de la función sexual en la no sexual, en el camino de interiorizar la agresión como autotormento. De modo que, de aquí en adelante, llamaré disyunción  al mecanismo por el cual  queda disociada la actividad erótica de la agresiva, tornando  dificultosa la construcción del objeto, en tanto separado del sujeto. La disociación me parece que representa más la idea de algo que luego de asociarse, se ha separado. En el caso de la disyunción [13] el potencial agresivo no llega a unirse con la sexualidad.

Aclaremos que Winnicott piensa al potencial agresivo del infans  como su fuerza vital, lo más subjetivo, lo más vivo. Esta agresión inmotivada, relacionada con la actividad –incluso uterina- del infans, es lo que le permite entrar en contacto con el medio ambiente antes de su integración. Asimismo le posibilita encontrar un objeto fuera del cuerpo propio y construir así la realidad. Dice Winnicott que con la agresión,   el infans destruye al objeto (éste  se vuelve externo),  y comienza la fantasía (un intento de aprehenderlo). Por esto se podría pensar que el objeto con el que el sujeto en estado de fantaseo “se relaciona” no ha sido admitido por fuera de su control omnipotente. [14]

Mientras fantasea compulsivamente, el sujeto está como suspendido en el tiempo y el espacio. Su lugar es el vacío.

X. Realidad-fantasía

 

Freud distingue [15] -en el funcionamiento del aparato psíquico constituido- dos modalidades del pensamiento, una de las cuales está sometida – a través del sistema perceptivo- a la prueba de realidad, y otra que permanece independiente de dicha prueba y que queda bajo el dominio del principio del placer. De este modo, lo objetivo se opone a  lo subjetivo y dentro de este último se sitúa el  mundo de las fantasías.

Winnicott,  en “La defensa maníaca”, plantea que “La fantasía forma parte del esfuerzo que realiza el individuo para afrontar la realidad interior (...)”. Y “El individuo llega a la realidad externa a través de las fantasías omnipotentes elaboradas dentro del esfuerzo para alejarse de la realidad interior”. Es decir que la realidad interna, la realidad pulsional  está articulada a la realidad exterior por medio de la fantasía omnipotente (que luego será conceptualizada como fantaseo). Podemos situar entonces, ya en este texto del año 1935, un esfuerzo por apartarse de la  dialéctica interno-(subjetivo)-fantasía / externo (objetivo) -sostenida  tanto por Freud como por Melanie Klein- ; así como  un intento por  delimitar   por un lado, la fantasía en tanto “personal y organizada así como históricamente relacionada con las experiencias, excitaciones, placeres y dolores físicos de la infancia” . Por el otro,  la fantasía (omnipotente) como una suerte de defensa contra la realidad interior, una huida desde la realidad interior a la realidad exterior.

Más tarde en su obra, concebirá un área de funcionamiento psíquico intermedio, una zona neutra situada entre la realidad externa y la realidad interna, entre lo objetivo y lo subjetivo: el espacio transicional, un espacio virtual, potencial cuyo funcionamiento se basará  en la aceptación de una paradoja en la  que las polaridades (adentro-afuera; realidad- fantasía; etc.) deberán quedar irresueltas.

Winnicott, entonces,  va a establecer otro par de oposición, que ya  no será “realidad-fantasía” sino “real-fútil”. Lo que es real para un individuo es lo que está animado, lo que tiene vida, movimiento. Una vida futil estará marcada por la prevalencia de lo que Winnicott denominó “fantaseo” Un mundo real, en cambio  estará signado por la  relación con los objetos, por una exploración imaginativa del mundo, por la fantasía, por   los sueños...

 

 

Referencias

 

[1] En el prólogo del libro de Winnicott “Sostén e Interpretación, fragmento de un análisis”.

 [2] S. Freud, “Mis tesis acerca del rol de la sexualidad en la etiología de las neurosis (1906)”

 [3] En sus posteriores desarrollos, Freud pondrá el acento en el desvalimiento del infans y su dependencia respecto del Otro de los cuidados que derivará en lo que más adelante desplegaré respecto del “autoerotismo”.

 [4] El “Proyecto de una psicología para neurólogos” (1895)

 [5] “El objeto que está vinculado con el repliegue autoerótico, el pecho –transformado ahora en pecho fantaseado- es, precisamente  el objeto de la pulsión sexual. De manera entonces que el objeto sexual no es idéntico al objeto de la función, está desplazado con respecto a éste en una relación de contigüidad esencialísima que hace que nos deslicemos insensiblemente del uno al otro, de la leche al pecho como su símbolo...de este modo: el objeto a reencontrar no es el objeto perdido sino su sustituto por desplazamiento; el objeto perdido es el objeto de la autoconservación, es el objeto del hambre, y el objeto que se busca en la sexualidades un objeto desplazado con relación a ese primer objeto, ya que el objeto que se ha perdido no es el mismo que se trata de reencontrar. Este es el resorte de la trampa esencial que se sitúa en el punto de partida de la búsqueda sexual” Jean Laplanche, en “Vida y muerte en psicoanálisis.”  Amorrortu, 1992.

 [6] En “Tres Ensayos para una teoría sexual” (1905)

 [7] Recomiendo leer un texto de Daniel Ripesi y mío en el número 41 de www.psyche-navegante.com  que llamamos “Trauma y Estructura Psíquica”.

 [8] D. W. Winnicott: La naturaleza humana, Ed. Paidos, Buenos Aires, 1993.

 [9] Winnicott:  Exploraciones psicoanalíticas I

 [10] S. Freud,  Nuevas contribuciones al psicoanálisis  (1933)

 [11] Jean Laplanche, Vida y Muerte en Psicoanálisis.

 [12] Conferencia Nro. 23 “Vías de formación de síntomas”

 [13] Aún no encontré una mejor denominación, y próximamente trabajaré en esta idea para extenderme en su teorización.

 [14] Para extender este tema, recomiendo leer  el texto de Winnicott “El uso de un objeto y la relación por medio de identificaciones” en Realidad y juego. Asimismo, en www.espaciopotencial.com.ar, en el patio de atrás del otoño del 2003- analizé un texto de C.Lispector con estas variables, con el título de “Salvación por el pecado”.

 [15] En “Los dos principios del funcionamiento psíquico” (1911)

 

 



 


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