Hay quién desea ser torero y termina como astronauta. Yo, siendo periodista y guionista de tv, estudié psicología social y consultoría psicológica para investigar los pactos psicológicos del público con la televisión, pero desde el año 2005 soy el coordinador de un taller de reflexión y mutua ayuda dedicado a los celosos y celados. Se desarrolla en un espacio público (un hospital municipal) con entrada libre y gratuita, y se titula Cuando Los Celos Te Carcomen. Con el mismo título escribí un libro, inédito aún.
El sábado 3 de septiembre del 2005, cuando iba camino a mi primera charla sobre los celos en una escuela frente a Plaza Italia me preguntaba: ¿vendrá alguien a escucharme?. Pues sí, me esperaban cien personas (no dejaron entrar más porque no cabían en el aula). Gente rica y gente pobre, porteños y de la provincia de Buenos Aires, celosos y celados que iban desde los 20 a los 80 años, solos o en pareja, heterosexuales y gays, seres agobiados por el miedo al ataque y a la pérdida de sus vínculos cotidianos.
El espacio permanente se abrió luego en otro sitio, el hospital, para el cual creé pequeños sketches, dramatizaciones, juegos, técnicas de acción y propuestas para la simple discusión que parte del relato de los participantes. Desde entonces, todos los miércoles, como coordinador grupal, inicio la reunión con personas nuevas que se suman y otros veteranos talleristas, haciendo un viaje que siempre nos lleva a un puerto que nos despierta una visión superadora del mundo, ya que en definitiva, para brincar sobre el charco no podemos evitar tomar envión como para saltar un océano. Y eso intentamos hacer.
¿POR QUÉ SENTIMOS CELOS?
Junto con la voracidad y la envidia, los celos son uno más de esa trilogía de afectos inevitables que nos invaden a poco tiempo de abandonar el paraíso del útero materno. Al principio somos Uno (pero no con el Universo, como diría Kung Fú, el pequeño saltamontes) sino con la teta salvadora de la madre. Pero tarde o temprano llega ese día en el que descubrimos que Yo y No-Yo son dos lugares distintos, y que ese No-Yo que nos acariciaba y nos daba de comer, tiene marido, otros hermanos, trabajo, amigas, un perro, una computadora para chatear….y nos preguntamos…¿ahora de qué me disfrazo para llamar la atención y para volver a ser el Único?. Así estrenamos ese fulero sentimiento de exclusión. Fulero y a la vez necesario para crecer.
Y por si esto fuera poco, entramos a una cultura y a un lenguaje que nos toma de entrada y nos informa que el matrimonio es de a dos, que el adulterio está prohibido por la Ley y por la religión, es decir, ni se te ocurra desear a la mujer de tu prójimo (empezando por mamá). Y nos insisten con que, como somos seres volubles, imperfectos, que venimos de un pecado original, siempre hay un sospechoso adentro del dormitorio, y un enemigo afuera que se lo quiere robar. Y ante el brote que puede seguir a esta perspectiva, para un celoso/a los hombres son vistos como animalitos alzados que se quieren voltear hasta a la estatua de Lola Mora, y la mujeres como más fáciles que la tabla del uno y están anhelantes por tener más puestas de espaldas que el Caballero Rojo.
Por si esto fuera poco, el Dios Mercado promueve el individualismo extremo, la realización full-time del éxito profesional y comercial, que tapa el ruido de las preguntas fundamentales: ¿existo? ¿quién soy? ¿quién me va a querer?. Y ante la liberalización de las costumbres (“mi amor, yo te adoro pero me voy al alter office con mis compañeros y luego a bailar sola con mis amigas”) hasta los celos, en pequeña medida, se vuelven un mecanismo de defensa social.
SE ME SALTÓ LA TÉRMICA
¿Cuándo los celos son patológicos? Seguro te estarás preguntando eso y de inmediato te referirás a estructuras clínicas (neurosis obsesiva, psicosis, perversión, etc…). Pero resulta que hasta al cazador más avezado se le aparece una liebre de seis patas.
Lo cierto es que los celos son como la pimienta, que en poca cantidad da sabor y en exceso intoxica. Son un motor pulsional, erotizan al otro y nos exigen atención y esmero. Pero cuando al celoso se le salta la térmica, el celado se siente asfixiado, castrado, no se puede insertar creativamente en la sociedad, se auto-secuestra. O sea, como cantaba Cortez, todo es cuestión de medida.
El celoso no acepta ese amor no-todo, su condición de falta en ser lo lleva a fabular brillos de satisfacción en ese otro que siempre se resiste a completar la naranja.
Y cuando la marea supera el dique, él o ella revisan bolsillos, celulares, casilla de correo, contratan detectives, torturan a su Otro circunstancial con interrogatorios de Guantánamo. Y eso es porque su dependencia emocional es extrema, como cuando era pequeño y demandaba exclusividad a sus papis, solo que de adulto, regresar a esas etapas del autoerotismo y el narcisismo es exigir lo imposible, y a un altísimo costo. Los delirios paranoicos, las ansiedades psicóticas nos proponen un tour que va desde la violencia verbal y física hasta estar en Policiales de Crónica Tv en un puñado de estaciones. Y mientras tanto, antes que eso, ya dimos y soportamos una convivencia de tragedia, no de comedia.
ACEPTAR LA FALTA, EL AGUJERO INFINITO. (“¿Lo qué?”)
Una vez nacidos, el mundo perfecto se perdió. Buscamos la completitud en ese otro/a que nos va a amar, en una vocación, teniendo hijos, plantando el árbol, escribiendo el libro, pero nada nos puede saciar, porque el registro de carencia debajo del cielo es inesquivable, y la ruptura entre lo que siento y lo que digo que siento también. Pura metonimia, expresión de estragos que no cesan de operar. De ahí que amar es siempre dar lo que no se tiene a alguien que no es (el falo) pero promete serlo por un tiempo, como diría el maestro del cigarro corvo. Lástima que cuando Romeo y Julieta afirman que son el uno para el otro, el otro no es ninguno de dos.
Pero al menos, lo que debemos comprender es que no somos el burro detrás de la zanahoria, como indicaría el párrafo anterior, si no que lo que nos impulsa es el agujero infinito e imposible de llenar, que quedó atrás en el tiempo: ya sea esa experiencia mítica de satisfacción que fantaseamos haber vivido alguna vez, y que no volverá jamás, o como diría Vallejo, lo que olvidé en mi seno.
Nuestro trabajo en el taller es ése: la autoconciencia y el des-apego. Nunca le diremos a alguien: estás loco, tu esposa nunca te va a engañar, o, tu marido jamás se va a enamorar de otra. Porque no lo sabemos.
Y aunque sugerimos la renovación de la palabra confianza, la verdad es que no hay garantías, y pese a la máxima certidumbre prometida hasta las Torres Gemelas se pudieron derrumbar. Por eso, esa Seguridad que se le reclama a los celosos no es la de que nadie los va a traicionar o abandonar, si no, la seguridad de que lo van a poder soportar, como ya lo hicieron alguna vez, cuando dejaron de ser el gran Uno para el gran Otro que les daba la mamadera. Salir, en síntesis, de ese estado de alma bella que contempla el mundo incierto y traicionero de los tangos.
PERO EL CELOSO NO ES TAN PULCRO COMO SE VE EN EL ESPEJO
Hablando de almas bellas, si, ya lo dijo Her Profesor, hay proyección sobre el celado de los deseos propios de serle infiel, y muchos celosos pasan de la proyección a la película, sin más trámite. También los celos esconden un componente “homosexual”, que se revela cuando pretendemos elegirle el objeto de deseo infiel al celado, el cual ni se fijó en ese otro u otra que en realidad solo nos gusta a nosotros. También hay una necesidad subrepticia de perjudicar a un tercero, reproducir aquella trilogía edípica que vuelve más deseable a ese no-todo amor, sabiendo que el excluido podría robárnoslo. Querer recuperarlo. Y cuando desaparece el rival, como en alguna canción de Silvio Rodriguez, se lleva el deseo. ¡Qué macana! ¿Podremos desear sin el fuego de la incertidumbre?
FRASES PARA EL CALENDARIO
Finalizando, gente paciente que llegó a este renglón, de este artículo que a diferencia de otros, se resiste a estar escrito en lacanés, y no les habla del grafo el deseo, les quiero repetir algunas frases que a veces comentamos en el taller:
- El amor es la única posesión en la que no se posee nada.
- Yo sostengo la punta del hilo que me ata.
- Pensar fácil, hacer fácil.
- Duro con el problema, blando con las personas.
- En vez de esperar que alfombren el mundo, calcemos un buen par de zapatillas.
- Toda queja es una demanda de amor.
- Y VIMOS QUE:
- Aunque algo sea impensable para uno, no quiere decir que no exista y que uno no lo tenga que aceptar.
- Hay una realidad que se auto-crea.
- La significación de las cosas no sale de las cosas mismas, sino de nosotros.
- La percepción de la realidad está determinada por la estructura psíquica del sujeto.
- El pasado que recordamos es una construcción que nunca porta una verdad inmutable aunque inventemos instrumentos para cristalizarla.
- Tenemos creencias fijas que nos condicionan (las mujeres son…los hombres son…)
- No somos objetos pasivos de lo que nos sucede, también elegimos estar donde estamos.
- El cambio depende de la intención nuestra que llevamos adelante en cada paso.
- Todo vínculo nos implica una relación costo-beneficio.
- La buena noticia es que los celos exagerados se moderan, la mala es que depende de nosotros.
- Somos responsables de los vínculos que formamos y mantenemos.
Estas son algunas perlitas que fuimos recogiendo de aquí y de allá, reflexionando, pero intentando cumplir lo que me sugirió un profesor muy querido: “hablar es una necesidad, pero escuchar es un talento”.
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