Marginalidad, ¿arbitraría o subjetiva?
Se abre un nuevo juego, se constituye un nuevo accionar político, cada cual conoce su función, de ahora en más, se establece, entonces una nueva estructura, sin embargo queda un resto, subjetividad emotiva inconsciente, mecanismos defensivos instrumentados post-traumáticos, represión, negación, transformación en lo contrario. Lo que antes era deseo, necesidad y demanda, mediatizados por las reglas o conciencia moral de los otros queda allí ahora frente al Otro Nuevo que, si bien está incluido en la trama societaria no cuenta con la emoción y la subjetividad concomitante a los hechos. Para la sociedad no existe significante posible en el interjuego del deseo. Ellos son los portadores de la necesidad y la demanda en la estructura marginal del objeto a pero, ya constituido desde lo arbitrario, la sociedad accede a la satisfacción total, porque ya no importa, lo que ya no importa es la causa, lo perdido, lo ya imposible de significar, es el plano subjetivo en el que la sociedad civilizada no se encuentra comprometida, por lo cual solo cobran importancia las consecuencias, efectos reactivos, agresivos, el delito. El recupero del objeto a depende del nivel de madurez de la sociedad, en general y de la comunidad en particular.
Estados emotivos
La ansiedad: es una estado displacentero que se acompaña tanto de reacciones psicológicas como somáticas, afectando la psicomotrícidad. Surge ante una situación de peligro interno, cuando la necesidad es satisfacer un deseo instintivo, entraña una contradicción de normas propias (superyó severo) o del medio (prohibiciones culturales), está desprovista de representación intelectual o, cuando aparece, no es el conocimiento de la situación interna lo que lo produce. Miedo: es la anticipación de sufrimiento por daño inminente y, a diferencia de la ansiedad, posee contenido intelectual, siempre y cuando el peligro real o simbólico sea extremo, de no ser así, si la inminencia es interna, traumática o morbosa, el estado emotivo es la angustia, se reactivan en el sujeto sus propios conflictos instintivos. Angustia: es la advertencia al yo que un deseo instintivo no puede satisfacerse por ser inaceptable para uno mismo o para los demás. Tanto la angustia como el miedo, si son dosificados, funcionan como medio de resoluciones posibles, si aparecen en forma masiva invaden al yo y lo paralizan frente al peligro. Urgencia: es el corolario de las fallas de sucesivos sistemas metabolizadores de la ansiedad, insuficientes para cumplir con las funciones de continencia y discriminación. Círculo continente: si es eficaz, funciona a través de la empatía (identificación) pero le permite a los otros mantener cierta distancia para discriminarse y entender las causas que provocaron actos concomitantes a la ansiedad o el miedo, dándole cause a la acción correctora específica.
Disociación entre lo querido v lo rechazado
Transitar el camino en pos del hallazgo de la satisfacción del deseo, transmutando en uno y otro, comenzando y sin terminar volver a empezar, nos posibilita el reconocimiento del self (espacio psíquico propio en el que se juegan las tácticas y estrategias del saber hacer allí), de ese modo el sujeto verifica y, por lo general acepta, sus propios síntomas ya que reconoce en ellos la contención y equilibrio de su insatisfactorio estado de felicidad. Su propia trascendencia, la de sus actos voluntarios o pasionales, lo acercan al deseo o conciencia del sí. Es en esta instancia donde acontece el acto más sublime de rebeldía, alcanzar el deseo superando la valla que antepone la prohibición del objeto del Otro. El self plantea la dicotomía entre el saber lo que quiero con la responsabilidad de poder... pero, tal vez, no ser capaz. "Esta noche dormiremos juntos y concluiremos el sueño heterosexual". "Entre las plumas de las almohadas habitan las reinas del sueño" y,... Ellas, también precisan descansar.
Entre lo paranoico y lo esquizo-paranoide
Se plantea lo legítimo y lo otorgado como resto. Se establece lo auténticamente personal y genealógico, legado por mandatos heredados por Otro cierto y verdadero. Obsesiones en el marco del sí, ante la inclusión del Otro, paranoia, ante la imposibilidad de desbaratar su forclusión. La masa, el ser y estar, el juego, la interdicción, los arreglos y las trampas. El nudo central -la paranoia- la puesta allí generando instancias patológicas en quienes dependen enteramente del todo por nada.
La importancia del nombre propio
“Por qué me llamas Eva, preguntó ella. Lo siento respondió él, solo puedo verte desnuda y expulsada del paraíso.” El hombre encuentra perturbada su necesidad por el universo del lenguaje (no hay relación directa con el objeto sino tan solo mediación por el significante), así el sujeto se ve obligado a demandar, la demanda es una articulación significante, el sujeto queda a merced de la lectura del Otro y éste, a su vez, se enajena en la demanda ya que ésta es la falta, el lugar del deseo del sujeto. Lo innombrable es lo que hace posible la satisfacción parcial del deseo, al nombrarlo el Otro cae, el sujeto se convierte en Otro a merced del si, mientras tanto el pánico de las costas por infringir la ley lo conducen a un estado reflexivo absolutamente personal que lo coloca en un lugar de mayor vulnerabilidad aún, la reconstrucción de lo posible desde su propia sintomatología, senda directa hacia el error, entonces; el si... cobra la importancia de la determinación. La soledad ante el deseo es infinita, solo se puede transitar entre el juego y el abismo. El objeto a es pura pérdida, pertenencia de todos, propiedad de nadie, es causa, efecto y trascendencia. Si la diferencia entre demanda y necesidad da como resultado el deseo o, dicho de otro modo, si la insatisfacción de la necesidad articulada en la demanda mantiene vivo el deseo, se pierde la causa. El objeto a es la causa perdida. La conciencia del error abre un nuevo juego de intentos fallidos o no, de restablecimiento y enmienda, actos obsesivos guiados por un estado conciente de paranoia. Acerca de la incondicionalidad que el sujeto demanda en la satisfacción del deseo por parte del Otro; la satisfacción está sujeta a la ley - en una estructura metonímica, post-estructuralista, la ley está perdida, ni el sujeto ni el Otro ocupan los lugares de correspondencia y ésta, no los atraviesa. Es una articulación perversa. Según J. Lacan:"... amor es dar lo que no se tiene a alguien que no lo es." Por lo cual, asumamos, el estructuralismo ha vencido, la perversión fue derrotada en su propia trampa. Hasta aquí, Adán y Eva. Ahora bien: Volvamos a lo innombrable, en ellos se conjuga la necesidad, el deseo y la demanda y portan lo inapropiado, el objeto a, la causa perdida. Donde está él, donde está el otro, el único hallazgo es la traición. Te quiero... eso es todo, desbarato tus buenas o malas intenciones, blanqueo tu mente, vacío tu contenido, desequilibro tu certeza, me anticipo al hecho, cancelo tu fin. Ellos, ¿quien los quiere a ellos? entre "ello" y el pasaje al acto, no hay distancia, es lo que determina el acto delictivo. Que los organismos de Estado y la institución policial, en particular, pongan el acento en la niñez es la medida correctora más adecuada y, esperemos, la más efectiva. Es con respecto al Programa de abordaje al niño maltratado que, en provincias como Córdoba y La Rioja se están implementando. Si bien aún no se pueden sacar conclusiones al respecto, al menos existe la conciencia de la alta incidencia de estos casos donde, el alcoholismo, fundamentalmente y la drogadicción son considerados males endémicos, dentro de un marco de absoluta pobreza y desesperanza.
Acciones de inteligencia de Estado ante el delito.
En la actualidad la población de riesgo tanto personal, familiar, como estatal, es la niñez. Cuando un niño o una familia acude a una comisaría a establecer una denuncia por maltrato por parte de un adulto, no solo se deja asentado el testimonio, la denuncia y tal vez, el pedido de captura del adulto en cuestión, sino que también se ficha al niño. La premisa de este accionar es que "todo niño maltratado en la infancia es un potencial delincuente". Bajo el nombre de "Programa de abordaje integrado al niño maltratado", se registran así todos los datos del menor cuyo archivo se denomina CUM, Carpeta Única del Menor. El objetivo es el seguimiento y actuación inmediata ante cualquier incidente considerado fuera de los lineamientos de una conducta normal. El intento es el de proteger al menor de no tener que repetir sus antecedentes, es decir el de un padre "delincuente", "agresivo, "inadaptado". La información es volcada en un registro informático que se sirve de un protocolo estandardizado y científico. Al cerrarse el archivo, ante el primer incidente, solo quien reciba un oficio podrá acceder a la información de este menor. Esta información es tratable estadísticamente y contribuye a saber cómo se distribuye la población de niños víctimas. Las variables estadísticas incluyen: causas, características, nivel socio-cultural, etc. Sirve para la elaboración de políticas o acciones de prevención y educación. Cuando el caso llega a instancias judiciales se habilita una sala de observación para entrevistar al niño-víctima. Es atendido por un psicólogo y un médico y, observado por los magistrados desde un circuito cerrado donde todo queda grabado en un vídeo que formará parte de la causa. Esto contribuye a reducir el número de entrevistas, evita la concurrencia del menor al juicio y por ende el enfrentamiento con el agresor.
Estadísticas.
Por cada chico menor de 18 años que es acusado por delito en la provincia de Buenos Aires, hay otros dos que llegan como víctimas (maltrato o abandono). En la década del ´90 se incrementó en un 110% el porcentaje de víctimas de delito: El 75% niños y adolescentes asistidos por situación de riesgo o daño infligido. El 51 % niños y adolescentes por delitos penales. Desde 1998 hasta 2000 se incrementaron las causas penales, manteniéndose la relación de dos por uno, es decir, por una causa de delito, dos de maltrato. El número de delitos por menores dentro de este período fue de 31.517, mientras que los casos de asistencia por agresión fueron de 59.891. En la Argentina hay 12.490.000 menores de 18 años, según estadísticas de Siempro (Sistema de Monitoreo y Evaluación de Programas Sociales). El 69% son pobres y la mitad de ellos, indigentes.
Los niños
En la articulación significante el Otro se anticipa a la demanda, el niño rechaza el signo del amor para tener espacio en la demanda y salvaguardar el deseo (deseo inconsciente que cuando se oculta en estos términos va a constituir la Ley del deseo en el niño sin que pueda dar cuenta de ello), falta articulada como objeto a. El Otro posee el significante por excelencia, dejando al sujeto a merced de su propia significación, "El mundo crea en cada uno de nosotros el lugar donde debemos recibirlo. De no poder confiar en la reestructuración policial el corolario de este programa podría tener efectos nefastos como en décadas anteriores. El niño crece, establece la diferencia de portar la verdad a costa de una vida signada por el pago obligatorio del sostén de un puesto supuesto intransferible. Dicotomía entre la ignorancia y la sabiduría, marca hecha carne de deuda pendiente por responsable incapacitado, entre lo posible y lo probable se accede a la revelación, la premisa de potencial delincuente o subversivo se convierte en una insuficiente perspectiva de especulaciones que se fundan en la ignorancia de los organismos de Estado que solo toman como variable posible el descontrol social. Médicos y psicólogos atendiendo al niño problemático pero, comprometidos con la ideología de la institución policial. La pregunta es: ¿qué hombre proyectamos para el futuro? Teniendo en cuenta que el 69% de la población menor de 18 años es pobre o indigente, masa poblacional en la que acontecen habitualmente los fenómenos de violencia.
Supuesto epistemológico del método.
La discusión sobre los supuestos científicos es lo que determina la epistemología. Acerca del método: si la explicación de un fenómeno incluye la repetición del mismo dentro de un ciclo determinado y la demostración empírica falla, es decir el fenómeno no se produce, la hipótesis carece de valor, debe ser refutada, debe abrirse entonces, una nueva hipótesis de trabajo que incluya el interrogante acerca de la falla demostrativa. Si la condición del objeto a, portado por este "niño-caso”, es la de mediatlzador entre la demanda del sujeto y el Otro, responsable de su satisfacción, es decir, si la dialéctica del sujeto en cuestión no arriba a la síntesis presupuesta, ante un trabajo de calidad científica, tal como está planteado el "Programa de abordaje integrado al niño maltratado", tienen que existir alternativas de consecuencias viables. Ahora bien, si el Otro, llamémosle Aparato Ideológico de Estado, no encuentra el objeto posibilitador del dicho y hecho de la satisfacción de ese deseo, nos encontramos nuevamente con un proceso corrupto que genera en su accionar efectos reactivos propiciando una nueva dialéctica involutiva con el único propósito de reafirmar la hipótesis inicial o, tal vez no el único propósito. Pero sí es importante pensar cuánto se ha madurado en estos años como para poder creer que el seguimiento de estos niños arroje al menos un 50% de efectividad. Es importante entonces rescatar que, actualmente los conflictos trascienden lo político y se ubican en un plano social - emocional - afectivo y, por lo tanto, deben ser tratados como tales, lo cual no significa que no exista un sustrato ideológico pero con la valoración de la vida por encima del abuso de poder. |