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¿Y para qué poemas?

26/11/2012- Por Nicolás Cerruti - Realizar Consulta

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La poesía porta el resonar de una razón que desconocemos. Interrogando a la misma tal vez ofrezcamos respuestas. Para eso hay que leer poesía. No se trata de esto en este texto que se interesa por el vínculo entre Psicoanálisis y Literatura. Aquí se trata de poeta y de actualidad. De la reactualización de una pregunta, ¿y para qué poetas?

 Este escrito será intimista pues la poesía lo es. Si quisiera proponer el valor exacto de lo que ella representa nombraría el encuentro, el acontecimiento, y con Nietzsche, el instante.

         Pero todo restaría al proponerla en un decir pragmático. Valorarla, describirla, intentar su representación iría en desmedro de lo abordado. Desde el principio entonces considero que si de poesía se trata nunca habrá cosa mejor que leer a los poetas. A partir de aquí me instalo en el fracaso de lo que quisiera decir.

 

Uno

 

Describir lo que la poesía nos provee es casi como contar qué significa tal o cual chiste, se nos va la gracia en el intento. Por suerte ningún análisis se presentará aquí de poesías. Pero conocemos la pregunta y la actualizamos: ¿para qué poetas?

 

Dos

        

Creo que el artista puede adelantarse a lo que el psicoanálisis articula como afirmó Lacan (el filósofo también, en algunos casos) y los psicoanalistas no se cansan de repetir para autorizarse. Pero es hora de cambiar.

La lectura de Hölderlin puede y debe acompañar la de Heidegger. Así como la de Heidegger a la del poeta Nietzsche. Y si quieren de Nietzsche pasaremos a Schopenhauer (que tan bien escribía) y así… o no. Porque eso solo lo definirá el ímpetu de la subjetividad lectora. O no, porque no se puede el todo. O no, porque no se lo quiere además. No-todo entonces y en esto encontrarnos con que el poetizar y el poeta llevan inscriptos un tiempo, con el que habría que ser consecuente (parafraseándolo a Lacan).

 

Tres

 

El cambio vendría de leer a los poetas, y a los poetas de nuestra actualidad. Qué mejores que ellos que soportan el intento de un decir, que lo actualizan en las variadas formas con las que hoy en día nos comunicamos (sosteniendo su ilusión claro). Desde Blogs, mails masivos, pasando por usos combinados del PowerPoint, publicidades, etcétera, la forma de escribir poesía (y no solo de transmitirla) cambia. Pienso en Germán Gallo, que con su decir poético, y atrapado en él, cada tanto quisiera apaisar la pantalla, imponer una horizontalidad a sus versos que rebasarían el formato que el blog propone, porque su poesía así se lo pide; quizás mañana lo veamos escribiendo paredones, o sus oraciones kilométricas en una galería de arte. Él es solo un ejemplo de esos poetas que muestran que el formato cambia, el soporte, y que si uno se brinda a la poesía, el libro no es el último ni el más adecuado para mostrarnos su texto. O la poesía de Flor Codagnone, que canta con crudeza sexual al ritmo del rock, mostrando que hay una poesía del rock que se canta sin música.

 

Cuatro

 

Poetas actuales, poetas que se han nutrido de la poesía, poetas que no pudieron no decir y cuando lo hicieron fue un testimonio del malestar de la época, la nuestra.

 

Cinco

 

Parece que siempre estamos retrasados a lo que los artistas llegan porque miramos generaciones de artistas que no son nuestros contemporáneos. Queremos nutrirnos de lo mismo que nuestros artistas se nutren, y menos de ellos. Si no fuera por el goce de lo nuevo, que Freud destacaba, tal vez ni siquiera nos apropiaríamos de estos. Un goce nuevo, que no hace sistema, moda, sino que la anticipa. El impulso, el ímpetu, hasta la necesidad de escribir en el blog antes de que el blog sea un dato publicitario en el currículum de un escritor.

 

Seis

 

Podemos ser leales a nuestra época por la clínica, pero mucho más porque nos interroga.

 

Siete

 

Si los escritos de Lacan y Freud proveen actualidad es porque se sostienen en el impulso, el ímpetu, y no en la moda de lo universalizable (porque hay de la moda no universal); y por lo mismo la crítica a estos, por anacrónicos, solo quiere no leerlos justificando lo mismo a lo que se oponen: primero los nombran como modas, para luego afirmar que están pasados de moda –y “lograr” así una nueva moda.

La moda muda la piel del cuerpo imaginario entendido como “chapa y pintura”. Y ya decir “chapa y pintura” pasó de moda. ¿Qué será ahora, durlock y enduido?

 

Ocho

 

Hoy está de moda la “violencia de género”. Pero, ¿existirá el miedo de género? El miedo no tiene género; aprendimos que la enfermedad no tiene clase, ni la distingue; la violencia de género es violencia.

 

Nueve

 

¿Cómo llegamos a convencernos que “risa inmotivada” decía algo de un diagnóstico? ¿Cómo pudimos hacerle esto a la risa?

 

Diez

 

Kovadloff recordaba en la presentación de su último libro de poesía (parafraseando al filósofo): “Algo hemos hecho con los que nos han hecho… posiblemente eso se llame literatura”. O legado, o discurso, o lazo.

Hasta con la ironía se puede hacer lazo (en la esquizofrenia; al menos esa es la apuesta) nos enseña el magistral Gonzalo Javier López.

 

Once

 

Y de eso se ocupan los poetas, de cómo hacer lazo donde todavía no lo hay, de decir el lazo que no acogote, sino que anude, que entonces tal vez ya ni sea lazo. Porque hay la apertura, lo abierto, lo real, el goce; porque hay poetas es que el lazo no se estrecha ni estriñe.

Agradezco al grupo de un curso virtual sobre poesía que me lo enseña, y a los poetas Natalia Litvinova y Javier Galarza por hacerlo tan vivo.       


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