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La comunidad del anillo

07/01/2013- Por Nicolás Cerruti - Realizar Consulta

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Hace calor, ¿nos damos un respiro?, ¿nos refrescamos? ¿Qué libro nos llevaríamos a la playa? ¿Y a la pileta? Yo no me voy, pero bue, igual les escribo este texto... es un texto fresco, libre, como hace un año cuando analizamos cuentos de hadas. Hoy estamos taquilleros. Hoy nos metemos con El Hobbit, de Tolkien. Porque a falta de vacaciones buenas son las salas de cine con aire acondicionado.

  

La aventura del calor
 
  Las vacaciones arrasan, nos encuentran en el insalvable calor de una aventurada arena, o en la solitaria capital, más hermosa aún aunque casi sin aire (ni Buenos ni Malos Aires). En estos meses donde todos se han ido –y algunos nos hemos quedado– disfrutamos de darnos ciertos permisos para con los textos de verano.
  El año pasado, no sin humor, analizamos los relatos de Cenicienta, en Enero, y Blanca Nieves, en Febrero, por los cuentos de hadas, por el decidido marketing que Disney tanto nos destinaba en el cine, en el teatro, en una serie de libros, pero además por distendernos también. En esa oportunidad creímos pertinente explicarnos el oscuro padecer de las bellas princesas a la luz de textos filosóficos. Si Cenicienta nos hizo ver un relato racista, con Blanca Nieves nos esclarecimos su fuerza de servidumbre voluntaria, con ayuda Etienne De La Boétie claro.
 
Adiós a Walt
 
  Este mes nos desprendemos de Walt y todas sus mutaciones para con los cuentos que la humanidad supo conservar, y nos sumergimos en el relato único de J.R.R. Tolkien. Digo relato único porque tanto El hobbit, como la trilogía El señor de los anillos, forman parte de lo mismo.
 
Bienvenido Tolkien
 
  Una de las ideas de Tolkien fue proseguir la mitología nórdica (tan poblada de elfos, duendes, enanos, trols, etc.) y darnos eso que no se veía hacía tiempo en la humanidad: la originalidad de la creación de nuevos mitos.
  Si a Freud le imputaron que, trabajando el mito de Edipo, en verdad él había forjado un nuevo mito, actual, no ya el de Sófocles, y que eso acompañaba el desarrollo de los vieneses de su época, dándoles material para explicarse sus sufrimientos, intrigas, sueños, con Tolkien tenemos tal vez lo mismo.
 
Tolkien el continuador
 
  Tolkien, como continuador, extrae de distintos relatos las historias que luego nos contará. De hecho los pasos de El camino del héroe (tan bien retratados por J. Campbell en El héroe de las mil caras) son descriptos sin excluir ninguno en El hobbit. Pero Tolkien no escribe solamente desde el deseo de continuidad con la mitología, sino desde la ruptura de la época. Comienza a escribir desde las trincheras de la primera gran guerra. Su esperanza no estaba signada por la confianza que pudiera tener hacia la humanidad, sino hacia esa raza que él forjó: El Hobbit.
 
Primera hipótesis
 
  Y aquí nuestra primera hipótesis. El Hobbit es, a nuestro entender, la representación metafórica de los niños.
 
En lo que confiaba
 
  Tolkien confiaba más en los niños que en los hombres. De hecho mientras escribía le iba leyendo a sus hijos, sobrinos y demás, esperando que ellos le devolviesen la crítica que verdaderamente valía.
  Los Hobbit, pensamos, son los niños, por su persistente inocencia, por su curiosidad, por su picardía, no sólo por su tamaño, por su gula, por su forma tan cariñosa de portar sus nombres, por sus deseos. Pero además son los que van a salvar al mundo. La esperanza de Tolkien está tan depositada en los niños como, en el relato, en el Hobbit.
 
Nuestro filósofo dirá
 
  “Un niño no desea ni ideas ni pensamientos; un joven no persigue más que intereses espirituales; los intereses del hombre, en cambio, son materiales, personales y egoístas”.
 
Una raza nueva
 
  Tolkien nos sorprendió en la actualidad creado un raza, y ese fue su legado para con el mundo. Ahora nosotros simplemente queremos sorprenderlos aquí, queremos acercarles un filósofo con su texto original como la originalidad de Tolkien al crear la raza del Hobbit.
 
El filósofo en cuestión es…
 
  Para nuestra leyenda interna podemos decir que perteneció al grupo de Jóvenes Hegelianos que, entre otros, los tenía a Marx y a Engels en sus filas. Escribió un solo texto (no lo hizo pero así nos gusta llegar a él) llamado El único y su propiedad. Algunos lo consideran el anticipador de los problemas que el existencialismo conjugará cuando solía decir:
 
¿Existencialista?
 
  “Cuando Fitche dice: “El Yo es todo”, parece estar en perfecta armonía con mi teoría. Pero no se trata de que el ego “sea” todo, sino que “destruye” todo, y sólo el Yo que se aniquila a sí mismo, el Yo que nunca “es”, el Yo “finito”, es realmente Yo. Fitche habla de un Yo absoluto, en tanto que Yo hablo de Mí, del Yo transitorio.”
 
¿Anarquista?
 
  Otros dicen que es el padre del anarquismo, porque se opone al Estado, al cristianismo, al liberalismo, a la concepción de libertad, ley, individuo, Yo, etc. Nosotros simplemente lo tomaremos para atender a las enseñanzas que Tolkien nos lega.
 
¿Un comediante?
 
  Como modo entonces de presentación de este filósofo qué mejor que un comentario sarcástico de Engels:
  
  "Mirad a Stirner, miradlo, el tranquilo enemigo de toda coacción. Por el momento bebe todavía su cerveza, pronto beberá sangre como si fuera agua. Cuando los otros lanzan su grito salvaje "¡Abajo el rey!", enseguida completa Stirner "¡Abajo también la ley!".
 
Stirner, Max Stirner (o Johann Kaspar Schmidt, como más les guste), dijo:
 
  “Lo divino mira a Dios, lo humano mira al hombre. Mi causa no es divina ni humana, no es ni lo verdadero, ni lo bueno, ni lo justo, ni lo libre, es lo mío, no es general, sino única, como yo soy Único”.
 
Dijeron de Nietzsche
 
  Dicen que Nietzsche, en uno de sus queridos arrebatos, le confesó a una amiga su desprecio por un filósofo y su simpatía por Stirner; su tanta simpatía, que le habría tomado el gusto al decir beligerante y sarcástico de Stirner haciéndolo suyo. El modo de decir de Nietzsche cobra otro valor si se lo lee junto con Stirner, pero esa es otra leyenda que dejaremos aquí.
 
¿Psicoanalista? ¿Lacaniano?
 
  Stirner a veces parece psicoanalista, Lacaniano; sus conceptos van desde el único, el Otro, hasta el fantasma (incluso como semblante); es un lacaniano de la enseñanza de los últimos tiempos. Y de todos los tiempos, como Tolkien.
 
Lo que Tolkien dijo
 
  Tolkien forja unas frases que atraviesan el sentido de toda su obra, y que en las películas se las puede apreciar también (porque su director, Peter Jackson es un auténtico fanático, y a la vez un hobbit). Una de ellas es claramente la que viene a explicar el surgimiento de los anillos, y que está en el Anillo único (o Anillo de Poder). Su inscripción, su escritura (porque hay una escritura aunque no se la vea) se devela sometiendo el anillo al fuego. El anillo lleva inscripto este dicho: Ash Nazg durbatulûk, ash Nazg gimbatul, ash Nazg thrakatulûk agh burzum-ishi krimpatul; que el mago Gandalf tradujo como:
  “Un Anillo para gobernarlos a todos, un Anillo para encontrarlos, un Anillo para atraerlos a todos y atarlos en las tinieblas.”
  
Segunda hipótesis
 
  Ahora estamos listos para nuestra segunda hipótesis: desde que occidente es occidente (o desde que el poder quiso leer que occidente era esto u esto otro) la prevalencia de uno sobre todos, la afirmación de lo uno, la clara insistencia de lo uno como único, desangra nuestra tierras.
 
La enseñanza de Tolkien
 
  Tolkien nos enseña dos cosas, primero que se sigue con el argumento de lo Único, que al hombre le importa muy poco la diversidad si no puede sostenerse en un solo argumento, que puede haber muchos anillos (como muchas razas, muchas diferencias) pero que habrá siempre alguien que quiera dominarlos a todos con un único anillo; y que sostener un argumento como único es desde una instancia de poder; que decir qué es Uno es ya un signo de poder; que Uno y Poder van de la mano (y se calzan como un anillo).
 
La enseñanza de Stirner
 
  Sobre esto ironiza todo el libro de Stirner, él afirma al final por sus dos conceptos claves –el Único y la propiedad:
 
  “Yo soy el propietario de mi poder, y lo soy cuando me sé Único. En el Único, el poseedor vuelve a la nada creadora de la que ha salido. Todo ser superior a Mí, sea Dios o sea el Hombre, se debilita ante el sentimiento de mi unicidad, y palidece al sol de esa conciencia. Si yo baso mi causa en Mí, el Único, mi causa reposa sobre su creador efímero y perecedero que se consume a sí mismo, y Yo puedo decir: Yo he basado mi causa en Nada”.
 
Conclusión
 
  No es necesaria una conclusión, sino divertirse con el libro de Stirner, con los libros de Tolkien, con la película de El Hobbit. Suspender la crítica por una vez. Ser un poco egoístas y pensar en uno, comprándonos esos libros, y viajar hacia una imaginación no menos cierta, de aquellos que nos brindaron reflexiones en sus muchos textos, soluciones también.
  Porque si nos vamos a cuestionar el ser, el hombre, nuestra singularidad, dable es que nos acerquemos a aquellos que luego de todo eso, no se refugiaron de nuevo en una afirmación, en un dogma, en lo Uno.
 
PD de conclusión
 
  Me hubiese gustado seguir profundizando, no acercarles esta banalidad, pero qué corto es el tiempo, qué poco el espacio, qué calor…
 
 
 
 

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