Arte y Psicoanálisis

Un minuto de silencio (para una canción)

Hace algunas semanas en un artículo publicado en el diario Clarín, criticábamos la dificultad para hacerse cargo evidenciada en las declaraciones de los integrantes de Callejeros. Sin embargo, como un catalizador de las estereotipias más regresivas, el caso Cromañón continúa precipitando los quistes con que los argentinos solemos bloquear la tramitación de nuestras pérdidas.

08-11-2005 - Por Sergio Zabalza

“Un minuto” al silencio

 

Hace algunas semanas en un artículo publicado en el diario Clarín[1], criticábamos la dificultad para hacerse cargo evidenciada en las declaraciones de los integrantes de Callejeros. Sin embargo, como un catalizador de las estereotipias más regresivas, el caso Cromañón continúa precipitando los quistes con que los argentinos solemos bloquear la tramitación de nuestras pérdidas.

En efecto, y para mencionar tan sólo algunos ejemplos: a las patéticas y mezquinas discusiones de los políticos, las infantiles declaraciones de los Callejeros y la lógica del linchamiento escenificada frente al domicilio de Chabán, se suma ahora esta renuncia a la que un cantautor fue inducido por algunos familiares de las víctimas.

La censura, aunque sea propia, nunca es un buen camino. Un duelo se tramita no sólo con la justicia del derecho; también se necesitan palabras, tonos, diálogos, críticas, intercambios, gestos... melodías.

En este sentido el arte es un recurso privilegiado- “un verbal a la segunda potencia”[2] - ya que al condensar una multiplicidad de significaciones, tras el velo de la belleza deja ver nuestra contingente condición humana; ese sin sentido que hace de Un minuto toda una vida y de una flor todo un mundo.

Seguramente los que hace pocos días se detonaron en el tube de Londres prefirieron la eternidad del sentido absoluto antes que la poderosa fragilidad con que lo efímero[3] nos hace más valiosos.

La supresión de Un minuto adolece del mismo estigma que detiene el trabajo psíquico necesario para un duelo: no se discrimina entre el cantante y la canción, entre el autor y la obra, entre el sujeto y el Otro: no se termina de ceder el objeto.

(“Déjame ir”, rogaba una desfalleciente amada a Anthony Hopkins en Tierra de sombras)

La lógica narcisista es tan traumática como rigurosa. Al confrontar con la inalienable alteridad de mi semejante, su esencial y contingente fragilidad remite a la mía propia. Por eso el punto más álgido del duelo consiste en cuestionarse si sufro por él o sufro por mí, me aferro o cedo aceptando la inconsistencia que nos constituyó desde siempre.

Ante èsto cada uno hace lo que elige y puede; algunos transforman el mundo en un western de ángeles y canallas; otros trabajan para atravesar dignamente esta condición.

Si luchar por justicia homenajea a las víctimas y alivia a los familiares, acallar la voz de Un minuto, por el contrario, es aferrarse a la ilusión según la cual el trágico episodio descansa exclusivamente en la causa que aporta un culpable.

Para abordar el tema del acontecimiento, Gilles Deleuze[4] se remontaba a los estoicos al recordar las dos vías argumentales que tan consistente como inextricablemente se reúnen en la misma paradoja: las razones con las que rindo cuentas sobre una determinada realidad no excluyen que -en tanto tal- la emergencia de la misma supera cualquier explicación posible.

Desde esta perspectiva, decimos que los chicos murieron porque hay corrupción, porque tenemos una justicia que alimenta la impunidad, por la avaricia de un empresario, por la irresponsabilidad de unos músicos que ni siquiera pudieron cuidarse a sí mismos, pero también por ese absurdo porque sí sin el cual no hay arte ni deseo. Por esa misma vulnerabilidad constitutiva que les otorga toda su dignidad cuando recordamos que cantaban y vivían creyendo en el instante de una canción, en la fuerza de Un minuto.

 

 

 

Sergio Zabalza[5]

 

Email: szabalza@elsigma.com

 

 

 

Bibliografía

 

Deleuze, Pilles: La lógica del sentido.

Freud, S.: “ Lo perecedero”, en Obras Completas, traducción de Luis López Ballesteros

Jacques, Lacan: El Seminario: Libro 24, clase del 18 de enero de 1977, preguntas y respuestas.

Zabalza, Sergio: Cromañón: “La dificultad para hacerse cargo”, Clarín 26/5/2005.

 



[1] Sergio Zabalza, Cromañón: “La dificultad para hacerse cargo”, Clarín 26/5/2005,.

[2] Jacques Lacan; El Seminario: Libro 24, clase del 18 de enero de 1977, preguntas y respuestas.

[3] Sigmund Freud, “ Lo perecedero”, en Obras Completas, traducción de Luis López Ballesteros

[4] Gilles Deleuze, La lógica del sentido.

[5] Psicoanalista, Hospital Alvarez, autor de La Hospitalidad del Síntoma (arte y clínica en el hospital de día).

 








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