Y en Argentina también se consigue

08/02/2017- Por María Cristina Bacchetta - Realizar Consulta

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Cómo actúa la posverdad en nuestro país. Se trata de algo “nuevo”, o en realidad es un término que resume años de tergiversaciones, mentiras, falacias, que se han ido utilizando para designar el accionar de la manipulación por parte de los medios pero fundamentalmente del poder económico -que a su vez es quien los maneja-, de la opinión pública. Sin embargo hay algo diferente, y es el efecto subjetivo, no se trata solo de la mentira, se trata de la aceptación de la mentira, del enaltecimiento de la mentira. De cierta preferencia del sujeto cada vez más alienado, cada vez menos responsable de sus actos, por la mentira.

 

 

 

              

 

 

Post-truth[i] (posverdad): Relativo o referido a circunstancias en las que los hechos objetivos son menos influyentes en la opinión pública que las emociones y las creencias personales. “Se basa en frases que ‘se sienten verdaderas’, pero que no tienen ninguna base real”. Estos discursos se presentan como relatos de hechos. Toma como ejemplos el Brexit o la victoria de Donald Trump[ii].

Para el 2016 el Diccionario Oxford ha entronizado un neologismo como palabra del año y como nueva incorporación enciclopédica, la postverdad. El término se usó por primera vez en un artículo de Steve Tesich publicado en 1992 en la revista The Nation, en el que hablaba de la primera Guerra del Golfo. Tesich lamentaba que “nosotros, como pueblo libre, hemos decidido libremente que queremos vivir en una especie de mundo de la posverdad”, es decir, un mundo en el que la verdad ya no es importante ni relevante.[iii] Luego la nota cita algunas otras intervenciones de Estados Unidos y de España.

Es verdad… estamos inmersos en la post-verdad, pero lo que la palabra revela no es nuevo. Muchos escritores, periodistas, autores, lingüistas, filósofos, políticos, han advertido de su uso desde hace muchos años. La manipulación de la información, la falacia, las técnicas utilizadas por los mass-media. Hechos como la denuncia de Èmil Zolá en J’accusse en 1897-98 en relación al caso Dreyfus. Se trataba allí de la difamación que le costó el exilio. También Orson Wells –hace casi 80 años- lo puso en acto con su programa radial “La guerra de los mundos”, costándole la pérdida de trabajo. La película 1984 de George Orwell. Brazil en los 70, etc. etc. etc.

Algo de esto ya dice J. C. Boiza, en “El lenguaje prostituido y la era de la posverdad”[iv]. Tal vez lo más novedoso es que en estos momentos no se oculta nada, simplemente se dice otra cosa de la que es, ¡y la gente lo cree!, pero además lo más escandaloso que todo esto se produce en una era, en este caso sí, una era de la hiper mega comunicación, lejos del primer teléfono, o los primeros tabloides, o las primeras super 8.

En una era donde en una angosta y fina pantalla, que sacamos del bolsillo, tenemos al menos 5 formas diferentes de comunicarnos. ¿Tendrá algo que ver?

Hace unos días la Ministra de Seguridad de la Nación, dió un discurso en el que enunció que bolivianos, peruanos, y paraguayos, son los responsables del ingreso de droga a la argentina. Mientras, de fondo, en una pantalla se podía todavía ver la asunción de Trump, más las declaraciones respecto a la muralla que “quiere” construir, diciéndole a un periodista que “de un modo u otro la va a pagar México”… el reportero insistía con la pregunta, “pero México estará de acuerdo en pagarla?”, él repitió, “ya la va a pagar de un modo u otro”.

También por las redes circulaba el movimiento de mujeres en todo el mundo contra la política y declaraciones de Trump, que se quiso confundir con reivindicaciones del feminismo.

Al otro día de las declaraciones de la Ministra, el Consul de Bolivia en Argentina dice que las declaraciones de “nuestra Ministra de Seguridad argentina” no han sido muy afortunadas, porque no ha contado con datos reales, en un tema tan sensible y que ofende a las personas... no son las palabras exactas estas últimas, pero sí intentan transmitir un sentido[v]. Es interesante resaltar el término “nuestra”, este si es exacto, me llamó la atención, pareciera que él asume como propio lo que ocurre en un país hermano. La Ministra además utilizó un sustantivo colectivo: bolivianos, paraguayos… no dijo algunas personas de origen… como a veces más “políticamente” se quiere enunciar, tratando de disimular una discriminación que derrama sobre todo el enunciado, incontenible, indisimulable, que ninguna muralla puede ocultar.

Luego los medios entrevistan a un conocido diputado salteño, como “el de la campera amarilla”, quien dice que Trump gana no porque dijo lo que la gente quería escuchar, sino porque le dijo a la gente cuál era el problema y cuál la solución y que él lo solucionaría. Hace solo unas horas también propone “un muro entre Bolivia y Argentina”.

Hoy, 30 de enero, un fiscal federal[vi] (nada menos) propone la construcción de una muralla entre Argentina y Bolivia, aclarando él mismo “No sería un muro como el de Estados Unidos con México”. ¿Y por qué no Paraguay?, ahí está lo indicial, que revela que la verdad está en otro lado, porque no se trata del narcotráfico, se trata de discriminar una política, de separar pueblos, de dividir[vii]. Es todo una simple distracción de la verdad en juego.

En nuestro trabajo clínico desde el psicoanálisis hemos tenido tal vez dos períodos, uno marcado por la búsqueda de “la verdad” oculta y a la vista en lo simbólico del síntoma, otro por lo que toca “lo Real”, ambos continúan en simultánea, aún los análisis suelen ser encuentros con verdades que no se querían ver, ocultas, indignas, y al mismo tiempo es necesario que algo del orden de lo Real se conmueva para que el sujeto pueda hacer alguna otra cosa con su síntoma, este movimiento complejo y difícil, implica la cura.

La honestidad tiene que ver con la función paterna, y la verdad sigue siendo aún lo que conmueve la posición subjetiva de los seres humanos. Donde triunfó la mentira, la verdad deberá advenir.

 

 

 



  


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